Comité Editorial

DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo, Maldoror. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Marcos Fabián Herrera, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).

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E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?
Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.
Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.
Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.

Exposición en el Centro Cayena, Barranquilla


Retrato de Gabo realizado por Fernando Maldonado

Gabo escrito con pincel

El Centro Cultural Cayena de la Universidad del Norte, lleva a cabo por estos días y hasta el 31 de octubre el vigésimo sexto (XXVI) Festival de la Cultura, en el marco de la celebración de sus 30 años de gestión cultural en el Caribe Colombiano y el país.
El festival es un escenario de encuentro entorno a nuestro Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, a quién se le rinde un profundo homenaje, a los valores culturales del caribe y a las artes plásticas.
 Uno de los eventos de mayor transcendencia en el marco del festival es la exposición pictórica “Gabo, escrito con pincel”. 30 artistas prestigiosos presentan sus obras que dan vida a innumerables facetas de nuestro cronista y escritor. Hacen parte de este importante colectivo los maestros Ángel Loochkartt, Sergio Trujillo Béjar, Cecilia Herrera, Eduardo Esparza, Rosenell Baud, Ángel Almendrales, Adelita de Dugand, Alex García, Ana Cristina Bojanini, Jorge Serrano, Nubia Medina, Viviana Vanegas, Jose Luis Quesep, entre otros.

  El Centro Cultural Cayena es la extensión cultural de la Universidad del Norte. Es un organismo vivo en sintonía con el devenir artístico y cultural del mundo, que promueve la reflexión, el estímulo y desarrollo de la identidad del ser Caribe.




“Macondo”, óleo sobre tela, de Sergio Trujillo Béjar


 Aquí, el breve texto Del amor y otros demonios de García Márquez, que el artista Trujillo Béjar tomó como base para la elaboración de su sugestiva pintura: "…Desde el cerro de San Lázaro veían por el oriente las ciénagas fatales, y por el occidente el enorme sol colorado que se hundía en el océano en llamas. Ella le preguntó ¿qué había del otro lado del mar?, y él le contestó: El mundo".

“El cronista se debe revolcar en la mierda”

Entrevista a Pedro Claver Téllez


Por Marcos Fabián Herrera Muñoz

Ha perseguido sin descanso las huellas de los forajidos, los bandoleros y rufianes que abundan en el memorial de la infamia colombiana. Su inmersión en el universo del hampa y en los archivos de las leyendas negras que inauguraron la horrible noche nacional, lo ha hecho conocedor de los códigos morales y los preceptos que rigen las conductas amparadas por el demiurgo oscuro del mal.
Pero es en la exploración a la genealogía de la violencia, en la que con devoción monacal, se ha sumergido por años para perfilar a los endriagos que emergen de la inequidad y la barbarie. El haber caminado por veredas y pueblos en los que la estela del odio sembraba surcos de sangre, le permitió aguzar el oído para recabar el tesoro testimonial que las gentes humildes guardan en sus memorias. Sus libros dan cuenta de la historia desdeñada por la oficialidad y de los relatos de miedo que deambulan de boca en boca por la geografía oculta del país.
Curtido reportero y obsesivo investigador, Pedro Claver Téllez, nacido en Jesús María, Santander, en el año de 1941, es autor de libros como Crónica de una vida bandolera (Planeta, 1987), Biografía de un disparate (Planeta, 1988), La guerra verde (Intermedio Editores, 1993) y Verde (Intermedio Editores, 2011). Luego de esquivar el asedio de los saltimbanquis y buhoneros de la carrera séptima, que en la mañana soleada celebran su improvisado festín dominical, he visto en un rincón del café en el que fue acordado nuestro encuentro, al hombre de anteojos y encanecida barba, que con las vivencias y trasiegos de seres signados por el equívoco y negados en el panteón de los vencedores, ha enaltecido la crónica en Colombia.


Sabemos que fue en su ejercicio de reportero para la revista Cromos, y más exactamente en una visita a Gaitania en el Tolima, cuando se vio seducido a indagar por las vidas de Charronegro, Mariachi y Tirofijo. ¿Cómo fue ese encuentro con el boticario de aquel pueblo que desató en usted la pasión de cronista?
A mi regreso de Marquetalia, a donde había ido para escribir un reportaje veinte años después de la toma por el ejército, la mula que montaba me tumbó y sufrí raspaduras en las rodillas y en los codos. Al regresar a Gaitania fui a la única droguería que había para hacerme curar las raspaduras y el boticario, Joaquín Sánchez, me preguntó de dónde venía. Le dije que de Marquetalia. Y eso fue suficiente motivo para decirme que ahí en el andén de su farmacia habían matado a Charronegro que era su amigo y jefe del movimiento agrario de Marquetalia. Ese fue el comienzo de una larga entrevista que sostuve con el boticario y, por supuesto, también el inicio de una ya larga pasión por la historia secreta del país.


¿En su obsesivo escudriño a las vidas de quienes la guerra los obligó a la crueldad, ha encontrado visos de piedad y compasión?
Los seres humanos somos una mezcla de ángeles y demonios. Y éstas se manifiestan en nosotros en contacto con las épocas y los hechos. Una persona, por sana que sea, puede matar de un momento a otro. Y, a partir de un episodio de esos, convertir su vida en un infierno. Efraín González, que fue uno de los grandes bandidos de todos los tiempos, era rezandero, iba a misa y, en su niñez y juventud, quiso ser cura. Los seres humanos somos un enigma que sólo se resuelve en un momento. Borges decía que solo hay un momento en la vida de los hombres en que uno sabe para siempre quién es.

¿En un ejercicio de especulación histórica, podría imaginar la situación actual del país si no se hubieran bombardeado las repúblicas independientes?
Estoy absolutamente seguro de que los culpables del surgimiento de la guerrilla de las FARC fueron el entonces senador Álvaro Gómez Hurtado y el gobierno de Guillermo León Valencia. No es una especulación mía. Eso está claro para los más recientes y lúcidos analistas de la historia del país. La toma de Marquetalia por parte del ejército al mando de los coroneles Currea Cubides, Valencia Tovar y Matallana Bermúdez fue el episodio que dio origen a las FARC. Si esa toma no hubiera ocurrido el naciente movimiento agrario se hubiera extinguido. Era un grupo de campesinos que sólo necesitaban un pedazo de tierra. Buena parte de los gobiernos de este país han sido la causa de sus desgracias. Uno de los más recientes, me refiero al de Uribe Vélez, es el creador del nuevo paramilitarismo y el guerrerismo.

 ¿Cuál fue el influjo del plan Lasso en los conflictos latinoamericanos de los años sesenta?
El Plan Lasso, con s, fue una creación del Pentágono en los años sesenta para combatir a los nacientes movimientos revolucionarios. No solamente en Colombia sino en varios países latinoamericanos. En esa época surgió en Guatemala un grupo guerrillero que se también se denominaba FAR, sin la C. Los remito a un texto de Kapuscinski sobre el secuestro del embajador alemán Von Spretti, que forma parte de uno de sus libros iniciales: Cristo con un fusil al hombro. El Plan Lazo, con Z, se lo inventaron los militares colombianos.

 También se ha interesado por el mundo de los esmeralderos y los contrabandistas. Luego de leer El Bandido Jubilado, es fácil advertir la cercanía que logra con sus personajes. ¿Cómo inmiscuirse en el mundo del hampa para lograr captar desde modismos en el habla hasta la atmósfera de sus lugares?
El bandido jubilado se me apareció durante la producción de la película Sumas y restas, de Víctor Gaviria. Yo trabajaba entonces como asistente de Víctor y un día se apareció con la idea de ser actor de la película. No sirvió como actor, pero empezó a contarnos su vida y a mí me fascinó. Entonces me aparté seis meses de la película y me fui con él con la idea de hacerle una entrevista. Viajé con él a Jericó, su pueblo natal, conocí a su familia y viví en su finca de esa población. Hablamos, bebimos, jugamos billar, montamos a caballo durante seis meses. Le grabé treinta y tres horas. Ya trascritas me salieron más de 700 páginas. Sobre esa transcripción escribí el libro titulado El bandido jubilado. Pero tengo mucho material para varios relatos. Incluso para un guión sobre el cual estoy trabajando. Los esmeralderos y los bandoleros, inclusive, los guerrilleros, están cerca de mi vida. Nací cerca de la zona esmeraldera, soy pariente de un bandolero y asistí al nacimiento de las FARC. Este último es un episodio que me reservo porque estoy escribiendo sobre él. Más adelante lo van a conocer.

Luego de rastrear por décadas cada meandro de la vida de los bandoleros y maleantes de nuestro país, ¿cree que es posible que en Colombia se cicatricen las heridas de la guerra y atisbemos pronto un horizonte sin más leyendas de horror?
Soy un fanático de la paz que se adelanta. Ya no más guerra. Estamos hasta la coronilla. No más sangre. Lo triste es que aún hay personajes y grupos políticos, como Uribe y el Centro Democrático, que pretenden seguir con la guerra. Debe ser que produce grandes dividendos. Son un peligro y una amenaza seria para la paz.

En las páginas de los periódicos se desterró la crónica y la reportería es cada vez más una alejada práctica vista con desdén por los editores, acostumbrados a la multiplicación y maquillaje del boletín oficial. ¿Cómo recuperar el arte contar historias y lograr que el periodismo narrativo no pierda la trascendencia que merece?
Los medios escritos que aún sobreviven son cada vez negados para hacer buen periodismo. Sólo nos queda el libro y los medios audiovisuales. A través de estos medios podremos hacer periodismo narrativo y meternos a fondo en los grandes temas. Los remito a un periodista y escritor francés llamado Emmanuel Carrere, quien está produciendo libros periodísticos de gran calidad. Como ya lo habían hecho Capote y otros maestros de la no ficción. Creo que la no ficción de gran calidad es un buen campo para los periodistas ambiciosos.

Escribió el guion de la película Sumas y Restas, ya editado en libro y puesto en circulación en librerías. ¿Cómo fue ese trabajo de concepción literaria y cinematográfica junto a Víctor Gaviria?
La amistad y el trabajo con Víctor es una de las más grandes experiencias de mi vida. Rompe con todo. La preproducción, rodaje y edición de Sumas y restas es el equivalente a cinco años en una universidad gringa. Aprendí tantas cosas que a esa amistad y a esa película debo mucho. Fue el gran laboratorio de mi vida.

Se ha sabido que entre sus contradictores y polemistas se encontraba el general Álvaro Valencia Tovar, ¿Cómo sorteó las cortapisas que enfrenta todo aquel que se asome a las letrinas de la realidad?
El general Valencia Tovar me merece un gran respeto como ser humano, pero no como historiador y periodista. He leído sus libros, especialmente Mis adversarios Guerrilleros, y, además de superficial, es mentiroso. Yo le he dedicado más de veinte años de mi vida a la investigación y análisis de los hechos que dieron origen a los movimientos guerrilleros y bandoleros, a la guerra esmeraldera, etc. Y lo que escribió sobre el particular el general Valencia Tovar me parece una farsa. Le creo más al general Matallana. Éste tuvo el coraje de ver, de analizar y de criticar la gestión del presidente Valencia. Y dejó constancia de la que la toma de Marquetalia fue un error craso del gobierno de Valencia y el episodio que dio origen a las FARC.

¿Sigue siendo el asiduo visitante de la noche que se complace con las criaturas espectrales de la calle?
Ya no tanto, pero esa experiencia me abrió muchas compuertas para conocer el mecanismo de la gente fuera de la ley. Soy un fanático de la novela y la crónica negra norteamericana y como sus autores creo que para llegar hondo en esa temática hay que untarse de esa realidad. Ese es el error de muchos novelistas nuestros que sólo ven la realidad desde las ventanas de su apartamento.

¿Es el cronista el historiador no oficial de las miserias humanas?


Los grandes escritores y cronistas de todos los tiempos han sido personas dispuestas a conocer las grandes miserias humanas. Ser cronista, en el mejor sentido, es un gran riesgo que hay que correr. La vida y la escritura livianas son para monjas y curitas que andan con anteojeras y los oídos tapados. Hemingway decía que para escribir algo de valor había que revolcarse en la mierda. La literatura colombiana es una mierda porque ha sido ajena a la mierda del país. No toda, desde luego, tenemos autores que también se han revolcado en la mierda.

Festival de Los Ocobos XII, Ibagué



A continuación una breve muestra de los poetas que participarán en el Festival de Los Ocobos 2014, que se inaugurará el jueves 30 de octubre en la ciudad de Ibagué.


Carlos Castillo Quintero

PESADILLA

Quizá antes del alba
tropieces con tu límite
y tus ojos,
náufragos de luz,
abandonen al medroso
animal nocturno
mientras inocente de ti
al otro extremo de la sombra
el mar se rompe.

Quizá
antes que tu cabellera
se precipite
te hagas inalcanzable
para la noche,
y mi mano abierta
se resigne
a la bruma salada
que no sabe de tu nombre.



Tres haikus de Raúl Henao

EL ROSTRO

¡El rostro de la vida!
La muerte con el amor
Juega a escondidas.



EL CORPIÑO

Bajo el rocío del corpiño
Son sus senos:
            Lirios


LA LLUVIA

Aunque desafina la lluvia
Le hacen coro
Las ranas.



Gonzalo Márquez Cristo


La edad del grito

¿Quién sobrevive a su infancia?

Creí en la memoria
Hasta que fui ultrajado por la vigilia.
Tiempo, alfarero de grietas.

Vine para hablar en medio de la tempestad,
Llegué con mi herencia de sombras
Indeciso entre el poema y el grito
Entre el fuego y el azul...

Hoy vivo el exilio del pasado
Y el infortunio del amanecer.

Toda escritura

Es obra de muertos.

Carlos Arturo Truque: un autor olvidado

Por Fabio Martínez


Escritor colombiano


Carlos Arturo Truque: Valoración crítica
Programa Editorial Universidad del Valle. Cali, 2014

Autores que colaboran: José Luís Díaz Granados, Eduardo Pachón Padilla, Carlos Orlando Pardo, Enrique Cabezas Rher, Sonia Nadezhda Truque, Medardo Arias, Ómar Ortiz, Carlos A. Manrique, Álvaro Morales Aguilar, Eduardo Delgado, José Martínez, Gustavo Cabezas, Edgar Sandino y José Zuleta.

Algunos críticos como Cyrus Stanley en Estados Unidos y Peter Schultze-Kraft en Alemania, que se han encargado de traducirlo y divulgarlo en sus respectivos países, lo consideran un cuentista a la altura de Horacio Quiroga y Filiberto Hernández.
En Colombia sabemos de él, gracias al conocido crítico Eduardo Pachón Padilla, que en su tiempo lo incluyó en sus necesarias antologías literarias.
En 1973, tres años después de su muerte, Colcultura publicó su libro El día que terminó el verano y otros cuentos. En el año 2013 el Ministerio de Cultura realizó una segunda edición de su obra, incluyéndolo en la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana.
Truque, quien en la actualidad es más estudiando en la academia norteamericana que en la nuestra, fue víctima en su época de la exclusión por parte del establecimiento literario bogotano, y en más de una ocasión, fue estigmatizado por ser pobre, negro y comunista.  
Al hablar de Carlos Arturo Truque tenemos que empezar diciendo que estamos enfrentados a un excelente narrador. A un maestro del cuento.

Los primeros años
Nacido en Condoto, Chocó, un año antes de que naciera Gabriel García Márquez y en el mismo año en que nació Álvaro Cepeda Samudio (1927), los cuentos de Carlos Arturo Truque están impregnados de aquella atmósfera especial inventada por el maestro William Faulkner, y que más adelante adoptarían otros escritores como Carson McCullers y el mismo García Márquez.
Desde sus primeros relatos, escritos entre los veinte y veinticinco años, es notoria su directa influencia de la narrativa norteamericana. La literatura de Truque se nutre de los fabulosos relatos del patriarca Mark Twain, pasando por O´Henry, Faulkner y Hemingway, éste último, de quien heredó el buen uso de la frase corta y los diálogos magistralmente elaborados.
Sus primeros veinte años transcurrieron entre Buenaventura, Cali y Popayán, donde realizó sus estudios, y con el seudónimo de “Charles Blaine” se inició literariamente, dejando truncada la carrera de Ingeniería que había comenzado en la Universidad del Cauca.
Indudablemente son Buenaventura y la costa del Pacífico el marco central que le permite crear a Truque aquella atmósfera “húmeda y reverberante”, que habíamos encontrado en sus primeros cuentos.
Pero es sólo en 1953 que sus narraciones logran alcance nacional, al ganar en aquel año el Premio Espiral, con su libro Granizada y otros cuentos.
Es importante señalar que para ese mismo año un desconocido escritor, como era el mexicano Juan Rulfo, publicaba su único libro de cuentos, titulado: El llano en llamas; y por su parte, el colombiano Álvaro Cepeda Samudio se iba a preparar al año siguiente con: Todos estábamos a la espera.

Una botella lanzada al mar
Con Granizada y otros cuentos, Carlos Arturo Truque empieza a ganar un peldaño dentro de la joven narrativa colombiana de la época. Sus relatos, que se sitúan en el ámbito de lo telúrico, comienzan a ser reconocidos no sólo por su temática, que es de un fuerte contenido social, sino por la forma como está tejido su discurso narrativo. Si se quiere, Granizada y otros cuentos produce un efecto positivo, que posteriormente va a influir en la narrativa colombiana, como lo produjo también La hojarasca de García Márquez, aparecida dos años más tarde.
Pero las condiciones de difusión en aquella época no son las mejores. De Granizada y otros cuentos apenas se publican doscientos ejemplares, que se van a agotar rápidamente.
Truque, olfateando los años de censura que se avecinan, le da dos ejemplares de su libro a un amigo marinero para que los ponga en el extranjero. El primer ejemplar se queda en Panamá y el otro va a caer en las manos de Cyrus Stanley, futuro editor de la revista Afro-Hispanic Review, que lo descubre un día en la Biblioteca del Congreso de Washington.
Es así como sus cuentos empiezan a traducirse a otros idiomas y a ser reconocidos internacionalmente.
Vale la pena recordar que en 1951 Truque ya había conseguido un premio en el Festival de Berlín con su drama “Hay que vivir en paz”.

Una década difícil
Los años cincuenta en Colombia se inician con el recrudecimiento de la violencia en el campo y la hegemonía de un gobierno que desde el punto de vista de la libre circulación de las ideas cierra periódicos y emisoras, limitando la libertad de expresión. Son los años difíciles de la censura y la represión a sangre y fuego.
Sensibilizado por esta situación, Truque, al igual que muchos escritores de su generación, recoge en algunos cuentos esta cruda temática.
De esa época son los cuentos “Vivan los compañeros” y “Sangre en el llano”. El primero, una pequeña obra maestra traducida al francés y al ruso, que obtuvo en 1954 el Tercer Premio en el Concurso de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia. El primer Premio había sido otorgado al joven escritor García Márquez con su cuento, “Un día después del sábado”.
Esa temática, que obsesiona a más de un escritor, y que más tarde va a dar pie a lo que los críticos han llamado como “literatura de la violencia”, va a afectar la obra del escritor, pero sólo desde el punto de vista temático.
Es claro que a partir de “Vivan los compañeros” Truque será el escritor maduro, con un tono y una voz depurada, como se verá cuatro años más tarde con el cuento “Sonatina para dos tambores”, que mereció el Primer Premio en el Concurso Nacional de este género.
En este relato, así como en “El día que terminó el verano”, el escritor volverá a retomar aquellos ambientes cálidos y reverberantes propios del Pacífico Colombiano, donde los personajes marcados por el sino de la fatalidad y la desgracia, seguirán caminando por aquel triángulo peligroso donde todo es alcohol, sexo y violencia.
Hasta hace poco en Colombia ser negro y, al mismo tiempo escritor, era un despropósito que se pagaba con el olvido.

Carlos Arturo Truque, quien murió en Buenaventura a la edad de cuarenta y dos años, no fue ajeno a esta forma de exclusión.

Cartas de los Lectores No. 349 - Oct. 27 de 2014

DECLARACIÓN DE RENTA. Cada vez el país es más hostil, ahora el gobierno persigue a la clase media haciéndola declarar renta, por lo que el pobre empleado debe pagarle a un contador y como si fuera poco perder dos días buscando documentos inútiles. Santos no ha cumplido lo del Decreto Antitrámites ni la mayoría de las cosas que ha propuesto, y ahora pretende acabar con la clase media. Fabiola Vargas

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NATIVA. A propósito de Fundación Nativa todo Colombia debe convertirse en territorio sagrado, no dejarle ningún rincón a los amantes del deterioro físico, emocional y espiritual de nuestros habitantes  y sembrarlo de minas quiebra muerte. Hasta siempre confabulados. JCB.

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MURAL POR LA PAZ. Excelente idea y mejor realización la del Mural de artistas en la Galería La Escalera. Hermosa obra colectiva. Luis Amézquita


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Desde el arte por la paz Gran Mural


Gran Mural 
Más de un centenar de artistas participan en el Gran Mural que exhibirá la galería La escalera. La inauguración de esta obra plural será el martes 21 de octubre a las 7 pm.
Este interesante y colosal cuadro colectivo, compuesto por más de un centenar de obras individuales con formato 40 x 40 c.m. vinculadas por la temática de la paz, fue realizada por los maestros: Gastone bettelli, Ángel loochkartt, Eduardo Esparza, Ricardo Villegas, Octavio Mendoza, Martha Guzmán, Pedro Alcántara Herrán, Patricia Ortega, Jaime Pinto, Sergio Trujillo Béjar, Roshi Gómez, Germán Tessarolo, Angie Roa, entre otros.

La exposición podrá visitarse hasta el domingo 26 de octubre en horas de la tarde.

Galería La Escalera
Carrera 19 C No. 86 A – 59 Of: 204.
Terl. 530 3933. Bogotá, Colombia


Encuentro Ibagué en Flor 2014


Corporación de Organizaciones Culturales del Tolima - CORCULTURA, invita  IX ENCUENTRO NACIONAL DE POESÍA Y NARRATIVA “IBAGUÉ EN FLOR 2014” Homenaje a Gabo y Mutis “Elogio de la Amistad”.

Para mayores detalles favor consultar la programación en esta dirección: www.ibagueenflor.blogspot.com o comunicarse a los siguientes números de contacto:
Teléfono: 276 5140. Dirección: Calle 18 N° 8 - 82 B/Interlaken. Ibagué, Tolima.


Premio para Winston Morales Chavarro


Publicamos a continuación cuatro poemas pertenecientes al libro ¿A dónde van los días transcurridos? de Winston Morales quien obtuvo el Primer Puesto en el Concurso David Mejía Velilla-Universidad de la Sabana, 2014.


I

¿A dónde van los días transcurridos?
¿Aquellas pequeñas sombras de lo que un día fue sol?
¿Por qué nos es tan esquivo eso que llaman mañana?
¿Eso que asomaba detrás de las montañas como porvenir?
La piel se cuaja,
Los huesos se quiebran
Y los días corren como briznas de paja en ojo ajeno.


II


La música es lo único que queda después de la muerte.
Un viejo murmullo de lo que fuimos
Quedará suspendido sobre las teas del tiempo.
Acaso alguien camine nuestros pasos
Recorra esas huellas borradas por los borbotones de un océano acústico.
Al menos seremos eso:
Viejas sandalias calzadas por una muchacha que secunda
Lo que creíamos era el camino.


VIII

Y la casa se fue resquebrajando.
Fue como una fruta fresca,
Expuesta al maderamen de los días.
Entonces se fue hinchando para sí;
Se fue desmoronando sobre la arenisca de la noche.
Los dedos dolían tratando de frenar su precipicio,
Tratando de interrumpir lo inexorable:
Cuando algo está al borde del abismo
-como la muerte misma-
No hay ángel o demonio que detengan lo que Dios pone a rodar.


XXXI

Me quito las ropas del silencio
Y aguardo en una silla a que venga la escritura;
Aquello que se esconde mientras juego a ser oficinista.



Neiva, Huila, 1969. Comunicador Social y Periodista. Magíster en Estudios de la Cultura , mención Literatura Hispanoamericana. Profesor de tiempo completo en la Universidad de Cartagena. Ha ganado los concursos Nacionales de Poesía de las Universidades del Quindío, 2000; Antioquia, 2001, y Tecnológica de Bolívar, 2005. Ganador del Premio Internacional de Literatura "David Mejía Velilla", Universidad de La Sabana, 2014, Bogotá. Primer Premio IX Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera. Ha publicado los libros de poemas Aniquirona, Trilce Editores, 1998; De regreso a Schuaima, Ediciones Dauro, Granada-España, 2001; Memorias de Alexander de Brucco, Editorial Universidad de Antioquia, 2002; Summa poética, Altazor Editores, 2005; Antología, Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional, 2009; Camino a Rogitama, Trilce Editores, 2010; La Ciudad de las piedras que cantan, Caza de Libros, Ibagué 2011; Temps era temps, Altazor Editores, Bogotá, 2013, y La douce Aniquirone et D`autres poemes somme poètique (Traducción al francés de Marcel Kemadjou Njanke), 2014 . En narrativa: Dios puso una sonrisa sobre su rostro, novela, 2004; en ensayo: Poéticas del ocultismo en las escrituras de José Antonio Ramos Sucre, Carlos Obregón, César Dávila Andrade y Jaime Sáenz, Trilce Editores, Bogotá, 2008.

La caza invisible: Contradanza del viento


Por Gustavo Colorado Grisales

En una de las vertientes del frondoso libro La rama dorada, del escritor James George Frazer, se explora una faceta del pensamiento mítico cara al lenguaje poético: la de las cosas que una vez estuvieron juntas y al separarse mantienen tal relación, que lo experimentado por una afecta a la otra.
Allí reside una de las claves de la gran poesía de todos los tiempos: en el propósito de restaurar un hilo roto para volver al mundo como era en el instante primordial de su fundación. Por eso los códigos de la poesía y la religión se parecen tanto, incluso cuando los poetas simulan ser apóstatas y a duras penas llegan a la blasfemia.
En su intento de recomponer ese hilo secreto que une todas las cosas del mundo el poeta apela a la metáfora, al símil, a la paráfrasis, es decir, a todo aquello que es una y muchas cosas a la vez. El escritor colombiano Gabriel Arturo Castro llama a esa aventura La caza invisible, título de su antología personal condensada en un libro de 95 páginas, de impecable edición y publicado por Común Presencia Editores en su colección Los Conjurados.
Si la materia de toda gran poesía es el lenguaje del mito, Gabriel Arturo Castro aprovecha su condición de antropólogo para tejer una sucesión de imágenes bellas y terribles, dirigidas a dejarnos desnudos frente al espejo de nuestra más pura condición. “Dios escupe insultos / y derrama lágrimas / entre las heces de un mundo perdido” nos dice en uno de sus versos. Es imposible no evocar las imágenes del Antiguo Testamento, cuando la pareja primordial es expulsada de un improbable paraíso , que es también el nuestro: el de los habitantes del siglo XXI que vamos por la tierra dando tumbos sin más consuelo que un puñado de palabras señuelos gastadas por el uso y el abuso : amor, libertad, perdón.
En esa búsqueda los mortales aprendemos a bailar la contradanza del viento, una suerte de santo y seña para comunicarnos con dioses moribundos que nos espían mientras “Un pedazo de aurora rueda por las cenizas del reloj”.
Esta última imagen nos remite a un viejo compañero de viaje: el tiempo, ese timador que lo promete todo, para roernos después segundo a segundo hasta dejarnos inermes sobre “la almohada de polvo de los muertos”, según la conocida cita del Werther de Goethe, ese breve texto que en su momento llegó a ser algo así como un manual para desesperados.
Porque el poeta es siempre alguien a la espera, al acecho de una recompensa escamoteada una y otra vez: el antiguo reino de la redención. Por eso no es casual este título de La caza invisible. La presa está allí, sospechada y es preciso atraparla a través de un tejido de palabras o se nos escapará para siempre en medio de “La noche, tempestad de toros negros” en el lenguaje afilado y certero de Gabriel Arturo Castro.
El castigo para tamaña osadía serán las “amargas moradas del exilio”. El autor de La caza invisible nos lo recuerda una y otra vez. A diferencia de los cultivadores de otros géneros, privilegiados por una industria editorial anclada en las dinámicas de la oferta y la demanda, el buen poeta sabe que todo aplauso es sospechoso, todo premio un malentendido. Su única y última recompensa será el azaroso aunque presentido encuentro con un lector remoto y entrañable a la vez: el portador del otro fragmento del hilo sin el cual será imposible recomponer una vida rota por el utilitarismo y su creencia en un mundo unidimensional: el de la producción material.

En La rama dorada, Frazer evoca la leyenda prerromana del rey asesinado ritualmente por su sucesor. En las páginas de su antología personal Gabriel Arturo Castro sugiere algo parecido: solo alimentándose de sus predecesores la gran poesía puede repetir el milagro de permitirnos ver el mundo como una totalidad en la que las palabras hacen las veces de sortilegio para asomarnos a sus misterios esenciales, porque “La vida es antigua y redonda, agua inclinada que se rehace y traspone el idioma, el jeroglífico, el cerrojo...”

Cartas de los Lectores No. 348 - Oct. 20 de 2014

ITINERARIOS DE LA SANGRE: Me pareció hermoso y conmovedor el capítulo Nostalgia que publicaron de Amparo Osorio. Me sorprendió que esta ilustre poeta ahora transite por los caminos de la narrativa, dejándonos la misma emoción en sus palabras. Iván Julio Méndez. Profesor de literatura.

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DIRECCIÓN DE CON-FABULACION. Quiero saber si en su periódico hay cabida para temas de psicoanálisis y dónde puedo ver los números anteriores de Con-Fabulación, a fin de enviar algunas colaboraciones. Miguel Ángel Urbina.
           
            Respuesta: http://con-fabulacion.blogspot.com/

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FUNDACIÓN NATURA: Cómo puedo organizar una visita a la Fundación Natura, a su sede de la Sierra nevada de Santa Marta? Me interesa mucho lo que realizan allí según consta en el artículo del señor Torres.

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AMPARO OSORIO. Mi saludo para la escritora Amparo Osorio y ese sentido capítulo que publicaron de su novela Itinerarios de la sangre. Ramón López, Universidad del Atlántico, Barranquilla


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Itinerarios de la sangre: Nostalgia

Publicamos el capítulo “Nostalgia” perteneciente a la novela Itinerarios de la sangre donde con una escritura de gran fuerza poética su autora plasma momentos definitivos de la aciaga historia de los años setenta. El reconocido narrador y crítico Álvaro Pineda Botero realizó el siguiente comentario para la contraportada de esta necesaria obra, distante de los superficiales y desgastados tópicos que tiranizan la nueva narrativa colombiana:

Itinerarios de la sangre se lee con emoción poética y dramatismo sostenido. El lenguaje está lleno de perlas y metáforas deslumbrantes: monólogo de los relojes en la ardua travesía del tiempo, más allá de la cima de la tristeza, un eco de invisibles plañideras, misteriosa y callada en la profundidad de las tormentas, la noche paseándose bajo un viento tranquilo, vivir era quemarse en los ácidos del tiempo, muda tristeza de la sonrisa, veneno de la miel; para mencionar algunas. Mientras la acción descansa y la tensión disminuye, el discurso se regodea en esos pozos poéticos de incomparable belleza”.

   

(Evocaciones de Aralia)

Por Amparo Osorio

Y aquí estás, Aralia, frente a esas horas espectrales en que el recuerdo asiste tras una cortina de niebla, midiendo la nostalgia de un pájaro y su sombra, de un pájaro y su vuelo, de un pájaro y su mortal melancolía. Lacerada por el verde perdido, por el cemento que avanza, por el ladrillo que se expande y devora tu pasado. Quemada como un quemón de tierra por las lunas hundidas, hundida como una piedra agónica. Agónica como la última brizna de hierba que sobrevive a la sequía. Te preguntas qué fue de Nalu, de Olmo, del Nómada, del Alquimista, qué fue de los rostros que ahora son apenas una fotografía triste. Piensas qué será de otros rostros. Si traerán su cántaro de llanto. Qué será de estas cartas apolilladas por el tiempo. Aquí, una vez más sobre tu círculo, sobre tu afuera, sobre tu polvo indescifrable. Como una delirante pesadilla lees ese pasado ingenuo. Te detienes sobre una línea. La tinta lila ha perdido perfiles de la inocente letra:
Esta tarde, en el último árbol de cerezos.
 No dice más. Sobre el rostro de nadie que te mira, sobre la voz de nadie, eco que dicta vacíos desde otro precipicio de los años, sabes que era la cita de la vida. La primera, la única, la más importante con la presencia de Nalu. Tal vez la llegada de un poema de otoño, o la hechura de un barco, o sólo la caída de la lluvia.
 Arrancas la hoja con un dolor antiguo como si algo de ti se hundiera para siempre. Y una vez más evocas las máscaras del olvido, las inciertas, las ilusorias, las fugaces por ya desdibujadas máscaras de la incertidumbre, en una vigilia de errantes galerías como si fueras su último reflejo. Te curvas sobre la curvatura de tu alma. Todo el ayer es utopía con su carga de sueños, incluso con su fardo de dolores. Miente el ayer y miente la eternidad, Aralia.
Vas a empezar ya a no ser, como todas las cosas de la vida. Lo piensas. Casi que lo decides. Los rostros te vigilan. Se te nublan los años ante las fotos que te espían.
Tú allí con tu vestidito de encaje y de estrellas. Tu hermana a la derecha con su boina blanca. Luego tu madre bajo un sombrero de tisú que amabas y al final la abuela, la que ahora escruta en tu mirada como si ya no fuera vacío acumulado.
—¿Aralia, duermes?
—No madre, estoy tratando de pintar la noche.
—Ven, vamos a tomar unos rayitos de sol.
—Ya voy, estoy en una contemplación.
—¿Pintando qué?
—Un barco madre, un barco que cruzará el estanque.
—¿Oración, qué oración?
—Déjame que contemple ese lívido y hermoso pinochito de madera que me oye y no cierra los ojos nunca. Luego vamos... Luego los juegos. El sol será después.
—¿Pero lloras, Aralia?
—No abuela, es el viento.
—¿Cómo? —dilo más duro que no oigo.
—El poema madre... el poema me asusta.
¿Podrá cerrar tus ojos la postrera…?
—Sí, madre
Sombra que me llevare el blanco día…
—No lo digas lluvia. No lo digas...
—¿Por la tumba, Aralia?
—Por tu muerte abuela, por la sensación de que te entierren viva.
Polvo serás, más polvo enamorado...
—¿Qué dijiste?
—Dije que llueve mucho, que el agua se desgrana sobre el zinc, que la oigo bajar por las canales, que oscurece. Oscurece demasiado rápido...
—¿Qué?
—Nada hermanita, nada. Quiero pensar que entre Pierrot y Quevedo se interponen las galaxias.
—¿Y cae mucha agua?
—Sí, sí, son los dedos de la lluvia...
—Pues corre un poquito la cama.
—Bien, mañana nos acurrucaremos. Pondré barquitos en el estanque. Canjearé mi naranja por algunos...
—Y Nalu… ¿vendrá?
—¿Quién?
—¿No dices que te visita?
—¡Nunca dije eso!
—¡Sí, te oí hablarle, Aralia! Déjame moverte la cama. Esa gotera te hará dar fiebre. ¡Si ya no lo hizo!
—¿Qué dices?
—Que te duermas Aralia.
—¡No, no quiero! ¡Nunca cierres los ojos en la madrugada porque pueden venir los muertos! Duérmete bien temprano o no duermas. Cuenta estrellas. Cuenta una a una las gotas de lluvia que ruedan en los tejados. Así, siempre así hasta que amanezca.
—¿Aún no cierras los ojos?
—Ya madre. Ya... deja que el viento pase.
—¿Y tenía fiebre?
—Un poco, pero se ha quedado dormida.
Tratas de no pensar. Sólo que en el estanque había pececitos. Sólo que Nalu no llegó con los barcos y no tuviste una naranja para el canje. Y abril te golpea en la melancolía con sus cerezos en flor.
Acercas el olvido. Lo que va quedando de él. No recuerdas si el sombrero era azul con hebritas de plata o era negro con hebritas doradas. Si la boina era blanca y era de tu hermana, y si la heredaste algún día para los cines de domingo.
No recuerdas si el estanque existía o si en lugar de una pozeta de agua había un surtidor hermoso en la mitad del patio que bañaba de noche a las estrellas...
Tal vez en la memoria de casa de la abuela se encuentren las respuestas...
—¿Madre?
—Sí, Aralia...
—¿La noche tiene miedo de las mariposas negras?
—¡Mañana te canto las alegras!
—¿Y las mariposas?
—También Aralia, también te mostraré las rosas.
—Bueno abuela. Mañana... Sí, mañana.
Pero la lluvia persistía inclemente como un aullido. Como una flor herida golpeando la ventana. Y en la oscuridad, en la quemante oscuridad tus ojos veían el destello del relámpago, la espantada cara del árbol deshojado. Tus ojos veían, allá, siempre allá la temible mariposa temblante.
—¿Y aleteaba?
—Sí madre, contra la ventana. Aún está allí. Negra, más negra que la noche. ¡Yo la sentí mirarme!
—Trae el rosario y ven… Tal vez tu abuela... Reza Aralia, reza conmigo: almas santas, almas puras, almas benditas...
Y rezaste mientras pulsabas su dolor contra la noche. Rezaste por ellas. Rezaste por ti. Por tu miedo a la palidez de la abuela. Por la orfandad de tu madre y curvándote contra su pecho cerraste los ojos para no pensar en la rigidez de los muertos. Rezabas, solamente rezabas. Afuera llovía todo el llanto por sus ojos. Tú viste la tierra llorar desconsolada y apretabas el duelo para no pensar, para no asustarte, para intentar no sentir... Repetías: almas benditas, almas puras, almas santas... Implorando mentalmente: No vengas. No vengas abuela. Y si vienes a despedirte, no toques mis pies ni respires a mi oído. Así, toda la noche, toda la larga noche de lluvia como una letanía, hasta que el alba trajo la noticia...

Amparo Osorio. Poeta, narradora y ensayista. Ha publicado los libros: Huracanes de sueños (1983); Gota ebria (1987); Territorio de máscaras (1990); La casa leída (Antología de autores universales, 1996); Migración de la ceniza (1998); Omar Rayo, geometría iluminada (Entrevista, coautora, 2001); Antología esencial (2001); Memoria absuelta (2004); Estación profética (Antología personal, 2010); Oscura música (Antología, 2013) y la novela Itinerarios de la sangre (2014).

Es Editora de la revista Común Presencia y codirectora de la colección Internacional de literatura Los Conjurados. Varios de sus poemas han sido traducidos al inglés, árabe, francés, italiano, portugués, húngaro, alemán, rumano, ruso y sueco. Obtuvo la primera Mención del concurso Plural de México (1989), la beca nacional de poesía del Ministerio de Cultura (1994) y el «Premio Literaturas del Bicentenario» (2010), con el libro Grandes entrevistas de Común Presencia, del que es coautora.