Comité Editorial

DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo, Maldoror. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Marcos Fabián Herrera, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).

Advertencia

Apreciado Con-Fabulador:
Si nuestro Semanario Virtual le está llegando a Lotes de Correo o a Spam, por favor guarde nuestra dirección para que esto no vuelva a ocurrir. Si las imágenes llegan sueltas actualice Hotmail. Gracias

Con-Fabulación llega a 100.000 lectores semanales

E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?
Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.
Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.
Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.

Adiós a Oscar Collazos

Con-Fabulación rinde tributo a uno de sus colaboradores y amigos, el narrador, ensayista y periodista, Oscar Collazos, recientemente desaparecido, reproduciendo aquí su primer cuento, que publicara en El  Espectador a sus veinte años, donde se hace evidente su talento literario y la elección de aquello que André Malraux, autor que le era tan caro, llamaba la búsqueda de un destino, de un obsesivo proyecto existencial.

  


PRIMER CUENTO DE OSCAR COLLAZOS

Este fue el primer cuento publicado de Óscar Collazos (Bahía Solano, 29 de agosto de 1942 - Bogotá, 17 de mayo de 2015), entonces un joven escritor desconocido de la costa del Pacífico. El cuento fue enviado espontáneamente al Magazín Dominical de El Espectador, que lo publicó el 7 de octubre de 1962. Collazos habría de ser posteriormente uno de los más interesantes escritores colombianos posteriores al escandaloso y reputado Boom Latinoamericano y a la figura casi bíblica de García Márquez. Su pluma asedió la mayoría de los géneros de la escritura –novela, cuento, ensayo y periodismo– y en cada uno de ellos llegó a formular propuestas notables. Entre sus títulos podemos recordar: El verano también moja las espaldas, Son de máquina, Textos al margen, Memoria compartida, Disociaciones y despojos, El asesinato de la modelo y Batallas en el monte de Venus.  

SOLAMENTE SU TESTIMONIO
                               
–Tengo miedo.
–¿De qué?
–No sé.
–¿Te meterán preso?
–No sé. ¡Maldita sea!
–¿Lo mataste?
–No, no lo maté.
–Entonces, ¿por qué huyes?
–¿Por qué? Pues porque me declararán culpable.
–¡No lo eres!
–Para ellos, sí. Son así.
La mujer se vestía mirando por la ventana. El hombre, boca arriba, tenía el torso descubierto, y con un pie rascaba la pantorrilla de la otra pierna. Fumaba. La mujer, de espaldas, enseñaba su figura relajada. El hombre se incorporó dando un salto cuando la mujer habló en voz baja.
  –Si te persiguen, no descansarán hasta matarte.
  El hombre se puso la camisa, que le quedó estrecha, como si fuera a rajarse por la espalda y el tórax. Se asomó a la ventana.
  Comenzaba a lloviznar y el cielo empezaba a ponerse de un gris plomizo.
  Salió. Recostado a las paredes, recorrió la acera. Llevaba el cuello de la camisa levantado. Se perdió en la calle siguiente. Al poco rato, un jeep pasó despacio frente a la casa que el hombre acababa de abandonar. Los cuatro sujetos miraron hacia las casas de puertas cerradas. Tres hombres uniformados, un hombre de paisano.
………………
  –¡Perra! Dilo, tú sabes dónde está.
  –No sé nada.
  El agente uniformado le dio bofetadas a la mujer hasta dejarla sangrando, boca arriba en la cama. Los otros tres lo miraban.
   –Déjemela a mí, jefe, yo la hago cantar.
   –¡Apártate!
   Sonó un disparo. La mujer extendió un brazo, que quedó colgando en el borde de la cama. La blusa se le manchó de un rojo espeso. Le salía sangre por la prominencia de los senos.
  Los agentes salieron. El de civil gruñó desde el  vehículo:
  –¡Hijueputas!
  Cruzó a toda velocidad la calle que daba al Palacio Municipal.
………………..
El hombre fugitivo se detuvo a la orilla del río, debajo de un guayabo. Las aguas bajaban en un hilo escaso de color ladrillo. Miró alrededor. Sólo un pájaro se sentó cerca de él a picotear en el suelo una guayaba madura.
  Había escampado hacía rato. El hombre sacó de uno de los bolsillos del pantalón un paquete envuelto en una servilleta. Comió. Al terminar, la servilleta descendió por el río y se quedó adherida en una piedra. El hombre se quitó los zapatos y los mojó. Luego los colocó recostados a una piedra. Volvió la vista atrás. Había oído el ruido que venía de la carretera. El ruido de un vehículo.
  El hombre corrió y se agazapó entre los arbustos. El ruido cesó y se oyeron pasos cercanos. El hombre seguía mirando por entre los árboles hacia un recodo de la orilla donde había una vegetación más espesa. Alcanzó a ver a los sujetos armados que bajaban de un jeep. “Son ellos”, se dijo.
  Los sujetos traían a empujones a tres hombres más. Uno de ellos era un anciano con el pelo blanco y ralo que le caía en la frente. Los alinearon a empujones. El hombre más joven se llevó la mano al bolsillo. Un momento después se escucharon los estruendos de repetidos balazos. Los tres hombres cayeron en la planada.
  Anochecía. Entre los guaduales se escuchaba la algarabía de las cotorras y el canto grave de un pajarraco.
  El hombre salió del matorral y se fue bordeando el río hasta confundirse con los troncos de árboles entrometidos entre las siete y media de la noche.
……………
–¿Por qué volviste?
–Acaban de asesinar al viejo Plutarco y a sus dos hijos. Cerraron las salidas del pueblo.
–No puedes volver al pueblo.
–¡Supieron algo de Leandra?
  Se hizo silencio. Los jóvenes callaban. Volvieron la vista hacia la mesita de la sala, como si huyeran de la pregunta del hombre.
  –¿No me oyeron?
  –Sí, Claudio, te oímos. La mataron en su casa. No sabemos si te ha delatado. Todo el mundo sabe que al alcalde lo mató el ejército porque no dejó que nos llevaran presos ni se creyó en cuento de que éramos subversivos. Ellos mismos lo mataron. Esperaron que saliera de su despacho y luego lo asesinaron.
  –¿Y el cadáver de Leandra?
  –Se lo llevaron.
  Se escuchó de nuevo el ruido de vehículos. La puerta de la casa daba a la calle. Los jóvenes se miraron unos a otros y miraron después a Claudio, que abrió rápidamente la ventana de la parte trasera de la casa. Comunicaba con la pequeña plaza de mercado. Saltaron uno tras otro. No alcanzaron a escuchar el ruido de la puerta que los agentes armados acababan de derribar a culatazos. Numerosos hombres armados, en vehículos oficiales, rodeaban la casa. Los esperaban al otro lado del mercado.
  Claudio fue el último en caer sangrando sobre el pavimento. Los jóvenes parecían bultos regados desordenadamente en el piso.
  Uno de los vehículos dirigió la retirada.
…………
Eran las once y media de la noche en el reloj de la inspección de policía.
Un hombre de traje oscuro se acercó al agente de guardia.
  –Vengo a denunciar un crimen.
  –¿Un crimen?
  –Varios.
  –¿Cómo que varios?
  – En la galería, creo que son los asesinos del alcalde.
  –¿Vio a los asesinos?
  –No. Huyeron hacia el río.
  –Llamaré para que se los lleven a medicina legal. Acaban de llevar a una muchacha asesinada en su rancho de un balazo.
  –Van a necesitar más testigos–dijo el hombre del traje oscuro, uno de los tripulantes del jeep que había estado recorriendo la ciudad–. Por los lados del río aparecieron otros tres muertos.
  –Nos basta con su testimonio–dijo el inspector–. El ejército siempre reporta los muertos en combate.
  El hombre salió de la inspección y subió al jeep que lo esperaba fuera con el motor encendido.         


1962

Exposición: "Cinco maestros de la figuración en Colombia"


Alfonso Álvarez, Hermann Camargo, Miguel Moyano, Roberto Montoya y Yezid Vergara

Exposición con motivo de la celebración de los 40 años del CESA
Del 20 de mayo al 10 de junio de 2015
Inauguración: miércoles 20 de mayo a las 6 p.m.
Casa biblioteca CESA
Diagonal 34A 5A–23
Bogotá - Colombia

Poemas de Alexis Romero

(Ciudad Guayana, 1966). Licenciado en Ciencias Pedagógicas (Universidad Católica Andrés Bello). Realizó estudios de Maestría en Filosofía de la Práctica. Especialista en Evaluación Cualitativa, Institucional y de Impacto. Profesor de Gerencia del Conocimiento y de Ética Profesional en la Ucab. Es autor de los poemarios: Lo inútil del día (1995); santuario del verbo (1996); Que nadie me pida que lo ame (1997); Gestos mayores (plaquette, 1998); Los pájaros de la fractura (1999); Los tallos de los falsos equilibrios (Premio Internacional de Poesía XXIII Bienal J. A. Ramos Sucre, 2001); Cuaderno de mujer (2002); La respuesta de los techos (2008); Demolición de los días (2008) y Escribo para ser perdonado (2012). Su poesía ha sido incluida en diversas antologías latinoamericanas e hispanoamericanas y traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, coreano y sueco. Los poemas de la presente selección son inéditos.


Los poemas de Alexis Romero fueron tomados de Poetas venezolanos contemporáneos: tramas cruzadas, destinos comunes, editado por Común Presencia, cuya compilación fue realizada por Adalber Salas y Alejandro Sebastiani Verlezza.


BORAS

hundías tus raíces
hasta el maltrato en lo oscuro del agua
dejabas flores y hojas atentas
a los rayos del desprendimiento y el sol
no competías por alimentos geografías respiraciones
supiste hallar cómo vivir
cómo tener un lugar sin estorbos desperdicios
sin lesiones a tus vecinos

en medio de la escasez
hallaste abundancia
tus palabras no nacieron en las guerras
sino en las ausencias bélicas
lleno estás de fronteras húmedas y secas
tocado eres por la muerte y la vida
mientras miras posar y pasar a los dioses del tiempo

también pude venir de allí
un animal de lágrimas
por eso pido vida para aprender la vida
lentitud para dotar de oxígeno
mis páginas


HEREDAMOS UN SALMO

creímos que era un bautismo
la llamamos deformación de los pájaros
y la bañamos de altura

saltan de un temor a otro
los pájaros brotados de un cuerpo
que viene de haber caminado sin rumbo alguno

supongo que así nacen las alas
los inicios del viento en la casa de la sangre

es tan larga la torpeza inicial del vuelo
el mundo se oye hambriento de espontaneidad
el pico más alto no es miedo sino ráfaga

ningún pájaro vino del odio
del eco de las garras
heredamos un salmo


oídos oídos oídos

Cartas de los lectores No. 375 - Mayo 19 de 2015

CRÓNICA DE UN VIAJE AL PAÍS DE LA MUERTE. Intentaré hacer un dibujo... para poder expresar lo que he sentido al leer la “Crónica de un viaje al país de la muerte¨ que me ha conmovido hondamente. Rafael Dussan, pintor y dibujante
* * *

LA POESÍA TE NECESITA. He leído la crónica de tu viaje por esa temporada, y créeme que realmente me ha dejado perplejo y feliz porque, una vez más, la escritura y la poesía son fundamentales para asumir nuestros naufragios. La escritura es nuestra pulsión desde el lenguaje, contra la muerte y desde la muerte; es una forma de detener las ausencias, los abismos, de allí que aplauda tu hermoso, testimonial y valiente texto. Pero sobre todo, tu ironía para encarar las dolorosas verdades del cuerpo y del espíritu, tu mueca de humor como apuesta para burlarte de la enfermedad, pero también de la horrenda visión de aquellos mercaderes de cadáveres que son los médicos, cajas registradoras en este sistema de depredadores mercachifles. Es esta pulsión crítica la que aplaudo y saludo; es en ella donde se siente y palpita tu poética lucidez: una trashumancia que enfrenta los buitres de una realidad dolorosa; un trasegar que se sumerge en los espacios del sueño y en las pesadillas, para entregarnos una palabra sincera, irónica, reveladora y pulsante, como es la gran poesía, la cual, bien lo sabes, se debe escribir como quien muere. Esa es la poesía hermano, tu desafiante poesía. Poeta, amigo, hermano, creo, tengo la más inmensa fe, que vas a salir de esto, no sólo porque eres fuerte y con una fortaleza de pasión por tu trabajo, sino porque te necesitamos, la poesía te necesita. Carlos Fajardo, poeta y ensayista

* * *
LÍRICA 150. Márquez Cristo convierte la crónica en ventana para ver (nos) por dentro. Su palabra ilumina los oscuros pasajes de la parca. Agudo, conmovedor, profundamente lírico, su relato como lo hace Saramago, es capaz de enamorar y derrotar la muerte. Pedro Baquero, escritor
* * *
TROYA INTERIOR. Magistral la crónica y ejemplar como has venido sorteando, en tu Odisea personal, las vicisitudes que acarrea espantar a la muerte y "salir victorioso de tu Troya interior". Osvaldo Sauma, poeta, Costa Rica
* * *
LA EXPERIENCIA DEL POETA. Recibe mi solidaridad, mi afecto y mi pensamiento constante. Estoy conmovido con tu entereza para vivir como ser humano y como Poeta, esta experiencia narrada en “Crónica de un viaje al país de la muerte”. Tu coraje vital en la comunicación poética que has compartido es una lección. La enfermedad es una bajeza y la poesía en tu caso la transforma en estética para la vida, en amor que reinventa las minucias milagrosas de las horas. Gracias por este sentido del humor y por tu voluntad hedonista para darle la vuelta al dolor. Aquí la primavera de Moscú te recuerda. Rubén Darío Flórez, Moscú

* * *
LA URDIMBRE DEL AFECTO. Me impactó tanto tu relato-testimonio, que tuve que dejar que pasara el tiempo para poder asimilarlo. Y es porque te asocio a una gran vitalidad personal, artística y espiritual....y no me cuadraba para nada la dramática situación que has vivido. Pero claro es esa vitalidad tuya la que ha generado todo ese tejido de amor a tu alrededor, que te está sacando hacia la salud. Siente un hilo más de esa urdimbre. El mío. Rocío Cabanzo, poeta.
* * *

POR LA LUZ. Desde este silencio, tú luz verdadera llegará sin negociaciones. Tú esencia de poeta como icono de la poesía colombiana cruza las fronteras en la esencia de lo que has sido. El oxígeno es universal en los elementos del transcurso. Algo nuevo te espera. Jaime Gómez Nieto, poeta y docente.
* * *

EN EL CORAZÓN. Tu crónica se instaló en el corazón de todos los lectores. Gracias por tejer con la mejor literatura esta prueba de la vida. Gracias por tu valentía. Lilia Gutiérrez Riveros, poeta y gestora cultural


* * *
DE TURISMO POR EL AVERNO. Hasta ahora me entero de tu ruta turística por el Averno, gran abrazo con todas las chispas del cariño y los recuerdos, tu amigo desde este sur. La próxima vez avisa para enviarte una pastusita de azafata. Arturo Bolaños Martínez, poeta e historiador.

El show debe seguir

La Editora General de Con-Fabulación agradece el centenar de mensajes recibidos con motivo de la "Crónica de un viaje al país de la muerte", y señala que por inconvenientes de espacio ha seleccionado las primeras cartas llegadas a nuestro buzón, donde son notables las agudas reflexiones propiciadas por el texto publicado la semana pasada y la solidaridad con su autor Gonzalo Márquez Cristo.


A todos sus amigos personales y a los numerosos seguidores de nuestro semanario virtual, quiero darles un parte de tranquilidad en la favorable evolución de todos los procedimientos a que ha sido sometido nuestro director, razón que nos lleva a  manifestar con Antonio Gamoneda: que en adelante el cangrejo no caminará de medio lado, sino que lo hará siempre hacia atrás.  A.O.


“Vendedor de baratijas acechado por su sombra” de Fernando Maldonado

Maravilloso texto. Semanas atrás te había expresado mi idea en torno a lo que podría venir en tu sensibilidad con la enfermedad. De algún modo extraño y paradójico, la lucidez que sobreviene en semejante limbo de dolor. Es un viaje al país de la muerte, tal y como titulaste esta crónica. Sólo lo esencial permanece cuando se sabe y se siente el toque discreto de la parca que nos silba al oído. ¿Recuerdas "El show debe seguir", traducción del verdadero título de la película, All that Jazz? Es una de las más bellas aproximaciones a Thánatos que yo conozco. El mejor papel de Roy Scheider y la mejor puesta en escena de la pregunta por el sentido de la vida y el arte cuando la muerte acecha. Al final uno siente que la decisión tomada por el protagonista es válida porque su recapitulación ha concluido y ahora ve todo con total nitidez y no hay razón para temer a la bella parca blanca encarnada por una irresistible Jesica Lange, (vestida de novia). Te adjunto mi vendedor de baratijas a quien lo acecha su propia sombra. Bienvenido de nuevo al mundo de los sonámbulos. Me alegra que estés bien. Fernando Maldonado

* * *
Tu Crónica es sencillamente una delicia, tanto humana como literariamente. Creo que la escribiste en estado de gracia. Pocas veces he leído un texto que, como el tuyo, enfoque una pesadilla fisiológica, y el doloroso trance psíquico que la acompaña, con tanto y tan fino sentido del humor. con tanta lúdica lucidez. A eso me refería yo cuando hace meses te escribí diciéndote que, para las éticas eudomonológicas con las que siento afinidad (Demócrito, los cirenaicos, Epicuro, Lucrecio, Montaigne, Spinoza,a su manera Nietzsche y Camus), se trata, se ha tratado siempre de poner al sufrimiento inevitable al servicio de la alegría (porque esta tiene prioridad ontológica con respecto a él). Gracias por esta lección tuya de alta espiritualidad y de excelente literatura. Armando Rojas Guardia
* * *

Gonzalo querido, antes de decir cualquier otra cosa –y tengo muchas por decirte–, es necesario que haga una declaración desproporcionada, sin duda, pero no por ello menos cierta: el cáncer necesitaba un poeta de tu talla. Así, sin más. El cáncer necesitaba un poeta que, con la sensibilidad afilada, con una relación única con la lengua, le pusiera cotos, hiciera el recuento de la enfermedad y, sobre todo, consignara su derrota a golpes de palabra. Siempre he admirado tu trabajo, lo sabes; pero ahora, si cabe, me siento más cercano a ella, más orgulloso de haberte conocido y de tenerte entre mis amigos. Te mando un abrazo enorme, hermano. Gigantesco, del tamaño de todas las enfermedades vencidas y todas las pesadumbres superadas. Adalber Salas Hernández

* * *
Te cuento que tu crónica no me dejó levantarme hasta que no la terminara de leer. Absolutamente hermoso el tejido de la crónica, a pesar de lo difícil que fue, me imagino, recordar todo paso a paso para plasmarlo sobre el papel. Estoy segura que al hacerlo, viviste un proceso de catarsis lo que permitió cerrar aún más rápido cualquier herida que pudo haber quedado abierta. Un abrazo fuerte por parte mía y de mi Atenea. Georgia Kaltsidou

* * *
Excelente Lírica 150. Querido Gonzalo: ¡Tu relato-sueño-crónica "Lírica 150" es un texto conmovedor, dramático, muy hermoso! Gracias por ese arterial testimonio del sufrimiento escrito con "magnífica ironía". Y gracias por haberlo culminado con un credo picassiano a la alegría de vivir. ¡Salud!, en la más exacta acepción de la palabra. Un gran abrazo, José Luis Díaz-Granados

* * *
Mil gracias por tu combate espiritual, resistencia y sangre guerrera. Tu amor y alegría seguirán triunfando. Gabriel Arturo Castro
* * *
Conmovida profundamente por esta crónica lírica, además inconclusa: el destino de tu cuerpo y de tus sueños está por contarse. Habrá más árboles para que sigas conversando con tu sombra, esa loca que resuelve los enigmas en lúcida reflexión, profundo pensamiento y sabia poesía. Lina María Pérez
* * *
Leí tu Lírica 150 y me conmovió muchísimo. Que la luz de las violetas de tu jardín, te sigan acompañando. Nana Rodríguez Romero

* * *
Leí tu crónica y me enteré de tus recientes batallas, esta vez no contra la barbarie y la indolencia, sino contra una rival quizás más digna. No puedo sino estar seguro de que saldrás airoso de esta justa (no muy justa... por qué no le da a quien bien se lo merece? ...que en este país sí que los hay!) y que una vez más la poesía se impondrá sobre la que torpemente la desafía en esta ocasión. Miguel Moyano
* * *
Leí tu magnifica crónica y aprecio que mantengas alto el espíritu. Felipe Agudelo

* * *
Mi querido Gonzalo, me ha dado una inmensa alegría saber de tu recuperación... Eres un bravo valiente, te celebro con todo mi corazón. Recibe mi abrazo y mi admiración siempre! Betsimar Sepúlveda

* * *
La actitud suya salva vidas. Esas ganas de vivir y sobre todo la risa, como decía el filósofo, remedio infalible. Abrazos. John Jairo Zuluaga

* * *
Hermosa, terrífica, alucinante tu crónica publicada en Con-fabulación. No tenía conocimiento de que el destino o el azar te hubieran sometido a una prueba de valor tan inquietante. Con el mayor afecto y con el deseo de estimular aún más tu vitalidad, te confieso que pasé una prueba, un tanto similar, a la que juzgo decisiva porque me permitió alcanzar un grado de conciencia sobre la muerte, que hoy puedo agradecer, porque los sueños, como en el poema de Mutis, continúan intactos. Yezid Morales
* * *
Bella alquimia poética con la que trasformas un cangrejo de plomo en una mariposa de oro. Invoco la mano bendita del cirujano y el espíritu sanador de las pócimas. Para que vuelvas pronto a saborear el mango con sal. Un abrazo redondo con buena energía. Dioscorides Pérez

* * *

Qué hermoso texto del Gonza! Un sabio. Alfredo Fressia

* * *
Felicitaciones por sacar luz de la sombra. Iván Beltrán Castillo

* * *
Aquí tienes mi abrazo de profunda amistad y mis votos para el futuro excelente que tu mereces. Pasé por esa dolencia y estoy curado, y sé que tú lo estarás. Casimiro de Brito

* * *
No me he perdido ni una silaba de tu tremendo relato, aquí no hay quincallería, un sofocante placer al leerlo tan bello, tan profundo y con una carga de sabiduría ( ¿irónica?) que hace de este texto una de las expresiones más altas de la literatura colombiana de todos los tiempos. Te lo dice alguien que algo sabe del cangrejo y algo de literatura también o se anhela que sea así. Tal vez yo no tenga ningún mérito para meterme a calificar textos pero mi -animula vagula tremula-, sí. Como diosa hindú van todos mis abrazos. Gastone Bettelli

* * *
Magistral crónica, la acabamos de leer con María Teresa y estamos muy emocionados y conmovidos "Que Viva la Vida". Eduardo Esparza

* * *
La crónica bellísima, conmovedora, y el final sencillo y hermoso. Sandra Soler

* * *

Leo y me complace la crónica. Ahora sé que regresar a las instancias del dolor es conseguir otra forma de serenidad. Socarrás

* * *
Querido poeta, hermano, compañero gladiador, renovado éste y todos los saludos de la memoria renacida. Estoy contento por ti, por tu retorno irónico y tu capacidad para exorcizar la partida o acuñar bien la quedada. Desgarro más humor, más experiencia, igual poesía. Julio César Goyes

* * *
Soy muy feliz de que futuro aparece para ti como un nuevo sol en el horizonte. Me siento orgullosa por conocerte. Maria Bronnikova
* * *
Muy hermosa, mi conjurado. Me hiciste reír y llorar. Creo que el asunto de tus huellas digitales está resuelto: las tuyas son las huellas de la palabra. Martha Cecilia Rivera

* * *

Acabo de leer tu crónica!. Emoción y lágrimas en los ojos. Fuimos muchos los que te acompañamos en ese viaje. Celebro que respiras y vives y fecundas palabras, igual o mejor que antes. Que los días y las noches te sigan abrazando con su magia. Margarita Losada

* * *
Hermano ahí está la dinamita de la palabra, sensación en la frase del cuerpo y acción para hablar de todos los curanderos y consejeros que tienen la solución en la carne de prójimo que padece la dificultad. Ahora se ha librado una batalla y vamos a derrotar esa avaricia celular que quiere imponerse sobre nuestra existencia. Paciencia mucha paciencia, solo tú sabes de que se trata, lo demás es palabrería con muy buenas intenciones y en ti una sola alternativa; escribir y escribir hasta el último suspiro, pero sé que irás por el camino y bastante lejos. Jorge Torres Medina

* * *
Extraordinario testimonio del poeta Gonzalo Márquez Cristo, lleno de inauditas y relampagueantes chispas de humor, dolorida lucidez y aguzada inteligencia. Mis mejores deseos por su pronta y total recuperación. Jorge Bustamante García (Morelia, México)

* * *

Propongo ese irónico y sabio texto para el Nobel del Humor. Reí y lloré desde la primera palabra hasta la última. El periodismo colombiano existe. A nadie se la había ocurrido enfrentar el cáncer con la risa. Muchas gracias maestro Gonzalo. Luis Alberto Sierra.
* * *

Pienso que ese texto va a salvar muchas vidas, es una especie de “cronicoterapia”, que servirá a todas las personas enfrentadas a un padecimiento físico de esa magnitud, ayudará a enfrentarlo, a luchar con alegría, con humor. Mi hermana fue diagnosticada hace cuatro meses y sólo acepta medicina alternativa, homeopatía. Está aterrorizada, no le quiere contar ni a nuestros familiares. Espero convencerla de que inicie su tratamiento leyéndole ese profundo y jocoso artículo. Salvar vidas, también debe ser la labor de un artista. Juan Antonio Duque

* * *
Admirado Gonzalo, gracias por tu crónica personal sobre el viaje a ese país que nunca queremos visitar, pero al que tu desafías con la evocación de la estela vital que has ido dejando en compañía de esas grandes ilusiones: la literatura, los mitos, el arte. En tu crónica no hay asomo de sombra: la mayor prueba de eso son las lunitas de tus uñas "que comienzan a salir de su eclipse" y de las que sospechas "que en un par de meses volverán a resplandecer". ¡Un inmenso abrazo! Octavio Mendoza
* * *
Qué maravilla de texto Gonzalo. Absolutamente bello, poeta biónico. Javier Osuna

* * *

Muy bello texto. Gracias. Y salud… Eduardo Escobar

* * *
Leí tu crónica valiente y nuevamente confirmas con Scherezada que la narración literaria puede prolongar nuestras vidas. Oscar Talero Acosta

* * *
Solo un gran poeta puede convertir un gran dolor en una fiesta de palabras. Salud. Gustavo Quesada.
* * *
He vuelto a leer Lírica 150 y quiero agradecer y reconocer tu gran decálogo de valentía, poesía y humanismo desplegado en esta crónica exquisita. Para quienes hemos estado cerca de ti durante tanta vida, para quienes padecimos con las primeras noticias y con el arduo proceso que tuviste que enfrentar, leerte es volver a celebrar tus sueños y junto a ellos tu amistad y tu cariño. El abrazo te lo doy más tarde. Esperanza Vallejo Osorio

* * *


Yo no he sabido qué decirte, porque siempre suelo ser tan torpe con lo que debo decir. Así que sólo puedo arriesgar referirme a tus palabras (a tus versos enormes): ya te arriesgaste a la memoria para sobrevivir, ya conociste el ave de rapiña del viento, ya escuchaste la oración del fuego y Reviviste, querido Gonzalo. Y qué grande decir que eres tan frágil como fuerte en este tiempo que te correspondió, y que volveremos a reunirnos muchas veces, sin duda muchas, para mirarnos a los ojos y continuar sabiéndonos en nuestras precarias y bellas y tristes vidas y en versos tan plenos de vida como tu vida, Gonzalo. Celebro. Tallulah Flores