No. 438, Los colores del tiempo... los colores de Roma

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FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez,  Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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LOS COLORES DEL TIEMPO LOS COLORES DE ROMA



Nuevo homenaje al maestro Ángel Loochkartt con la inauguración de su obra gráfica Los colores del tiempo Los colores de Roma








E E CUMMINGS

 


You are whatever a moon has always meant 
and whatever a sun will always sing.

Eres lo que la luna siempre ha querido decir
Y lo que el sol siempre cantará

Vertido al español por el poeta Luis Rafael Gálvez


ALEJANDRA PIZARNIK



LA ENAMORADA

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!


LA JAULA

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas. 

CHARLES BUKOSKY




AVISO AMISTOSO A UN MONTÓN DE JOVENCITOS*

Ve al Tibet
cabalga un camello
lee la Biblia
tiñe tus zapatos de azul
deja crecer tu barba
da la vuelta al mundo en una canoa de papel
suscríbete al “The Saturday Evening Post”
mastica solamente con el lado izquierdo de tu boca
cásate con una mujer de una sola pierna
aféitala con una buena máquina
tatúa tu nombre en su brazo
cepilla tus dientes con gasolina
duerme todo el día y trepa árboles de noche
se un monje y bebe perdigones y cervezas
sujeta tu cabeza bajo el agua y toca el violín
haz la danza del vientre ante velas rosadas
mata a tu perro
postúlate a alcalde
vive en un barril
siembra tulipanes en la lluvia

pero no escribas poesía

SOLO, CON TODOS*

La carne cubre el hueso
y ponen una mente
adentro
a veces un alma
y las mujeres rompen
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
mucho
y nadie encuentra
al otro
pero se escudan
buscando
arrastrándose de cama en cama
la carne cubre
el hueso y la
carne busca
algo más que carne

No hay ninguna posibilidad
estamos todos entrampados
en un destino
singular

nadie encuentra
al otro
Los tristes barrios llenos
los basureros llenos
los manicomios llenos
los hospitales llenos
los cementerios llenos

nada más
se llena


LA TRAGEDIA DE LAS HOJAS*

Me desperté en medio de la resaca
y los helechos estaban muertos
las plantas amarillas como maíz en sus potes
mi mujer se había ido
y las botellas vacías como cadáveres desangrados
me rodeaban con su inutilidad:
sin embargo seguía brillando el sol
y la nota de mi casera estaba arrugada en una
amarillez agradable e inofensiva;
ahora lo que necesitábamos
era un buen comediante, al viejo estilo,
un bufón con bromas sobre el dolor absurdo;
el dolor es absurdo porque existe y nada más;
me afeité cuidadosamente con una máquina vieja,
el hombre que una vez fue joven y se decía
que era un genio; pero
esa es la tragedia de las hojas,
de los helechos muertos, de las plantas muertas;
me dirigí a la oscura sala
donde estaba la casera
terminante y cargada de maldiciones
mandándome al infierno
agitando sus brazos gordos y sudorosos,
gritando
pidiendo a gritos el alquiler
porque el mundo nos había fallado a los dos

*Poemas vertidos al español por el poeta Benito Mieses


EL ARTE EN EXPANSION

Por CARLOS FAJARDO FAJARDO*


“Las fronteras del ‘arte’ se han expandido hasta el punto
de poder incluir casi cualquier cosa,
lo que es lo mismo que decir ninguna”.
Mario Perniola

El arte se expande, se mezcla en todos los ámbitos; todo se considera artístico:  el arte de los esquizofrénicos y los psicóticos, el esotérico y paranormal, el diseño en todas sus formas, los exvotos religiosos, los médiums, objetos antropológicos, las técnicas de restauración de banalidades, el llamado arte bruto; las escenas de transgresión y violencia; las video conferencias, los syborgs, las técnicas de la artesanía, la caligrafía, los desechos industriales, la decoración del hogar, las antigüedades recién envejecidas, la basura reciclada…1 En fin, el arte se diluye en creaciones que han puesto en cuestión el concepto tradicional de obra.  De por sí, se ha difuminado la idea moderna de obra de arte, expandiendo sus fronteras a diversos y disímiles campos nunca antes contemplados como elementos artísticos.
Ya no hay obras, sólo prácticas y acciones artísticas. Desde esta perspectiva todo puede ser arte, todos somos artistas. Esta idea, proveniente del Dadaísmo, y más específicamente de los Ready Made de Marcel Duchamd, proyecta una cierta “democratización del arte” que asume a éste más como una acción y no tanto como una obra. Arte de lo procesual en beneficio de realizar acciones, procesos y pragmatismos temporales, instantáneos, volátiles, que se esfuman.
Por tanto, en esta estética expandida desaparece el concepto de creador “único”, y entran en escena “creativos” que realizan acciones y “prácticas artísticas”, mas no “obras de arte”. El artista como chamán, mago, payé, bohemio y romántico, con aureola,  y la obra como tótem supremo se desvanecen. ¿Estamos, quizás, llegando a considerar un “arte sin obras”, como lo definió  Jeam Galard? O ¿Estamos en una cultura que disuelve la memoria artística, convirtiéndola en procesos, acciones que se evaporan?
Estas “prácticas artísticas” han ido cambiando las nociones esencialistas, subjetivistas e identitarias estéticas. Se masifica un arte del acontecimiento, objetos destinados a la disolución y a la desaparición. Procesos de comunicabilidad que se manifiestan en acciones inmediatas, veloces. Todo tiene posibilidad de ser considerado arte, basta que un crítico, una revista especializada, un museo, una galería, la academia, los medios de comunicación, una subasta, un marchand o curador de arte lo legitime. Así se les da peso ontológico a las fusiones y a la dilatación de las fronteras artísticas en todas las esferas y manifestaciones culturales.
En palabras de Mario Perniola “el arte expandido es una gran oportunidad para quienes quiéranlo o no, han quedado fuera del ‘mundo del arte’ institucional, pero también supone un gran peligro porque en el crecimiento bulímico de muestras bienales, exposiciones, libros de arte, stage, seminarios, fundaciones…acaban siendo asimilados y confundidos precisamente con aquello que han combatido y de lo que han querido distinguirse, pagando frecuentemente su aislamiento con pobreza, inoperancia, depresión y enfermedad (…). Han caído las fronteras que separaban lo que estaba legitimado como ‘arte’ de lo que no era reconocido como tal” (2016, págs. 52, 53,57).
Tanto el arte de los marginales, de los solitarios, excluidos, rebeldes, llamado por Dubuffe Art Brut, como el arte contracultural y fuera de la norma; tanto el outsider Art, como el arte convencional; tanto el arte de los diletantes y de los delirantes, como el de los “artistas profesionales”; el arte de los irónicos y cínicos, de los restauradores y el de los críticos, ahora convertidos en comentaristas; tanto el business art, el publicista y el decorador, como las acciones artísticas espontáneas realizadas por niños, todos se concentran y se combinan, diluyen sus distancias.
¿Qué ha pasado con las nociones de obra, artista, autonomía y creación debido a estas mutaciones en el corazón mismo del concepto de arte? Si se han diluido los conceptos básicos de las magnas estéticas, ¿Se habrá desembocado a lo que Alessandro Baricco llama “los síntomas de la barbarie”? Dichos síntomas, según este autor, se manifiestan en el sentido de la espectacularidad “que no requiere esfuerzo”, pues, al bárbaro “el esfuerzo le importa un comino. No porque sea estúpido, sino porque para él, este no es un valor. O mejor dicho: al no tratarse ya de un placer el bárbaro ha dejado de creer que el camino para el sentido pasa por el esfuerzo (…). El bárbaro va donde encuentra la espectacularidad porque sabe que allí disminuye el riesgo de detenerse. Porque allí disminuye el riesgo de pensar” (2013, págs. 158,159).
Llegado a este punto, el concepto de arte cambia de sentido y de rumbo; pasa a constituirse en una actividad tan común y cotidiana como cualquiera, puesto que todos podemos realizar acciones artísticas. Queda en entredicho la tan teorizada y proclamada “función emancipadora del arte”, la “autonomía crítica de la obra y del artista”, ahora subordinados a la institucionalidad del “mundo del arte”, dominado, principalmente, por los curadores, los comentaristas, las galerías, los museos, las editoriales, el mercado y los medios. La transversalidad temática y técnica, la inter y transdisciplinariedad, la multilocalización conceptual y pragmática, la multi e hipermediación se manifiestan en las propuestas de una estética expandida.
Un ejemplo de todo esto lo encontramos en la ornamentación doméstica y en la espacialidad del hogar, donde apreciamos ciertas acciones decorativas que la ubican en las múltiples posibilidades que ha generado esta expansión de las prácticas artísticas. A los espacios hogareños se les da sentido y presencialidad a través del uso de los objetos, de su distribución y de su accionar como productos que cumplen una función específica, no solo decorativa, sino simbólica y existencial.
De tal manera que la casa se vuelve territorio de expresividad estética, gracias a la multilocalización de los objetos y los gustos artísticos. Tanto su interior como el exterior son espacios donde se expresan las sensibilidades, ideas e imaginarios, los sentimientos personales o colectivos, la  memoria, los recuerdos y mentalidades socioculturales. Objetos de consumo comercial, junto a los que contienen una carga sentimental fuerte: retratos de familiares muertos, la fotografía de paseos, bodas, bautizos, primeras comuniones; altares con biblias y santos elevados como fetiches ornamentales; jardines artificiales, reliquias y adornos de tradición familiar y electrodomésticos como la nevera que sirven de soporte para postales y recuerdos de viaje, recetas, domicilios, direcciones, mensajes, fotos, regalos, etc. Por consiguiente, se pasa de lo monumental estético al ornamento doméstico; a las estéticas del consumo, con objetos que se desechan, pero que se perpetúan –efímeramente- gracias a su presencia temporal ante un espectador usuario.2
Estas  estéticas construyen un “sistema ornamental” y una iconografía material, simbólica, política, imaginaria y estética. Unir la acción artística con las acciones domésticas, nos da la idea de que en casa todos podemos ser artistas, todos podemos ser creadores.

REFERENCIAS
Baricco, Alessandro. (2013). Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación. Barcelona: Anagrama.
Perniola, Mario (2015) El arte expandido. Buenos Aires: Casimiro.

1 También se  considera  artístico el bricolaje, la gastronomía, los libros de artista, vídeos y fotografías de enfermos terminales, de violaciones, atentados terroristas, torturas, asesinatos, las vitrinas comerciales, variedad de instalaciones, artes corporales, artes del acontecimiento, arte en la red…
2 Véase en este aspecto el artículo de Juan Diego Sanín “paisajes domésticos. Practicas decorativas y ornamentos caseros y mortuorios” en Pluralismo artístico. Medellín: Universidad Pontificia Bolivariana, 2009.


*Poeta y ensayista colombiano.



LOS APRENDICES

Daniel  Montoya Álvarez*

Importancia de la síntesis

Todos los escritores de mini-ficción nos destrozábamos la cabeza en un afán irrefrenable de  superar la síntesis del Dinosaurio de Monterroso, de apenas 7 palabras y 22 sílabas. Uno de los escritores más prometedores de la generación escribió un portentoso microrrelato de apenas cuatro palabras, polifónico, profundo en la dimensión humana del recuerdo, y de inmediato las antologías y las mejores revistas de este género lo incluyeron como una piedrita de oro en sus páginas. Otro escritor, más audaz, se atrevió a publicar un texto en el que las únicas letras que aparecían en la hoja eran las del título. Este también alcanzó gran renombre. Sin embargo, cuando uno de los genios de este género sacó a la luz su mayor conquista a la imaginación, el público no soportó tanta audacia. En el lanzamiento del libro, en vez de leer un fragmento de sus páginas, como suele hacerse siempre, el autor se quedó callado por más de media hora. Sólo al final el público entendió que se trataba de un libro con todas sus cien hojas en blanco, sin paginación, cuya única palabra en el título era: Adiós. De ahí en adelante todos los escritores de mini-cuento, siguiendo su ejemplo, nos impusimos el silencio. En la ciudad nos conocían de sobra por nuestro voto de mutismo sin término. Hasta que un día a alguien se le ocurrió la idea de sintetizar el silencio.

Los aprendices

Cansada de nuestros fracasos escolares, la profesora decidió demostrarnos que la culpa no era suya. Llevó a clase un león y lo hizo sentar enfrente de todos. La profesora nos explicó que ella le había enseñado a leer y escribir. Le pasó una hoja y él, manso y decente en sus gestos, leyó en voz alta, en perfecto español y con un tono lírico que nos estremeció. Apenas terminó, la profesora le pasó una evaluación, que él contestó rápidamente. Ella la calificó delante de todos y las respuestas eran perfectas.
Yo me levanté de la silla, aplaudí y solté un fuerte rugido de entusiasmo desde el fondo del vientre, como nos había enseñado la profesora. El león bajó la cabeza y agachó las orejas, asustado, como si jamás hubiera oído un sonido semejante. 

* Nació en Puerto López, Meta, (1984). Estudió Licenciatura en Lengua Castellana en la Universidad del Tolima y actualmente cursa un máster en Neuropsicología y Educación en la Universidad de la Rioja, España. Es profesor de tiempo completo en la Universidad de Ibagué y pertenece a la red nacional de escritura creativa, Relata-Liberatura.
Algunos de sus trabajos han sido finalistas en diversos con cursos nacionales e internacionales. Autor de: Ratones de fin de siglo, (minicuentos) Universidad del Tolima 2013, y Las dos puertas (relatos) 2016.





No. 437, Oración americana

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ORACION AMERICANA




Iván Beltrán Castillo*

ORACIÓN AMERICANA

!Alma de Mark Twain,
agitada y dulce como una colmena!
!Alma de Walth Whitman,
atribulada y contradictoria como
una gran ciudad rodeada de árboles
y montañas!
!Alma delicada de Tenesse Williams
y de Thomas Elliot
y de John Lennon
y de Dylan Thomas,
que vieron el drama latente
en los espejos del YO y la vanidad.
!Almas sitibundas de Edgar Allan Poe,
de Herman Mellvine, de Truman Capote,
que, con ojos puntuales,
retrataron el catecismo y el purgatorio
de los obsesionados con su sombra!
!Alma de Hopper que persiguió el rastro de café
de las soledad moderna!
Alma de John Huston y John Ford
y del grandioso embustero Orson Welles!
!Almas de los pieles rojas,
de los constructores de puentes de New York,
y de los concertinos frágiles
de Boston y Filadelfia !
!almas de Washington y Jefferson!
!Almas americanas todas!
protejan hoy su airado rostro
que pasará cerca,
muy cerca del abismo
y cruzará, como los leones y los Dioses,
un llameante y voraz círculo de fuego

*Poeta y periodista colombiano, autor del poemario Consagración del espejismo, miembro del Comité editorial de Con-fabulación y colaborador de diversas revistas nacionales e internacionales



TRIBUTO




LEONARD COHEN


Por Juan Sebastián Gaviria*

Estoy en La Ruidosa Pobreza, una finca en Tocaima que perteneció a mi abuelo y en la que pasé incontables fines de semana a lo largo de mi infancia. Antes de acostarme tuve que explicarle a mi hija qué eran los truenos, aquellos sonidos retumbantes a los que ella comenzó a replicar con un muy comprensible "tengo miedo". Sólo se calmó cuando le confesé que a mí también me atemorizaban. Después de que ella se durmiera empezó a sonar la lluvia, y los relámpagos se sucedieron con mayor frecuencia. Cuando por fin estaba a punto de quedarme dormido, un timbre de mi celular volvió a arrastrarme a la orilla. En la pantalla había un mensaje de un amigo. Decía: "Marica, Leonard se murió."

Por supuesto que no hacía falta poner el apellido. Ya lo veíamos venir todos. Tan solo hace ocho días mi esposa y yo estuvimos hablando sobre él y su inconcebible tenacidad. Tras escuchar la canción You want it darker, boquiabiertos ante la potencia de la letra, estuvimos conversando sobre lo sorprendente que era que un hombre de 82 años pudiera componer con semejante actitud. Aquella canción no era un ejercicio en absoluto distinto al que Leonard realizó a lo largo de una carrera musical y literaria que se extendió por más de medio siglo. Una lenta, concienzuda y calculada asimilación de la oscuridad.

Ahora son las once de la noche y estoy sentado en medio de las sombras. Cada vez que relampaguea, veo los potreros áridos, los árboles chuecos y los altos cáctus. Sé que mañana las revistas y periódicos pondrán a rodar la noticia de la muerte de Leonard, y que no faltarán los merecidos honores, las resumidas biografías, los recuentos de su discografía y los títulos de sus libros. Una frase me viene a la cabeza: "Escorpión, rara y perfecta criatura, que has hecho tu nido en mí". Y ahora otra: "I've seen the future baby, it is murder."

La primera vez que oí la voz de Leonard fue cuando era niño. Viajaba con mi padre, sentado en el puesto de atrás, y Suzanne o Bird on a wire sonaba en la cabina. Mucho tiempo después reconocí su voz en una de las canciones del soundtrack de Asesinos por naturaleza. Luego, en el 2010, compré La energía de los esclavos y celebré que un músico de su calibre también escribiera poesía. Caí en cuenta de mi inocencia cuando mi esposa me regaló la novela El juego favorito. Una cosa que estaba a la altura de Bukowski, Céline, Fante. Si lo único que Leonard hubiera hecho en su vida hubiese sido escribir esa novela, habría bastado.

¿Qué se supone que hagas cuando uno de tus héroes parte? No son seres queridos, pero les debes más que a muchos de tus familiares. Son extraños que se han abierto camino hasta el corazón de tu vida. Pero realmente no importa qué hagas, cómo reacciones cuando te enteras de que han muerto, porque has estado rindiéndoles tributo día tras día. ¿Acaso no hiciste de eso una carrera? Permitiste que te cambiaran, dejaste que algo tan aparantemente insignificante e inofensivo como una canción o un poema trastocara el rumbo de tu existencia. Y todas las mañanas te paras de la cama con ese relevo ardiendo en tus manos, y la duda de estar a la altura de las circunstancias se vuelve cada vez más vaga.

Sigue lloviendo. Los truenos suenan más lejanos. Agradezco el ruido de la lluvia al romper contra la tierra. Cuando un hombre como Leonard muere, no hay que darle un minuto de silencio, sino tan solo algo de música. Va a ser una noche larga.

The Future

(Traducción de JSG)

Devuélveme mi noche quebrada,
Mi cuarto cubierto de espejos, mi vida secreta,
Esto está solitario, no queda nadie a quien torturar.
Dame control absoluto
Sobre todos los seres vivos,
Y acuéstate junto a mí,
¡Es una orden!
Dame crack y sexo anal,
Toma el único árbol que queda,
Y méteselo por el culo a tu cultura.
Dame de vuelta el muro de Berlin,
Dame a Stalin y a Saint Paul,
He visto el futuro: es homicidio.

Las cosas se van a deslizar en todas direcciones.
No quedará nada que puedas medir.
La tormenta de nieve del mundo ha cruzado el umbral
Y ha invertido la orden del alma.

Cuando ellos dijeron:
"arrepiéntete, arrepiéntete, arrepiéntete..."
Me pregunto a qué se referían.

Tú no me conoces por el viento,
Nunca lo hiciste, nunca lo harás.
Yo soy el pequeño judío
Que escribió la Biblia.
He visto naciones crecer y caer,
He oído las historias, las he oído todas,
Pero el amor es el único motor de supervivencia.
Tu sirviente aquí ha recibido la orden de decirlo claro,
De decirlo frío:
Esto se acabó, no va a ir más lejos.
Y ahora las ruedas del cielo se desbaratan,
Puedes sentir la fusta del Diablo,
Alístate para el futuro: es homicidio.

El antiguo código occidental se quebrará.
Tu vida privada de repente estallará.
Habrá fantasmas, habrá incendios en la carretera.
...Y el hombre blanco bailando...
Verás a tu mujer colgando patas arriba.
Sus facciones cubiertas por el vestido caído.
Y todos los ridículos pequeños poetas acercándose,
Tratando de sonar como Charlie Manson.
...Y el hombre blanco bailando...

* Poeta y narrador colombiano, (Bogotá, 1980). Autor de los poemarios Inti Manic (2004); Música Mecánica (2006); Cicatriz Souvenir (2009); y de la novela La venta (2015)




ESTADOS PRESENTES

CASACANO de Bogotá (Carrera 7A No. 49-65)

Bajo este metafórico título que compendia parte de los últimos trabajos de los Olga de Amaral y Jim Amaral, aún se puede visitar y hasta el próximo 29 de noviembre, la exquisita exposición de estos imprescindibles artistas colombianos.

                                 


                                                                                                          Nebula 17, 2016



       


                                                                                         Caleidoscopio: manuscrito imaginario                                                                                                 estando en este lugar solitario sumergiendo, 2015



Catálogo y fotografías: Diego Amaral



LAMENTO POR LA DESAPARICION DE ILSE AICHINGER



Lamento por la desaparición de Ilse Aichinger
(1921-2016)


Christoph Janacs
Versión: Marco Antonio Campos y el autor
                       *
das Untröstliche
ist nicht: es gibt keinen Trost.
das Untröstliche
ist, dass das Untröstliche
als trostlos empfunden wird

                       *

lo inconsolable
no es: no hay consuelo.
lo inconsolable es que sentimos
el desconsuelo como inconsolable

No. 436- En el testimonio de la derrota

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GONZALO MÁRQUEZ CRISTO: EN EL TESTIMONIO DE LA DERROTA

Por Óscar López Alvarado

…”El agua pronuncia un nombre indescifrable.
La noche viene cerrando sus puertas.
Como un rescoldo, el poema se aviva al
Intentar apagarlo. Si Prometeo devolviera el fuego
Quizá terminaría el extravío y la oscuridad
Sería nuestro vínculo.
¿Pero quién elude la pregunta de la luz?

La sombra Incandescente.
G.M.C

Evocar un sentimiento y convertirlo en poesía, es la proeza que el verdadero poeta puede legitimar. Discernir el mundo, crearlo desde el caos para llevarlo a la delicada forma poética, es la determinación del ser en el encuentro con la palabra. Gonzalo Márquez Cristo es el morador de estos orígenes. Escritor incisivo que con su pensamiento ronda los bosques laberínticos en la búsqueda de lo incierto, lo negado, y que llega a presentarnos el testimonio del mito desheredado, pero ante todo el ejercicio implacable de la derrota.

Su poesía, en calidad introspectiva, vela por trasegar los límites del recuerdo en la indagación de huellas que precedieron el nacimiento. Pensamientos irreductibles dentro de una frágil existencia para decirnos: “Cuando se interrumpe el tiempo alguien decide nacer”. Este devenir, un eterno retorno que conduce al poeta a despertar la fatiga en un tiempo interminable, siempre al extremo del pensamiento, es el que lo referencia con sus lectores al considerar  el flagelo de una vida sin nombre, pero con ello la posición del hombre frente al lenguaje.

Ya nos diría Márquez Cristo: “Padecí el exilio de un lenguaje demasiado antiguo”, al ubicarnos dentro de pasos evanescentes; pero contrario a su rica arqueología, el autor se establece en la precisión del lenguaje, aquel, como el filo de la espada de un guerrero es contundente al tocar fibras y dejar hondas, pero significativas heridas. Heredero de la palabra sublime y siempre esencial de Emil Cioran, junto a la del infinito verbo nocturno de Georg Trakl, entre otros, Gonzalo Márquez configuró un lenguaje persistente al sentir de la palabra, a la identificación del mundo interno que a la vez se hace colectivo, pero ante todo en la autonomía de ejercer con rigurosidad la visión poética.

Es el tiempo, en sus poemas, una sombra dilatada donde el silencio marchita los pasos y el respiro se vuelve eco en cada evocación. Por ello no duda en declararnos que “En la red del poema atrapo mi muerte / ¿Quién habitará mi sombra?”, o siquiera “Cuando la sombra nos precede sospecho que el tiempo me vigila”, haciendo referencia a que “Debajo de una palabra puedo vivir”.

A propósito, resulta pertinente la perspectiva de Vicente Huidobro al decir que “Toda poesía válida tiende al último límite de la imaginación. Y no sólo de la imaginación, sino del espíritu mismo”, y en el autor cuando el imaginario no son más que visiones internas que se comunican con estados obsesivos, determinantes a su carácter espiritual: lo delirante, lo liberado, lo intenso y provocativo que están afinados en sus poemas; cuando pretendemos ver que tiempo y nacimiento son constantes reiterantes en sus fragmentos. Un tiempo que se siente con suplicio al simbolizar: “La vigilia saqueó mi rostro”, como “Todos mis dioses han intentado asesinarme y por eso nunca estaré solo”. El nacimiento, el retorno a un apetito infinitamente desgastado es la certeza para justificar la vida en pensamientos asimilados a la nada, pero que fustigan desde lo más recóndito del ser; una pugna al manifestar inconformismo, desazón por la existencia impuesta, y que unida a la palabra, posiciona al poeta entre lugares de hondos precipicios y peligrosos senderos. Por eso es que sus líneas no se forma en vano al decir: “La muerte me entregó a su gemelo”, o que “Nadie arde dos veces en el mismo fuego”, cuando en definitiva “Avanzamos tanto que ya no tenemos ni sombra, ni lágrimas, ni la pregunta que nos hizo llegar hasta aquí”, para quedar absorto y preguntar, “¿Quién seré cuando amanezca?”.

“La fatiga conduce a un amor ilimitado al silencio”, diría Cioran. Y aquello resulta referencial en la poesía de Gonzalo Márquez al hablar de la memoria. Aquella visión que se tiene de la incertidumbre, formalización del recuerdo, dibuja una espiral en la que el poeta es el único habitante, viajero de su angustia al reconocerse en imágenes, pensamientos de vía filosófica de un verbo predestinadamente fatigado, y que a la vez lo afianza, frente a las circunstancias, a la vivencia y porvenir de los días, tanteando de manera sigilosa el vértigo de lo implacable y los acontecimientos producidos por la palabra.

El silencio domina en las profundidades de sus poemas. Aquella que no es confesional ni que nos explica el transitar de sus versos. La realeza de la poesía se fundamenta en la metamorfosis de la palabra con la carne, con el espíritu. Con Gonzalo Márquez sentimos aquella sustancia que da su pluma, el terreno donde se soporta un mundo acorralado, tímido ante cualquier verdad verídica y del cual es preferible el dolor para hacer ver la soledad como ámbito, angustia blindada, referencial a lo que en algún tiempo César Vallejo llamó “Las caídas hondas de los cristos del alma”.

Un hecho estético si atendemos al planteamiento de Harold Bloom al ver la estética como asunto individual, como experiencia, un criterio del yo individual. Tal silencio, ineludiblemente, salta a la voz de aquel que se siente identificado.

Gonzalo Márquez Cristo grita: “¿Desde cuando escucho la estrepitosa caída de un glaciar dentro de mí?”; pliega: …“Morábamos en la llama de un candil. Mi nombre estuvo en el vientre… ¿Cómo podré nombrar el silencio?”; susurra: …“Para sobrevivir nos arriesgamos a la memoria, nos entregamos al vacío”; y escribe:

…“Hay quienes persiguen un destierro en
Dios, un asilo en los ocasos. El fuego descendiente,
El granizar de la ausencia…
Vigilo todo lo que muere. Decido ser.
Encomiendo al poeta la protección del instante”.

Cuando Georges Bataille sentenció que “El término de poesía, significa en efecto, de la manera más precisa, creación por medio de la perdida”, lleva a pensar que el ejercicio poético tiene sus raíces en lo profundo del abandono musicalizado por el silencio. Una palabra que puede ser verbo, o la vida misma, llega a verse transgredida cuando se sacude los vestigios de un lenguaje inicial, el recuerdo, la infancia, sacrificándolo para entronizar un lenguaje de perdida, de catarsis pura, vertida en juicios que rasgan aquello que vemos con afabilidad, o que concebimos bajo parámetros sociales, normativos.

En correspondencia con lo anterior, la derrota es un vaso comunicante que se nos muestra para conocer el alma del poeta. La derrota es aquella voluntad donde el pensamiento tensiona convicciones y vuelve las ideas agujas al pretender ver con otros ojos la realidad y los sentimientos. Ligado a un escepticismo, con carácter riguroso, al sentir con radicalismo las esencias intimas como el valor de la palabra, la derrota es un duda por aquello que configura al hombre, tanto en la literatura, filosofía y vida cotidiana, y que a la vez se vuelve en pasión al estar en constante transgresión con aquello que dentro y fuera nos enferma.

Tal perspectiva la podemos evidenciar en su poema Cita de la tierra:

…“Las lágrimas, el miedo, las visiones, y todo
Lo que será recuerdo, me forzó a la fuga de mí
Rostro.

La tierra citó a sus testigos y los árboles
Fueron leídos por el viento. El fuego
Nuevamente interrogó nuestros sueños.
La sangre del amanecer cayó en mi pecho
Y padecí el cruel reinando de las horas.

No sé cuánto más debo perder para que
Me sea develado el poema. No sé cuál es la
Sed que debo atizar para continuar en la
Respiración. Eludí las rutas propuestas por
El sol. Bauticé todo lo perdido. Habité la edad
Del grito. Emprendí el camino hacía mi voz

Y ahora, cuando cierro los ojos, alguien
Regresa a la vida”.

La derrota como lucidez, el gozo de lo inconcebible, permite que el escritor reformule los valores, la felicidad, específicamente dentro de la lírica, haciendo que los paradigmas poéticos sucumban ante el testimonio que va más allá de la simple descripción y se acomode a un verbo que habita con frenesí la existencia, a veces como martirio y otras como odisea del respiro. Líneas como “Me ejercité en la derrota para dejar de estar solo, para fundar un ardor esencial”, certifican que Gonzalo Márquez Cristo transgrede las nociones íntimas, espirituales en la negación de un paraíso para poder recorrer los precipicios de la palabra y ser en ella. Una palabra que estremece y nos invita a conocer la ausencia, un museo solitario que podemos construir mediante la lectura, accediendo así, seducidos por un fatalismo intrigante, a la dualidad del canto en saber si es respiración o caída lo que escuchamos.

Indudablemente la escritura de Gonzalo Márquez me ha llevado a recordar el discurso de Lord Henry, el personaje de la novela El retrato de Dorian Gray en Oscar Wilde, con sus fundamentos claros, existenciales, y ante todo sus determinaciones escépticas. Un hombre que “Lo ha conocido todo con mirada de cansancio”; o que concibe el arte como una “Enfermedad” y el amor como “Ilusión”; paralelo a que es “La muerte lo único que lo ha aterrado siempre”; llevando a apreciar líneas, como por ejemplo: “Despojados del porvenir esperamos en vano que el viento borre nuestras huellas”; asimismo: “Construimos con nuestras miserias la belleza”; y llegar, con sutil aproximación a preguntar, “¿Cuánto sabe el espejo de la muerte?”.

De esa manera, la mirada de Gabriel Arturo Castro sobre la poesía de Gonzalo Márquez resulta fundamental, al decirnos:

“El dolor se transforma en poesía, abstracción, advertencia, cavilación, preocupación por el destino del hombre, recogimiento que se resuelve al proclamar o expresar una tensión”.

Tal huella se ve plasmada en la forma de su palabra. La intuición es el boceto para la arquitectura de su pensamiento. Aquel que fluye en la remembranza y se instaura en la nostalgia, en una suerte de embriaguez por aquello de tener lo que tememos y certificar la renuncia ante lo eterno, a la certeza de un tiempo específico. Los sentimientos, las percepciones, un lenguaje que tensiona para pensar la realidad de manera crítica lo posiciona entre la niebla, en caminos desconocidos donde la incertidumbre es una guía y que, a favor de una poética con firmeza, lo determine en la voz sostenida con que enlaza cada poemario junto a su escritura narrativa y ensayística.

“Portando la palabra será imposible recobrar el paraíso, lo sabemos, pero  buscamos el olvido de la escritura”, dice el poeta en la reflexión del verbo, de la existencia, aquella que se acepta y se disputa en ambigüedad, afianzándose en acontecimientos y todo lo que puede ocurrir mirando desde una senda contraria. Un grito que cuestiona pero que recibe con humanidad; que cercena pero acaricia en la implacable posibilidad del poema.

“El ojo insomne nos condena y por eso cultivamos lo invisible”, es el objeto de Gonzalo para tejer en la niebla; “Siempre que buscamos la belleza encontramos el miedo”, en su caminar a tientas y mostrándose ante lo anónimo; “Nos han forzado al reino del olvido. Los colores inventan las tinieblas y nuestros nombres se tornan cifras”, en una oración que cada vez se vuelve hacia las raíces y se fija en una oscuridad propia. Tal es la calidad del autor Colombiano que en su silencio establece  una expresión dentro de las formas enigmáticas del ser, dentro de la sombra, y bajo la influencia que ejerce la luna, como con los ecos que desde antaño acompañan su pluma.

En la lírica Colombiana, si hay una voz que dialogue, sin fijar el tiempo, con su poesía son los versos de la directa replica que da Las horas de Tiniebla de Rafael Pombo, donde en una mirada intimista legó uno de los poemarios más bellos para la literatura del país. Referencia clara es su verso:
VIII

“Hoja arrancada al azar
De un libro desconocido,
Ni fin ni empiezo he traído
Ni yo lo sé adivinar;
Hoy tal vez me oyen quejar
Remolineando al imperio
Del viento; en un cementerio
Mañana a podrirme iré,
Y entonces me llamaré
Lo mismo que hoy: ¡Un misterio!

¿Qué más palabras pueden haber ante los horizontes y el silencio incisivo que pervive en la poesía? Con Gonzalo Márquez Cristo reconocemos la libertad del poeta que hace sentir, conmover y estremecer a sus lectores en un acto de identificación, en un acto comunicativo que se liga desde y hacia la soledad para forjar el tan temido ámbito de la derrota. Sin simulación en el acontecer de sus palabras, el misterio es su rostro oculto al lograr, en interminable gracia, que poesía y espíritu recobren la morada inicial, precisando, en el punto cardinal de su palabra que:

…”Como hojas secas veremos caer nuestros
Sueños milenarios.

El lenguaje será juzgado, la escritura
Develara sus prisiones, sus Apocalipsis.

Y tal vez entonces podamos escapar.
¿Quién hará la última pregunta?
Ibagué – 2016


HERNANDO SOCARRÁS*




REPARACIÓN

Viene a reparar el dolor 
aliado y con la voz orienta 
el tono del sosiego.
Si, puede alimentar el hambre
que va en la enfermedad.
Y retener el pan como delito
para no morir.
Usará los dientes y las uñas
de las manos libres
dispuestas a ser nudos en la unión.
Y a rasgar papeles mal escritos.
Es lo cotidiano.
Es la interrupción.

  • Hernando Socarrás nació en 1945. Autor entre otros de:Un solo aquello (1980); Piel imagina (1987); Sin manos de atar (1989); Que la tierra te sea leve (1992); Cántico hechizo (1992); Acaso doy voz (1996); El fuego de los nacimientos (2016). Tiene una veintena de libros inéditos.


CARLOS SKLIAR*




La extrañeza de las imágenes

Qué extraño fue todo: esa luz incandescente que parecía abrir y cerrar las paredes repletas de imágenes de sabios, letras y partituras, el tabique rojo de madera que separaba tu cuerpo del mío en una distancia desde la cual era posible oler el aroma perdido de años y allí suponer tus rápidos movimientos de ojos hacia el lugar donde me encontraba; la música indefinida del piano o del oboe o del clarinete que danzaba más que mis manos; la humareda sencilla de círculos azules, uno detrás de otro, como en una chimenea de nubes de invierno atolondrado, y esos perfiles que no podía distinguir porque se ocultaban detrás de máscaras venecianas o de periódicos antiguos que viraban antifaces de papel colados a unos rostros tan conocidos como lejanos. Qué curiosa la forma en que desfilaban delante de mí cada uno de mis viejos amigos, a veces en ronda y otras en una hilera desordenada, como una comparsa que celebraba el reencuentro después de tanto espanto y tanta espera, y qué jóvenes estaban, con esas ropas de épocas romanas, sí, gladiadores solícitos a la batalla dispuestos a morder la arena y la sangre junto a las fieras que aguardaban del otro lado de la sala, mientras escuchaba el golpeteo de los grillos y las cadenas que despuntaban fuego y miedo. Qué sorpresa ver a mi madre andando sin su silla de ruedas, tomándome el rostro con ambas manos y deseándome buena fortuna para ese viaje que yo creía ya haber hecho por la ribera del Cáucaso, y mi padre, memorioso, como hace tiempo no lo estaba, indicándome el modo de no olvidarme del regreso. Qué perplejidad la mía de sentirme así, vacío y relleno a la vez, como si el cuerpo se hundiese y volase por las superficies y los cielos, atravesando las nubes ocres tormentosas y juntándome al descenso y al ascenso de las aves. Qué curioso fue percibir cómo era capaz de escribir todo lo que me proponía, como si las letras fueran extensiones naturales de mi pensamiento y las frases concordaran con el ritmo natural de mis gestos. Y qué modo más bello que tenías de hablarme de nuevo del amor que nos habíamos tenido, a veces aciago y áspero y otras veces excesivo y desopilante, es cierto, pero cautivo en nuestras bocas como si no hubiera modo de arrancarse, y qué palabras tan nuevas, tan serias, tan desusadas me dijiste para calmarme, otra vez a mi lado, en el medio de mis labios secos, en el mismo momento en que estaba completamente adormecido por la anestesia, 
minutos antes de entrar al quirófano. 

*Del libro: La niña que no había nacido antes (y otros relatos).

  • Buenos Aires (Argentina), 1960. Doctor en Fonología, Especialidad en Problemas de la Comunicación Humana con estudios de Pos-doctorado en Educación por la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil y por la Universidad de Barcelona, España. Ha sido profesor adjunto de la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil, y profesor visitante en la Universidad de Barcelona, Universidad de Siegen (Alemania), Universidad Metropolitana de Chile, Universidad Pedagógica de Bogotá y Universidad Pedagógica de Caracas. Es investigador del Área Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Actualmente se desempeña como Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina. Entre sus obras más representativas destacan: La Intimidad y la alteridad, La Educación (que es) del otro, Huellas de Derrida, No tienen prisa las palabras, Lo dicho, lo escrito, lo ignorado, Desobedecer el lenguaje…





COLECTIVA EN LA VACHE BLEUE