No. 467, La vida humana es breve... Yukio Mishima

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FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez,  Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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LA MUERTE COMO UNA EXPRESIÓN ESTÉTICA DE LO HEROICO



Omar Ardila

La vida humana es breve, pero yo querría vivir siempre


Nota dejada por Mishima el día de su muerte.


En 1985 el director Paul Schrader (Michigan, EE.UU. 1946) realizó una película biográfica sobre Kimitake Hiraoka (quien acogiera desde 1941 el pseudónimo de Yukio Mishima), titulada Mishima: una vida en cuatro capítulos. En ella, Schrader explora con seriedad temática y rigurosidad histórica, varias de las facetas desarrolladas por el polémico Yukio Mishima. La intención inicial era hacer un filme biográfico –lo que no supone necesariamente un trabajo documental– en el que se aprovecharan los elementos de la expresión cinematográfica para recrear algunos aspectos de las metáforas presentes en la obra del autor japonés. Tras avanzar en la construcción del proyecto, los creadores se decidieron a involucrarse directamente con algunas de las obras literarias de Mishima para presentarlas con fineza teatral, como eventos integrados a la propia vida del escritor. Además, escogieron cuatro preocupaciones conceptuales que fueron el fundamento de la construcción vital realizada por el autor nipón: belleza, arte, acción y armonía de la pluma y la espada. Con este interesante esquema, resultaba más fácil y ordenado el intento de reconstruir una vida tan compleja en un registro audiovisual.

La película abre con una panorámica de unas montañas, sobre las que se cuela una intensa luz rojiza. En el mismo plano fijo aparecen los créditos con un fondo musical de Philip Glass. Esa luz enceguecedora es el preámbulo idóneo para adentrarse en la narración por capítulos de la vertiginosa vida de Mishima, que fue un destello de lucidez en medio del caos de la posguerra.
Belleza
Cuatro planos de igual duración concentran la atención en las agradables formas exteriores que engalanan el antejardín de la casa donde el 25 de noviembre de 1970, Mishima se prepara desde las primeras horas para su “gran” aparición en la guarnición militar hacia el mediodía. Los siguientes cuadros recorren el interior de la casa, exaltando el delicado ritual que supone vestirse con las prendas militares. La reiterativa música de Glass va aumentando su intensidad, como presagio de nuevos y misteriosos aires. El narrador nos hace la ubicación espacio-temporal, y enseguida, un flashback nos lleva a la niñez de Mishima, quien contempla a través de una ventana, situaciones que le llevan a suponer la imposibilidad de poder hacer algo para cambiar el mundo. Desde su temprana infancia, transcurrida al lado de la abuela, fue estableciendo una singular forma de relación con el entorno. En principio, se creía como una “planta frágil”, pero luego de fortalecer el intelecto y descubrir que la belleza era una posibilidad realizable, su carácter se fue fortaleciendo, al punto de llegar a asumir posiciones radicales como ejecutar su propia muerte.
Desde su primeros escritos, Mishima fue consciente de que las palabras no pueden cambiar el mundo, y además, de que el mundo no necesita palabras.
Esta primera parte del filme se relaciona directamente con la obra El pabellón de oro (1956). La referencia a dicho trabajo escrito se realiza de forma teatral en un escenario creado en estudio. En la representación vemos a un joven tartamudo que no puede liberar su pulsión sexual, su ansia de encuentro con la carne, su deseo de posesión de la belleza; ante dicha frustración, el joven prefiere terminar con el objeto idealizado que le perturbaba su inmadura emocionalidad. El incendio del Pabellón de oro – arquetipo de la belleza, tal como lo asume el monje – responde a esa sensación de vacío generada tras el intento de objetivar un concepto que rebasa los límites lingüísticos. La belleza presente en las formas arquitectónicas no conoce el valor de la ausencia que le hace un llamado para conferirle sentido. “¡La belleza estaba estructurada de nada!” Y esa vida mágico-espiritual perpetuada en la carne del Pabellón de oro, estaba muy distante de cualquier reduccionismo emocional.
Toda esta metáfora de acercamiento a la belleza es vinculada con la experiencia que vivió Mishima en su despertar sexual frente al San Sebastián de Guido Reni, cuando la fuerza del trabajo pictórico le supuso una intensa vivencia erótica. Este revelador momento, revive en el filme como una fuga hacia el futuro para corroborar que “sólo el conocimiento convierte lo insoportable de la vida en un arma”; y ese acercamiento y conocimiento de la belleza, fue el norte que lo condujo para ir a buscarla en carne propia.
Arte
El nuevo capítulo, tiene como inspiración literaria La casa de Kyoto (1959). En éste se nos informa cómo luego de terminar la guerra, Mishima se decide por ser escritor, es decir, “un kamikaze de la belleza”, según sus propias palabras.
El Mishima adolescente, de cuerpo frágil, no logra el ingreso al ejército. Entonces madura su concepción de la belleza y entiende que el arte es la mejor posibilidad para juntar vida y obra en una totalidad trascendente. Ahora, es cuando surge una obsesión por el cultivo del cuerpo, para que en él pueda desarrollarse y fortalecerse la armonía. El trabajo anterior con la palabra lo había separado del cuerpo, y era preciso volver a integrarlos en una nueva experiencia artística. Mishima había aprendido de los griegos que hacer una obra bella es ser bello, preocuparse por la belleza. Por lo tanto, dedicó 15 años de su vida a delinear su forma corpórea.
El San Sebastián de Reni, es convertido en el modelo de belleza y a la vez de sufrimiento, pues el camino de la creación y del cuidado del cuerpo, supone profundos desgarramientos. De ahí el interés que mantiene Mishima a lo largo de su obra por la sangre y por la muerte, como una especie de culminación ritual que lleva a la liberación del individuo. La muerte o el suicidio “sólo tendrán sentido cuando el cuerpo haya alcanzado el mayor punto de la belleza”, cuando ya no necesite un espejo para confirmar la existencia, cuando la belleza presente en la carne sea puro goce vital destinada a morir para lograr la plenitud. La decisión del hombre por ser bello, es el deseo de morir.
Acción
En este capítulo se trabaja a partir de la obra Caballos desbocados (1969). Hay una concentración en el concepto de acción que desarrolló Mishima; esa fue, quizás, su idea mejor expuesta a nivel filosófico-metafísico.
La acción es pensada como “la actividad física combativa orientada hacia un objetivo”. Actividad que tiene su expresión y efecto en un instante: “La acción tiene el misterioso poder de compendiar una larga vida en la explosión de un fuego de artificio”. El instante de la acción es el momento más auténtico de la vida humana, aquel en que el individuo se trasciende a sí mismo para experimentar la plenitud de la existencia.
Mishima retorna la mirada hacia el pasado imperial del Japón y la disposición heroica que mantenían los samuráis. La política del samurai es el combate. Y esa ruta es la que pretende seguir Mishima con la creación de la Sociedad del Escudo (un ejército espiritual de cien hombres, dedicado a rescatar la pureza de la tradición japonesa para combatir la corrupción impuesta por los saqueadores capitalistas después de 1945). En el discurso pronunciado antes de su muerte, se traslucen los intereses de dicha sociedad: “Vemos al Japón emborrachándose de prosperidad y hundiéndose en un vacío del espíritu (...) Vamos a devolverle su imagen y a morir haciéndolo”. Todos los miembros de la sociedad estaban dispuestos a actuar cuando les llegara el día del cambio, el fuego instantáneo de la acción. Mientras tanto, seguirían a la espera “en posición de firmes”.
Podría decirse que el concepto de acción recogió la mayoría de las preocupaciones de Mishima (belleza, arte, cuerpo, recuperación de la tradición) por medio de la Sociedad del Escudo. Fue siguiendo los principios de ésta, que preparó y realizó su muerte, aunque ella no sirviera sino como un llamado de atención para una sociedad que ha perdido su rumbo y olvidado sus ancestros.
Armonía de la pluma y la espada
El amplio conocimiento de la cultura occidental que tuvo Mishima, le permitió establecer estudios comparativos con su tradición oriental. Una de las relaciones dialécticas que más le preocupó fue la generada entre espíritu y cuerpo, los que pretendía integrar por medio de la acción. Para ello, retomó la tradición de los samuráis, quienes habían seguido el bumburyodo (el camino de la pluma y de la espada) – algo parecido al “mente sana en cuerpo sano” del mundo occidental –. Ésta vivencia suponía recuperar el camino de los héroes; el cultivo del espíritu con la escritura y del cuerpo con la gimnasia y las artes marciales: la unidad que, según Mishima, nunca debería alejarse de los proyectos político-sociales que emprendieran sus compatriotas.
Según la tradición Zen, en el tiro con arco lo importante no es dar en el blanco. Lo verdaderamente importante es convertirse en la flecha y desechar la posibilidad de una meta. Convertirse en la flecha es el principio de la acción – lo que intenta Mishima en sus últimos años: el afianzamiento de la espada pero sin olvidar la escritura (la pluma) –. Cuando ya no importa la meta, tampoco importa la vida. Al parecer, Mishima asumió totalmente aquella visión, pues en la búsqueda de algo que reconciliara el arte con la acción, descubrió que eso era posible sólo a través de un principio superior: la muerte. Acogió la muerte como una expresión estética de lo heroico. Sin embargo, había asegurado que quería vivir siempre. ¿Su muerte, entonces, fue producto de un fracaso o la puesta en marcha hasta sus últimas consecuencias del concepto heroico de acción? La muerte ante la impotencia de alcanzar su objetivo, pudo ser la mejor forma de reafirmar que, realmente, “quería vivir”.
Al final, antes de realizar el sepukku, Mishima hace un llamado para la integración de la tradición cultural japonesa, y les plantea a los soldados que lo escuchan, una pregunta que sigue siendo vigente: “¿Qué harán cuando sean un gran arsenal sin alma?”.

HOMENAJE AL GRABADO

Varios artistas colombianos, representando a Colombia, serán invitados de honor en tres de las más importantes exposiciones de grabadores internacionales, que tendrán lugar durante septiembre y octubre -2017


    





LA VIDA EN UN TANGO

Reportaje a Óscar Hernández
(3 de Nov. 1925 - 4 de Sep. 2017)

Por Marcos Fabián Herrera

El 3 de noviembre del 2017, cuando Óscar Hernández celebre los 92 años, lo primero que hará tan pronto se despierte será escuchar un tango. La lírica del arrabal y el fraseo del lunfardo han irrigado las arterias, a hurtadillas y en puntas de pie, de su poesía. Bien sea con Susana Rinaldi, Ignacio Corsini, Juan Carlos Godoy, Enrique Santos Discépolo, Carlos Gardel, Agustín Irusta o Alberto Arenas, la vida solo le es tolerable al compás de la música de algunos de estos cultores del género que canta en el fuelle de un bandoneón. “Se equivocan los que creen que el tango es música de lupanar y despecho. Afirmar eso es desconocer su quintaesencia. Es la plena decantación de la vida en verso. Es la poesía valida del sonido; es la aprehensión del fulgor existencial que casi siempre escapa a los que escribimos versos”.

***

Óscar, Cioran creía que solo en el tango la filosofía se amistaba con la poesía…

Algo habrá de cierto en eso. Pero lo bello del tango es la falta de premisas moralizantes y de credos de capilla. En él solo se aspira a la belleza de la calle.

 Es la misma aspiración de su poesía… la palabra sin abluciones ni fórmulas. El grito descarnado de la belleza originaria y esencial…

Sí. La poesía es otra cosa. ¿Quién la creyó asignatura en las academias? ¿Por qué la encorsetaron en los rituales del poder y las ceremonias de la simulación?

Seducidos por los manierismos que traían los vientos de corrientes foráneas, los coetáneos de Óscar Hernández cayeron de bruces en los códigos estéticos bañados en el hálito de lo nuevo. Discordante en su época, Poemas del hombre fue el canto de ruptura de un asceta que, en su afán comunicante, prefirió la desnudez a la vestimenta afectada. “Eva Manzano esa mitad entera / con su perdido paraíso a cuestas / y con su Adán de barro hasta que muera”. Cual evangelista, la suya fue una poética fundacional que, tamizando el oropel, concibió el catecismo de un creador y apartó la hierba para que el sol llegara al pliegue oculto del árbol y la oquedad de la tierra. “No creo en las campanas, no creo en el concepto ni en la idea, creo en el agua turbia de los ríos / y en la arena / y en la sangre del hombre. Creo en las manos sobre la cosecha, creo en el caminante y sus sandalias, creo en la muerte triste de las moscas / que ocultan sus cadáveres. No creo en muchas cosas y creo en tantas, y firmemente creo en las espigas / y en mi balcón de harina”.
Su imperturbable pulso, la esbeltez de funambulista, el tono de aforista y un proverbial sosiego de monje, no permiten sospechar que este hombre, en el fulgor de su mocedad, fue un boxeador presto y raudo. De ahí el verso certero, la frase culminante y la aridez sentenciosa. Por eso la distancia del tono melifluo y la oscuridad que turba. Como en un jab de derecha, la belleza se asoma de forma súbita en la lona con trucos de curtido prestidigitador. Sus versos son un silabeo de brujo que nos acercan a la gozosa perplejidad. “Protege a los que encienden / los negros trozos del carbón / para alumbrar el alba. Protege Dios, a las mujeres que por toda retórica / llevan entre labios / una inocente maldición”.

 El café se ha servido. En su trastienda, por ensalmo y a petición de quienes lo asediamos en el atardecer del sábado, la bebida negra fue preparada para atemperar el palique preñado de añoranzas y sarcasmos. Las dos mujeres que me acompañan, como en un retozo de niños, disfrutan del flirteo de Óscar. La milonga, que llega asordinada, baña de melancolía el día que se despide con una luz macilenta. En Belén, un barrio de arboledas, fondas populares y niños intrépidos, la vecindad es obligada por la estrechez de las calles. Como los colonos que descuajaron la montaña, los residentes de este barrio, un peldaño en el faldón de un breñal que le ha robado una franja a la montaña, han llegado en estornudos citadinos a un paraje aún embebido de ruralidad. La tarde arroja las estridencias de una ciudad que se acerca a la noche. Lo veo apoltronado en su mueble y observo las fotografías en las que Óscar Hernández conversa con el patriarca de la plástica y el arte colombiano: don Fernando Botero, tan adiposo y plácido como las criaturas de sus cuadros y esculturas, vigila mi interpelación. Enseguida inquiero por su amistad con el filósofo que llenaba auditorios y dilucidaba a autores clásicos en jornadas pedagógicas memorables que magnetizaban a los escuchas.

Viví a diez metros de Estanislao Zuleta. Tomábamos cerveza en las tardes y comentábamos la realidad. La nuestra fue una amistad abierta y a prueba de sismos, por ser desintelectulizada. Mientras nos dedicamos a vivir y a hacer periodismo, Estanislao, que jamás pensó un libro, pensó filosofía. Lo que es más concreto que un libro. A los autores, él los amaba. Su memoria, felicísima y grata, le permitía recordar fragmentos exactos de los libros. Así, me decía: “Óscar, que final tan simpático el de El castillo de Kafka… concluye diciendo: ‘Mala madera, señor director’”. Le gustaba el inicio de una novela de André Gide: “Cuando el alma de un gran pueblo sufre, toda la vida está comprobada, y aquellos que tienen un noble corazón iluminado, van a hacer sacrificio”. Me la hizo aprender a mí. Es un gran libro que recomiendo a mis amigos. En él hay un reflejo tan diáfano y a la vez oscuro de lo que ocurre en Colombia. Zacha, un guerrillero, murió tiroteado por los custodios. Cuando la madre de Zacha se entera de su muerte, solo atina a decir: “Zacha, dulce hijo mío”.

A nuestro regreso de Europa nos separamos por razones de oficio. Me dediqué al periodismo con ardor y consagración ejemplar. Estanislao se dedicó a leer. La risa y la lectura fueron sus únicas tareas. Su risa era continuada. Conservo una anécdota que explica el sentido del humor a flor de piel de Estanislao. Estando en la estación del tren de París, prestos a viajar a Madrid, caminé hasta un restaurante a comer algo. Al regresar a la estación comprobé que había perdido la cartera en la que guardaba el pasaporte y el dinero. Desesperado, volví al restaurante y no encontré nada. De nuevo en la estación, compruebo que el tren ha partido con Estanislao adentro. Estaba en una estación de tren de París a las nueve de la noche y sin un peso. La desolación me abrumó. En ese momento me acompañaba Uriel Ospina, un amigo que fue redactor de El Tiempo por muchos años. Mientras conversábamos, un policía que advirtió nuestra situación nos pidió que esperáramos un tren que partía en media hora. Así fue. Salí junto a Uriel rumbo a Madrid. Al ver los gestos, los mohines tan singulares y el mutismo de nuestros acompañantes, comprobamos que viajábamos en un vagón con enfermos y discapacitados. Enseguida acordamos con Uriel simular una enfermedad cuando nos pidieran el tiquete. Con un improvisado histrionismo, nos mimetizamos entre la decrepitud humana y aparentamos ser unos valetudinarios más. Al llegar a Madrid corrí a buscar a Estanislao y lo encontré en el último vagón de su tren con una botella de vino y riendo a carcajadas. Estanislao era un ser entrañable.

Al otro lado de la línea telefónica nos responde Delimiro Moreno. Es un amigo al que Óscar no ve hace 20 años. Compartieron oficios, utopías, lecturas, creencias y una gélida celda en la que fueron encarcelados por protestar contra el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Fue el imprescindible Alberto Aguirre, magistrado del Tribunal Superior de Medellín en ese momento, quien abogara para sacar de la mazmorra a este par de díscolos reporteros. El poeta católico que ha logrado que en su ideario el socialismo se abrace con las comunas de San Pedro, saluda al historiador y periodista que vive en Neiva, Huila, hace más de cuarenta años. “¡Hola, ex convicto!”. Los papeles abundan en el escritorio de Óscar. Poemas en hojas ajadas, manuscritos de cuentos y viejas cartas cruzadas con amigos extraviados en la bruma del tiempo. Mientras conversa con Delimiro, busca el listado de libros que publicó su sello editorial llamado Papel Sobrante.

 –¿Vos te acordás de Adolfo León Gómez, el jefe de redacción de El Correo de Medellín? Pregunta Delimiro con la dicción antioqueña que ha perdurado a pesar de la distancia con su tierra originaria.

–El maduro juvenil.

–Era más malgeniado que el putas. Actuaba como un dictador.

Delimiro y Óscar fueron los primeros traductores de la France Press en Medellín. Descifraban el alfabeto morse y vertían al español, ayudados por diccionarios, los cables internacionales de noticias. Muchos hechos que marcaron virajes en el mundo, que abrieron los umbrales para el tránsito de nuevos aires en nuestra época, fueron reseñados por ellos y difundidos para los diarios nacionales. Despedido Delimiro, y pactado el envío de un libro, Óscar recuerda un pasaje bíblico que leyó la noche anterior. Es una alusión directa, asegura él, de San Pablo a la política. En ese fragmento, el apóstol de las naciones y figura cimera del cristianismo primitivo habla de izquierda y derecha, de altruistas y avaros.

Si es así, Pablo de Tarso se anticipó a los gobelinos y cortesanos de la Revolución francesa…

Se anticipó a todos. Te recuerdo que San Pablo era un genio. Leerlo ilumina. Cuánto le serviría a nuestros políticos beber de su palabra.

 ¿Se han derrumbado las utopías?

No. El Socialismo no ha fracasado. Miente quien asevere eso. Me da grima escucharlo. Han fracasado los hombres que han liderado los proyectos. Ellos han fracturado los principios éticos. En Rusia se renunció a la construcción de la quimera que hace dignos a los hombres. No ocurrió una debacle que confirmara la imposibilidad del sueño socialista. Es tan alta la exigencia moral del socialismo que se necesita seres humanos a prueba de fuego.

Óscar, el hijo de Don Luis María Hernández, un filólogo autodidacta nacido en el campo que compuso uno de los manuales de gramática con el que muchos escolares aprendieron los intríngulis de la lengua, es un socialista utópico. No ha divorciado, como la mayoría de sus compañeros de generación, la Biblia de los católicos de El Capital de los marxistas. Esos dos libros canónigos han sido su brújula para construir su ideario y trasegar la vida. Porque para él mantenerse en pie en sus premisas creadoras y haber hecho de la poesía un apostolado alejado de los aplausos, no ha sido un deliberado sacrificio. Solo ha leído las señales inequívocas en la vida de los hombres. Las mismas que le han enseñado a conjugar las virtudes de los diversos oficios que ha ejercido para componer con retazos de existencia un tango. Con el olfato del reportero, la paciencia del editor, la presteza del boxeador, la versatilidad del actor de cine y la minuciosidad del novelista, Óscar Hernández se ha hecho poeta. Al salir de la casa, observo a una muchacha de cabellos largos que pasa en una bicicleta por la estrecha calle, y con peripecias cuida con una mano las viandas guardadas en un canasto. En el cielo de Medellín unas nubes con ribetes púrpuras le sirven de preámbulo a la noche.


METAPHYSICA


Historia de mi caída de mi historia
como una hoja que cae del árbol



Orhan  Pamuk


(Del libro: Me llamo Rojo)


***

No. 466, Relación entre poesía y coyuntura actual

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RELACION ENTRE POESÍA Y COYUNTURA ACTUAL




Por Eduardo Gómez

Nunca la humanidad en toda su historia se había visto tan inminentemente amenazada en su conjunto, como ahora, hasta el punto de que los científicos hablan de un plazo aproximado de cien años para que la especie humana se extinga, si los daños al equilibrio de las potencias y elementos constitutivos de la Naturaleza, continúa con la intensidad y el ritmo vertiginoso que presenta ahora como resultado del consumismo desaforado, la explotación incontrolada de recursos y la insensibilidad creciente de la mayoría de la población mundial. Sin embargo, la inminencia de esta catástrofe progresiva no parece arredrar o frenar a los máximos responsables (ante todo, los círculos gobernantes de los países capitalistas más desarrollados) a pesar de las reiteradas advertencias de los científicos, los ecólogos y humanistas de todas las tendencias, hasta el punto de que la Humanidad está entrando en un proceso de suicidio progresivo como Especie porque nadie, con una información mediana, puede alegar ignorancia de lo que sucede. Más aún, la plutocracia mundial y los políticos de las potencias dominantes en el capitalismo han llegado al extremo de preferir regímenes fascistas o, en todo caso cercanos a esa tendencia, antes que permitir transformaciones (incluso moderadas) que lleven a la racionalización, democratización y humanización de la economía y la organización social, únicas formas de corregir y superar en un plazo adecuado el despilfarro, la explotación irresponsable y la deshumanización de las relaciones. Al respecto, recordamos algunos casos muy conocidos en la historia mundial del último siglo como cuando las clases dominantes en España prefirieron el régimen franquista al afianzamiento de la República (con la taimada complicidad de las potencias occidentales) y la burguesía alemana de esos años favoreció el surgimiento del nazismo antes que permitir el fortalecimiento de los partidos populares y democráticos. Al mismo tiempo, en Latinoamérica fueron instauradas una serie de dictaduras sanguinarias, que se afianzaron con la protección de Estados Unidos.
Colombia ha sido en Hispanoamérica el país más proclive a esa represión violenta en los últimos sesenta años y el que se ha convertido en el fortín más amenazante al servicio del imperialismo estadounidense. En consecuencia, es en este país donde el desafío para los intelectuales, escritores y artistas, de superar las vacilaciones respecto a la lucha que es preciso desarrollar ante el peligro de la desaparición de la Especie, aparece como más exigente.
No creo necesario entrar en las viejas y desgastadas polémicas que pretendían desligar, y hasta enfrentar, el pensamiento y la acción político-social con una pretendida estética pura, así como tampoco puedo estar de acuerdo en las pretensiones del bando contrario que aspiraba a hacer de las artes un compromiso partidista sectario y pedagógico-moral. Estas polémicas se han envejecido, ante todo por los hechos históricos que muestran cómo la cultura es la más agredida cuando la tiranía de la tecnocracia al servicio de la acumulación de riquezas materiales, se consolida en el poder. Para cualquier observador lúcido es evidente que está en marcha un proceso interno de destrucción del arte, mientras con frecuencia se entronizan una ciencia enjaulada (al servicio preferente de las guerras de dominación) y una técnica degradada como instrumentos deshumanizantes. La mercantilización de las artes plásticas, el subjetivismo delirante de las vanguardias y la dictadura de la publicidad en la gran prensa y en la televisión, manipuladas por el gran capital, son factores determinantes en esa tendencia autodestructiva.
Si hemos tomado consciencia de que la revolución chavista ha iniciado en Latinoamérica una modalidad evolutiva y relativamente pacífica (nunca antes ocurrida en la historia) hay que concluir que es precisamente en esta nueva modalidad, cuando las oportunidades de influir en el proceso de cambio, son más idóneas y accesibles para los intelectuales, escritores y artistas de auténtica vanguardia. No tendremos acceso a esa influencia histórica si no logramos una unidad dialéctica y orgánica entre el pensamiento y la praxis. De ese cambio existencial surgirá necesariamente una sensibilidad diferente y cultivada que nos inspirará obras artísticas de temática más universal y de más profunda objetividad. Es necesario crear una obra que se “contamine” cada vez más con las luchas comunes y esenciales que buscan la liberación de todos. Se trata de una creación que se configure mediante una nueva síntesis más compleja entre sensibilidad e inteligencia y que logre enriquecer esa sensibilidad como capacidad cognoscitiva “inherente al pensar, al mismo tiempo que está abierta a los laberintos de lo inconsciente, es decir, de lo onírico, pulsional e instintivo” (1).
Según Heidegger (refiriéndose a la esencia de la poesía en Hölderlin), es necesario “distinguir a la poesía como ‘esa tarea, entre todas la más inocente’ pero cuyo carácter lúdico-testimonial de lo que el Hombre es, la torna ‘el más peligroso de los bienes’” (2). En cuanto a la tradición clásica fundada por los griegos, ellos daban el nombre de poesía al conjunto de los diversos géneros literarios, que incluían el poema lírico, el relato, la novela y la tragedia. A todos ellos los denominan poesía porque en verdad los diversos géneros artísticos se hermanan (con variaciones) en una sensibilidad poética común. Entonces, para los griegos la poesía era una forma de conocimiento privilegiada, que abarcaba subgéneros como el poema dramático, el trágico, el poema pedagógico y el poema épico. Esa variedad se ha ido perdiendo para reducirla casi exclusivamente al lirismo especializado. Los grandes clásicos posteriores a Grecia como Shakespeare, Goethe, Dante, Quevedo, Schiller y Hölderlin, entre otros, asimilaron esa preciosa herencia griega, cultivando una poesía reflexiva y ambiciosa, abarcadora de todo tipo de temas, que sigue siendo paradigma para los grandes creadores de la modernidad en todas las áreas de la creación artística, aunque, claro está, con la exigencia de actualizarla.
Cada vez estamos menos solos en esa colosal tarea de interrelacionar de manera fecunda esos dos polos que secretamente se pertenecen: el Cosmos (origen y final de todo lo existente) y la voluble y pasajera condición humana (el logro más completo de la evolución). Con la Encíclica Laudato si, el papa Francisco inaugura una nueva era en la historia de la Iglesia porque está inspirada en las más nobles tradiciones del legendario cristianismo primitivo, en la teología de la liberación, en los más válidos aspectos de la pedagogía de los jesuitas, en la ciencia ecológica y en la sociología marxista, que entronca espontáneamente con las tradiciones míticas y ecológico-poéticas de los indígenas americanos, cuyas intuiciones en esta materia son asombrosamente anticipatorias y profundas. El sabio pontífice (que visitó dos de los países latinoamericanos con más tradición indígena) invoca en su encíclica los cánticos del inspirado poeta, amante de la naturaleza, san Francisco de Asís, quien en su honda sencillez exalta a todos los seres como hermanos porque están constituidos por los mismos elementos, aunque en combinaciones innumerables y grados de evolución diferentes. La encíclica asume con valentía, claridad y concreción, la crítica del despilfarro, la explotación inhumana y la dramática desigualdad social propias del capitalismo salvaje, neoliberal y neocolonial, y llama a todos los hombres de buena voluntad del planeta (sin distinciones de religión, clase social o partido) a superar este sistema mediante una organización social justa que ponga a la naturaleza, en forma racional y planificada, al servicio del desarrollo cultural y espiritual del Hombre. Incluso un filósofo tan abstracto como Kant, dice en sus reflexiones sobre la Ilustración, que la Humanidad no puede olvidar las valiosas conquistas que las revoluciones aportan, aunque aparezcan derrotadas por un tiempo. La clave está en acceder a una plena conciencia de que el hombre aislado es impotente y de que todo lo que afecte a los demás terminará afectándonos porque como decía Marx, el Hombre es un ser social por definición y no por elección. Las “sociedades” atomizadas, regidas por el individualismo y la competencia, donde el “triunfo” exige muy a menudo, la humillación y el fracaso de los otros, donde los que más producen son los que menos reciben, donde son necesarias las guerras para consolidar la economía y donde las crisis cíclicas inevitables sumen en la desesperación a países enteros, no tienen futuro. Sólo en una sociedad que merezca el nombre de tal, que ofrezca posibilidades concretas para dirimir e intercambiar de manera fecunda y civilizada, las diferencias y las individualidades, se logrará un futuro común de superación de la especie; y es en la misma lucha por lograrla que podremos realizarnos y vivir en poesía. Pero ese saber y esa conciencia tienen como punto de partida la sencilla pero profunda verdad que trato de expresar en el poema, “Soy los otros” y que dice:

Nada soy sin los otros
y cuando juego a ser
– sin ellos –
solitario y desolado
quedo
emparedado.

Es cierto que puedo prescindir
de muchos d’ellos
pero nunca de aquellos
necesarios
al mundo más humano con que sueño.
     NOTAS
(1)     Gómez Eduardo, Ensayos de crítica interpretativa… (y) “Sobre la función estética y social de la poesía”, ediciones Uniandes, Bogotá, 2006, pág. 165
(2)     Gómez, Eduardo, Ibídem, pág., 165

EL PARAÍSO DE LOS VELOS

 CRÓNICAS DE SIRIA




En la librería Lerner Norte (carrera 11 # 93A-43), se presentará el 31 de agosto a las 6,30 p.m., este nuevo título del escritor francés Stephane Chaumet, quien estará conversando con la periodista Claudia Morales. 

POEMAS DE AMPARO OSORIO* 



Tomados del libro La Caída interior (2017),  algunos de los cuales fueron incluidos en la antología “Azul Casi Púrpura” (2017), que acaba de comenzar a circular con prólogo de Carlos Fajardo Fajardo, antología que reúne la voz de cinco poetas colombianas: Patricia Suárez, Orietta Lozano, Amparo Osorio, Luz Helena Cordero y Eugenia Sánchez Nieto


CÁLICE
           
            Yo estoy en donde estuve:
            entre los muros indecisos
            del mismo patio de palabras
                                   Octavio Paz

Mi memoria
Contaminada de espinas y de árboles lejanos.
La casa que nunca fue
La redondez de la fruta más triste
Iluminada por el misterioso
Corazón de la luna.

Mi memoria galopante
Como una anunciación intraducible
Todavía despierta húmeda
En las neblinas de la albahaca.

SEIS DE LA TARDE

En la terraza inicio otro descenso
al infierno, al invierno.
Sangran en mí las hojas de los árboles
Eugenio Montejo

Pesan todas las sombras.
Afuera la bruma invade
la ciudad
y las violetas del corazón.

Un vaho triste
que llega del crepúsculo
se funde con mi miedo
y hay taquicardia en los relojes
desolación en los andenes húmedos.

Va a anochecer.
Comienza
la opresión victoriosa
de los violentos soles apagándose.

ARTE POÉTICA

Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte
                                                                                  Olga Orozco

Tuve miedo de ti cuando espantabas los relámpagos.
Calculé las arterias del corazón y los dolores de los huesos.
Medí soledades y espasmos.

No hay nada más perfecto que encontrarme en tus símbolos
como un cuchillo de catorce filos
rompiendo los herejes de la lluvia.

En tus pliegues fui maldecida, puta, mendiga, bruja
mujer triste.

Todo me lo dictabas como una pitonisa.
Memoria herida siempre
Agua que se fugaba entre las manos
Todo fue dicho y me bebí los miedos.

Ahora
En tu cerrada oscuridad arde mi nieve.


CARDUMEN

Subí la ola
Todos sus pliegues me acogieron.

Oí gritos de náufragos
Y despedidas de los barcos tristes.

Todavía los oigo.

Tiemblan en mi vigilia
Las plegarias inútiles
De los desamparados

ANTÍGONA

He visto el lado oscuro del corazón.

He visto
la podredumbre de la carne.

Conozco
sus arenas movedizas.

Han estado presentes
en la vigilia de todas las auroras.

HERMÉTICA

A veces le cantaba a sus ojos…
A sus cabellos
Ingmar Bergman

Dos cuerpos que se juntan para el amor
van tejiendo el olvido.

Dos cuerpos que se juntan en el olvido
se consuelan.

Todo es posible, apenas
entre dos que se aman
y el Séptimo Sello

*Poeta, narradora, ensayista y editora colombiana

PATERSON, DE JIM JARMUSCH
O DE CÓMO LA POESÍA ES LA CANCIÓN DEL RECOMIENZO
Por Álvaro Bautista-Cabrera*

No se puede caminar por un pueblo que ha producido poetas, cómicos, músicos, boxeadores como si estas presencias fueran invisibles. El personaje central del filme Paterson de Jim Jarmusch (1953)1, se llama del mismo modo, igual que esa pequeña ciudad de Nueva Jersey: Paterson (actuado meticulosamente por Adan Driver). En esa ciudad trasegó durante muchos años el poeta William Carlos Williams (1883-1963) y, entre otros, nació el actor Lou Costello (1906-1959),  el gordito ridículo y temeroso que formó con Bud Abbott el dúo cómico Abbot y Costello. En este ámbito, a orillas del río Passaic, frente a sus grandes cataratas, circula el personaje central, con un trabajo elemental, que podría ser aburridor: conducir un bus urbano. Paterson transforma este trabajo en un modo de estar en el mundo como si habitase la misma esencia de la poesía.
Al contrario de Platón, con el que se debate el poeta desde hace más de dos milenios, la poesía habita en este pueblo, a través de un hombre sensible, a quien acompaña una mujer de ascendencia iraní, como la actriz Golshifteh Farahani, que lleva el nombre de la dama que idealiza en su poesía Petrarca: Laura. Todo es tocado por el arte. Mientras Paterson transforma en poemas los andenes, las aguas, los limpiabrisas, los utensilios del diario vivir, su esposa pinta, hace arte en casa, hasta el punto de convertir en bellos unos pasteles. Jarmusch muestra que el arte y la poesía no es cosa de privilegiados, es aquello que hace parte de los pueblos con raíces, pues no han expulsado a los poetas. En efecto, no impide la creación una silla de chofer ni un muro de calle ni una lavandería. Por los andenes de la pequeña ciudad habitan los poetas Emily Dickinson,  Carlos Williams, Allen Ginsberg, Frank O´Hara, Ron Padgett, de quien son los poemas que el amable chofer Paterson crea en el filme.
La rutina de la pareja Paterson-Laura se vuelve renovadora con cada amanecer. El lunes la pareja se despierta de frente; al siguiente día, de espaldas; el miércoles amanecen abrazados; el jueves Paterson la abraza por la espalda; el viernes, ella ya se ha levantado; el sábado Laura le hace cosquillas en el rostro; el domingo parecen no haber dormido, después de los eventos del sábado en la noche. Es como si cada despertar fuera una variación de la melodía del amor; muestras de una danza diaria que consiste en emerger de la noche en compañía y habitar el mundo quizá bajo el cuidado socarrón de un perro, un buldog inglés, Marvin, que cela a Laura y comete el acto de provocar que emerja el Poeta en el poeta.
Un café con  jazz, soul y canciones que le dan puntuación al ocio, se vuelve el sitio de encuentro de hombres de las razas negra y blanca. Allí Paterson toma su cerveza y observa cómo se entra a la noche a la manera de quien se introduce en un misterio que es más reconfortante si nos une a los otros una música, un deambular por las calles y los andenes en los que el riesgo es imaginar palabras, versos, poemas.
Todo es factible de ser objeto poético: una caja de fósforos Ohio Bleu hip, bajo la capacidad de William Carlos de hacer de las cosas elementales, de la ciruela robada, un poema. La mujer, su belleza, su alegría, sus sueños, su capacidad de crear es ilimitada. Laura encarga una guitarra y se sueña cantante de Country, y el espectador ve tal convencimiento que cree en esa ilusión. El poeta no es el que se exilia del pueblo como un dios maldito, es quien habita la ciudad con atención a las formas, a los hechos, para poder así dar cuenta del evento de la existencia.
Paterson camina bajo la sensibilidad y la creación de sus poemas; su bus avanza como en el sueño de su esposa que sitúa a su marido en Persia y, efectivamente, Paterson parece montado en un gran elefante blanco que ilumina el entorno. Y esa especie de permanente presencia de epifanías es truncada por una pareja en la que no sucede el comercio triste existente entre Romeo y Julieta sino, más bien, el dolor que hay entre Antonio y Cleopatra. Esta pareja obligará a Paterson a la única acción heroica del filme, una acción llena de burlas a lo Costello, pues el poeta  que no ha sido expulsado no pelea con el horror del armamentismo ni con el odio interracial. Siempre hay en este filme hombres y mujeres de distintas procedencias nacionales y raciales: norteamericanos blancos y negros conversan; blancos e hindúes hablan de sus rutinas, gringos y japoneses hablan de poesía; blancos e  iraníes conviven en un encuentro cordial en el que la mutua admiración parece un paraíso con obras verbales, musicales, pictóricas, artesanales que celebran los volúmenes y la verdad del mundo. Este filme pareciera vivir en una sociedad americana no amenazada como la actual, por la intolerancia racial con el otro y el diferente.
El chofer entra en un duelo cuando ve esfumarse su poemario. Sin embargo, entonces, aparece un japonés, uno de esos orientales que, sin embargo, no representa al insoportable turista que dispara y dispara con su cámara. En este filme no hay cámaras ni televisores y son casi inexistentes los celulares. El japonés ha llegado a Paterson con el libro Paterson de Carlos Williams y, en vez de encontrarse con el venerado poeta, halla frente a las cataratas, al heredero,  al adolorido poeta y chofer. Le pregunta si es poeta y el poeta dice que no. Algo le dice al japonés que debe de restituir a este ámbito lo que ha leído en Osaka, y le entrega a Paterson un hermoso cuaderno con las hojas en blanco. El poeta que se debate entre la intimidad de su poesía y la poesía en tanto acto público, recibe ese instrumento como un llamado de la palabra en busca de la esencia del mundo. Ha perdido un libro de poemas, pero poeta que antes de publicar un libro no haya perdido uno o varios libros de poemas, se salta la etapa en la cual ni la amada o el amado debe acceder a su poesía.
Entonces vuelve a empezar la semana, el ciclo del tiempo condensado por la poesía, el tiempo del cual la poesía es su apóstol y su quimera, la voz de las horas que permanecen entre nosotros batiendo las aguas, como el poema escrito por una niña –una niña gemela–, Agua cae, que Paterson escucha y celebra porque la poesía es finalmente un festín tribal. En fin, este filme habla del recomenzar, y de cómo la poesía es la canción de los reinicios.  

Agosto de 2017

* Álvaro Bautista-Cabrera. Universidad del Valle, Cali, Colombia.



FRANCISCO ZUMAQUÉ, MÚSICA, VIDA Y PALABRA



Diálogo a fondo con Miguel Iriarte
(Una entrevista, una charla ilustrada, una conversación desde el piano).

Con los auspicios de la corporación Luis Eduardo Nieto Arteta, la Secretaría Distrital de Cultura, Patrimonio y Turismo, y en concertación con el Ministerio de Cultura,  este viernes, 1º. de Septiembre abriendo la agenda cultural del mes, en la Biblioteca Piloto del Caribe, Auditorio Mario Santo Domingo, tendrá lugar un encuentro especial con la música, la vida y la palabra del maestro Francisco Zumaqué, músico colombiano nacido en Cereté (Córdoba) y sin duda alguna una de las cifras definitivas de la historia sonora de Colombia en su experiencia de la segunda mitad del siglo XX hasta la hora actual; una de las inteligencias musicales más prodigiosas que ha producido no sólo el Caribe colombiano sino nuestro país en el concierto de la música latinoamericana.

De él son y han sido algunas de las más arriesgadas joyas de la música colombiana en el lenguaje contemporáneo; pero también altamente meritorias sus aproximaciones personales al jazz antes de que se conocieran algunos de los hitos representativos de lo que hoy podemos llamar con toda tranquilidad un panorama del jazz colombiano. Y por supuesto páginas de la música popular colombiana altamente populares de las que Sí, sí Colombia, Sí sí Caribe es la muestra más celebrada en ese campo, pero son muchas más.

Pero ojalá nuestros medios de comunicación convencionales y alternativos pusieran en circulación tantas páginas clásicas, contemporáneas, jazzísticas y populares de este músico del Caribe colombiano cuyos repertorios altamente cualificados han ocupado los atriles de muy importantes orquestas sinfónicas, ensambles de cámara y de solistas de las más comprobadas solvencias y prestigios. Una música en la que este compositor, intérprete, director de orquesta, con su imaginación creativa, conocimiento y estudio permanente ha sido un consagrado cultor y defensor de nuestras más importantes raíces sonoras. “Lo universal está al final de nuestra propia vereda tropical”, dijo al recibir hace algunos meses el Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar.

En esta conversación pública en Barranquilla, Zumaqué hablará de su vida y obra ilustrando episodios con piezas musicales de su experiencia con la Fania All Star; hará una audición guiada presentando una selección de producciones audiovisuales de sus trabajos sinfónicos y en ensambles de los últimos años; y finalmente se sentará al piano para conversar desde allí sobre aspectos diversos de su trabajo musical.

METAPHYSICA


No cualquiera
se vuelve loco,
esas cosas hay que merecerlas

Julio Cortázar

CARTAS DE LOS LECTORES

CONFABULADOS QUERIDOS: Lo que más me gustó de su periódico anterior, fue la hermosa foto de Orietta Lozano, nuesta insigne poeta vallecaucana. Luis Emiro López

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AMIGOS DE CONFABULACIÓN: Excelente, por decir lo menos, la nota de Omar Ardila sobre el gran poeta del celuloide: Andrei Tarkovsky, y su profunda reflexión sobre la más consagrada película de este genial director ruso. Bernardo Arango Agudelo

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APRECIADOS AMIGOS Como siempre, la anunciada exposición de Jim Amaral será algo exquisito para no perdérsela. Gracias por anunciarla. Jorge Sanclemente Díaz

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QUERIDOS CONFABULADOS: No sé quiénes sean en verdad todos los ilustres que integran su bandera, pero me encanta el periódico. Gracias. Selene Jaramillo A.

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