Comité Editorial

DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo, Maldoror. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Marcos Fabián Herrera, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).

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E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?
Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.
Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.
Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.

Desde el arte por la paz Gran Mural


Gran Mural 
Más de un centenar de artistas participan en el Gran Mural que exhibirá la galería La escalera. La inauguración de esta obra plural será el martes 21 de octubre a las 7 pm.
Este interesante y colosal cuadro colectivo, compuesto por más de un centenar de obras individuales con formato 40 x 40 c.m. vinculadas por la temática de la paz, fue realizada por los maestros: Gastone bettelli, Ángel loochkartt, Eduardo Esparza, Ricardo Villegas, Octavio Mendoza, Martha Guzmán, Pedro Alcántara Herrán, Patricia Ortega, Jaime Pinto, Sergio Trujillo Béjar, Roshi Gómez, Germán Tessarolo, Angie Roa, entre otros.

La exposición podrá visitarse hasta el domingo 26 de octubre en horas de la tarde.

Galería La Escalera
Carrera 19 C No. 86 A – 59 Of: 204.
Terl. 530 3933. Bogotá, Colombia


Encuentro Ibagué en Flor 2014


Corporación de Organizaciones Culturales del Tolima - CORCULTURA, invita  IX ENCUENTRO NACIONAL DE POESÍA Y NARRATIVA “IBAGUÉ EN FLOR 2014” Homenaje a Gabo y Mutis “Elogio de la Amistad”.

Para mayores detalles favor consultar la programación en esta dirección: www.ibagueenflor.blogspot.com o comunicarse a los siguientes números de contacto:
Teléfono: 276 5140. Dirección: Calle 18 N° 8 - 82 B/Interlaken. Ibagué, Tolima.


Premio para Winston Morales Chavarro


Publicamos a continuación cuatro poemas pertenecientes al libro ¿A dónde van los días transcurridos? de Winston Morales quien obtuvo el Primer Puesto en el Concurso David Mejía Velilla-Universidad de la Sabana, 2014.


I

¿A dónde van los días transcurridos?
¿Aquellas pequeñas sombras de lo que un día fue sol?
¿Por qué nos es tan esquivo eso que llaman mañana?
¿Eso que asomaba detrás de las montañas como porvenir?
La piel se cuaja,
Los huesos se quiebran
Y los días corren como briznas de paja en ojo ajeno.


II


La música es lo único que queda después de la muerte.
Un viejo murmullo de lo que fuimos
Quedará suspendido sobre las teas del tiempo.
Acaso alguien camine nuestros pasos
Recorra esas huellas borradas por los borbotones de un océano acústico.
Al menos seremos eso:
Viejas sandalias calzadas por una muchacha que secunda
Lo que creíamos era el camino.


VIII

Y la casa se fue resquebrajando.
Fue como una fruta fresca,
Expuesta al maderamen de los días.
Entonces se fue hinchando para sí;
Se fue desmoronando sobre la arenisca de la noche.
Los dedos dolían tratando de frenar su precipicio,
Tratando de interrumpir lo inexorable:
Cuando algo está al borde del abismo
-como la muerte misma-
No hay ángel o demonio que detengan lo que Dios pone a rodar.


XXXI

Me quito las ropas del silencio
Y aguardo en una silla a que venga la escritura;
Aquello que se esconde mientras juego a ser oficinista.



Neiva, Huila, 1969. Comunicador Social y Periodista. Magíster en Estudios de la Cultura , mención Literatura Hispanoamericana. Profesor de tiempo completo en la Universidad de Cartagena. Ha ganado los concursos Nacionales de Poesía de las Universidades del Quindío, 2000; Antioquia, 2001, y Tecnológica de Bolívar, 2005. Ganador del Premio Internacional de Literatura "David Mejía Velilla", Universidad de La Sabana, 2014, Bogotá. Primer Premio IX Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera. Ha publicado los libros de poemas Aniquirona, Trilce Editores, 1998; De regreso a Schuaima, Ediciones Dauro, Granada-España, 2001; Memorias de Alexander de Brucco, Editorial Universidad de Antioquia, 2002; Summa poética, Altazor Editores, 2005; Antología, Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional, 2009; Camino a Rogitama, Trilce Editores, 2010; La Ciudad de las piedras que cantan, Caza de Libros, Ibagué 2011; Temps era temps, Altazor Editores, Bogotá, 2013, y La douce Aniquirone et D`autres poemes somme poètique (Traducción al francés de Marcel Kemadjou Njanke), 2014 . En narrativa: Dios puso una sonrisa sobre su rostro, novela, 2004; en ensayo: Poéticas del ocultismo en las escrituras de José Antonio Ramos Sucre, Carlos Obregón, César Dávila Andrade y Jaime Sáenz, Trilce Editores, Bogotá, 2008.

La caza invisible: Contradanza del viento


Por Gustavo Colorado Grisales

En una de las vertientes del frondoso libro La rama dorada, del escritor James George Frazer, se explora una faceta del pensamiento mítico cara al lenguaje poético: la de las cosas que una vez estuvieron juntas y al separarse mantienen tal relación, que lo experimentado por una afecta a la otra.
Allí reside una de las claves de la gran poesía de todos los tiempos: en el propósito de restaurar un hilo roto para volver al mundo como era en el instante primordial de su fundación. Por eso los códigos de la poesía y la religión se parecen tanto, incluso cuando los poetas simulan ser apóstatas y a duras penas llegan a la blasfemia.
En su intento de recomponer ese hilo secreto que une todas las cosas del mundo el poeta apela a la metáfora, al símil, a la paráfrasis, es decir, a todo aquello que es una y muchas cosas a la vez. El escritor colombiano Gabriel Arturo Castro llama a esa aventura La caza invisible, título de su antología personal condensada en un libro de 95 páginas, de impecable edición y publicado por Común Presencia Editores en su colección Los Conjurados.
Si la materia de toda gran poesía es el lenguaje del mito, Gabriel Arturo Castro aprovecha su condición de antropólogo para tejer una sucesión de imágenes bellas y terribles, dirigidas a dejarnos desnudos frente al espejo de nuestra más pura condición. “Dios escupe insultos / y derrama lágrimas / entre las heces de un mundo perdido” nos dice en uno de sus versos. Es imposible no evocar las imágenes del Antiguo Testamento, cuando la pareja primordial es expulsada de un improbable paraíso , que es también el nuestro: el de los habitantes del siglo XXI que vamos por la tierra dando tumbos sin más consuelo que un puñado de palabras señuelos gastadas por el uso y el abuso : amor, libertad, perdón.
En esa búsqueda los mortales aprendemos a bailar la contradanza del viento, una suerte de santo y seña para comunicarnos con dioses moribundos que nos espían mientras “Un pedazo de aurora rueda por las cenizas del reloj”.
Esta última imagen nos remite a un viejo compañero de viaje: el tiempo, ese timador que lo promete todo, para roernos después segundo a segundo hasta dejarnos inermes sobre “la almohada de polvo de los muertos”, según la conocida cita del Werther de Goethe, ese breve texto que en su momento llegó a ser algo así como un manual para desesperados.
Porque el poeta es siempre alguien a la espera, al acecho de una recompensa escamoteada una y otra vez: el antiguo reino de la redención. Por eso no es casual este título de La caza invisible. La presa está allí, sospechada y es preciso atraparla a través de un tejido de palabras o se nos escapará para siempre en medio de “La noche, tempestad de toros negros” en el lenguaje afilado y certero de Gabriel Arturo Castro.
El castigo para tamaña osadía serán las “amargas moradas del exilio”. El autor de La caza invisible nos lo recuerda una y otra vez. A diferencia de los cultivadores de otros géneros, privilegiados por una industria editorial anclada en las dinámicas de la oferta y la demanda, el buen poeta sabe que todo aplauso es sospechoso, todo premio un malentendido. Su única y última recompensa será el azaroso aunque presentido encuentro con un lector remoto y entrañable a la vez: el portador del otro fragmento del hilo sin el cual será imposible recomponer una vida rota por el utilitarismo y su creencia en un mundo unidimensional: el de la producción material.

En La rama dorada, Frazer evoca la leyenda prerromana del rey asesinado ritualmente por su sucesor. En las páginas de su antología personal Gabriel Arturo Castro sugiere algo parecido: solo alimentándose de sus predecesores la gran poesía puede repetir el milagro de permitirnos ver el mundo como una totalidad en la que las palabras hacen las veces de sortilegio para asomarnos a sus misterios esenciales, porque “La vida es antigua y redonda, agua inclinada que se rehace y traspone el idioma, el jeroglífico, el cerrojo...”

Cartas de los Lectores No. 348 - Oct. 20 de 2014

ITINERARIOS DE LA SANGRE: Me pareció hermoso y conmovedor el capítulo Nostalgia que publicaron de Amparo Osorio. Me sorprendió que esta ilustre poeta ahora transite por los caminos de la narrativa, dejándonos la misma emoción en sus palabras. Iván Julio Méndez. Profesor de literatura.

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DIRECCIÓN DE CON-FABULACION. Quiero saber si en su periódico hay cabida para temas de psicoanálisis y dónde puedo ver los números anteriores de Con-Fabulación, a fin de enviar algunas colaboraciones. Miguel Ángel Urbina.
           
            Respuesta: http://con-fabulacion.blogspot.com/

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FUNDACIÓN NATURA: Cómo puedo organizar una visita a la Fundación Natura, a su sede de la Sierra nevada de Santa Marta? Me interesa mucho lo que realizan allí según consta en el artículo del señor Torres.

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AMPARO OSORIO. Mi saludo para la escritora Amparo Osorio y ese sentido capítulo que publicaron de su novela Itinerarios de la sangre. Ramón López, Universidad del Atlántico, Barranquilla


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Itinerarios de la sangre: Nostalgia

Publicamos el capítulo “Nostalgia” perteneciente a la novela Itinerarios de la sangre donde con una escritura de gran fuerza poética su autora plasma momentos definitivos de la aciaga historia de los años setenta. El reconocido narrador y crítico Álvaro Pineda Botero realizó el siguiente comentario para la contraportada de esta necesaria obra, distante de los superficiales y desgastados tópicos que tiranizan la nueva narrativa colombiana:

Itinerarios de la sangre se lee con emoción poética y dramatismo sostenido. El lenguaje está lleno de perlas y metáforas deslumbrantes: monólogo de los relojes en la ardua travesía del tiempo, más allá de la cima de la tristeza, un eco de invisibles plañideras, misteriosa y callada en la profundidad de las tormentas, la noche paseándose bajo un viento tranquilo, vivir era quemarse en los ácidos del tiempo, muda tristeza de la sonrisa, veneno de la miel; para mencionar algunas. Mientras la acción descansa y la tensión disminuye, el discurso se regodea en esos pozos poéticos de incomparable belleza”.

   

(Evocaciones de Aralia)

Por Amparo Osorio

Y aquí estás, Aralia, frente a esas horas espectrales en que el recuerdo asiste tras una cortina de niebla, midiendo la nostalgia de un pájaro y su sombra, de un pájaro y su vuelo, de un pájaro y su mortal melancolía. Lacerada por el verde perdido, por el cemento que avanza, por el ladrillo que se expande y devora tu pasado. Quemada como un quemón de tierra por las lunas hundidas, hundida como una piedra agónica. Agónica como la última brizna de hierba que sobrevive a la sequía. Te preguntas qué fue de Nalu, de Olmo, del Nómada, del Alquimista, qué fue de los rostros que ahora son apenas una fotografía triste. Piensas qué será de otros rostros. Si traerán su cántaro de llanto. Qué será de estas cartas apolilladas por el tiempo. Aquí, una vez más sobre tu círculo, sobre tu afuera, sobre tu polvo indescifrable. Como una delirante pesadilla lees ese pasado ingenuo. Te detienes sobre una línea. La tinta lila ha perdido perfiles de la inocente letra:
Esta tarde, en el último árbol de cerezos.
 No dice más. Sobre el rostro de nadie que te mira, sobre la voz de nadie, eco que dicta vacíos desde otro precipicio de los años, sabes que era la cita de la vida. La primera, la única, la más importante con la presencia de Nalu. Tal vez la llegada de un poema de otoño, o la hechura de un barco, o sólo la caída de la lluvia.
 Arrancas la hoja con un dolor antiguo como si algo de ti se hundiera para siempre. Y una vez más evocas las máscaras del olvido, las inciertas, las ilusorias, las fugaces por ya desdibujadas máscaras de la incertidumbre, en una vigilia de errantes galerías como si fueras su último reflejo. Te curvas sobre la curvatura de tu alma. Todo el ayer es utopía con su carga de sueños, incluso con su fardo de dolores. Miente el ayer y miente la eternidad, Aralia.
Vas a empezar ya a no ser, como todas las cosas de la vida. Lo piensas. Casi que lo decides. Los rostros te vigilan. Se te nublan los años ante las fotos que te espían.
Tú allí con tu vestidito de encaje y de estrellas. Tu hermana a la derecha con su boina blanca. Luego tu madre bajo un sombrero de tisú que amabas y al final la abuela, la que ahora escruta en tu mirada como si ya no fuera vacío acumulado.
—¿Aralia, duermes?
—No madre, estoy tratando de pintar la noche.
—Ven, vamos a tomar unos rayitos de sol.
—Ya voy, estoy en una contemplación.
—¿Pintando qué?
—Un barco madre, un barco que cruzará el estanque.
—¿Oración, qué oración?
—Déjame que contemple ese lívido y hermoso pinochito de madera que me oye y no cierra los ojos nunca. Luego vamos... Luego los juegos. El sol será después.
—¿Pero lloras, Aralia?
—No abuela, es el viento.
—¿Cómo? —dilo más duro que no oigo.
—El poema madre... el poema me asusta.
¿Podrá cerrar tus ojos la postrera…?
—Sí, madre
Sombra que me llevare el blanco día…
—No lo digas lluvia. No lo digas...
—¿Por la tumba, Aralia?
—Por tu muerte abuela, por la sensación de que te entierren viva.
Polvo serás, más polvo enamorado...
—¿Qué dijiste?
—Dije que llueve mucho, que el agua se desgrana sobre el zinc, que la oigo bajar por las canales, que oscurece. Oscurece demasiado rápido...
—¿Qué?
—Nada hermanita, nada. Quiero pensar que entre Pierrot y Quevedo se interponen las galaxias.
—¿Y cae mucha agua?
—Sí, sí, son los dedos de la lluvia...
—Pues corre un poquito la cama.
—Bien, mañana nos acurrucaremos. Pondré barquitos en el estanque. Canjearé mi naranja por algunos...
—Y Nalu… ¿vendrá?
—¿Quién?
—¿No dices que te visita?
—¡Nunca dije eso!
—¡Sí, te oí hablarle, Aralia! Déjame moverte la cama. Esa gotera te hará dar fiebre. ¡Si ya no lo hizo!
—¿Qué dices?
—Que te duermas Aralia.
—¡No, no quiero! ¡Nunca cierres los ojos en la madrugada porque pueden venir los muertos! Duérmete bien temprano o no duermas. Cuenta estrellas. Cuenta una a una las gotas de lluvia que ruedan en los tejados. Así, siempre así hasta que amanezca.
—¿Aún no cierras los ojos?
—Ya madre. Ya... deja que el viento pase.
—¿Y tenía fiebre?
—Un poco, pero se ha quedado dormida.
Tratas de no pensar. Sólo que en el estanque había pececitos. Sólo que Nalu no llegó con los barcos y no tuviste una naranja para el canje. Y abril te golpea en la melancolía con sus cerezos en flor.
Acercas el olvido. Lo que va quedando de él. No recuerdas si el sombrero era azul con hebritas de plata o era negro con hebritas doradas. Si la boina era blanca y era de tu hermana, y si la heredaste algún día para los cines de domingo.
No recuerdas si el estanque existía o si en lugar de una pozeta de agua había un surtidor hermoso en la mitad del patio que bañaba de noche a las estrellas...
Tal vez en la memoria de casa de la abuela se encuentren las respuestas...
—¿Madre?
—Sí, Aralia...
—¿La noche tiene miedo de las mariposas negras?
—¡Mañana te canto las alegras!
—¿Y las mariposas?
—También Aralia, también te mostraré las rosas.
—Bueno abuela. Mañana... Sí, mañana.
Pero la lluvia persistía inclemente como un aullido. Como una flor herida golpeando la ventana. Y en la oscuridad, en la quemante oscuridad tus ojos veían el destello del relámpago, la espantada cara del árbol deshojado. Tus ojos veían, allá, siempre allá la temible mariposa temblante.
—¿Y aleteaba?
—Sí madre, contra la ventana. Aún está allí. Negra, más negra que la noche. ¡Yo la sentí mirarme!
—Trae el rosario y ven… Tal vez tu abuela... Reza Aralia, reza conmigo: almas santas, almas puras, almas benditas...
Y rezaste mientras pulsabas su dolor contra la noche. Rezaste por ellas. Rezaste por ti. Por tu miedo a la palidez de la abuela. Por la orfandad de tu madre y curvándote contra su pecho cerraste los ojos para no pensar en la rigidez de los muertos. Rezabas, solamente rezabas. Afuera llovía todo el llanto por sus ojos. Tú viste la tierra llorar desconsolada y apretabas el duelo para no pensar, para no asustarte, para intentar no sentir... Repetías: almas benditas, almas puras, almas santas... Implorando mentalmente: No vengas. No vengas abuela. Y si vienes a despedirte, no toques mis pies ni respires a mi oído. Así, toda la noche, toda la larga noche de lluvia como una letanía, hasta que el alba trajo la noticia...

Amparo Osorio. Poeta, narradora y ensayista. Ha publicado los libros: Huracanes de sueños (1983); Gota ebria (1987); Territorio de máscaras (1990); La casa leída (Antología de autores universales, 1996); Migración de la ceniza (1998); Omar Rayo, geometría iluminada (Entrevista, coautora, 2001); Antología esencial (2001); Memoria absuelta (2004); Estación profética (Antología personal, 2010); Oscura música (Antología, 2013) y la novela Itinerarios de la sangre (2014).

Es Editora de la revista Común Presencia y codirectora de la colección Internacional de literatura Los Conjurados. Varios de sus poemas han sido traducidos al inglés, árabe, francés, italiano, portugués, húngaro, alemán, rumano, ruso y sueco. Obtuvo la primera Mención del concurso Plural de México (1989), la beca nacional de poesía del Ministerio de Cultura (1994) y el «Premio Literaturas del Bicentenario» (2010), con el libro Grandes entrevistas de Común Presencia, del que es coautora.

InExClusiones - Exposición

Estuario Galería

11 artistas
Curador: Enerdo Martínez (Ph. en Artes)
Inauguración: Jueves 16 de Octubre, 7 pm
Trans 24 # 60 A-15

El profeta en su casa

Jotamario en 1964, al pie de su casa en el barrio Obrero.


Por Jotamario Arbeláez

(Prólogo a la tercera edición, 2014, a publicarse en Cuba, en la Colección Sur)

La poesía es una apuesta contra el tiempo que la resiste.
La historia que escriben tinta en sangre los vencedores
pasa tan pronto como caen, pero queda la poesía.
Quién se va a enfrascar ahora en las 13 fases del plan quinquenal soviético.
Pero ahí están, a la orden del día, los vibrantes poemas de Vladimir Maiacovski,
que cantaba por parejo a la revolución y a su amada, complaciente y castigadora:
“He blasfemado. / Grité que Dios no existe / y, en respuesta, él extrajo del fondo del infierno / una mujer que haría temblar las montañas / y me ha ordenado: “Amala”.


Media una  diferencia entre el poeta que se levanta y el que se apresta a acostarse.
Se comienza cantando con discordantes acordes. Se prosigue templando el tono y buscando nuevas motivaciones a la tonada.
Cincuenta años han corrido desde que empecé a pretenderme heredero de los goliardos con este libro, apadrinado por el profeta que vino a reclutarme para marchar contra la ignominia.
Recién se alzaba el nadaísmo en tierras negadas a la vanguardia.
Una pandilla de poetas de las provincias, jóvenes a morir y con pinta de proletarios excéntricos,
declaraba cesante la dependencia nacional del corazón de Jesús, del gobierno y de la academia.
Cuba le daba en la cabeza a Goliat, y esa hazaña encendía en nosotros la esperanza en el hombre nuevo.
Usa se tuvo que llevar el burdel de Miami para Miami. Y en la isla,
no sólo se gestó y se trató de exportar la revolución, sino que desde la Casa de las Américas
se estimuló la irrupción de esa camada literaria que deslumbró al mundo llamada Boom.
No faltaría el insidioso liberalizante que tratara de torpedear esos amoríos. Menos mal que resistió Gabo, y hasta Cortázar.   
Se dice que en nuestro caso fue más el ruido que las nueces y que la furia.
El mundo, y ni siquiera el país que nos habitaba, se iba a dejar cambiar así como así por la cháchara apocalíptica de unos mozalbetes chisgarabises,
así nos etiquetáramos como arcángeles vengadores.
Se hizo el tránsito de la expectativa al incumplimiento.
Nuestro profeta nos atizaba para el reclamo, haciéndonos sentir mensajeros de lo absoluto.
Unos modestos ególatras en nada comparables a Maiacovski,
quien con poemas de vanguardia remolcó el tren de la revolución bolchevique, y de esa revolución lo que queda son sus poemas.

“Somos geniales, locos y peligrosos”, así acuño Gonzalo Arango la frase que iba a franquearnos las puertas del futuro,
y lo que hizo fue abrirnos las de las cárceles por delitos de poca monta, como fumar marihuana en los parques y hacer el amor en los cementerios,
y apenas si alguna vez por conspiradores.
Posábamos de antisociales mientras llegaba el socialismo.
Pero ni los comunistas criollos nos dejaban pasar, ni para hablar en el sindicato ni para viajar a Cuba, con excepción del pintor Alcántara y del poeta monje Elmo Valencia, 
pues veían consternados que cada vez que insultábamos ferozmente y en la cara a la burguesía,
ésta nos invitaba a unos whiskies y nos publicaba el ludibrio.
Nuestros versos al principio eran inconexos e incomprensibles, para contribuir a la confusión general, dadaísmos y borborigmos.
Tanto que el poeta sacerdote Ernesto Cardenal, desde su monasterio de vocaciones tardías en La Ceja, Antioquia, me notificó que debía continuar con el aliento del poema El profeta en su casa,
y que a todo lo demás, abstraccionismos y tonterías, podía pegarle fuego.
De poemas absurdos devinimos en poemas sociales despolitizados. Poesía urbana, conversacional, periodística si se quiere.
No hicimos la revolución con nuestros poemas pero revolucionamos la poesía. Después de nuestros cantos nadie en nuestro país volvió a cantar como se cantaba.
Y de lo que se trataba era precisamente de eso.     

“Sólo por la poesía hace el hombre de esta tierra su morada”, nos sopló a tiempo Hölderlin y a ello nos aplicamos.
Con poemas y con el gesto poético que mantiene vigentes hasta a los que están en la tumba.
“Mi poesía es mi vida ─planteó Dariolemos─. Lo demás son papelitos”.
Con seguridad que ya no escribimos como empezamos, porque si el mundo no cambió mucho, mucho si cambiamos nosotros.
Sin perder con el pelo ni un pelo del humor y la  irreverencia.
      
“¿Hasta dónde llegaremos?”, se preguntaba el profeta en su primer manifiesto. Y se respondía:
“El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es también el cumplimiento de un Destino.”
Y, pasado más de medio siglo de la irrupción nadaísta y del triunfo de la revolución que convirtió a la isla en territorio libre del cosmos,
llegamos a Cuba con nuestros primeros poemas, para ser publicados en la Colección Sur que dirige el poeta Alex Pausides,
mientras que un nadaísta confeso, Humberto De la Calle Lombana, sorteando toda clase de zancadillas y torpedos del guerrerismo,
maneja con toda habilidad y destreza la mesa de paz en La Habana, a fin de poner fin a la guerra con la guerrilla.

Era lo único que no estaba previsto: que Colombia le terminara debiendo la paz a un nadaísta. Y, desde luego, al país del caimán barbudo.

Polémica por obra de Samuel Montealege

El artista venezolano Víctor Lucena escribe sobre la obra del maestro Colombiano Samuel Montealegre (residente en Italia desde hace medio siglo) y denuncia un probable plagio sobre su obra.
“Desde hace años un venezolano expone, publica y vende como propias, copias de las obras del Maestro Samuel Montealegre, con fechas falsas y declaraciones sobre su vida, respaldándose en un currículum vitae que en realidad corresponde al Maestro Montealegre. Una reciente exposición en Caracas de estas obras falsas, que al parecer irán a Nueva York, hace obligatorio el texto que a continuación envío a Don Samuel Montealegre desmontando la impostura”.




Obra de Samuel Montealegre, bastidor y lienzo han sido cortados a la derecha (a una tercera parte de lo largo) y volteados delante / atrás; la mitad de los dos tercios de la izquierda, delante, han sido pintados con blanco de titanio aplicado horizontalmente con pincel, 1977-78. 50 x 70 cm. Caracas, colección Museo de Arte Contemporáneo. Donación Fundación Hans Neumann, Caracas.




Copia de la obra de Samuel Montealegre expuesta en Caracas como si fuera del venezolano P. Tagliafico


Por Víctor Lucena

“En defensa a la verdad y como acto de respeto a mi memoria y a la de mis amigos, presento esta denuncia. Todavía adolescente, llegué a Roma en el año 1966, proveniente de Caracas mi ciudad natal donde estudié Arte puro en la Escuela Cristóbal Rojas. En Roma, más allá de cumplir con los compromisos de formación académica Universitaria, comienza la etapa de mi vida artística profesional.
Ya en Roma, establecí una confraternidad con colegas y amigos, empezamos a identificarnos en lo que pensábamos y queríamos proponer, en un debate avanzado de confrontación de ideas, en los ámbitos originales de las galerías de vanguardia y de los espacios públicos alternativos donde se mostraban las obras y las propuestas consideradas como arte contemporáneo en ese momento. Y así iniciamos con el maestro Montealegre nuestra relación de trabajo y de confrontación.
Presento aquí unas consideraciones al tener conocimiento de un impostor a nuestros tiempos y quehaceres, que ha usurpado su obra, apropiándose de lo que no le pertenece y no le corresponde.
Hago defensa de la legítima obra de Samuel Montealegre, intelectual, amigo, colega artista y profesor intachable por su labor y por sus ideas avanzadas, que ha venido trabajando desde los años 60, con análisis y estudio del quehacer contemporáneo y con empeño y discreción de manera consecuente. Sus propuestas las ha confrontado y verificado en circunstancias y tiempos oportunos en Galerías alternativas del arte contemporáneo, en Centros Culturales, en Universidades y en Museos en Italia, Francia, Países de Centro-Europa, así como en Venezuela y Colombia desde años anteriores.
Solicito vivamente, a los lectores de este texto, no dejarse engañar y confundir por P. Tagliafico quién pretende secuestrar el entero pensamiento que le es propio a Don Samuel Montealegre.
Dejo a Ustedes con su sana actitud el hecho de difundir cuanto expongo con éstas imágenes sobre la usurpación de un importante trabajo creativo”.

En Lucca, cuidad Toscana de Italia, a los 16 días del mes de Julio de 2014.

Cartas de los Lectores No. 347 - Oct. 14 de 2014

NATIVA. Leí con profunda emoción la crónica de Jorge Torres Medina sobre el proyecto Nativa en las inmediaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Su poética descripción nos conmueve y nos obliga a volver sobre esas regiones mágicas de esta Colombia a veces desconocidas por muchos. ¡Gracias por ese texto! Helena Montoy, Ambientalista

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NUESTRO PAÍS. Me ha resultado muy grato que Con-fabulación siga abriendo esos espacios para el conocimiento y la cultura, como representación de esa otra Colombia tan marginal y desconocida. La crónica del profesor Torrres Medina sobre la creación de la Escuela de la Naturaleza liderada por la Fundación Nativa en la troncal del Caribe entre Santa Marta y Rioacha, es un proyecto aplaudible que nos hace sentir orgullosos de aquellos compatriotas que desde el exterior aúnan sus esfuerzos por aportar a nuestros territorios más sagrados. Ernesto Marín Plazas. Antropólogo

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DESDE SAN PETERSBURGO. Divertida, “lúdica” como dicen ahora, y en verdad un documento periodístico y poético de gran vuelo la crónica de Márquez Cristo sobre Rusia. Yo quien vivo aquí, desde hace diez años cuando abandoné mi España, gocé ese artículo de comienzo a fin, que me reconcilió con el periodismo cada vez más frío y sin gracia que estimulan los periódicos. Luisa María Vásquez, Rusia


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Mi cuerpo es mi camino

Adonis el eterno nominado al Nobel de Literatura



Como homenaje a uno de los grandes poetas del mundo, el sirio libanés Adonis, de nuevo entre los favoritos al importante galardón otorgado por la Academia Sueca, reproducimos uno de sus textos pertenecientes al libro Mi cuerpo es mi camino, que contiene dos poemas inéditos en su hermosa caligrafía, enviados exclusivamente para ese libro publicado por Común Presencia.


ESPEJO DEL TRINEO NEGRO

Tú dijiste: mi rostro es navío,
mi cuerpo una isla,
y el agua, órganos anhelantes.
Tú dijiste: tu pecho es una ola,
noche que fluye bajo mis senos.
El sol es mi prisión antigua,
El sol es mi nueva prisión.
La muerte es festín y canto.
¿Me has oído? Soy algo más que esta noche,
algo más que su lecho suave y luminoso.
Mi cuerpo es mi manto,
tela cosida con mi sangre.
Me he perdido
y en mi cuerpo estaba el extravío...
He regalado los vientos a las hojas,
dejé tras de mí mis pestañas,
de rabia jugué al enigma con la divinidad
y viví el evangelio de amamantar
para descubrir en mis ropajes
la piedra itinerante.
¿Me has reconocido? Mi cuerpo es mi manto,
la muerte es mi canto y el palacio de mis escritos,
la tinta es para mí, tumba y antecámara,
mapamundi cortado por la desolación
en la que el cielo envejeció,
trineo negro, guiado por llantos y sufrimiento.
¿Me seguirás? Mi cuerpo es mi cielo,
he abierto ampliamente
los corredores del espacio
y dibujé tras de mí mis pestañas,
caminos que llevan hacia un ídolo antiguo.
¿Me seguirás?

Mi cuerpo es mi camino.