02/08/07

Comité Editorial

DIRECTOR: Iván Beltrán Castillo. EDITORES: Gonzalo Márquez Cristo, Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Mauricio Contreras, Rafael Ortega Lleras, Marcos Fabián Herrera, Maldoror, Fabio Jurado Valencia, Olga Sanmartín, Julio Jaramillo Hoyos. CONFABULADORES: Óscar Collazos, Jotamario Arbeláez, Gustavo Tatis Guerra, Mauricio Botero Montoya, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Germán Villamizar, Guillermo Bustamante Zamudio, EN EL EXTERIOR: Floriano Martins, Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses (Venezuela); Renato Sandoval (Argentina); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar, Eduardo García Aguilar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros (Costa Rica).

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Con-Fabulación llega a 70.000 lectores semanales

E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?

Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.

Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.

Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.


E-mail: confabulacion1@gmail.com

Uribe ganó el pulso con la Corte

Por Enrique Vélez Piedrahíta

Nuevamente me ocupo de la elección del Fiscal General de la Nación de la terna de uno, enviada por el ejecutivo a la Corte Suprema de Justica y remendada a último momento por el Presidente Uribe con los nombres de Margarita Cabello y Marco Antonio Velilla.

La Honorable Corte, desde hace seis meses sostuvo la tesis de la inviabilidad de la terna argumentando la carencia de experiencia en materia penal de los dos aspirantes inicialmente ternados, en la cual ha permanecido indemne Camilo Ospina. Inviabilidad que además sustentó la Corte en los estándares internacionales y constitucionales que exigen, de los aspirantes, un perfil académico y gerencial de alto calado y por supuesto la imparcialidad absoluta que deben ostentar frente al Presidente.

Nos sorprende ahora que la Corte declare ahora la viabilidad de la nueva terna, siendo cierto que ni Cabello ni Velilla ostentan experiencia suficiente ni formación académica en materia penal y sus presentaciones ante la Corte dejaron mucho qué desear. ¿Dónde entonces quedaron los argumentos iniciales que impidieron la elección? De la noche a la mañana inexplicablemente la Corte se ablandó, ¿Por qué? Extraña actitud que lo único que despierta son suspicacias, dado que la Corte al fin de cuentas obró incoherentemente, por lo que estamos ad-portas de una elección equivocada y calamitosa para la administración de justicia y para los altos intereses de la nación, pues a más de que todos los ternados hoy carecen de formación penal, ninguno puede ofrecer imparcialidad frente al ejecutivo, toda vez que Ospina fue, entre otros cargos, Secretario General de la Presidencia y Ministro de Defensa del Presidente Uribe.

De la Doctora Cabello se dice que ingresó a la Procuraduría por el inefable Alejandro Ordoñez y que es su cuota en la terna además de ser apadrinada también por Rafael Eugenio Quintero, Procurador Delegado de Ordoñez, es decir, del que bendijo el referendo y hermano de uno de los Magistrados de la Corte. Del Dr. Velilla se dice que es la cuota del señor Ministro del Interior Fabio Valencia Cossio. ¿Qué imparcialidad podemos esperar? Ninguna. Conclusión, la elección recaiga en quien recaiga la hizo a todo lo largo y a todo lo ancho el Presidente. Es decir, lamentablemente el pulso lo ganó el ejecutivo, pero de todas maneras no veo como la Corte pueda elegir a Camilo Ospina después de que el Presidente lo mantuvo en la terna contra viento y marea por seis meses, actitud oscura que indica sin lugar a equívoco que es su elegido, es decir que es el que más necesita para sus turbios propósitos, bien si es reelegido —que por supuesto lo será—, o si sucede lo menos predecible en éste régimen autoritario, que sería no lograr ser ungido, no obstante la ponencia negativa del Magistrado Sierra Porto, lo que indica que a más de Procurador, Uribe ya consiguió Fiscal de bolsillo y ahí sigue campante derechito a la reelección amañada.


*Abogado y filósofo colombiano, ex juez del Tribunal Superior de Cundinamarca

Los niños viajeros de Haití - Morvoz

Lucidez y peligro

Por Carlos Fajardo Fajardo

La lucidez es siempre opaca para los ignorantes, envidiosos y truhanes. El trabajo alucinante y lúcido del artista pone en aprietos a los que, por un pensamiento déspota, no aceptan la duda y la crítica que contiene toda creación. El artista está entonces solo con su lenguaje de fuego frente a los apagadores de incendios. Se entiende que no puede salir al afuera sin temer alguna agresión de aquellos que lo odian por escarbar con agujas la horrenda llaga, por soplar fuego en los oídos, poner sal en la taza del café. Su lucidez entonces es salvación y condena, una puerta que lo lleva a vivir en el paraíso de su lenguaje y en el infierno del mismo.

No hay mayor ambigüedad y confrontación que esta lucha externa y secreta. La soledad es su marca, la solidaridad su desafío. Basta recordar a los que habitaron con este sello bajo luces y tinieblas; a tantos artistas que murieron por pasión a la lucidez ante la perpetua oscuridad de su tiempo.

No estaría mal reflexionar en las fatigosas jornadas que el artista lúcido debe soportar por los obstáculos impuestos en su camino. Los tiranos temen a su contagio, los sacerdotes de los nuevos templos huyen de su espíritu contradictor y contradictorio; los creyentes se tapan los oídos ante el seductor y terrible canto. Opuesto a todo lo que obliga a emplear cualquier medio para alcanzar cualquier fin; crítico de todo síntoma de violencia, enemigo del despojo y del irrespeto a la diferencia, el artista aparece ante los semejantes como la “mala conciencia de su tiempo” (Perse). De esta forma es el extraño, el exiliado del siglo. Se atreve a gritar en medio del silencio colectivo; se impone a sí mismo el silencio frente a las voces eufóricas y fanáticas. La lucidez es su guía en medio de los confusos acontecimientos, pero también puede llevarlo a las mazmorras, pues se convierte en un intruso en el baile de los satisfechos y de los asesinos. Como crítico de las actitudes cínicas y de los bufones de las nuevas cortes mediáticas, rechaza el ser convertido en agente y guardián del poder, o hacer parte de la red de vigilantes y acusadores. Prefiere ser aquel artífice ético que denuncia las mentiras y las falacias a ser un cómplice de las falsas verdades. Estos son unos de sus tantos desafíos, una aventura a contracorriente.

Los horrores y los terrores cometidos en nombre de la historia, justificados por ella como una condición inevitable, lo llevan a cuestionarse sobre la “necesidad” de los crímenes legitimados por las verdades políticas. De allí que rechace la violencia, venga de donde venga, salga el disparo de donde salga. El hecho de criticar las dictaduras de extrema derecha y de extrema izquierda, es un acto de respeto a la vida, un valor supremo que reivindica la existencia por encima de cualquier idea. Ante los pensamientos dominantes y sectarios asume un distanciamiento crítico, una posición de vigía atento. Frente a los extremismos dogmáticos, apuesta mejor al diálogo democrático. Contra los conformismos mesiánicos, propone una actitud reflexiva. No se resigna ni se contagia de la sumisión que la idiocia masiva asume ante el despotismo mediático; no aplaude la sacralización de la violencia; no se persigna ni arrodilla ante el tótem de los tiranos. Su utopía está aquí, quiere el futuro ahora. Por ello denuncia y rechaza toda forma de autocracia política que proyecte para el final del viaje un oasis de plenitud, un éxtasis de esperanza que, en últimas, es la hija mayor de la esclavitud espiritual. De este modo, su lucidez se transforma en una mortal herida, pero también en una satisfacción al haber ejercido una actitud valiente, honesta, en el corto tiempo que le ha sido asignado sobre la tierra.

La sensibilidad expectante del artista crítico es compleja: hace parte de la tradición moderna, pero a la vez critica dicha tradición. Asimilación y rechazo; es decir, pone en tela de juicio los llamados discursos eurocentristas, expansionistas, unitarios, ortodoxos universalistas, como también los discursos de control, castigo y vigilancia, los cuales conviven al lado de las ideas de igualdad, libertad, alteridad, respeto. De esta manera, su lucidez lo lleva siempre a estar enfrentado, si no a cierta parte de la realidad a toda ella. El enfrentamiento es indisoluble de su existencia, es su sello y condición. El arte se asume como estremecimiento. Sacudir un orden, una costumbre, estar en contra de algo, asumir lo real siempre como un problema, una inquietante pregunta sin respuesta alguna. He allí el dilema y los peligros de un arte de confrontación, el cual se asume no como mero acompañamiento, sino como destrucción y renovación, insurrección y sublevación, desgarramiento y despojo. He allí también el riesgo de crear al filo de cuchillos, en los extremos límites, como muriendo.

El aislamiento, el ostracismo son sus consecuencias; la libertad y autonomía sus ganancias. Los abismos se abren ante el que funda una obra desde su fondo y va al fondo. Abismo y padecimiento total por enfrentar lo sacro y lo intocable; por levantar su voz ante los altares de lo endiosado; por hablar en voz alta en las ceremonias horrendas de los verdugos.

Escéptico, dubitativo, el artista crítico está con su nihilismo combativo en medio de las ruinas de una civilización enferma, sarcástica y cínica. La lucidez también se hace manifiesta en la permanente autocrítica sincera y sin consideraciones que el artista debe efectuar siempre sobre su trabajo y sus actitudes éticas. De esta manera, une al ethos vigilante con la estética constructora. Al llevar acabo dicha dinámica, está pendiente de que su vida y su obra enriquezcan el pensar y el crear desde la existencia individual y colectiva. Una vez más se confirma: lucidez y peligro. Un reto, el resultado de un desafío.

*Poeta y ensayista colombiano

Cartas de los lectores No. 123

CAMBIO DE LUCES: Parece que el enorme feudo del silencio, el palacio del mutismo y la no comunicación, por el que campea triunfal la impunidad, sigue extendiéndose entre los colombianos. Cada vez nos asomamos más al vasto e ignominioso desierto de la desinformación, en la tentativa de hacer que la única prensa que exista sea la prensa oficial. Pronto asistiremos al auge de una nación sin verdaderas noticias, sin información y sin capacidad de análisis o crítica. El cierre de la revista Cambio, vigoroso fortín de la investigación y la independencia periodística es realmente desalentador. ¿Cómo es posible que, al contrario de premiar y engrandecer el mejor de sus medios, la famosa casa editorial El Tiempo decida cerrarlo? El presidente del emporio alega para la decisión razones económicas y falta de vitalidad de la revista. Y ese argumento no puede convencer a nadie. ¿Si es por dinero por qué no cierran la revista Don Juan, ese esperpento kitsch, epígono criollo de Playboy? ¿por qué no siguen en el camino de desnudar la realidad, que es mucho más interesante que desnudar divas tercermundistas? ¿Por qué participan en una licitación ultra-millonaria para un tercer canal, cuando, debido a la existencia de City TV, es altamente posible que pierdan? No deberían engañarnos con estas triquiñuelas infantiles, y decirnos de frente que la razón de este cierre es netamente ideológica. El camino está abierto para nuevos Agro-ingresos seguros y nuevos Falsos Positivos. Camilo Gallego, Medellín.

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AURELIO SUÁREZ. Destaco lo escrito por el politólogo Aurelio Suárez Montoya con relación a Haití. Esta muy bien informado. De verdad que debemos reflexionar ante la situación de Haití. Quizás dejamos solos a los más desfavorecidos. Pero no es tarde, debemos apoyar no solo a Haití, sino a todos aquellos que andan desprotegidos. Un gesto de solidaridad es como un grano de arena para empezar a pensar en "el otro". Así dejaremos el egoísmo. El poema del cantante “No más guerra” también es una gran reflexión. Busquemos el progreso pues la guerra no deja sino ruina aún en el aire. Amanda Rosas Camero Abogada - Licenciada en Lenguas Modernas

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LA ANDANADA DE ANDRÉS. La salida al ruedo de Andrés Pastrana Arango -lúcida aunque interesada- demuestra cómo amplios sectores de la clase dominante colombiana han dejado de comulgar con el grandilocuente proyecto uribista. Primero Echeverry Correa, luego Vargas Lleras, más adelante Gina Parody...y muchas otras figuras de la vida pública, que no son precisamente guerrilleros ni chavistas ni nada que se le parezca. Se aproxima, según parece, un frente común contra el titán iracundo. Saia Montejo. Providencia

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I took Haití

Por Aurelio Suárez Montoya*

Así como suena, “Jeiri”, contestan los haitianos y haitianas radicados en Estados Unidos cuando se les pregunta por su origen. Es el nombre que en el Norte se le dio al país antillano de menos de 30.000 kilómetros cuadrados, en una acomodación cualquiera al inglés, desechando el original Haití -en creole- ó Haïti -en francés-, las dos lenguas más habladas y reconocidas allí como oficiales.

Dichos emigrantes, que bien pueden desempeñarse como taxistas en Boston o como recolectores de cosechas en Florida, en conjunto con quienes trabajan en las maquilas de República Dominicana y otros más en Canadá, Bahamas y Francia, son un millón y medio que intentan sustentar con sus remesas, que en 2009 no llegaron a 1.500 millones de dólares, a la mitad de los casi 10 millones de residentes en el lado occidental de la otrora isla Isabela, aquella en la que Colón tocó por vez primera el suelo americano.

Ese dinero se destina a alimentos y combustibles importados, de los cuales Haití depende para su subsistencia. Con relación a los primeros, la seguridad alimentaria se esfumó desde que en los quince últimos años, la trilogía, gobierno de Estados Unidos (Bill Clinton), Banco Mundial y FMI, ha impuesto allí los dogmas del libre comercio. De hecho, esta nación es una de las que tiene los más bajos aranceles del mundo y el déficit comercial promedio de los últimos cuatro años es de más de mil millones de dólares.

Dos siglos atrás era la colonia más próspera que Francia tenía a este lado del océano. Lo proveía de azúcar de caña, oro y otros géneros. Los pobladores nativos fueron exterminados y reemplazados para las duras faenas agrícolas y mineras por esclavos negros traídos de África. Sus descendientes cometieron una osadía, que desde entonces jamás se les perdonó: derrotar el dominio francés, con Napoleón incluido, y ser la primera república americana en proclamar su independencia, distribuir la tierra y, además, decretar la libertad de los esclavos. Esto último, Estados Unidos sólo lo hizo más de 60 años después.

Como si hubiera sido una maldición, los centros de poder mundial se propusieron darle a Haití un escarmiento que se volvió constante en su historia. Lo obligaron a indemnizar a Francia, por más de 130 años, con base en créditos tan leoninos que al final el City Bank, para cobrarse, tomó posesión del banco central haitiano. Y, adicionalmente, se dieron a la tarea de subvertir el orden, turnando, una y otra vez, toda clase de dictadores y usurpadores a su servicio. Se cebó una elite ínfima, lacaya, que se paseaba, antes del sismo, en vehículos último modelo por las calles de Puerto Príncipe, que edificó mansiones en las partes más altas de esa capital, surtida de las migajas que caen de la mesa de Epulón. En contraste, la mayoría de la población tiene un ingreso anual promedio de 660 dólares; una esperanza de vida de apenas 61 años; el 58% de ella vive en estado de subnutrición; el 55% pasa el día con menos de 1,25 dólar -en extrema pobreza-; el 76% con menos de dos, y el 20% más pobre capta sólo el 2,5% del ingreso nacional.

A esa sociedad le sobrevino un terremoto el 12 de enero de 2010. Los 150.000 muertos se debieron, en buena medida, a las pésimas construcciones, hechas con cemento “rendido” y sin hierro, y por el hacinamiento dentro de ellas. Fue el colapso esperado de una nación humillada por siglos, humillación para la que no se ha tenido miramiento en nada. En el siglo XX, Estados Unidos la invadió directamente dos veces, la primera en 1914 por orden de Woodrow Wilson, que duró más de 20 años, y la segunda en el gobierno de Clinton. Otras tantas ha llegado allí mimetizado con los cascos azules de la ONU. El arribo, por mar y aire, de 12.000 marines la pasada semana y el aviso de que pueden ser hasta 20.000, hace de ésta la mayor ocupación. Haití quedará destruido, su gente, incluidos los niños, acrecentará la diáspora haitiana y la isla se destinará a bases militares estratégicas, en “función humanitaria”. El Nobel de Paz, Obama, fuera de disponer de 30.000 efectivos más para Afganistán, de mantener asaltado a Irak, de asechar a Yemen, de instalar bases militares en Colombia, suma así otro paso expansionista en un año y podrá exclamar, imitando a Theodore Roosevelt, “ I took Jeiri”, así, despectivamente, tal como en el Norte se le designa a Haití.

*Politólogo colombiano

Wyclif Jean

De nacionalidad haitiana, Wyclif Jean (Croix-des Bouquets 1971), uno de los músicos de Reggae más famosos del mundo, quien cantara con Carlos Santana, Eric Clapton y últimamente con Shakira, padeció en el terremoto de su país la muerte de numerosos familiares y amigos, y solidarizándose con los más necesitados donó un millón de dólares de su propio bolsillo, además de volar el día que se produjera el gran sismo a Puerto Príncipe donde participó en el rescate de varias personas, verdadera muestra de humanismo y no de humanitarismo. A continuación su tema “No más guerra”, que cantara durante la versión de la entrega del Premio Nobel de Paz al presidente Obama.



WAR NO MORE

(Version for the Nobel Peace Prize)

Traducción de Olga Rojas


Dijeron que no podíamos cruzar el Mar Rojo

Les digo que sí podemos, sí podemos

Dijeron que los esclavos nunca serían libres

Les digo que sí podemos, sí podemos

Dijeron que los ciegos nunca volverían a ver

Les digo que sí podemos, sí podemos

Se dijo que Obama no sería el presidente

Les digo que sí podemos, sí podemos


Tialo, Tialo *

No vamos a olvidar nunca a África occidental

No vamos a olvidar nunca a Etiopía

No vamos a olvidar las calles de Brooklyn


¿Alguna vez fuiste abaleado cuarenta y un veces?

¿Alguna vez gritaste, nadie escuchó tu voz?

¿Alguna vez viviste, aunque no era necesario pues podrías morir?

¿Alguna vez moriste, aunque no era necesario pues podrías vivir de nuevo?

Y volver a nacer de estos enemigos

¿En la línea de frontera, quién será el siguiente en abrir fuego?

¡Cuarenta y un tiros por el costado!


Dijo que sabía leer, señor

Pero él no tenía ningún recurso...

Pero ahora descansa en paz, señor

En el vientre de la... ¡levanten las manos!


Por Tialo, Tialo

Si quieres la paz en el mundo

Somalia estoy hablando contigo

Justo allí, y pide ¡que no!

Si usted no quiere ninguna guerra más, ¡levántese!

¡No queremos ninguna guerra más!

¡Díganles que decimos, que no queremos más!

No queremos más guerra ni en África, Afganistán o Pakistán, ni guerra en Brooklyn

Decimos que no queremos ninguna guerra en Zambia

Si usted no quiere ninguna guerra, ¡levante las manos!

¡No queremos ninguna guerra más!

¡Díganles que decimos, que no queremos nada más!



*Tialo es una ciudad en Chad, que está en guerra.

EL ROTO, HOMENAJE

EL ROTO: LA RISA Y SU TRAGEDIA

Desde que aparecieron sus primeras caricaturas y sus monos iniciales, Andrés Rabago, más conocido como El Roto, nos puso de frente a una realidad recorrida al unísono por el drama y la comedia, la farsa y la verdad, la risa y su contrario. Se trata de un finísimo perceptor de la realidad española y universal, que parece felizmente dotado de la capacidad de trascender los hechos, recorrerlos, viajar hasta sus raíces más íntimas y escondidas.

Nacido en Madrid, en 1947, ha publicado sus lúcidos trabajos y ha mostrado toda su artillería, en revistas y periódicos como: El Independiente, Cambio 16, Diario 16 y El País, donde su espacio es buscado afanosamente todas las semanas por un clan de fervorosos y seguidores, que sin sus dibujos no se sienten bien integrados a la realidad de cada día. Un verdadero clásico contemporáneo.

Sylvia o la fuerza de la naturaleza

Por Hellman Pardo

Cuando se suicidó, Sylvia Plath rondaba los 30 años. Imagino a Ted Hughes, su ex-esposo y también poeta, sosteniendo su delgado cuerpo asfixiado, buscando entre el desorden de la casa alguna manta que cubriese el vacío de su muerte. Imagino del mismo modo a Frieda, su hija de tres años, abrazándola sin comprender del todo por qué su madre no la despertó aquel 11 de febrero de 1963, como solía hacerlo todas las mañanas, a prepararle los pancakes al desayuno en su pequeño departamento de Londres. Dicen los psiquiatras que el suicidio es, entre otras cosas, una manifestación de inseguridad para sobrellevar la existencia revelada. La humanidad, entonces, está limitada a regocijarse con los placeres terrenales y, en sumo equilibrio, a resistir los dilemas del mundo. Sylvia quizá no advirtió la vida de la misma manera. Para ella, vivir se dividía en dos estadios; en el primero, fungía como una mujer devota a sus hijos, entusiasta, dinámica en su literatura; en el segundo, (y es allí donde exterioriza su trastorno bipolar) se consideraba una muchacha incompetente, baldía, cuyos versos no lograban siquiera inquietar a las moscas, según sus propias palabras. Poeta y mujer en un solo cuerpo, no vio la claridad y la verdadera belleza en el simple hecho de existir. Cuán difícil le resultaría verse sola con sus dos hijos a finales de Octubre del año 62, fecha en que Ted le abandonó. Cuán difícil le sería el soportarse a sí misma, el no lograr escribir algún poema que le significara algún atisbo de grandeza. Ya tenía cierto reconocimiento en los Estados Unidos, y algún nombre en Inglaterra. Pero Ted Hughes lo era todo para ella. Siempre. Desde el día mismo que le conoció, conoció con él la permanencia del amor y la seducción.

Sylvia dejó su último libro, Ariel, en el escritorio principal para que Ted lo hallara e hiciera lo posible para que la obra fuese publicada de cualquier manera. Ariel empezó a ser escrito días después de que Hughes la dejó, cuatro meses antes del suicidio, en un impulso de enorme lucidez poética. Tal episodio me recuerda a Alfred de Musset, el gran poeta francés, que sólo escribía poemas prodigiosos después de que le destrozaran el corazón. Sylvia siempre se quejaba de su sequía para escribir. Pues bien, necesitó ese golpe que le representó la separación con su esposo para dejarnos un libro verdaderamente extraordinario. En sus diarios publicados póstumamente en 1982, bajo la tutoría de Hughes, Sylvia manifiesta, después de publicar su primer libro, el poemario Coloso: “estoy fastidiada, inmovilizada, detenida. No llega el correo. No me han aceptado nada desde el primero de octubre. Y he mandado montones de poemas y relatos”. Yo le respondo humildemente a Sylvia, que sí, que ha llegado el correo, que han aceptado publicar todos tus poemas y relatos, incluso esa novela febril a la que le dedicaste tres páginas diarias llamada La campana de Cristal.

Pocos tienen el talento descomunal de Plath, salvo algunos casos, entre los cuales contamos a Rimbaud, Dickinson, Trakl, verdaderos hacedores de la palabra esencial. Estoy convencido, sin asomo de duda, que no tengo el talento de Sylvia, y no escribiré una obra majestuosa como Ariel. Pero tengo a Laura, mi hija, la Frieda de Sylvia Plath. Aquella pequeña mujer de sonrisa graciosa y espontánea es suficiente para asirme de varias ramas en el relámpago absurdo que resulta a veces, sólo a veces, la vida.

PALABRAS

Hachas después de cuyos golpes los sonidos del bosque

Y los ecos!

Ecos viajando

Lejos del centro como caballos.

La savia

Derramándose como lágrimas, como el

Agua al esforzarse

Por re- establecer su espejo

Sobre la roca.

La que chorrea y cambia

Su calavera blanca,

Comida por las verdes cizañas.

Años después

Las encontré en el camino.

Palabras secas y sin jinetes

De infatigables y ligeros-cascos

Cuando

Desde el fondo del estanque, las fijas estrellas

Gobiernan una vida.

(Versión de Raúl Racedo)

Cartas de los lectores No. 122

EL CARTEL DE LOS SAPITOS. Quisiera estar equivocada en la interpretación de la demencial propuesta uribista sobre conformación de nuevos grupos, que ahora se llamarán “cooperantes beneficiados” y a través de la cual se pretende “comprar nuevas conciencias” entre jóvenes estudiantes que por cien mil pesos se conviertan en “soplones de la lucha armada”. Pretender convertir a estos jóvenes en integrantes de un nuevo cartel de los sapos, es coadyuvar más con los enormes cinturones de la miseria espiritual que tanto se ha aposentado en el alma de muchos colombianos y en cierta medida es contribuir con otro título fachada a la continuidad de lo que alguna vez y de manera nefasta nació bajo la misma mano de lo que antaño fue llamado las Convivir cuya truculenta historia data de mediados de 1996 y que no fueron otra cosa que la cuna del paramilitarismo que tanto ha azotado a este país. En nombre del nacionalismo, por si la historia le es desconocida al presidente, nacieron en la Alemania nazi las juventudes hitlerianas. Ojalá en nombre del uribismo no nazcan nuevas tumbas donde sollocen madres de hijos que nunca fueron a la guerra, pero que cambiaron la vida por cien mil infelices pesos para solventar la miseria y el hambre de unas condiciones sociales que no solucionaron los gobiernos. Alejandra Sarmiento

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POR ORDEN DE URIBE, A PARTIR DE AHORA:

1. No se podrán interponer tutelas para defender los derechos fundamentales en Salud (Decreto 128 de la Emergencia Social)

2. Los médicos que formulen medicamentos que están fuera del POS serán sancionados con 50 Salarios Mínimos Mensuales (25 millones de pesos) (Decreto 131 de la Emergencia Social).

3. Las remisiones a los especialistas se harán siempre y cuando: "no afecten los costos del sistema de salud" (ver anexo). (Decreto 131 de la Emergencia Social)

4. Los tratamientos serán asumidos por el enfermo o sus familias con: Patrimonio, Cesantías, Ahorros Pensionales e incluso, préstamos bancarios! Álvaro Mejía

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¡NO ME MATAS VILA! Después de leer la introducción de la entrevista central de Con-Fabulación con el famosísimo escritor español Vila Matas, quien ha obtenido todos los premios, esperé que sus respuestas fueran como la imagen que han hecho de él las gigantescas editoriales que lo promocionan, pero para mi sorpresa encontré obviedades y poca profundización sobre los temas propuestos por el entrevistador. Estamos en un tiempo donde muy pocas veces coincide la fama con la realidad y donde las figuras son un producto comercial que casi nunca alcanza una trascendencia verdadera. ¿Estoy equivocado? Ariel Pérez, escritor.

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ESTE SI ES VARGAS VIL: Continúa la fiebre medioeval entre los escritores prestigiosos de Latinoamérica, seguramente ya cansados, obsoletos y sin mayor cosa que decir en el mundo de la ficción, vacío que remplazan con tristes opiniones ideológicas y magras consideraciones de filosofismo equívoco. Hemos visto las últimas declaraciones de Vargas Llosa para el diario El Tiempo y creemos que –a más de representar un débil neoliberalismo que se agota en su retórica y hueca enunciación- son torpes, precarias, falaces y malintensionadas. Otro bicho que esconde sus nupcias con el poder detrás de silogismos sin mucha contundencia, clichés y lugares comunes de anciano acomodado o de viejo aristócrata de club social.Y todo eso disfrazado con el consabido tonillo harvariano que tanto lo seduce, como seduce a Carlos Fuentes. Malabarismo detrás de los cuales no hay absolutamente nada. Bobalicona reimplantación de concepciones decimonónicas…No es que pensemos que el comandante Chávez sea precisamente un bolivariano ejemplar, ni nada por el estilo, sino que no caemos, como tantos incautos intelectuales, en la trampa de fortalecer a los poderosos, los banqueros, los grupos económicos internacionales y toda la pléyade que empobrece al globo, como si súbitamente se hubieran convertido en humanistas y filántropos. Laura y Daniela Hernández

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Vila-Matas para confabuladores

Por Iván Beltrán Castillo

Desde la aparición de Bartleby y compañía, una novela de culto entre los lectores alertas, el nombre de Enrique Vila-matas es sinónimo de transgresión, herejía y sorprendente invectiva narrativa, motivo por el que encabeza el listado de los escritores capaces de insuflar nueva vida y expedir partida de renacimiento al género de la novela, cuya muerte tiene tantos publicistas y plañideras en todo el mundo, pero que, como el vampiro que se despierta de un sueño de siglos en la oscuridad del sarcófago, siempre vuelve a levantarse y reemprender su batalla.

La identidad y sus fantasmas, el enigma ardiente de la creación, el intercambio o bricolage perpetuo entre la vida y la muerte, la tentación de no existir, el océano ficcional que recorre la realidad y la porción inmensa de absurdo y pánico inyectada en las rutinas de los hombres, son algunos de los temas que, de manera obsesiva, hermosa y feroz, recorren sus espléndidas páginas. Ha escrito más de una treintena de libros, donde los géneros parecen hacer intercambios, se auxilian, seducen y oxigenan unos a otros, y forman un concierto de momentos excepcionales, donde no faltan ni el erotismo, ni el sin-sentido del humor, ni la comprobación dolorosa, ni la sentencia metafísica, ni las visitas a los más reputados círculos del infierno.

Los títulos de sus obras –que aquí se enumeran en desorden y de memoria– son un verdadero llamado, un tam-tam ritual, un misterioso canto de sirenas: La asesina ilustrada, Hijos sin hijos, Suicidios ejemplares, Lejos de Veracruz, Extraña forma de vida, El viaje vertical, Historia abreviada de la literatura portátil, El mal de Montano, Perseguidores del abismo, Recuerdos inventados, Doctor Pasavento, París no se acaba nunca, Dietario Voluble, para acabar con los números redondos, El viajero más lento…

Nacido en Barcelona en 1948, Vila-matas ha tenido varias identidades: estudió derecho, fue periodista, hizo crítica de cine y alguna vez filmó dos cortometrajes. Su incansable labor –asediada de manera constante por la tentación del silencio– ha sido recompensada por numerosos premios, entre ellos: Premio Ciudad de Barcelona, Prix Meilleau Livre etrager (Francia), Premio internacional Ennio Flaianno y el prix medicis (Italia) Premio Herralde y Premio Romulo Gallegos.

La siguiente entrevista fue concedida por Vila-matas exclusivamente para Con-fabulación una semana antes de la entrada en escena de su nuevo libro. Las mayor parte de las obras de Vila-matas están editadas por Anagrama.

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Tú has desbordado los derechos de un autor frente a sus lectores, abandonando las convenciones y la etiqueta formal existente en la relación entre quién escribe y quien lee. Has exigido, seducido y en cierta medida cuestionado al lector, tantas veces un fantasma pasivo. ¿Cuál es el lector que vendrá y cuál el lector ideal con el que sueñas?

El lector ideal es el que he denomino “el lector activo”. En un reciente artículo explicaba que, en mi opinión, las mismas destrezas que se necesitan para escribir se precisan también para leer. Y decía que los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven en su pequeña pantalla. Entiendo que los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores y que cabe esperar, parafraseando a Henry James, que pronto pueda decirse que unos y otros, trabajan con lo que tienen, y sus grandes dudas son su pasión, y esa pasión es precisamente su gran tarea… En cuanto al lector que vendrá, no sé, creo que el futuro es lo peor que hay en el presente.

Escribir o no escribir parece ser una disyuntiva, casi shakesperiana, que asedia y perturba a tus criaturas. Algunos de tus personajes quieren conquistar el silencio y otros, como Montano, pretenden convertirse en centinelas —y quizá mártires— de la literatura. ¿Es este escribir o no escribir el tema prioritario y la reflexión urgente que debe plantearse todo creador ante las trampas y los rostros adversos del oficio?

Desde luego no pretendo ser un gurú para nadie. Soy una persona llena de incertidumbres. Y de contradicciones. Me gusta que me vean. Y me disgusta enormemente ser visto. Estas contradicciones –saber, por ejemplo, que uno tiene toda la razón del mundo en lo que dice y a la vez no tiene ninguna– van vigorizando la creación de mi personalidad doble, y hasta se diría que andan creándole a mi sombra una inesperada tendencia a doblarse y desdoblarse, como si yo no fuera más que una figura ahí abajo en la calle doblándose literalmente, partiéndose de risa en el más sesgado y último corredor de los pórticos que veo desde mi ventana, aquí en Barcelona.

¿Qué dirías si postulo que tus personajes están intoxicados de imaginación?

Si me permites elegir, te diré que prefiero que no estén intoxicados y que traten de conservar al máximo la imaginación de los años libres, de los años de infancia, que son aquellos en los que ellos pudieron ser plenamente imaginativos. No negaré que lamentablemente algunos de mis personajes, cuando crecieron y vieron que perdían imaginación, se drogaron como desesperados para no perder toda la genialidad. Verles intoxicados es, para mí, un horrible espectáculo. Es uno de mis proyectos montarles un hospital, un lugar donde poder acogerlos. Yo, por mi parte, me dedico a “madurar hacia la infancia”, como dicen que hacía Vilém Vok, aunque no sé si Vok estaría de acuerdo con esta apreciación sobre él.

Los géneros literarios parece exasperados entre sus moldes, y tus fusiones parecen ser el receptáculo de dicha desesperación. Me gustaría que me ilustraras al respecto.

Me gusta mucho –me parece deslumbrante– la mezcla de relato con ensayo que se inventó Sergio Pitol en los cuentos de Nocturno de Bujara. Pasa de la narración a la forma ensayística sin que apenas nos demos cuenta. Es cierto que a los pobres géneros los he maltratado, pero no ha sido con mala intención. Cuando uno conversa con otra persona, no lo hace siempre en el mismo tono, registro y género. De la misma forma, siempre me he sentido incapaz de tenerle que ser fiel a los códigos de un género porque eso habría coartado mi imaginación, mi libertad creativa. Pero vamos… Creo que esta trasgresión de los géneros hoy en día la practica ya mucha gente. Quizás en los primeros tiempos me trajo algunos problemas porque en España el retraso cultural y la desinformación o indiferencia acerca de lo que se hace en literatura, ha sido en ocasiones pavorosa. La literatura española es una cosa beata, a lo Beato Martin Garzo. Hay una ristra inmensa de extraños escritores que confunden el realismo con el realismo de hace dos siglos. Hace llorar de risa.

La situación mundial no está para bromas –violencia, segregación, cinismo de los poderosos–. ¿Estaremos condenados a ver el triunfo de una raza de hijos sin hijos?

Lo decía Flaubert y ya han pasado casi dos siglos: “Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en hombre de negocios (para entonces, gracias a Dios, ya habré muerto). Peor lo pasarán nuestros sobrinos. Las generaciones futuras serán de una tremenda grosería.”

¿Consideras como Pasavento y Walser que la invisibilidad, la negación del yo, la desaparición de la farsa de la identidad son un alto y encomiable ideal?

A veces. Pero no soy constante. Siempre me he forzado a la contradicción para evitar conformarme con mi propio gusto.

En El viaje vertical, Federico Mayol hace su educación sentimental llegando a la vejez. A los escritores que no han escrito nada memorable nos atormenta el sinuoso deslizarse de los años, y por eso nos seduce tanto este personaje. ¿De verdad crees en la posibilidad de una iniciación en el crepúsculo?

Muchas veces creo en esa iniciación, sobre todo porque el crepúsculo no entra nunca en directa competencia con el tiempo. Siempre estamos en él, en el crepúsculo. En cuanto a lo de haber escrito o no algo memorable, te diré que conozco el caso dramático de alguien que ha escrito algo memorable y que se ve todo el rato obligado -como en la peor de las pesadillas- a ser el primero en tener que recordarlo.

Según intuyo en Extraña forma de vida, el espionaje es connatural a todos los hombres. ¿Serán la novela y el cuento las formas refinadas y sutiles de este oficio?

Es connatural, sí. Donde mejor desarrollo el tema es en un cuento de Exploradores del abismo, el cuento del “bus 24”, que me lleva –pronto tendré que decir que me llevaba porque cambio de domicilio en los próximos meses– a mi casa de Barcelona. Allí, en ese bus, he espiado como un loco, sólo para poder escribir cuentos sobre lo que oigo. Y me considero, he de confesártelo con una sonrisa, un espía del 24 y lo que es lo mismo: un espía del realismo. Del realismo ortodoxo, del realismo de género únicamente. Y por ahí volvemos al tema de los géneros. Tras años de espionaje he podido apreciar que el realismo es, en efecto, un género, una simple convención muerta, está relacionado con un cierto tipo de trama tradicional, con principios y finales predecibles, trabaja con personajes redondos, y asume que el mundo se puede describir, lo que establece un vínculo ingenuamente estable entre palabra y referente.

Los insignes miembros de la Conspiración Shandy, cuyo periplo fugaz ocupa las páginas de tu Historia abreviada de la literatura portátil, son acaso herederos y parientes de los que fundaron Tlön, Uqbar, Orbis Tertius? ¿Qué sabes de sus vínculos?

Puestos ya en el tema del realismo, te diré que los shandys y la gente de Tlön parece que coinciden en tener un lema escondido, el más breve que han tenido nunca las sociedades secretas. Pero no es todavía el momento de revelarlo.

¿Puedes ilustrarme brevemente sobre tu nuevo libro, a punto de aparecer?

Se habla de un editor que es consciente de que la literatura se halla en el fin de una época. Es un editor retirado, algo aburrido y desesperado. Encuentra en lo apocalíptico la solución a sus males. Lejos de seguir entristecido por el fin de la era Gutenberg, cree ver muy claro que lo apocalíptico le ofrece la alegre y feliz paradoja de poder organizar un funeral en Dublín por la pobre literatura, es decir, le ofrece aquello de lo que más necesitado anda desde que se retiró: tener algo que hacer en el futuro. Hay mucho humorismo en ese funeral en Dublín. Y Joyce y Beckett están ahí, cada uno dominando la atmósfera de los dos capítulos principales. Yo creo que la novela, tal como se dice en una de sus páginas, es un paseo privado a lo largo del puente que enlaza el mundo casi excesivo de Joyce con el más lacónico de Beckett y que a fin de cuentas es el trayecto principal –tan brillante como depresivo- de la gran literatura de las últimas décadas: el que va de la riqueza de un irlandés que subió a la cumbre de la escritura (Joyce) a la deliberada penuria del otro, el clochard Beckett; de Gutenberg a Google; de la existencia de lo sagrado (Joyce) a la era sombría de la desaparición de Dios (Beckett).

Nuevos Internautas - Morvoz



Leopoldo “Teuco” Castilla

Poeta y ensayista argentino nacido en Salta en l947. Ha publicado veinticinco libros en todos los géneros literarios. En l976 se exilio en Madrid. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, portugués, italiano, sueco, turco, chino y ruso. El siguiente poema fue enviado exclusivamente para Con-Fabulación y pertenece a su libro Manada, que será editado por El Mono Armado.


EL HOMBRE se ve entero en el ojo del animal

dentro de una gota

cayendo todavía en el aluvión de los astros.

Y ve el tigre tatuado por las llamas del sol

el tigre

clandestino

pisando apenas para no incendiar los campos.

Mira la víbora, guante del rayo,

la astronomía de la araña,

los nervios del relámpago en la cebra,

los meteoritos de los escarabajos,

la noche insepulta del toro

y la lujuria planetaria del saurio.

Todo el cosmos preso en la manada.

Menos el colibrí que tiembla, fijo en el aire.

Ese

recién está llegando.

Palabras de Armando Rojas Guardia*

En la inauguración de la Subasta de obras de arte convocada en su ayuda

Un día de agosto de 1941 Simone Weil escribió: “La capacidad de prestar atención a un desdichado es cosa muy rara, muy difícil; es casi –o sin casi– un milagro. Casi todos los que creen tener esta capacidad, en realidad no la tienen”.

Sabemos la profunda pregnancia conceptual que poseen las palabras “desdicha” y “desdichado” en los textos de Simone Weil. A los fines de lo que me propongo decir en estas breves líneas, basta afirmar que “desdichado” es todo aquel que, por el solo hecho de sufrir de una u otra forma, me necesita. Para prestar atención a la interpelación moral que significa la existencia del hombre o la mujer que me necesitan, requiero vencer y superar la cuádruple tentación entrópica de la indiferencia, la apatía, la inercia y la comodidad dentro de una movilización psíquica y espiritual que empieza precisamente por la capacidad de estar atento al sufrimiento ajeno y culmina en el gesto –a menudo sacrificial, porque cuesta esfuerzo– de la solidaridad.

Esta subasta, y los eventos que la acompañan, son un auténtico milagro de la atención y la solidaridad. En un contexto histórico desgarradoramente difícil, repleto de problemas y penurias, este milagro debe ser calibrado sintomatológicamente; porque señala que todavía existen entre nosotros reservas intactas de generosidad y que mucha gente, atendiendo a un simple reclamo de la necesidad del otro, está dispuesta a apostar, material y simbólicamente por lo que ésta atención significa como resistencia espiritual ante la crisis.

Yo nada tengo, ni en palabras ni en gestos, que pueda dar cuenta de la magnitud de mi agradecimiento a todos aquellos que hicieron posible el milagro.

A propósito de esta deuda perenne de gratitud, deseo terminar repitiéndome una frase que me ha venido a la memoria durante todos estos días y que parece redactada para ser dicha, pasito y lentamente, en algunos de los más significativos momentos de la propia vida. Es de un relativamente oscuro escritor francés del siglo XVIII: Philippe de Saint-Martín. Dice así: “Estoy seguro que hay seres a través de los cuales Dios me ha amado”.

*Poeta y ensayista venezolano fundador del Grupo Tráfico. Una de las voces más vigorosas e ineludibles de la poesía venezolana.

Cartas de los lectores No. 121

EXCELENTE LO DE HAITÍ. Muy buen artículo, esclarecedor y con un componente político contundente. Muy buena la ilustración, despiadada como ha sido la historia con ese país que amo. Florencio Arias, México

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MARUJA VIEIRA. Importante que se le rinda tributo a una poeta como Maruja Vieria y que Beltrán le dedique un espacio generoso de su periódico a una figura de las letras. Lamento muchísimo que en ese texto tan amplio no citen ni un solo verso del personaje, ya que aquí en Mérida, Venezuela, no conocemos nada de esa poetisa que al parecer es muy importante. Saúl González Arce

R: En próxima edición publicaremos una muestra de su poesía

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HAITÍ O EL ENSAYO DEL APOCALIPSIS ha sido escrito con una maestría conmovedora y ofrece una idea muy real de la situación en ese país y sus posibles consecuencias. Quisiera saber el nombre del autor y congratularlo por su acierto. Ojalá que artículos como ese sirvieran para que la humanidad se diera cuenta de que Haití es además y sobre todo, una porción enferma de nuestro pequeño mundo que necesita cura. Les saluda desde la habana, Luis Adrián Betancourt

R: El autor es Iván Beltrán

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GALEANO Y HAITÍ. Me gusto bastante el planteamiento político y filosófico del artículo de Haití, pero tal vez les interese el de Eduardo Galeano, escrito so pretexto del bicentenario de la revolución Haitiana de 1804. Es un placer para mí recibir y leer cada semana su periódico. Mireya Solano

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LA BARBIE Y LA NUEVA INQUISICIÓN. Al señor Germán Villa, que nos trata a los colombianos de inquisidores, quiero recordarle que las hogueras están encendidas es en Venezuela, donde no se puede llevar la contraria al líder so pena de ser perseguidos con mucho ÉXITO. Efraín Oyaga, Venezuela.

Todas las vidas de Maruja Vieira

Por Iván Beltrán Castillo

Maruja Vieira es, junto a Dora Castellanos, Meira del mar y Matilde Espinosa, una de las voces femeninas imprescindibles de la moderna poesía colombiana y no hay que forzar el idioma para ponerle el rótulo de clásico. Nacida en Manizales en 1922, docente, periodista viajera, autora de copiosos prólogos y gestora cultural, ha permanecido fiel a su labor creadora, atestiguada por títulos como Campanario de lluvia, Los poemas de enero, Los nombres de la ausencia, Tiempo de vivir, Mis propias palabras o Sombra del amor, conjunto que le ha valido importantes premios y reconocimientos, el más notable de todos su ingreso a la Academia Colombiana de la lengua.

En el siguiente reportaje, el entrevistador y su personaje buscan ir más allá de la reseña literaria, en ocasiones tan fosilizada, hacen un pacto, establecen un vínculo, y rastrean parcialmente el paso por el mundo de esta mujer singular. Homenaje.

Todavía sueñas con la jacobina bogotana. Parece extraño, pero aquella criatura, del barrio Los Laches o San Victorino, tenía las facciones y la estampa, el aciago resplandor de la turba de franceses que buscando la libertad inventó la guillotina, los frenéticos acólitos de Robespierre y Marat. Estaba parada frente al almacén de Jack Glottman en el mismísimo centro de la ciudad, el rostro demacrado de quién atraviesa una frontera o se ha sometido a incontables vigilias, una mano crispada y la otra empuñando un fiero garrote, profiriendo frases incendiarias, tal vez ebria o sencillamente habitada por el fulgor gaitanista. Era el tristemente mítico 9 de abril de 1948, y una multitud que parecía la síntesis de la desesperación humana, se entregaba a una suerte de carnaval fúnebre tal vez buscando, cándida y brutal, que los ojos del caudillo perdido volvieran a abrirse. Tú eras muy joven y atestiguabas la primera metamorfosis lancinante de una ciudad destinada tanto al invierno perpetuo como a la sequía eternal, tanto a la paz boba como a la guerra infinita, y en la que todos terminamos por sentirnos huérfanos. Trabajabas con Glottman y aunque nunca te confortaron los métodos y el estilo que practican casi todos los patrones, tenías un gran aprecio por aquel negociante. Por eso, una vez prendida la asonada posterior al asesinato de Gaitán, hiciste que se pusiera la bandera colombiana en la vitrina ostentosa. Entonces, cuando la multitud arribó, sedienta de abrasivas llamaradas, al observar el gesto de fraternidad, se detuvo como leyendo un mensaje que la confundía, guardó silencio por unos instantes y se retiró sin accionar su cólera. Tú observaste todo aquello con el corazón en vilo, pero aunque hasta la más imperceptible de las imágenes perturbó los sentidos, la que se quedó en ti para siempre fue la jacobina bogotana, allí instalada frente al almacén de Glottman como si se encontrara frente a La Bastilla.

Desde entonces sueñas con ella. Es una más de la espléndida caterva que habita tus noches, pasea por los escenarios de tus fugas nocturnas, camina por las ciudades que erige tu deseo e infesta gloriosamente las visiones oníricas. Pero son muchos los que regresan o sencillamente nacen con la noche y sus montajes; amores, parientes, cómplices, los héroes impertérritos de las ciudades en donde pernoctaste, transeúntes vistos unas pocas veces, tu madre al final de una escalera, anodinos seres con los que apenas comerciaste una o dos frases, enigmáticos desconocidos a los que sientes entrañables, un antepasado de apellido White que navegó en el alto Cauca, algún perrito amado cuyo final no fue menos patético que el final de los hombres, poetas y pintores, “marineros errantes que perdieron el mar”, rebeldes, aventureros, gitanos y flamencos vistos en Europa, recolectores de café, utopistas, académicos, anarquistas y beatos, conservadores e iconoclastas, algunos tempranamente truncados y otros que aún no adquieren el prestigio y la rutilancia de la muerte.

—Soñar no es muy distinto de escribir poemas —me dices—, se trata de dos oficios que se necesitan mutuamente, que se nutren uno del otro y que son, para el desconcierto de los muy reales, ejercicios de finura desinteresada, cúspides de la contemplación, vigorosas redefiniciones del encuentro—. Por eso, Cuando practicas alguna de estas dos deliciosas disciplinas, crees que te aproximas peligrosamente a la verdad evasiva, que te haces más humana, y también más misteriosamente mujer. Te deleitas y gozas merced a estas venturas, de no ser otra cosa que, para decirlo con el formidable ciego, un dilatado sueño dirigido.

Cuando te pregunto cómo empezaste a enamorarte de la escritura, como te adentrarse en el gran rito del poema, en qué momento tomaste la decisión de agarrar un lápiz y apuntar las primeras frases, para fijar recuerdos y encapsular ilusiones, dices que no lo sabes con exactitud, y que tal vez la mayor complicidad haya venido de la casa original, de la estepa de la profunda infancia, transcurrida en la ciudad de Manizales. En aquella familia, me cuentas, la poesía ocupaba su propia silla, era una entidad tangible, y todos la visitaban como a una pariente redentora. Las lecturas de grandes autores, las noches de tertulia y confrontación de sensibilidades, la manera de mirar con pupila alerta la prolijidad de la naturaleza, y el hecho de poseer una buena biblioteca donde extraviarse y extasiarse, fundaron tu identidad, hicieron nacer “la voz”.

No te sientes cohibida al decirme que la poesía está más cerca de la religión que de cualquier otra instancia, que su luz inviolable traspasa y modela la consciencia a la manera de los dioses omnímodos, benévolos o terribles. Solamente entendida de esta manera, me aseguras, puede explicarse por qué motivo cuando padeces su invasión ya no existe camino de regreso, y tienes que perdurar en la manutención de su sustancia inaprehensible.

LAS PALABRAS Y EL TIEMPO

—Mi vida ha sido un largo viaje –afirmas con gesto peripatético— una navegación que hasta este instante, cumplidos los 87, parece detenerse un poco. Cuando tenía apenas diez años, mi padre, Joaquín Vieira, uno de los hombres que moldearon la efigie de Manizales y el departamento de Caldas, y quién nunca dejó de trabajar con una casi preocupante disciplina, se trasladó a Bogotá. Fue el encuentro con la que nos pareciera entonces una ciudad formidable llena de novedades y donde la vida no estaba todavía manchada con el mohín atroz de la modernidad salvaje. Apenas comenzaba a rodar la década del treinta. Fue aquí donde encontramos nuestro estilo, quiero decir nuestra búsqueda, la respuesta a nuestra sed. En esta urbe yo me convertí en poeta, escritora, trabajadora, funcionaria, y Gilberto, mi hermano, mi inolvidable cómplice y con quién sostuve las más arduas y cálidas conversaciones, se hizo a la fe marxista y bolchevique, creencia a la que le sería fiel hasta el último de sus días.

Recuerdas las épocas duras que alguna vez visitaron tu familia, cuando la pobreza, cuyo influjo letal empezaba a crecer trágicamente en todas partes, se coló por las ventanas y las puertas de la casa transitoria, se instaló en los cuartos y salones y convirtió la alacena en un desierto. Fue una expiación que te mostró los zarpazos de tigre de la realidad, el voraz apetito de los triunfadores y los argumentos legítimos de los excluidos, y tal vez por eso, a pesar de no comulgar del todo con su dogma, comprendiste la obcecada lucha de tu hermano Gilberto a favor de los desposeídos. Sabes desde entonces que la pobreza no es un estado económico sino un estado del alma, y que semeja una talanquera destinada a no dejarnos surcar el horizonte, una incertidumbre estrechamente emparentada con la injusticia, la insularidad y la muerte. Esos días de extremadas e imborrables carencias —poco pan, pocas legumbres, vestidos modestos, tintinear escaso de monedas— te enseñaron mucho sobre la condición humana, y es por eso que los agradeces a pesar de todo. Si no hubiese sido por ellos quizá tus palabras, tus poemas, tus videncias, no estarían tocados de una tan suave y musical melancolía.

—Las mujeres de esos días —me cuentas para ilustrarme sobre tu juventud bogotana— parecían exclusivamente destinadas al papel de madres, obsecuentes esposas, disimuladas vasallas, sumisos alfiles de un mundo construido por la sensibilidad, no pocas veces procaz y grosera, de los hombres más convencionales, la mayoría distantes de encontrar su evadida sensibilidad, presos en la cárcel de una impostada dureza.

Pero tú no ibas a aceptar fácilmente tan magro, insustancial destino, de manera que desde muy temprano saliste a las calles en busca de torcer lo que parecía un oscuro decreto. Realizaste entonces toda suerte de estudios de comercio (“no eran académicos y por lo tanto eran buenos”, afirmas irónicamente) y luego, bajo la acechanza de miradas inquisitoriales, comandaste el pelotón de las primeras mujeres que entraron a laborar en las fábricas, las oficinas, el comercio. Trabajaste en distintos sitios, entre ellos en la aerolínea real holandesa —Klm—, el almacén de Glottman y en el Servicio Nacional de Aprendizaje —SENA—, donde permaneciste por espacio de diez y seis años; pero al mismo tiempo, y como la huella de una interioridad que se negaba a rendirse ante los embates de la prosa cotidiana, empezaste tu labor creadora, algo así como el recuento y la memoria de tu vida sensible, y cuyo primer fruto fue el poemario Campanario de lluvia, aparecido en 1947 bajo el sello de la editorial Iqueima, de Clemente Airó.

Desde entonces no ha pasado un solo día —aseguras— que no haya estado consagrado al fulgor de la poesía, expresado no solamente en el hecho de escribir versos sino, lo que es más importante, como una actitud y una ética, una forma de abrazar al universo, de entender en lo posible nuestras inescrutables vidas. La poesía es una especie de centinela de la condición humana, y quien la ejerce adquiere un compromiso inmediato con los otros y, lo que resulta más grave, consigo mismo.

De esa manera, tu figura —alta, imponente, arrastrando una suerte de finura críptica— se impuso en los cenáculos, los cafés, los teatros, las universidades, y en todos los lugares donde se reverenciaba a la cultura como la única forma que tienen los hombres de enfrentarse al abismo. Con Cecilia Fonseca y Emilia Pardo Umaña fuiste de las primeras mujeres que entró en la humareda espesa del Café Automático, escenario de la gran comedia intelectual de varias décadas, y allí pasaste a ser una suerte de musa, una pequeña elegida, que brindaba con café cerrero, pues aún no se habían puesto de moda las escritoras borrachas.

Gracias a eso te alzaste con una impresionante cofradía de amigos, ya absorbida casi toda por la eternidad, pero que perdura en tus recuerdos y baila en tus palabras: Jaime Ibáñez, Aurelio Arturo, Cecilia Porras, Fernando Charry Lara, Jorge Gaitán Durán, León de Greiff, Eduardo Carranza, Carlos Martín o Dora Castellanos y, sobre todo, tu gran maestro, el gigante bíblico León Felipe, de quién aprendiste que el oficio de los poetas tiene la dignidad y el decoro del de los labradores.

Ahora narras que, aunque independiente hasta el ardor, vanguardista en el más profundo de los sentidos de la desgastada palabra, errabunda y con una sensibilidad que debió ser difícil de entender para muchos hombres, tuviste tu cita puntual con el amor y saboreaste su fatalidad hermosa. Él se llamaba José María Vivas Balcázar, y era también poeta. Si la modernidad tolera la expresión podríamos decir que fue el hombre de tu vida. Todos los pasos del romance ideal estuvieron presentes en aquella relación inolvidable: la pasión excepcional que pone en entredicho la rutina, la complicidad que suaviza las agresiones del mundo, el erotismo tristemente fugaz y su remedo de absoluto, la imaginación festiva —gemela de la literatura—, la comunión de esperanzas y luego — presentación abrupta— la intervención de la golosa muerte. El anhelado compañero, con el que te casaste un día, habría de partir esculpiendo su propio mito, y dejando en ti una estela de recuerdos: derrumbamiento de la realidad que fue carbón y nutriente de tu obra.

—Me habita desde siempre la necesidad de enfrentarme al olvido —me dices ahora, y yo noto que tus palabras son vitales, que saltan como peces, que no están contaminadas por la desesperanza—. Hay en mí una legión de muertos, de ausentes a los que pretendo detener.

Recordamos, merced a tu última frase, aquella sentencia de Lawrence Durrell según la cual todos los suspiros están enterrados muy hondo, y anhelan que alguien los reintegre al mundo de los vivos y que, por lo tanto, todos los suspiros tienen un linaje de muerte.

—Mi vida ha sido un largo viaje —me volviste a repetir, como un leitmotiv—, solo que unas veces fue real y las otras imaginario. También las rutas reales ocuparon mis días. Viajé mucho pero nunca me degradé a la condición de turista. De aquellas deleitosas odiseas recuerdo especialmente la que realicé a Galicia. Fue como un deja vú, pues allí en el Camino de Santiago, tuve la certeza de que yo provenía de ese lugar. Claro que tampoco puedo olvidar el Canal de la Mancha, la entrañable ciudad de Popayán (“Allí para existir hay que ser pariente de una estatua”), La febril Santiago de Cali (“Viví en ella unos años febriles”) y la impetuosa Caracas: son distintas rutas y distintos puntos de llegada para cumplir un solo destino

LA DIVINA TRAGEDIA

—Llevo cincuenta años viendo cruzar la guerra por mi puerta —afirmaste luego ocupando el espacio del presente—; pequeñas guerras, una igual a la otra, una más absurda que la otra, y todas de una crueldad infinita; violencias de todos los colores, de todos los bandos, de todas las facciones, han desfilado para ensombrecer nuestros días. Son pocos los que aquí no tienen fechas, anécdotas que serían dignas del infierno. Todas las mañanas de estos cincuenta años, al salir de la nación del sueño, tengo la esperanza de que la tragedia, el dolor y el crimen habrán muerto al atardecer.

—Pero esperar el final de la tragedia es como aguardar la muerte de la muerte —continuaste—; puedes durar la eternidad esperando. Poco o nada sabemos, salvo que en todas partes laten los símbolos de la hecatombe.

—Se equivocan —apuntas con una convicción digna de envidia— aquellos que creen que la solución a nuestra duro presente puede encontrarse en la esfera de lo político. Aunque admiré algunos de sus hacedores, empezando por Luis Carlos Galán, creo que ella es superficial, hueca y aleatoria. Yo, al contrario de mi hermano Gilberto, he pretendido vivir alejada de su equívoca influencia. Solamente la poesía puede entregarnos algunas respuestas.

—He tenido que aproximarme a la tragedia cuando ésta atrapó a mis seres queridos, cuando violó sus jardines y echó abajo sus puertas. Para ilustrarlo me bastaría recordar el caso de mi entrañable amiga María Mercedes Carranza: muerta en defensa propia por una sobredosis de realidad.

Pero nuevamente me sonríes, ante el recuerdo de la poesía y de los poetas. Como profesora, eterna prologuista y jurado, como una figura a la que los más jóvenes buscan para “afinar el sagrado instrumento” sabes que mientras haya imaginación creadora existirá la esperanza (“ni todas las medallas y condecoraciones juntas se equiparan a la luz y la esperanza en los ojos de un joven poeta”), y para corroborarlo me hablas, con palabras exaltadas, de algunos pequeños demiurgos: Lucía Estada, Andrea Cote, Federico Díaz-Granados y por supuesto tu hija Ana Mercedes Vivas, heredera de la pasión por la palabra y quién es, ni más ni menos, que la ofrenda festiva que te donó el amor… Todos ellos trabajan, me aseguras, para llevarle la contraria al estropicio y la fatalidad.

Sí —vuelves a decirme nuevamente— mi vida ha sido un largo viaje, que hasta este instante, cumplidos los 87, parece detenerse un poco.

Sabes que te ha tocado vivir muchas vidas, que no has sido una sola mujer imperturbable, sino que has mudado de rostros como los actores del teatro japonés mudan de máscaras, y entonces me aseguras que gracias a la poesía entiendes de otra manera el tiempo, sus veleidades, sus metamorfosis, sus piruetas, y que su mediación te ha permitido sofocar las impetuosa andanada del frío.

Y yo te imagino en la alta noche de un año incierto, que se pudre en el cementerio universal de la memoria o es apenas un sueño germinal del porvenir, erguida sobre tus papeles, fijando tempestades y ocasos, amores y olvidos, abrazos y ausencias…

Tu mano derecha atravesando el papel de un lado al otro, como el fantasma que atraviesa un muro….

Haití o el ensayo del apocalipsis

Las tragedias, como los hombres, las concepciones políticas, los idearios históricos, las tesis filosóficas, los partidos de fútbol, las marchas triunfales y hasta las utopías sirven, curiosamente, para casi todo: para amistar adversarios irreconciliables, para que los líderes engrasen sus maquinarias y alimenten sus discursos, para que las señoras lloren, para que los canales de televisión aumenten la sintonía y los periódicos las ventas, para que las reinas de belleza tengan algo que decir, para recordarnos que la muerte no está en otra parte, para que los señores se apiaden de sus vasallos y los amos de sus esclavos, para que se hagan canciones ridículas, para que se calumnie al amor, para que recordemos todo lo que nos sobra o no necesitamos, para que los mercaderes se sientan inflamados de una súbita bondad.

Haití es un nombre que hace mucho se asocia al concepto de tragedia. Su miseria hiperreal, su hambruna perenne, su vudú y su hotelería hollywoodense, su deprimente ingreso per cápita, sus cuatro ricos pantagruélicos, sus gobernantes feroces dignos todos de ser un capítulo de la historia universal de la infamia, lo demuestran de manera indiscutible.

¿Dónde estarán los Dioses de Haití? Ni la imaginación más perversa podría endosarle a uno solo de ellos tantas calamidades. Unas veces la historia, otras la naturaleza, y siempre los mismas víctimas. El brutal terremoto del martes pasado, pone a la vapuleada isla en la mira de la comunidad internacional, que ahora sí parece acordarse de que en ese punto de la geografía hace mucho tiempo se está ensayando el apocalipsis o, lo que es más diciente, que el desastre ya estaba allí mucho antes del terremoto.

¿Dónde estarán los Dioses de Haití? Esta sombría nación que ha pasado por las garras de todos los demiurgos blancos (españoles, franceses y ahora estadounidenses), no conoce el abrazo del sosiego. Alguna dádiva secreta existirá desde que el imperio norteamericano despliega tantas tropas y tanta aparente filantropía. ¿Habrá en su territorio minerales estratégicos o una veta sin explotar para enriquecer las arcas de las cadenas de turismo planetario?

Aunque parezca increíble, el sismo pavoroso puede no ser un final sino todo lo contrario: el principio de una nueva y funesta serie de iniquidades sin posibilidad de justicia. La sola idea de una protección del imperio a los haitianos –esos subyugados a los que se mira como menores de edad– produce escalofrío y nos llama a la reflexión.

Este horrible terremoto es tan solo un desenlace: en Haití desde siempre está temblando…

Aniversario del Museo Rayo

El Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano de Roldanillo, Valle, celebra su XXIX aniversario con las siguientes exposiciones:

OMAR RAYO. TIZÓN, FÓSIL DEL FUEGO - ACRÍLICOS SOBRE TELA

Para retornar, Omar Rayo se bebe a su madre América, toma el hilo de su discurso plástico contemporáneo, lo entrega al espectador en su laberinto de rigor, ilusión, juego e ironía. Su inquietud estética aplica un singular lenguaje geométrico, latido ancestral, que también forjó a las grandes culturas indígenas. El trópico le revela los cromáticos cantos de la naturaleza, su pintura se oxigena con la luz y con la sombra: blanco, negro, gris, rojo, hoy son el cuerpo del fuego; ataduras, pliegues y meandros en el relieve virtual de la tela, desembocan en esta reciente colección de madera ardiente y ceniza.

NUEVAS DONACIONES - OBRA GRAFICA NACIONAL E INTERNACIONAL

Reúne esta exhibicion colectiva caracteres, técnicas, tendencias y temas de artistas consagrados y cercanos al Museo Rayo: Antonio Amaral, Francisco Toledo, Roberto Matta, Vita Giorgi, Leonel Góngora, Francisco Corzas, Eduardo Ramírez Villamizar, Julio Alpuy, Manuel Felguerez, Angel Loochkartt, Nicolas Sperakis, Yolanda Mesa, Pérez Celis, y otros que generosamente han dejado su legado gráfico para el acervo y exposiciones del Museo Rayo.

PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN - OBRA GRAFICA

Descendiente directo de un prócer de la independencia, tiene un largo prontuario de exposiciones y premios internacionales que enfatizan su habilidad como pintor, dibujante virtuoso, artista gráfico y dirigente cultural. Con gran sentido contestatario y libertario se ha ocupado del cuerpo humano mezclándolo en escenas crudas, insinuantes y eróticas. El interés por la violencia lo canaliza en una corriente expresionista que retrata a la sociedad, manifiestando con lógica y coherencia su temática. En su reciente etapa creativa, acepta la influencia del arte africano tribal y precolombino, con soplos de la tradición pictórica del renacimiento europeo. Un homenaje para este artista vallecaucano en el Museo Rayo.

PREMIOS CONCURSO XXXV INFANTIL DE DIBUJO A COLOR

Esta selección y exhibición de dibujos realizados por niños y niñas que participaron el pasado 5 de diciembre de 2009, en uno de los programas tradicionales del Museo Rayo, quiere hacer visible la calidad de la expresión infantil. Esta exposición hace parte del fortalecimiento de los programas institucionales y permite el estimulo de la creatividad de las nuevas generaciones

Estas exposiciones en conmemoración del XXIX Aniversario del Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano, estarán abiertas al público y podrán ser visitadas todos los días desde las 9:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde, incluyendo domingos y festivos, en Roldanillo.

Cartas de los lectores No. 120

AUTO DE DETENCIÓN CONTRA LA MUÑECA BARBIE. Me uno al grupo de venezolanos –comenzando por el comandante Chávez— que piensa crear un bloque de búsqueda contra la muñeca Barbie, por ser un ser maligno y foráneo. Que no la encarcelen en Venezuela, que la extraditen a Colombia, país de inquisidores. Germán Villa

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VALENTÍA DE CON-FABULACIÓN. Los felicito por ese número 119 (14 de enero de 2010) que abre pequeñas brechas en este desolado país: La posibilidad de que una revista cultural virtual pueda abrir sus páginas a la “inteligencia”, a la “crítica” y no al clientelismo en cuanto que se publica a “los amigos de siempre”. Encontrar páginas con la entrevista al escritor Cano Gaviria, o un artículo tan lúcido y crítico contra el poeta Fernando Denis, es refrescante y produce, aunque pequeñísimas esperanzas de que la resistencia aún subsiste. Hacer comentarios políticos, en uno u otro sentido, es ir abriendo causes que se están observando en América Latina como el del cantautor chileno Pancho Villa, quien afirma: “El único miedo que hay que tener, es a la incapacidad de dignificarse. Si al enemigo lo vez de rodillas te parecerá más grande de lo que realmente es” (Diario de Urgencia 2144). Poder encontrar en Cartas de Los Lectores un remanso al leer unas ideas expuestas sin violencia, con buen gusto, respetando al otro (a), es decir, excluidas de cualquier tipo de “gaminería” que es ahora la característica de este país, ahora sí, “del sagrado corazón”. Y valentía, porque lo es la crítica a Carlos Fuentes, convertido al grupo de los “neoliberales” como Vargas Llosa. Lucero Ortegón

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AURA CONTRA CARLOS FUENTES. Oh, Confabulados, no dejen de salir tanto tiempo que a veces hace falta tener su infalible brújula y podemos extraviarnos en la noche. Fuera de ustedes todos los medios piensan como RCN y la Casa Blanca. La carta contra Fuentes creo que fue muy bien recibida por todos los intelectuales mexicanos, pues ya estamos hartos de él y de su derechismo recalcitrante. Ignoro quién es Juan Manuel Santos pero no confiaría en él, mucho menos si tiene prólogo de Fuentes. Bien por ese periódico libre! Adrián Aura, escritor, México

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PARO DE EMPLEADOS PÚBLICOS. Ante el aumento del 2 % que les ofrece el gobierno todos los empleados públicos de Colombia piensan entrar a paro, cosa que como todos sabemos no se notará. Ninguno de ellos trabaja mucho que digamos. Saludos confabuladores, desde Barranquilla, Armando Parody

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COMANDANTE MURACHI. Asombra y deprime el ejercicio periodístico amañado de algunas de las cadenas nacionales, con periodistas que más que ejercer un oficio imparcial se sientan en el podio como jueces ante una víctima inerme y lo quieren conducir por entre tramposas preguntas y cuestionamientos, a respuestas que no son reales ni objetivas. Tal es el caso de Claudia Gurisatti (RCN- La noche) que se ha convertido durante los últimos tres meses en una insoportable incendiaria contra Chávez y lo que lo rodee. Un ejemplo clásico de este tipo de periodismo de conveniencia fue la decadente entrevista de enero 19 en la que quiso conducir al comandante Murachi, del movimiento revolucionario de liberación CARAPAICA y haciendo gala de lo que supuestamente resultaría otra de sus malas fachadas contra Chávez, le salió el tiro por la culata porque el líder resultó más inteligente que ella, a lo que la periodista terminó casi regañándolo y apropiándose de una posición no ya de periodista que pregunta, sino de juez que sentencia. Ernesto sin Miedo

Entrevista a Ricardo Cano Gaviria

El refugio de la locura

Por Marcos Fabián Herrera

Es uno de los últimos escritores que profesan con inigualable fervor el credo de la literatura, un hombre que ha hecho de la escritura un sendero de extensión del goce de lo leído. Sus libros, sui generis obras de imaginación y cultura, se sustraen de los tópicos que por décadas han asfixiado la literatura Colombiana. Ricardo Cano Gaviria nació el 8 de mayo de 1946 en Medellín, signado por la trashumancia y el exilio. Ha franqueado París, Barcelona y en la actualidad reside en Montblanc, provincia de Tarragona, en España. Al igual que sus novelas, relatos y ensayos, sus opiniones son densos testimonios que escapan de los mentados clichés y endemias, que celebra la frivolidad parroquial. Es autor de los siguientes libros: Prytaneum, Las jornadas de Bouvard y Pécuchet, El buitre y el Ave Fénix, Una lección de abismo, y Gombrowicz y la seducción, así como de una biografía de José Asunción Silva.

Ese críptico y anacrónico cenáculo que controla y moldea a la pintoresca clase política en tu novela Prytaneum, en la actualidad colombiana parece tener un rabioso parentesco con la realidad. ¿Estamos condenados, como en una ficción borgiana, al eterno retorno de la modernidad cultural colombiana?

Para no hablar de cosas como la tradicional falta de contactos con lo universal de la cultura colombiana, de la orientación castiza que la define en el siglo XIX, principalmente a través de sus presidentes gramáticos, y de lo que Vargas Villa llamaba Césares de la decadencia, te diré simplemente que en Prytaneum la cuestión de fondo es el lugar del otro: la cultura otra, la heterodoxia reprimida a nivel cultural, que lleva a la heterodoxia mental, la locura. Pues la locura no es más que el refugio que le queda al final a quien quiere ser reconocido como otro sin lograrlo. Ahora bien, una cultura donde no hay lugar para el otro, ni para su forma de ver las cosas, es una cultura naturalmente impositiva y excluyente. Es como si en la fórmula del genoma cultural colombiano faltase un ingrediente, el cívico que empezó a implantarse en Europa tras la revolución francesa. Por eso los caminos que ha seguido la mutación que ha dado origen a la singularidad colombiana son muy intrincados, aunque uno puede olfatear algunos síntomas y algunos ingredientes: entre éstos la imagen teocrática del estado, y entre aquellos la violencia física y mental contra el otro. Pues bien: la leguleyería es una forma de violencia mental que tiene por principio eludir la lógica y la moral: si la hermenéutica es el arte de interpretar para acercarse a la realidad, la leguleyería es el arte de malinterpretar para alejarse de lo verdadero y lo justo. Por eso Colombia, más hija de Santander que de Bolívar, ha sido maestra en leguleyos y pobre en hermeneutas: nadie diría que Uribe y sus seguidores son hermeneutas. Pues lo que hacen ahora con la Constitución es una obra maestra de leguleyería: el leguleyo es un irrespetuoso, que cree que el mundo existe a la medida de su culo, y por eso intenta convertirlo en papel higiénico. Y se admira a sí mismo no por justo, sino por avispado: en el mejor de los casos, la versión actual del Prytaneum será esa sociedad de avispados en leyes que se alejan de la verdad y de la moral, sociedad que configura el actual avispero colombiano.

Tus libros recuerdan la sentencia de José Martí: "Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero que el tronco siga siendo el mismo", al plantear un diálogo altivo, sinérgico y sin complejos, con las diversas tradiciones europeas. ¿La literatura colombiana sigue ensimismada?

En la frase de Martí se habla de tronco y de injerto: es de esa manera como se obtienen nuevas especies. El equivalente de esa metáfora creo que es el mestizaje, la realidad del mestizaje. ¿Mezclar lo autóctono con lo europeo? ¡Pero si lo europeo es ya el resultado de una mezcla de lo autóctono con lo foráneo, es decir, un producto del mestizaje! Yo no sé si se puede decir que la literatura colombiana siga ensimismada en el mismo sentido que antes. Pues antes lo que ocurría es que no quería ver la realidad, mientras que ahora pienso más bien que no puede. Por sus territorios soplan vientos de universalidad, pero se trata de una universalidad sin consistencia, una universalidad de cartón piedra: esa genuina universalidad respaldada en lo singular que emanaba la obra de un García Márquez parece agotada, y se ve que los intentos de los autores posteriores, en busca de algo real, no llegan a cuajar salvo en contadas excepciones. Liberados ya de las viejas coerciones esos autores se esfuerzan en vano, ¿pero en qué otro país latinoamericano se tiene la sensación de que las cosas van mejor? Posiblemente tengamos que ser realistas y aceptar que por el momento no se puede esperar mucho. Estamos en un momento reflexivo que deberíamos aprovechar para estudiar como etnólogos las costumbres de los escritores e intelectuales y sus formas de actuar. Por un lado, hay cada vez más endogamia, ¿Endogamia he dicho? Hay un estrato de intelectuales y escritores que viven en su faceta más descarnadamente zoológica: animales de presa, que no sólo se quedan con los mejores trozos sino que vigilan para que la pitanza se mantenga siempre entre los mismos. En ese sentido, Colombia es un modelo; cambian los presidentes, cambian los partidos en el poder pero la gente que controla las cosas a nivel cultural e intelectual es siempre la misma.

La escogencia de temas, personajes y situaciones, como el suicidio de Walter Benjamin y el adverso influjo de una deidad cananea como Moloc, confieren a tu literatura un cariz ecuménico y nos recuerda el asidero histórico de toda ficción. ¿Cómo explicar esa veta temática en tu obra?

No es fácil definir el proceso mediante el cual un escritor elige sus temas. Entre los escritores que se precian de ser un poco listos, está de moda decir que el escritor no elige sus temas sino que estos lo eligen a él, lo cual después de todo es cierto. El que no escribe a partir de unos fantasmas, en el sentido casi freudiano, creo que está aislado de sí mismo como escritor. En tu pregunta utilizas dos expresiones: “cariz ecuménico” y “asidero histórico”. Yo diría que el primero depende de la cultura y la altitud de miras, y yo siempre dentro de mis limitaciones he tendido a mirar lo más lejos posible; en ese sentido el cariz ecuménico sería como el globo en el que uno se eleva para intentar mirar lo que hay alrededor, y para ver el lugar propio desde la mayor altura posible: el “asidero histórico” es el lazo que mantiene al escritor unido a una raíz, es decir, el lazo que evita que el globo navegue o flote a la deriva. Toda buena literatura que se precie en ese sentido es la resultante de esas dos fuerzas. Incluso cuando se habla de extraterritorialidad creo que no se puede decir que el globo se haya quedado sin su amarra. Puede que uno descubra cómo su propio lugar se parece a otros lugares: me gusta imaginar cómo hubiera sido mi vida si hubiera nacido en otro país, otra cultura: esta curiosidad es expresión del deseo de ponerse en el lugar del otro. Me refiero al otro como doble o como posibilidad multiplicadora de sí mismo; pudiera ser que en ese sentido el escritor extraterritorial no fuera más que el que es capaz de multiplicarse, pero eso no significa que su globo no tenga un “asidero histórico”. Pues la historia nos contiene como un relato total en el que estamos y solo cuenta, a la hora de la creación, la capacidad de visionar esa inserción: lo que pasa es que hay gente mezquina que antepone su incapacidad de ver a los que ven de otra manera. En realidad, merecerían el título de “empobrecedores de la visión del mundo”.

¿Cómo ha determinado tu exilio la carrera de escritor?

El exilio en mi vida es una categoría congénita. El primer intento de fuga se dio en mí cuando tenía cuatro o cinco años: duró poco, me capturaron a las pocas horas. En cuanto al segundo intento, fue totalmente exitoso: todavía no me han capturado, aunque hay gente por ahí que quiere capturarlo a uno por cualquier cosa, por ejemplo, por no vivir en Colombia. En fin, yo diría que el exilio geográfico en nuestros países es una tendencia natural del escritor, en la medida en que la cultura de estos países es una síntesis en la que la mayoría de la veces los principales ingredientes son de origen occidental: eso es un hecho, y las reacciones a favor de lo autóctono, que pretenden amputar todo lo que viene de fuera, son enfermedades infantiles que normalmente acaban enemistándose con todo, con la moral e incluso con la lógica, porque resulta que ésta, tal como la conocemos, tiene origen griego. El exilio ha marcado mi carrera en primer lugar descalificando esta palabra: no ha sido una carrera, sino un paso a paso de tortuga. Pues no ha sido fácil enfrentarse desnudo a todos los clichés con que, después del boom, se ha pretendido encerrar al escritor latinoamericano: y ahora que las cosas parecen haberse aclarado, resulta que nadie tiene en cuenta que uno llevaba ya treinta años diciendo lo que ya es una evidencia para los más jóvenes.

Gracias a la revista Hora de Poesía disfrutamos de bellas versiones de textos de muchos países y lenguas. ¿Qué significó la codirección de una revista de poesía en un mundo editorial que ha entronizado la prosa?

Participé en esa revista por una especie de mimetismo con Rosa Lentini, su directora y luego codirectora, y como un nivel de la expansión de nuestra relación como pareja. Yo quería ayudarle a que la revista durara más y me metí de lleno en el tema de la autoedición para abaratar costes: a partir de un momento la revista la montaba yo al ordenador. Todo se mezclaba, el montar la revista, el participar en sus contenidos: disfruté mucho y logramos llegar al número cien. Creo que si no es por esa ayuda se cierra antes. Leí mucha poesía, aprendí a temer a los poetas ofendidos, supe lo que es la poesía como lobby o grupo de presión a través de la poesía de la experiencia. Luego nos metimos en la aventura de Igitur, en la que hoy navegamos en medio de la tempestad agarrados a los maderos como los náufragos de la Medusa. ¿Será por eso que nos gusta tanto el título de Ungaretti previo a La Alegría: la “alegría de los naufragios”?

¿Y en tu obra qué lugar ocupa la poesía?

La poesía, como la música, como la pintura –y creo que en ese mismo orden- es para mí básica. Me remito a una entrevista reciente, de la que entresaco este párrafo: “actualmente opino que lo que hay en mí de poeta se refleja más bien en lo que hago como novelista... Si esto es así, ocurrirá a favor de las novelas que escribo, porque creo que la verdadera vocación de la novela es la poesía, y que sin poesía, en el sentido profundo, no hay novela”. Aquí suelo volverme un poco ecléctico y recordar una afirmación de Heidegger: ‘el lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y los poetas son los guardianes de esa morada’. Me gustaría creer que si la ‘poesía’ es la forma más esencial y elevada del lenguaje humano, del hablar, en ese concepto de ‘poesía’ tiene cabida la novela, como algo creado con la palabra, junto a los demás géneros. ¿Quién dudaría de que ahí estaría Hermann Broch, con La muerte de Virgilio, o Malcom Lowry, con Bajo el Volcán?

Tu escritura trasluce un fructífero maridaje con la poesía, un labrado vínculo con la belleza narrativa, que en algunos de tus obras obedece a un deliberado propósito que busca ironizar con el lenguaje. ¿Existe algo que pueda llamarse belleza estilística?

¿Si un estilo es bello, es por ello “poético”? Yo creo que no; la belleza sola, aprehendida en sí misma, no es una cualidad. Y tampoco lo bello es por sí mismo poético. Todo el arte moderno en poesía, desde Baudelaire, es en cierta forma una crítica de lo bello. Lo que pasa es que a lo mejor en alguna novela, como en Una lección de abismo, he cultivado intencionadamente esa belleza estilística, porque su personaje central, Jasmin, era un “esteta” y estaba impregnado de toda esa manera de ver las cosas y el mundo. Ama la ópera, escribe bellos pensamientos, etc, al tiempo que se enfrenta con lo siniestro, y en su tarea es quizás tan coherente que cierto tipo de lectura, tiende a atribuirle todas esas cosas al mismo autor. Por eso, si hay un fallo en ella, es quizás el de confiar demasiado en la perspicacia del lector, en su capacidad de captar ciertos registros irónicos, que en el lector de hoy tienden a desaparecer. Sí, te confieso que busco una cierta magia el lenguaje, una cierta vida de las palabras en la escritura, en la que ellas digan lo que tienen que decir con una cierta luz. En el estilo tiene que haber savia, es decir, sabiduría del lenguaje, y la percepción de estas dos cosas siempre se entiende como algo bello, aunque a veces se utilicen palabras feas o malsonantes. Pero el estilo es algo muy serio, que constituye la verdadera aspiración del autor (una aspiración en la que se mezclan de la forma más cruenta vida y literatura) y por eso me gusta mucho reflexionar sobre aquella frase de Flaubert que dice más o menos así: “La perla es la enfermedad de la ostra y el estilo el derrame de un dolor más profundo”.

ESTADO CIVIL: INFIEL



Política y mesianismo

Por Hernando Urrutia *

Nos enfrentamos a nuevas épocas del Mesianismo en las que la política oficial se convierte en teología, se propagan nuevas sagradas escrituras que son descifradas por los iluminados (el séquito de incondicionales), como verdades teologales, y se crea una atmósfera fundamentalista que elimina todo análisis de circunstancias históricas, políticas, económicas, sociales y hasta geográficas, para alinearlas en los bandos morales del bien y el mal.

Según esta situación, la cátedra de la verdad (el bien) está en boca del elegido por Dios, quien se convierte en la autoridad espiritual, material de una nación, y como tal es ungido por los poderes divinos y llamado a expulsar el mal (encarnado en cualquier tipo de oposición).

A partir de ese planteamiento al cual están plegadas las esferas de opinión, le está permitido a todo mesías actuar a nombre de la fe y desbaratar cualquier asomo de dignidad o rebeldía, porque representando la claridad y la luz para su pueblo, tiene la misión de perpetuar por sécula seculorum "Su reinado de tipo feudal y monárquico".

“Ha triunfado el bien” gritan los desharrapados que se creen en el poder. El enceguecimiento y el fanatismo se pasean entonces por los campos de la cultura; la confrontación y la polarización generan hordas como ya se ha evidenciado históricamente y no hemos querido aprender la lección: en nombre del bien y contra Satanás, se han implementado desde las estrategias más sutiles hasta las más aberrantes agresiones y crueles persecuciones; así como a nombre de la libertad se ha eliminado a todos aquellos que han luchado por ella.

En medio de esta confusión que despierta la hegemónica macartización y la estigmatización que sataniza cualquier disidencia (ya no es la hoguera porque la tecnología ha facilitado otros métodos), se defiende la democracia dictada por Dios en boca de su profeta.

Definitivamente, nuestra historia contará a las nuevas generaciones, cómo sin haber condenado los horrores del pasado, se perdonan los del presente y se proyectan los del futuro.

*Poeta, cuentista y comunicador

Sobre el artificio de Fernando Denis

Por Gabriel Arturo Castro*

Ante la aparición del último libro de un poeta mal llamado “maldito".


Fernando Denis ejemplariza una tendencia preocupante en la poesía de nuestros días: la creación es un acto puramente literario, producto de un ensamble mecánico, estilístico y racional que no se transforma en un medio de creación de mundos auténticos, mediante una fuerza fundadora propia, novedosa y original. Su escritura es epigonal, pero los lectores snob de la literatura de Denis han elogiado su perfección formal, la simetría, el ingenio, el culto por el idioma y el estilo, sin detenerse en su artificio de imitación, lugar donde pierde su carácter individual y se torna una repetición de gestos de otros, versos reciclados, contrahechos, emulados, trasladados de sus lecturas sin la mediación del lenguaje personal. La literatura de Denis no está encarnada en el hombre ni pertenece a una experiencia vital, interior, propia e irrepetible.

Escritura paródica que falla en su elemental componente: el origen, la huella de la reproducción, una especie de tautología obsesiva o escritura jeroglífica que jamás se reactualiza, ni se descifra o evoca de nuevo para “tener algo que decir”. Así la escritura no crea, desarrolla o fabrica lenguaje propio que le impida repetirse por segunda o tercera vez. No posee el carácter inolvidable de la individualidad, su sello, impronta, huella única. Peter Sloterdijk diría que “nada se consigue exhibiendo simplemente las viejas marcas”, la señal simulada, afectada, falsa cicatriz, porque “la poesía habla de las marcas realizadas a fuego en el alma, de los caracteres grabados bajo la piel”. La literatura de Denis se convierte en arbitrariedad y retórica decorativa, elemental soporte de un ensamble eficaz, un truco que no impulsa ni comunica y que tampoco fecunda la imaginación, porque al imitar, al remedar, al no ser creador de lenguaje, lo descrito no poseerá una convicción honda, verbo desafiante, drama, exaltación, sino una convención formal, inesencial, sin pulsión ni seducción.

Porque, recordando a Miguel Delibes, algunos poemas se fraguan a temperatura propicia y otros no; en unos interviene el genio, el talento, y en los otros únicamente el oficio de la compilación y el acople.


*Poeta, ensayista, ganador de los concursos nacionales Aurelio Arturo y Ciro Mendía

Cartas de los lectores No. 119

LA SENILIDAD DE FUENTES. El escritor mexicano Carlos Fuentes, de glorioso pasado literario, parece haberse dejado morder por la serpiente de la senilidad y ya no quiere disimular más su admiración por el poder, su inscripción en la ultra-derecha latinoamericana, su apoyo ambiguo a un chistoso concepto de democracia. Su prólogo al libro del señor ex ministro Juan Manuel Santos y su ferviente defensa de lo que este Goebbels del uribismo representa parecen demostrarlo amargamente. Pero hay algo que me irrita más que nada y es el disfraz de alta inteligencia y sensibilidad preciosa con la que el perpetuo perdedor del Nobel quiere disfrazar su conservadurismo. Bien se sabe que el talento sirve para todo, y con frecuencia sus mediaciones resultan más infames que las de la estupidez o la ineptitud. El padre de Aura y de Polo Febo, de Artemio Cruz y de Guillermito-mito pasa a engrosar el ejército de los grandes genios que prestaron su artillería a raciones y proyectos del todo siniestros. Como le pasó alguna vez a Louis-Ferdinand Céline, a Giovanni Papini, a Ezra Pound, a Gabriel D’annunzio... Y pensar que alguna vez creímos que el derechista era Octavio Paz, quien con la revisión de sus textos se ubica para el lector más y más a la Izquierda… Pobrecita la imaginación, tan lejos ya de Camus y tan cercana del Diablo. Sara Montejo.

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EL APOYO ANUNCIADO. Señor director: la nueva salida a terreno del procurador Alejandro Ordoñez, su apoyo incondicional al proyecto de dictadura que se gesta en Colombia, es uno de los espectáculos más deprimentes, vergonzantes y grotescos que se hayan visto nunca en estas tierras, tan proclives a la farsa y la tragicomedia política. Pero bien, no es de extrañarse. Desde el principio se sabía que este gran animal medioeval arribaba a su silla de poder para servir de garante a las aspiraciones semi-secretas de nuestro presidente, y que faltando pocos kilómetros para la justa electoral subiría al cuadrilátero a intentar darle un aire de legitimidad al atropello. Su aval es importante para el cumplimiento del proyecto nefasto, y solamente nos queda la esperanza de que la Corte Constitucional decrete la ilegitimidad de la segunda re-elección. De lo contrario habrá Uribe para rato. Norma Diaz, Bogotá

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PÓLIZAS DE CUMPLIMIENTO. Como todos sabemos la burocracia no deja de inventar estrategias para legitimar la corrupción por lo cual ahora los contratistas colombianos se ven obligados a realizar cada vez más procesos si desean trabajar con el estado o vender sus servicios. Cada semana los trámites se complican y se incluyen nuevos documentos para justificar cargos políticos de personas que al interior de los institutos y ministerios no hacen nada por el país. Sin embargo hemos llegado a una fase más alarmante con la invención de las pólizas de cumplimiento que muchas veces son innecesarias -como cuando se trata de venta de bienes o productos- pues el pago lo realizan las entidades oficiales después de la entrega de estos productos por parte del contratista; entonces yo me pregunto: ¿por qué debemos pagar pólizas de cumplimiento si ya se han hecho las entregadas pactadas? ¿Para enriquecer a las “pobres” aseguradoras?, que por si no lo saben es el segundo sector más rentable de nuestra tercermundista economía, después como lo adivinarán de la nefasta banca. Amalia Fernández, microempresaria.

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ENCUESTA DE ARTISTAS COLOMBIANOS. Gracias a Con-Fabulación pudimos recordar artistas como Góngora, Cogollo, Epifanio Garay, Oscar Muñoz, entre otros. El arte colombiano no es sólo lo que piensa Gloria Zea sino la estética que gozamos centenares de ciudadanos. Muy bien por esa encuesta confabulados! Armando Buitrago, profesor de artes plásticas.

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EL LABERINTO DE NUESTRA SOLEDAD. Ahora que no queda uribismo sino en Colombia, pues hasta los norteamericanos -empezando por Obama y Hillary- sospechan que la nueva re-elección volará en mil pedazos los resortes de la endeble y fantasmagórica mecánica nacional, estamos abocados a saborear completo nuestro intenso, dramático y fatal laberinto de la soledad. Pues es comprensible que este tercer capítulo será el definitivo. La partida última en la que habrán de quemarse todos los cartuchos de un sueño imperial teñido de relámpagos falangistas. Pero, como la vigilancia internacional ya es constante empezaremos a vernos reducidos a un rincón excéntrico del discurso ideológico internacional. Será la apoteosis del inflamado sueño patriotero, del optimismo y la patria boba, en síntesis, la apoteosis de una quimera insensata. Andrés Hidalgo, Medellín

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LA PARODIA FARQUETA. El dichoso video de las Farc, realizado por argentinos y que ha recorrido los escenarios europeos, nos deja la sensación de un montaje vil, un falso positivo venido de otro toldo, una falacia de proporciones increíbles. Quién puede creer que este ejército todavía sea el vocero del campesinado colombiano o represente una quimera de justicia, cuando los hechos lo único que demuestran es que se trata de un hilarante y trágico pelotón cuyo gendarme mayor es el fantasma de Stalin? No te dejes comprar, pero tampoco vender... Mónica Londoño

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MEMORABILIA DEL CONGRESO. Felicitaciones a los senadores que durante el año pasado dieron los debates más polémicos, esos que nos propician la ilusión de que no todo está perdido, y que en esas sillas ostentosas no solamente se sientan complacientes servidores del sistema imperante. Entre ellos destaco a Jorge Enrique Robledo por sus tres explosivas intervenciones acerca del TLC, los hijos del presidente y Agro-ingreso Seguro, y a Germán Navas Talero por su ponencia tendiente a inhabilitar a los congresistas que apoyan la segunda re-elección. Carlos Arturo Fernández.

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Los 50 elegidos: Resultados de la encuesta de artes plásticas

Resultados de la gran encuesta del Museo Arte Erótico Americano MaReA y Con-Fabulación Periódico Virtual sobre artes plásticas, realizada durante las últimas 8 semanas


Entre 439 listas enviadas por los más sobresalientes artistas, intelectuales, críticos, escritores y hedonistas colombianos elegimos los 50 creadores que más obsesionan a nuestros confabulados. Aquí están pues, los 50 imprescindibles, los elegidos: el ejército sublime.


1) Alejandro Obregón: 252

2) Luis Caballero: 221

3) Fernando Botero: 196

4) Débora Arango: 142

5) Edgar Negret: 125

6) Armando Villegas: 119

7) Ángel Loochkartt: 109

8) Jim Amaral: 101

9) Leonel Góngora: 99

10) Juan Antonio Roda: 92

11) Eduardo Ramírez Villamizar: 90

12) Andrés de Santa María: 85

13) Epifanio Garay: 83

14) David Manzur: 82

15) Enrique Grau: 81

16) Darío Morales: 80

17) Omar Rayo: 76

18) Rodrigo Arenas Betancourt: 75

19) Carlos Granada: 68

20) Guillermo Wiedemann: 67

21) Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos: 65

22) Pedro Nel Gómez: 65

23) Pedro Alcántara Herrán: 58

24) Gonzalo Ariza: 52

25) Fernando Maldonado: 47

26) Doris Salcedo: 46

27) Ignacio Gómez Jaramillo: 42

28) Ricardo Acevedo Bernal: 42

29) Santiago Cárdenas: 41

30) Augusto Rendón: 40

31) Feliza Bursztyn: 39

32) Juan Cárdenas: 37

33) Heriberto Cogollo: 36

34) Darío Ortiz: 34

35) Carlos Rojas: 33

36) Oscar Muñoz: 31

37) Olga de Amaral: 30

38) Bernardo Salcedo: 29

39) Lucy Tejada: 28

40) Germán Londoño: 27

41) Lorenzo Jaramillo: 26

42) Miguel Ángel Rojas: 26

43) Rómulo Rozo: 25

44) Alfredo Araújo Santoyo: 23

45) María Teresa Hincapié: 22

46) Eduardo Esparza: 21

47) Álvaro Barrios: 20

48) Manuel Hernández: 19

49) Jesús María Zamora: 18

50) Nicolás de la Hoz: 17




Con numerosa votación pero sin alcanzar el umbral necesario para estar entre los elegidos quedaron los artistas: Gregorio Cuartas, Manolo Colmenares, José María Espinoza, Leonel Estrada, Norman Mejía, Luciano Jaramillo, Augusto Rivera, Carlos Correa, Luis Alberto Acuña, Roberto Pizano, Jorge Mantilla Caballero, Leo Matiz, Umberto Giangrandi, Ricardo Borrero Álvarez, Darío Jiménez, Carlos Salas, Nadín Ospina, Alipio Jaramillo, Luis Luna, José Antonio Suárez, Antonio Samudio, Gaston Bettelli, Dioscórides, Gilberto Cerón, Hernán Díaz, Cecilia Porras, Edilberto Sierra e Iván Rickenmann…



El triunfo de Obregón: Maldoror

Sorpresas nos da la vida: Sobre la encuesta colombiana de artes plásticas

Por Fernando Guinard (Director del Marea)

En países subdesarrollados donde la mayoría de la población que elige pobre y manipulable, se vive en una dictadura de la ignorancia. Los gobernantes son elegidos por una masa que en pleno siglo XXI todavía cree en dioses humanizados y en humanos divinizados, en mitos religiosos y en supersticiones dogmáticas.

Una encuesta relacionada con las preferencias subjetivas de cada quien con respecto a la obra que ha permanecido en su memoria a través de los tiempos tiene muchas limitantes pues sólo participan personas que tienen conocimiento con respecto a las artes visuales. Mejor dicho una minoría culta con sensibilidad y conocimiento, los “famosos intelectuales”.

Y eso que el loco Álvaro Bejarano dice: “La vida me enseñó que no hay nada más bruto que un intelectual colombiano”.

Exagera un poco. Por ejemplo en esta encuesta, cuyo universo eran los artistas plásticos y visuales desde la época de la colonia hasta nuestros días, hubo un personaje que votó por los indígenas de diferentes culturas convertidos en un maestro único. ¿Por qué será que no entienden?

Sin embargo los intelectuales tienen una percepción superior del hecho estético con respecto a la masa.

Entre los diez artistas de la memoria estuve de acuerdo con los encuestados en votar por Alejandro Obregón, el gran pintor colombiano, el mago que después de muerto seguía produciendo esculturas en mármol de todos los tamaños y todos los colores para todos los gustos. Y por Luis Caballero dibujante y pintor de fuerza descomunal y exquisita factura que se hubiera escandalizado al invitársele a participar para elegir los 50 de la memoria, cuando él consideraba que en este país no existían siquiera 10 artistas.

Y por el maestro Fernando Botero, indudablemente el artista colombiano más representativo en la historia, cuya trayectoria e influencia en la formación de una juventud desencantada es muy admirable, los colegas le han cobrado, con eficiencia, las palabras con las que se ha referido respecto a ellos cuando en una ocasión dijo que en Colombia “los artistas son todos derivados”, que él era el único original y que la virgen santísima le había hecho el milagro.

Sin embargo cuando uno observa, por ejemplo la obra de los expresionistas colombianos Loochkartt o Alejandro Obregón, y la compara con la de los europeos, se puede deducir que sólo se parecen en la espontaneidad del gesto. Juan Antonio Roda, es un excelente pintor, dibujante y grabador. Y ha navegado por la figuración y la abstracción como pez en el agua, como el maestro Armando Villegas, el pintor figurativo y abstracto que más ha profundizado sobre la temática de las fabulaciones indígenas de América cuyos mundos sobrenaturales ha plasmado en el realismo mágico que evoca su pintura.

Voté por Olga de Amaral por su capacidad para ascender al mundo sobrenatural de lo sensible, porque cuando observo una obra de ella me produce un placer genial, un acto de fe a las deidades ancestrales. Obra de ella se puede observar en los mejores museos del mundo. Para que se desembrutezcan un poco.

Y voté por el pintor y dibujante Augusto Rivera porque “cuando se quiere explicar lo inexplicable el mito ingresa en la poesía. Como el maestro Augusto Rivera, en la votación quedó en los últimos lugares, en la página del Museo Erótico Americano pueden tener información al respecto.

Y voté por Fernando Maldonado, pintor, dibujante y educador, creador de mundos paralelos, atmósferas creíbles.

En estas encuestas abiertas también se presentan artistas sin ética, que votan por ellos mismos, o porque son débiles y piensan inmortalizarse con Con-fabulación y el MaReA.

Me extrañó mucho la baja votación que tuvieron artistas como Nadín Ospina, Carlos Jacanamijoy, Fernando Uhía, Humberto Junca, y la escasísima votación de Beatriz González, burócrata de la cultura, teórica del Ministerio de Cultura, curadora durante muchos años del Museo Nacional, y jefe de adquisiciones de la Colección del Banco de la República cuya votación fue ridícula. Algo nuevo está pasando. Las mentiras y los falsos ídolos están cayendo, o los están desenmascarando.

Sorpresas nos da la vida.

Los 50 Elegidos

Por Iván Beltrán Castillo

¿Por qué nos apasionan tanto las encuestas, los listados, las antologías, las clasificaciones, los balances? Tenemos acaso una necesidad latente de encapsular nuestra vida, darle un orden al aparente caos y, para decirlo en lenguaje precisamente pictórico, mirar el lienzo completo con la reposada sensación del séptimo día? Pues bien, esta adorable fijación consagratoria quedó demostrada plenamente en nuestra segunda gran encuesta, tan exitosa como la anterior, y cuyo fin fue encontrar los 50 inolvidables, grandes y posiblemente duraderos artistas de la plástica colombiana. Habemus, pues, arcadia de los demiurgos de las formas.

En el momento de cerrar esta edición, la cantidad de listas enviadas ascendía a 439, cifra nada despreciable, y tenemos motivos para sospechar que aún después de concluido el torneo nos llegarán otras. Sin embargo ya nada podrá alterar los grandes resultados. Es bueno recordar que en esta empresa colaboraron con nosotros personajes públicos, voces afamadas y gente del común. A todos les agradecemos su participación en el juego.

Pero, antes de “pasar a manteles”, es bueno hacer unas pocas consideraciones, en la tentativa de interpretar humildemente lo que esta votación entraña.

1. Indiscutiblemente Alejandro Obregón, el dueño de un universo donde el color se convierte en una mística, una metafísica sensual y una rabiosa sed de existencia, no encontró adversarios que le riñeran o pusieran en peligro. Ganó de manera merecida y rotunda. Sin embargo, pensamos que, además de su majestuosa obra, es posible que el mito erigido por su atafagada, exuberante, picaresca y fantasiosa vida haya sido sugestivo a la hora de votar.

2. El abstraccionismo, tan fomentado en ciertos círculos y tan venerado por el ghetto de los esteticistas puros, perdió casi todo el terreno que se suponía suyo. Solamente unos pocos, aunque sin duda grandiosos, nombres de esta tendencia, figuran en la encuesta.

3. El kitsch, el camp, el pop, el naif, el arte conceptual, la instalación, el performance y otras expresiones que nacen y se desarrollan a la sombra de la subcultura y los mass-media, tampoco ascendieron hasta notables escaños, pese a que entre nosotros hay muy buenos representantes de estas tendencias.

4. Se atenúa notablemente la herencia y el legado de Martha Traba, la temida papisa argentina de los años sesenta, quien fungió de crítica implacable investida de un poder absurdo. En algún instante, no se movía una hoja –o mejor dicho, un cuadro- sin su bendición. Esto parece haber tocado a su fin.

5. Ocupan puestos privilegiados representantes del expresionismo colombiano, que ha sido un tanto menospreciado por la oficialidad y que fue condenado por buena parte de los críticos, marchantes y coleccionistas, a cierta insularidad. ¿Figuras como Leonel Góngora, Ángel Loochkartt, Pedro Alcántara Herrán y Carlos Granada, anuncian acaso un porvenir dichoso para esta significativa tendencia en el arte colombiano?

6. De los artistas elegidos no hay muchos que hayan sido invitados a exponer en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. ¿Quiere eso decir que el gran museo se encuentra de espaldas al torrente vital del arte colombiano? ¿Que no son tan acertadas las brújulas y los parámetros estéticos de su directora, críticos y curadores?

7. Asombra la estelaridad de la legendaria pintora antioqueña Débora Arango, quien siempre estuvo relegada a la marginalidad tanto por su posición vital como por no comulgar con las estratagemas comerciales del arte.

8. En la gran lista de 50 privilegiados figuran con un caudal notable de votos, unos pocos artistas aún jóvenes, lo que significa que acceden tempranamente a un lugar de honor en nuestra historia plástica. Es apasionante hacer cábalas sobre el porvenir de estos creadores, entre los que sobresalen con enorme aceptación Fernando Maldonado, Doris Salcedo, Darío Ortiz, Germán Londoño, Alfredo Araújo Santoyo, Eduardo Esparza y Nicolás De la hoz…

9. Es satisfactorio ver cómo, además de pintores y escultores, trabajadores de otras disciplinas también recibieron el favor de los participantes. Exactamente fueron cinco fotógrafos y un arquitecto: Leo Matiz, Hernán Díaz, Fernell Franco, Abdu Eljaiek, Carlos Duque y el gran Rogelio Salmona.



Gran encuesta de Artes Plásticas