No. 486, Nuestros autores (4)

¡100.000 lectores semanales!

Descripción: ConfabulaCabezoteActual

FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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con el asunto “Retiro”

NUESTROS AUTORES


Durante las próximas entregas publicaremos un avance de algunos de nuestros autores que estarán presentes en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Abril 17 a Mayo 3 (2018). 
Común Presencia Editores
Colección Internacional de Literatura Los Conjurados. Pabellón 3, Piso 1º. Stand 133

Descripción: Francisco Delgado-ultima foto  

Dedo del Corazón
Con cinco dedos abrí caminos,
Con cuatro aré en las tierras de tu jardín,
Con tres peiné los lamentos,
Con dos pinté mil universos en tu mente,
Con uno te dije adiós.
Mon amour
Montaña de canela y caña,
noche rebelde de diamantes negros,
gavilán que sobrevuela al encantamiento
hasta el día de la cacería metálica.
Tierra y sangre desesperada,
afán de dos que no lograron ser uno,
canción de una guerrera inmortal,
humo seco en un lugar ajeno.
Semidiós
Despierta en el lugar desconocido,
cuestionando el envase en que navega.

Creador constante de la curva blanca,
inentendible, ermitaño de sí.

Sospecha de su origen y lo divulga
a la interpretación errada de los mortales.

Es fuego blanco que se adorna de sangre azul,
que medita entre diamantes de luna nueva,
con agujas de algodón clavadas en el pecho.
Es carruaje pulposo en cuevas deshonestas,
no es camino de salvación, es oro punzante,
es filamento de aullidos fúnebres,
es la canción violenta que se disfraza en un poema.
Viajero
El hombre de blanco,
el que observa por un triángulo
el pasado azul y verde.

El hombre de blanco,
el que llegó a la nívea amante
el día en que no sabía lo que hacía.

El hombre de blanco,
el que observa por un triángulo
la conquista de lo que no le pertenece.
Y al final
A mi mala memoria le pido
que en mi agonía fúnebre
me extienda la métrica
para declamar los versos de
un poeta enlagunado
que tiene mi rostro
pero no me recuerda.

MARTHA CECILIA RIVERA*

  Descripción: martica
II
Con desgano, Rebeca atravesó la playa en dirección hacia la carpa que compartía con Manuel Hidalgo, su esposo. Sin prisa. Presintió lujuria en el golpear furibundo de las olas, no solo por las oscilaciones y los movimientos, sino sobre todo por una cierta tensión del tiempo previo al choque con la arena, por la fuerza interna del agua, y por la sensación posterior de calma laxa. Descalza, no notó ninguna impresión caliente en las plantas de sus pies a pesar de que la arena ardía. Su larga falda blanca, delgada, se pegó a sus piernas y realzó sus muslos largos. Su blusa, en exceso breve, cautivó miradas que la hicieron sentirse soberana. Su piel de color claro, templada, turgente, desprendió esas gotas de sudor de hembra que circula a veces por el aire, alcanza los órganos de los sentidos masculinos y los perturba, los activa, los hostiga y los posee. Se gustó a sí misma. Comparó su estampa con la de otras mujeres en la playa y la encontró superior, perfecta. Mundana. Se enorgulleció de su propia imagen, de su belleza, de su ubicación en la vida, su matrimonio perfecto y su existencia plena. Saboreó el poder insobornable de su edad, ya antigua en el placer que trae la vida aunque todavía lo bastante joven para procurarlo a otros. También para apurarlo cada vez como agua fresca. Sus enormes ojos negros parecieron fijos en la arena inmensa aunque en realidad midieron la admiración que despertó a su paso. Su pecho ascendió, rebosado. De repente, un susurro se enredó en su pelo. Tenue. Suave. Tan imperceptible que en menos de un instante se desvaneció en el aire. Pensó que lo había imaginado y siguió caminando, despacio. De nuevo sintió que algo se enredó en su cabello, semejante a una especie de aleteo amorfo, negro, fuerte, espeso, que no desapareció en esta ocasión como antes. Se detuvo en seco y meneó la cabeza pero el aleteo continuó, insistente. Inquieta, elevó sus brazos y los agitó con movimiento de aspas en busca de un ave. Los bajó con parsimonia. Los levantó de nuevo. No encontró nada: ni pájaros, ni alas, ni siquiera insectos de tamaño grande. Introdujo ahora sus dedos entre su cabello y por un instante casi creyó haber rozado algo. Casi. Tironeó un poco, sin resultados. Nada voló en frente suyo, ni a su lado, ni encima ni entre los mechones de su pelo. Si el aleteo se produjo en realidad, se extinguió de prisa. Continuó su andar y llamó a Manuel a gritos pero el sonido que surgió desde sus labios no sonó como el suyo propio sino como el de alguien más, alguien ajeno. Repitió cada vocablo para escuchar su voz, con lentitud y en un tono bajo, y de nuevo percibió un acento diferente, agudo, extraño. Se estremeció. Incomprensible, el semblante amarillo y seco de una mujer vieja ocupó su mente durante un segundo y se desvaneció enseguida. Alcanzó a entrever, no obstante, una especie de sombrero negro. Parpadeó con fuerza y aceleró su paso. Una sensación de urgencia repentina empujó sus pensamientos hasta ese lugar inaccesible en donde el impulso atrapa a la mente y la domina. Nerviosa, se sintió impelida a mirar hacia los lados y hacia atrás, mientras sus pisadas se volvieron saltos raudos para acortar cuanto antes la distancia. Al llegar hasta su carpa, sin embargo, recibió un impacto que pareció congelar el tiempo y desviar el espacio. Su respiración se cortó casi por completo y olvidó el aleteo en su cabello. Tampoco pensó ya más en que su voz sonó distinta ni en el rostro amarillo abajo del sombrero negro. Su sudor dejó de correr en gotas ralas y se convirtió en cascada. Sus labios temblaron.

Manuel se encontraba en cuclillas en la arena. Un pañuelo de color verde papagayo cubría su cabeza de la forma como acostumbran a usar sus pañoletas las ancianas rezanderas en las iglesias. Su espalda encorvada sobre el resto de su cuerpo formó un ángulo estrecho con sus piernas y ocultó su traje de baño. Pareció estar desnudo por completo. Sus rodillas, flexionadas, mostraron el tono blanco de las coyunturas que han perdido irrigación de sangre después de permanecer dobladas por un largo rato. Los dedos de sus pies, tiesos y encorvados, parecieron garfios. Su cabeza inclinada, con su quijada clavada en el centro de su cuello y su frente paralela a la arena blanca, semejó el pico de un ave gigantesca. Lo peor fueron sus brazos. Extendidos hacia lado y lado en forma de alas desplegadas, permanecieron suspendidos en el aire, rígidos, contrarios a las leyes de la atracción del suelo, horizontales. El dedo meñique de cada una de las manos se ocultó debajo del pulgar, y los tres dedos restantes, extendidos y separados entre sí, recordaron la forma de unas garras. Rebeca se aproximó con ruido pero Manuel no pareció escucharla. No se incorporó ni movió sus manos. No levantó su cabeza, siquiera, ni abrió sus ojos, ni extendió los dedos de sus pies, ni habló ni respiró más fuerte. Asustada, balbuceó su nombre otra vez, en un tono bajo, sin obtener respuesta. Tampoco la obtuvo cuando lo llamó de nuevo con un grito. Se acercó aún otro poco y descubrió con pasmo que a pesar de su postura absurda Manuel estaba profundamente dormido. Su sueño, sereno aunque imperfecto. Su pecho inmóvil careció del movimiento leve que indica una respiración profunda. Su epidermis demasiado lisa, pegada a los huesos, semejó una tela vieja. Su cuerpo agarrotado, rígido, pareció encontrarse en estado de catatonia. O muerto. Lo tocó en el hombro de una forma leve que no logró despertarlo y en cambio, una baba blanca resbaló desde los labios tiesos. Lo zarandeó con fuerza ahora pero él no reaccionó ni se inmutó ni nada, y permaneció sin movimiento, congelado. Una melodía alegre que irrumpió en el aire, intempestiva, la distrajo. En instantes, un grupo de músicos entró en la playa. Vibrante, se escuchó un acorde festivo. Unos tambores resonaron, poderosos. Un acordeón produjo una cadencia larga. Un hombre arrugado, pequeño, agitó unas maracas y caminó adelante de la banda. Varios niños la persiguieron y la acompañaron con golpes de ramas de caña. Los adolescentes se mecieron al mismo ritmo y los hombres se incorporaron y gritaron interjecciones. La arena entera se sacudió al paso de los sonidos que poblaron el aire. El grupo musical se detuvo cerca de la carpa de Rebeca. Sin pausas, emprendió enseguida un son antiguo, uno de esos que parecen un himno a la patria y que resuenan alegres aunque llenos de añoranzas. Impregnó el alma vibrante de la playa con ese ritmo irrepetible del Caribe, único que canta a la tristeza al tiempo que obliga a bailar con alegría y esperanza. Desde los extremos de la playa, personas de toda edad se aproximaron. Un joven arrebató una maraca a un músico, la sacudió y blandió un sombrero de paja. Como en obediencia a una consigna, la gente se entregó de inmediato al baile. Con los brazos en el aire, mujeres y hombres palmotearon, se agitaron, movieron las caderas a un tiempo, a dos tiempos y un compás, a dos compases y un tiempo, en un delirio contaminante. Pecadores y niños, huérfanos y padres, ricos y feos, bailaron. Inesperada, la cercanía de la banda y del baile cayó como un aguacero de vergüenza encima de Rebeca. Abundante, frío. Cada movimiento de cadera pareció un escarnio a la inmovilidad de Manuel y a su postura inerme. Cada grito de alegría se estrelló contra el silencio de su pico de ave. Cada acorde de la banda hizo eco a su soledad de ser la única mujer con un esposo vivo convertido en estatua. O en cadáver. Cientos de pares de ojos parecieron observar con compasión sus esfuerzos por despertarlo. Las mujeres levantaron al bailar sus codos para imitar los brazos de Manuel, desplegados como alas, mientras los adolescentes flexionaron como él sus rodillas. La humillación la sofocó y la obligó a acercarse a los danzantes y a bailar con ellos. Su cuerpo se sacudió sin armonía. Sus pies se adhirieron a la arena, y se desprendieron enseguida, en secuencias de saltos pequeños, giros completos y giros intermedios. Sus brazos volaron libres por momentos y enseguida empuñaron sus puños cerrados con vehemencia. Frenética, inquieta, discordante, la suya no fue una danza feliz ni fácil. La algazara del corrillo se extendió en más canciones y mayor algarabía. Hasta las vendedoras de la playa se contagiaron de la euforia colectiva, y bailaron mientras sujetaron con sus manos sus enormes palanganas repletas de fruta encima de sus cabezas. La playa se transformó en una fiesta inmensa llena de canciones sucesivas que no perturbaron, sin embargo, a Manuel Hidalgo. Convertido en una piedra, continuó impasible. Petrificado. Ajeno. Dormido. De repente, la banda entonó una balada sobre un hombre enamorado de una mujer morena y Manuel, intempestivo, se incorporó, dio un salto hacia adelante y se unió al baile. Casi desarticulados, sus brazos giraron como remolinos al compás de la canción, y sus piernas largas se alternaron para patear la arena. Abrió su boca de un modo exagerado y coreó a los músicos con entusiasmo. “Yo adoro a mi negrita prohibida, a su amor pecaminoso yo lo adoro”, bramó varias veces. Como un estandarte, el pañuelo verde sobresalió por encima de todas las cabezas y forzó a las miradas a seguirlo. El aliento de Rebeca se cortó del todo. Aterrada y confusa, persiguió con pupilas desmesuradas la danza de marioneta incoherente que ejecutó su esposo. Dejó de bailar y experimentó el impulso absurdo de cubrirlo con una toalla de playa pero se contuvo. Manuel repitió el estribillo con un tono de voz conmovido, sincero, semejante al de una declaración romántica y Rebeca presintió, adolorida, que su canto iba dirigido a una mujer que no era ella. Sin palabras, una voz dijo de pronto que Manuel Hidalgo se había enamorado de una mujer trigueña. Otra voz altisonante anunció que había insectos en la cama. Rebeca saltó para esquivar el golpe de una ola enorme, elevó sus manos con la intención inexplicable de atrapar algún sonido, se agachó y cayó en la arena.

Martha Cecilia Rivera, Escritora y ensayista colombiana radicada en Chicago. En 2018 la editorial Ars Comunis, de Estados Unidos, publicó su más reciente novela La fatalidad de la gallina

ETERNIDAD VISIBLE DE MARÍA CLARA GONZÁLEZ

Descripción: ConjuMaríaClara

FRANCIS MESTRIES BENQUET*

Eternidad Visible es un gran poema espiritual, que habla de una desgarradura interior y una reconstrucción del Ser íntimo de la poeta a través de la unión con un Ser supremo, una transfiguración y transmutación del Yo poético luego de una historia de ausencia, desamor y enajenación. Transmite una experiencia existencial profunda, de éxtasis sin religión, de espiritualidad sin misticismo. Es la historia de una travesía del desierto y del despegue a una nueva vida tras una muda de piel, un desprendimiento de viejos afectos y añejas rutinas. Una resurrección anímica después de una etapa de disolución del Yo en el universo, y de emergencia de un nuevo Ser liberado, más sereno y sabio, más autónomo y ligero, como la garza que sabe fluir con el aire y volar contra la corriente en medio de la tormenta.
Este libro es pura poesía: es un decir no diciendo, balbuceando (cf. San Juan de la Cruz), un saber no sabiendo, un conocimiento inocente, primigenio de la vida. Y es un canto, o mejor un cántico, con su armonía interior y su ritmo pausado o sincopado, pautado por estrofas breves y versos condensados, que burilan sobre la página una arquitectura visual, casi un caligrama.
Es difícil salir indemne de su lectura, porque la emoción es su materia, decantada por una reflexión serena que solo un viaje iniciático por su vida interior puede madurar en la poeta, dueña de un estilo muy personal donde más que de personificación de la garza, se trata de identificación con ella, de "garcización" del yo poético.

*
Poeta y profesor Licenciado en lengua y Literatura Española, Universidad París III-Sorbona, Francia, 1972. Maestría en Letras y Civilización Latinoamericana de la misma Universidad, 1974. Licenciado en Sociología y en Psicología Universidad de París VIII, 1972 y 1973. Profesor titular en Sociología, Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco, México, D.F.

METAPHYSICA

Hay otro mundo,
escondido en este.
Nosotros lo sabemos al crepúsculo

Roger Munier

***

CARTAS DE LOS LECTORES

CONFABULADOS: Excelente el artículo de Omar Ardila en su Tercera Parte sobre las Vanguardias cinematográficas. Cocteau es quizá el más poético de todos los directores franceses y este ensayo lo reafirma. Arturo Sanclemente

***

AMIGOS CONFABULADOS: Interesante el comentario de Hernando Urrutia Entre el Chisme y la Verdad. Lástima que lo hubiera enfocado sólo a lo político, porque el chisme es una de las peores condiciones de nuestro pueblo, y se denigra de manera infame contra quienes no están de nuestra parte ni ejercen el servilismo a que muchos están acostumbrados. Pablo Iván López

***

QUERIDOS CONFABULADOS: Inquietantes y muy interesantes los poemas publicados del poeta nariñense Aléxis Uscátegui. Felicitaciones a ustedes por su difusión y al poeta por ese nuevo libro. Omar Velasco
***

No. 485. Nuestros autores (3)

¡100.000 lectores semanales!

Descripción: ConfabulaCabezoteActual

FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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NUESTROS AUTORES


Durante las próximas entregas publicaremos un avance de algunos de nuestros autores que estarán presentes en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Abril 17 a Mayo 3 (2018). 
Común Presencia Editores
Colección Internacional de Literatura Los Conjurados. Pabellón 3, Piso 1º. Stand 133 

Descripción: Foto Alexis (2)  

*
Eso me habían dicho que era la poesía:
una varita curtida por la piel
y la piel
una llaga hecha por la poesía.

**
El Ojo
visor nocturno de toda impaciencia
En su esfericidad
una pupila gris se balancea
cual órbita renace el asilo de los desnudos
Las pestañas como brochas linguales
y el Órgano ocular casi pubis
atisba a su amada donde su límite triangular truena
gimotea ella penetrada entre una jaula dorada
Lágrima certera desahoga su furia
y el ojo no reviste
se encoge y se retira
Los cuerpos ya no son dos
son uno solo en el fondo de la memoria
La noche de esta triste vigilia
ha calcinado la retina
Oh! Lagañas

***

Allá
en el Hombro femenino
un pájaro rosado
esperando
caer al abismo.
****

Conseguí arándanos verdes para la Valquiria
a ver si perdonaba mi corta lejanía
No es mentira
estuve batallando con gárgolas
hasta el punto de perder mi suero prodigioso
En ella no dejaron de arder las aréolas
asoleadas por el tiempo, y en mí no descansó el alma
esperando que el alfanje toque fondo
Ésa noche olvidamos sujetar entre las manos
el fortín que habíamos soñado.

LAS PRIMERAS VANGUARDIAS CINEMATOGRÁFICAS- TERCERA PARTE

Descripción: Omar Ardila 
Omar Ardila

Para cerrar esta breve aproximación a las primeras vanguardias cinematográficas, me remito a un filme francés de los finales de este periodo: La sangre de un poeta (1930) del multidisciplinario artista Jean Cocteau.

Tras haber conocido los primeros filmes de Luís Buñuel –de marcada intención surrealista– Jean Cocteau toma algunos elementos de este movimiento (como la experiencia onírica que evidencia complejidades psíquicas) y les da una connotación más amplia (cercana a la ensoñación poética) para construir su ópera prima, La sangre de un poeta. Este trabajo se ubica entre el final de las “vanguardias cinematográficas” y el inicio del “realismo poético francés”. Era el tiempo en que acababa de aparecer el cine sonoro, lo que aprovecharía Cocteau en su debut cinematográfico, aunque conservaba como preponderantes las expresiones del cine mudo.

Podríamos considerar a La sangre de un poeta como un filme “experimental” que toma elementos del “cine surrealista” y que no renuncia a la narración pero sí a las relaciones lógico-causales de la misma. Además incorpora imágenes del “cine abstracto” que están muy vinculadas con el mundo de la plástica (rostros animados, superposiciones, objetos que mutan en extrañas formas, etc.).
La película tiene cuatro episodios, no muy fáciles de delimitar por la intencional ruptura con la narración clásica. Sin embargo, los personajes se entrecruzan en uno y otro episodio, dándole unidad conceptual.

Episodio 1 “La mano herida”
Un plano exterior nos muestra el derrumbe de un monumento, mientras en el interior de un estudio, un artista se dedica a la creación de su obra. Sobre la mano que delinea el autorretrato, aparece una herida que se transforma en unos sensuales labios. Esos labios son portadores del mensaje revelador de su pintura. Como un Narciso enamorado, el artista libera su erotismo reprimido, recorriendo todo su cuerpo con la mano de los labios voluptuosos (una evidente acción de autocomplacencia). Enseguida, ubica la mano sobre la boca de una estatua, y ésta toma vida.

Episodio 2 “¿Es que los muros oyen?”
La estatua habla con el artista y le sugiere que busque lo imposible. Motivado por este reto, el artista se sumerge en un espejo y desemboca en el “Hotel de los sueños”. Allí, en una práctica voyerista, observa a través de las cerraduras de las puertas, cuatro episodios de la historia humana: un fusilamiento, una escena de teatro de sombras, la represión de una madre sobre su hijo y el psicoanálisis de un hermafrodita que tiene inscrito en sus genitales: “peligro de muerte”. Posteriormente, en un pasillo del hotel, alguien le entrega un arma al artista con la indicación de que se dispare. Al hacerlo, sale del sueño y retorna al estudio para increpar y demoler la estatua que lo había impulsado al desplazamiento, y de esta manera asumir el riesgo de convertirse en “presencia de glorias imperecederas”.

Episodio 3 “La batalla de nieve”
Unos niños lanzan bolas de nieve contra una escultura con la intención de derribarla. Luego se enfrentan entre ellos mismos hasta que uno de los niños cae muerto.

Episodio 4 “La carta robada”
Encima del niño muerto aparece ubicada una mesa en la que una pareja (obra-poeta) disputa una partida de naipes. La carta ganadora está en el bolsillo del muerto, y es un ángel negro (el ángel de los desamparados) quien logra rescatarla. El jugador (poeta) se dispara en la cabeza, mientras algunas familias de clase alta aplauden emocionadas desde sus balcones, adecuados como lujosos palcos. La mujer (obra) se convierte en estatua y avanza hacia el infinito, de espaldas, con pasos sutiles  y llevando el mundo y una lira en sus manos.
El filme cierra con un plano similar al inicial en el que vemos el derrumbe de un monumento.
Como se puede notar en el pequeño recuento que he realizado, son múltiples las preocupaciones temáticas que nos presenta Cocteau en su debut cinematográfico, con lo que también se nos generan abundantes posibilidades interpretativas. En mi aproximación sólo me detengo en algunos aspectos, pues no olvido que, ante todo, para el acercamiento al cine de vanguardia, el espectador debe ejercer una participación activa en la construcción de sentido.
En primer lugar, logro constatar la separación de Cocteau de los principios surrealistas. No pretende “documentar realmente los eventos irreales”, sino que busca indagar en lo más profundo de sí mismo (poniéndose como modelo de la experiencia estética) para desnudar algunas de las preocupaciones que le asaltan como artista multidisciplinario que es. Una  de las principales intenciones  es mostrar cómo la vida de un poeta puede ser sacrificada por amor al arte.
A diferencia de los intereses surrealistas que buscaban cambiar el mundo externo, Cocteau construye un discurso subjetivo (sobre el modo de pensar y sentir de un sujeto), aparentemente despreocupado del mundo exterior. Sin embargo, algunos elementos que utiliza para ahondar en los discursos mentales, son propios del surrealismo (sueños y recuerdos que le permiten mostrar las pulsiones incontrolables que tienen una expresión exterior). También plantea la posibilidad de que el afuera es una configuración delineada por el interior pero no intenta desarrollar ese planteamiento, más bien, lo muestra como un reflejo de la constante dificultad que tiene el sujeto para percibirse a sí mismo, o el artista para relacionarse con su obra. Los elementos internos y externos se entrecruzan con notable autonomía tratando de configurar un ser más integrado que se actualiza constantemente. El poeta fulge como intercesor entre el mundo del más allá, extrañamente, ubicado en el interior de uno mismo. En la obra poética lo interior se hace exterior y se proyecta al infinito.
Otro aspecto que me parece importante es la relación del poeta con su obra, a la luz de la presencia mitológica de Orfeo – la crítica ha agrupado tres filmes de Cocteau bajo el nombre de “ciclo órfico”: La sangre de un poeta (1930), Orfeo (1949) y El testamento de Orfeo (1960) –. El poeta realiza un viaje a las profundidades de sí mismo confiado en el poderío encantador de su música.
Asimismo, la secuencia en el “Hotel de los sueños” me recuerda algunas de las prácticas destructivas que se han afianzado en diversos escenarios como resultado de las represiones religiosas y políticas. Ante este marco, el poeta decide suicidarse para acabar con “el mortal tedio de la inmortalidad” y dejar que triunfe y se eternice su obra.
Finalmente, quiero destacar otro elemento que resulta insinuante en el filme: la ubicación que hace del arte como práctica revolucionaria, la cual puede servir para derrumbar los “falsos ídolos” generadores de represión y de proyectos inalcanzables. El llamado que hace a los niños en el tercer episodio (“La batalla de nieve”) es directo y contundente, pues se precisa que sean ellos los que derriben esos monumentos de “héroes culturales” envejecidos, quienes representan el verdadero “peligro de muerte”.

ENTRE EL CHISME Y LA VERDAD
Descripción: hernando-urrutia
Hernando Urrutia Vásquez
Hay una profesión tan antigua como  la prostitución: el chisme, ese que vuela de boca en boca y que corroe  la sociedad. Se puede decir que el chisme es la prostitución de la realidad, por su marginalidad pero también por su condición vergonzante que es algo así como tira la piedra y esconde la mano de la que tanto se habla. El chisme es entonces un arma a veces letal que se esgrime contra un personaje o institución para socavar su imagen y restarle credibilidad frente al conglomerado al que pertenece la víctima a la cual le va a ser lesiva y hasta generarle angustias e incomodidades
Sabemos que cualquiera de nosotros somos potenciales objetivos pero surge la pregunta: ¿A quién le sirve, de qué parámetro parte para que le dé resultado? Hay veces se fabrica el chisme  partiendo de un hecho y desde ahí se pueden amontonar miles de excusas para recrearlo fortalecerlo y convertirlo en el dardo venenoso que acierta  en el blanco escogido.
Digamos que en medio de las confusiones se establece un caos en la información es decir una falsa verdad que genera dudas, malestar con las difamaciones, con las atribuciones de algo que no ha ocurrido así. En el caso de esta campaña electoral se puede afirmar que utilizando  las redes sociales ha germinado el chisme, la mentira, la cizaña destructora y en la prensa se llama amarillismo, pero además amparada por la violencia que no solo buscar difamar sino también generar miedo induciendo a los votantes a cohibirse de la opción de determinado candidato o candidata, en resumen: como están  las cosas estamos  cayendo en la posibilidad  de restarle importancia a una afirmación verdadera y  asumirla como un chisme pero a la vez difundir el chisme como una verdad y esto apenas comienza
Director de Programación
Vientos Stereo

METAPHYSICA

El amor es la primera mentira,
La sabiduría la última.


Djuna Barnes

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CARTAS DE LOS LECTORES


QUERIDOS CONFABULADOS: Aunque me fue imposible presenciar la exposición de Olga de Amaral en Bruselas, es una artista que indudablemente deja muy en alto el nombre de Colombia. Ian Berger

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AMIGOS CONFABULADOS: Siempre recibo con entusiasmo Con-fabulación. Un periódico que se respeta y se quiere. Camilo Urrea Vásquez

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CONFABULADOS: Podrían confirmarme si el escritor argentino Hugo Mujica estará en la Fería?  Manuel Álvarez Sanclemente
R/ La agenda cultural como lo anunciamos anteriormente la maneja sólo la Cámara Colombiana del Libro
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