No. 420 Temperatura imaginaria




Homenaje

El jueves 7 de julio a las 6,30 en Luvina Librería Galería Café, (Carrera 5 No. 26C-06, se rendirá un homenaje a Gonzalo Márquez Cristo. Estarán como oferentes Fabio Jurado, Carlos Fajardo y Amparo Osorio. Ojalá puedan acompañarnos. Los esperamos,


Temperatura imaginaria


La significativa nota que publicamos a continuación, es el testimonio de uno de los más importantes poetas franceses, sobre su lectura de El Tempestario y otros relatos.
TeMPERATURA IMAGINARIA
Por Claude Fell

Los breves e intensos textos de El Tempestario me producen fascinación, por su temperatura imaginaria, por su concisión poética, por su provocación de sorpresas, y me incitan a volver a las actas del Coloquio que organizamos en la Sorbona en 1996 sobre las formas breves.

(París, Francia, noviembre 2 de 1998)




 

Mito

Volverás a salir de mi cuerpo hasta cuando sepas tu nombre verdadero, y sólo entonces podrás partir, enceguecido... y guiado por Antígona.

De lo inexorable

Soy uno de los genios heréticos que se rebelaron contra el Gran Soleimán, hijo de David (¡que sobre los dos haya paz!)
Descifrando mis artilugios el magnífico rey me derrotó y me castigó encerrándome en esta página, atrapándome en sus líneas, utilizando sus palabras como lianas, obligándome por siempre a este inútil monólogo exaltado.
Según lo establecido mi desolación será eterna; y sólo me es concedida una efímera libertad, una interrupción de mi condena, una huida de esta cárcel terrible de papel, durante el breve tiempo que algún desprevenido lector ocupe mi lugar...

La decepción

Ardiente he recobrado el único amor que entiendo y otra vez pertenezco a la noche. Ese extraño hombre a todos nos engañó con la verdad... —estremecida dijo María de Mágdalo.

La elección del árbol

Él pensó que los traidores eran héroes en la aldea vecina, que ser cobarde era perseguir otra causa, más humana, y que la suya siempre fue una soledad incomprensible, imperturbable, que sólo el amor soñado por ese profeta pudo producir.
Y como ya los había salvado a todos, acopiaría su coraje y entonces... —pensó Judas.

 Las tumbas de Arez

 El hechicero dedujo que sólo durante la agonía le sería factible realizar su obra maestra. Sabiendo que el rey y su pueblo aguardaban en la distancia su prometido sortilegio, bebió el lento veneno seguro de que con sus últimas fuerzas animaría las formas de centenares de guerreros idénticos a él, capaces de avanzar temerariamente hacia las hordas enemigas.
El tercer día de junio de 1384 en la meseta de Arez la estratagema fue decisiva, y el rey contemplando la asombrosa acción ilusoria juró que después del triunfo ordenaría construir un vasto, extraño cementerio poblado por mil lápidas inscritas con el mismo nombre y epitafio, para albergar las múltiples imágenes desdobladas del gran mago heroico y fiel: del ubicuo muerto.


 Tláloc

No, no puedo creer en un regreso que siempre tenga la forma de la lluvia.


 El cumplimiento

A bdu-l-Muluk llamó a su emisario y le encomendó llevar un mensaje para el rey de la ciudad que había sitiado. Este lo leyó y ordenó la ejecución del portador de la misiva.
Ante el fracaso de su misión envió un segundo estafeta; quien conociendo el final adverso de su antecesor, rompió el sello y leyó la peligrosa propuesta que decía: Ejecuta de nuevo al enviado si deseas acometer la más difícil de tus guerras, o devuélvelo con un signo de paz. Atemorizado el mensajero eligió desertar.
Abdu-l-Muluk esperó con impaciencia el retorno de su enviado, y al no verificarse pensando que la respuesta era la batalla, decidió emprender su ataque, rebasó las murallas de la ciudad sitiada, asoló al ejército enemigo y usurpó el trono de Bahram.
Ante aquel desarrollo de la historia el desertor optó por unirse a su ejército vencedor. Abdu-l-Muluk al reconocerlo le dijo: Sospeché que habías sido ejecutado. No repruebo la traición; sin embargo te pedí que llevaras un mensaje al rey de la ciudad sitiada. Ahora ese rey soy yo, y como no has cumplido la orden he decidido para mañana tu último amanecer.




La Risa del ahorcado

La aventura del viaje por el tiempo
Por Gabriel Arturo Castro



En la obra poética de Henry Luque Muñoz (1944-2005), compilada en un libro vital que lleva por título La risa del ahorcado (Editorial Universidad Javeriana),  domina la expresión de una poesía meditada,  trascendente, llena de vigor, color, tono y calidez. Poesía que es comunicada desde un movimiento elocuente e intenso, junto a la musicalidad de la palabra y la luminosidad de las imágenes.

Luque asume la poesía como provocación, libre de toda atadura retórica; nos invita a recorrer mundos insospechados mediante la aventura del viaje por el tiempo y la palabra sostenida, como diría Fredy Yezzed, compilador y prologuista de la antología: “La herramienta más trabajada por Luque Muñoz, aparte de la imagen, la metáfora, el símil y la alegoría, se manifiesta en el manejo hábil, sereno y calculador de los contrastes. Algunos de los contrapuntos más visibles de su poesía se dan entre el dolor y el placer, el bien y el mal, lo divino y lo profano, la luz y la sombra, el tirano y el oprimido, el conquistador y el indígena, lo bello y lo monstruoso, lo moderno y lo clásico”.

Luque Muñoz le infunde a la realidad la carga de una animosa actitud emocional, los sueños del pasado despiertan para actualizarlos en una clara vigilia. Allí siempre el símbolo juega parte importante en la comunicación; el animal es un poderoso medio para expresar afectos, debilidades, temores o ansiedades; y el drama atraviesa la obra para definir su profundidad interior.
Advertimos siempre en La risa del ahorcado un decir vehemente, una intensidad expresiva, sostenida, un espíritu rítmico logrado por la agrupación de imágenes y la tendencia a recurrir al pasado para hacer una lectura contemporánea de hechos históricos o episodios sublimados por la lírica personal. Lírica que podemos definir como una mezcla de universos extraños, de dureza en los motivos y presencia de lo fantástico, de lo espléndido, lo maravilloso y lo raro. Lo fantástico hace que las reglas de causalidad propias del mundo real se rompan en virtud de efectos sobrenaturales. Construcciones imaginarias que fácilmente se condensan en nuestra realidad diaria.

Siempre esta palabra posee un afán de interpretación y reconstrucción, donde el florecimiento de los motivos caen en tierra propicia para la imaginación del espíritu.

La poesía vista desde este enfoque posee cohesión orgánica, pues cada vocablo tiene una parte precisa, una función por desempeñar: arquitectura con fervor, alejada de la frialdad, impetuosa artesanía del lenguaje, fantástico juego de imágenes, atmósferas equilibradas para que los sueños y pesadillas tomen forma, virtud de una escritura que hace de un universo algo compacto, semejante a la unidad espiritual que tanto deseamos, así sus páginas estén llenas de metamorfosis, evoluciones, mutaciones y secuencias dramáticas.
Es que el lector puede asociar símbolos e imágenes para darle al texto una continuidad necesaria de significación, en medio de aquellos aires singulares e infrecuentes, antiguos y radicalmente distintos, como una melodía litúrgica que intenta conjurar a través de la ironía y el amor los aspectos terroríficos de la realidad.

Henry Luque Muñoz, en otras palabras, sugiere y concibe que es posible desde la poesía trazar imágenes imperecederas, resistentes al tiempo y al espacio. Pero todo parte de la imaginación del autor, del juego de su palabra escrita, de su tiempo auténtico, mediante el cual nos podemos remontar a cualquier época, pasada, presente o futura; recrearla y convertirla en un mundo tangible.

Luego de un recorrido entusiasta por libros como Sol cuello cortado; Lo que puede la mirada; Libro de los caminos; Polen de lejanía; Arqueología del silencio y el volumen inédito Antología apócrifa, tenemos la sensación de haber  asistido “a un banquete de magia, intensidad y deseo”, según la justa afirmación de Fredy Yezzed.
La edición de La risa del ahorcado es un  merecido homenaje para un gran poeta, ensayista, crítico literario y profesor universitario.


Homenaje

Por Gustavo Tatis Guerra

Algo de nosotros muere con la muerte de Gonzalo Márquez Cristo. Algo puro estremece el silencio del cielo y se desgarra en nubes blanquísimas y derrama las lágrimas del paraíso. El bosque lamenta la iluminada soledad de las raíces y pregunta por el corazón de Gonzalo lleno de augurios y pájaros. El bosque sacude la sombra errante del viento. El canto de las hojas se sumerge en las aguas de nuestro llanto, en la mudanza efímera de nuestro cuerpo. Hasta pronto, Gonzalo. Tu abecedario encantado es eterno.

PARA TI GONZALO

Aquí estoy bajo los frutos dorados de tu errancia.
Bajo la luz de tu alfabeto de tierra navegada.
Bajo la pureza intocada de tus sílabas.
En el corazón visionario de tus preguntas
¿Quién dijo que morir es viajar?
Aquí estoy al pie de tu silencio
Peregrino iluminado
Al pie de la mudez desgarrada de las nubes
Al pie del llanto de las hojas
Al pie de tus ojos de niño sabio cazador de augurios
Ardiente lector de crepúsculos de agua y auroras de piedra
Al pie de la resurrección de tu alma
Y el Apocalipsis de la rosa
Aquí hermano más solo que mi propia sombra
Viendo al árbol sediento de luz que se sumerge en mis lágrimas
Y no hay sombra, Gonzalo
Algo de mí viaja en el tren de tu partida.
En el reino innombrable donde duermen
los milagros invisibles y eternos
La rosa se deshoja

Para quién se escribe

Por Amilcar Bernal Calderón

La asociación de ideas resultante de la coincidencia entre un libro de la biblioteca rayado por un vándalo lector y el recuerdo de la imposible lectura de la novela Ulises, de don James Joyce, posibilitó que en esta madrugada de sábado insomne, tratando de leer a don Julio Cortázar, me haya dado por escribir este exabrupto, que seguramente no será publicado por nadie que respete los monumentos y se incline ante los mitos que la inercia erige. Me refiero a la inercia, porque estoy acostumbrado a que en el ámbito literario se convierte en norma lo que cualquier crítico proclama, aunque el pobre se haya equivocado o esté loquito o le hayan pagado (alguna editorial necesitada de vender un ladrillo disfrazado de novela) para que afirme lo que afirma. Agradezco recordar que al pobre gerundio le cayó la roya desde cuando un crítico dijo que estaba mal usarlo en literatura, o el caso del cuento chino de que en los cuentos es más valioso lo que se oculta que lo que se dice, la teoría del iceberg, que sirvió para vender muchas veces los tontos cuentos de don Ernest Heminway. Ojalá se despierten los polemistas y la emprendan contra mí, lo que me hará sentir vivo a pesar de lo mortuorio de mi edad.

Ya la semana pasada había abandonado la lectura de la novela El examen, también de don Julio, y me había quedado en la boca el regusto amargo del recuerdo de mis vanos intentos de leer Ulises, del irlandés de marras, amén de mis lecturas de Rayuela y Sesenta y dos, modelo para armar, del recordado Cronopio, que en su momento, cuando era joven y soberbio, me habían gustado. Nótese que ya anteriormente me había disgustado, en los cuentos de Cortázar, esa fastidiosa y persistente utilización de la coma donde debiera ir punto y coma o punto seguido, lo cual agradezco me sea explicado, o sustentado literaria y sabiamente, por alguno de los que se vayan lanza en ristre contra mis exabruptos. Pero también aclaro que encuentro muy poética la prosa cortazariana, a pesar de los problemas arriba citados, para mí, tanto que gozo mucho abriendo sus citadas novelas en cualquier página y dejándome llevar por sus figuras, sus imágenes, sin necesidad de enterarme del argumento de ellas. Recomiendo la lectura del poemario Algunos pameos y otros prosemas, de don Julio Cortázar (¡sí, también era poeta, sí, oh, sí!), que publicó Plaza & Janés Editores, S.A. en el año 2000. Yo puedo prestar el ejemplar que tengo, siempre y cuando quien me lo pida no sea político, cura o militar.

Hoy estoy abandonando la lectura de la novela Divertimento, también de don Julio, a quien parece que se la monté, in memoriam, porque la encuentro, igual que todas las anteriormente citadas, plagada de palabras abstrusas, de citas en inglés y francés, crípticas alusiones a pintores, literatos y músicos, amén de las incoherencias de sus personajes que, a mí que tengo experiencia en esos viajes, me parece que “se la fumaron verde”.
Cito, para comenzar, el prólogo escrito por don José María Valverde para la 8.a edición de Ulises, editorial Bruguera, 1983, que dice así:

“La mejor manera de leer Ulises sería zambullirse directamente en sus páginas, dejándose llevar por el poderío musical y ambiental de su palabra, y encomendando confiadamente sus oscuridades a la esperanza de una gradual familiarización con la obra. Sólo para la relectura -esencial como en toda gran cima de la literatura universal- sería ya plenamente lícito utilizar informaciones y referencias externas. De hecho, lo relatado en Ulises es sencillísimo, y aun vulgar: la dificultad del libro radica en que su autor, como gran poeta que es, aunque en prosa, tiene una viva memoria verbal –incluso auditiva- y no sólo incorpora las innumerables asociaciones lingüísticas que hay en su mente –citas literarias, trozos de óperas, canciones, vocablos extranjeros, chistes y juegos de palabras, términos teológicos y científicos, etcétera- sino que supone que el lector debe tener el mismo don de buena memoria –aparte de que, lo que ya es demasiado pedir, ha de poseer su mismo archivo de recuerdos sonoros…”

Les informo que este prólogo tiene una extensión de sesentaicinco páginas, porque seguramente el prologuista se extendió tratando de convencer al lector de que leyera la novela, a pesar de lo descorazonador (para los lectores como yo, que ven la literatura como una fuente de diversión, no de sabiduría) del comienzo del prólogo.

Ahora bien, antier, cuando llegué al mostrador de la biblioteca donde tramitan el préstamo de los libros, ojeé el ejemplar de Divertimento y encontré que el anterior lector –que ojalá se pudra en el infierno de los libros quemados por los inquisidores de todas las pelambres- había subrayado con lápiz las palabras que no entendía, montones, lo que fue, seguramente, la primera piedra de este castillo que está sacando de sus casillas a los literatos prepotentes que leen y escriben para descrestar calentanos, sin interesarse por la claridad y sencillez –no ajenas al buen arte- que debe acompañar a una obra destinada a divertir por la vía del asombro. Nótese que leyendo a Gabo, por ejemplo, varias veces en una misma página me he quedado sin aliento, tomado por esa alegría visceral y paralizante que contagia el ingenio, la genialidad, mientras en una misma página de las arriba citadas novelas, varias veces he sentido la necesidad de acudir al diccionario, a un buscador de internet, lo cual es un factor de distracción que hace perder el hilo de la narración y es la causa del abandono de la lectura.

Es bien probable que don Julio haya tratado de emular a don James, y a fe mía que lo consiguió en estas novelas y algunos de sus relatos (escritas para sabios, académicos, críticos, melómanos, lingüistas, estudiosos, ñoños, etc.), pero eso únicamente los iguala en el panteón de lo críptico, lo ilegible, lo desechable, que no es el cielo al que diariamente me lleva la buena literatura, y me obliga a formular la pregunta que da título a este disparate que seguramente se ha de comer el cajón de la basura.

Casimiro de Brito. Del libro: El amor, la muerte y otros vicios
Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores.  
(Traducción de Montserrat Gibert)

432

Escribo poesía escribo
una lengua de muertos
que nunca morirá.
Tal como estuve en la barriga de madres
tal como estoy en el seno de mi amada,
escribo poesía, un idioma
que no domino. El amor
no se domina. Una loncha de tierra fresca
comida en la lengua y en tu boca,
donde bebo incansable pues seno
es todo. Bajo el peso del paraíso
recorro la vida y la muerte
en el mismo instante.
Escribo poesía escribo
como quien se baña en el agua
más antigua y siempre
inaugural. La boca en un oído
que no se revela.
Todo es seno, y duele. Escribo
con el cuerpo y el cuerpo,
aunque es de noche,
va con las nubes
y no mira
hacia atrás.

Rilke. San Juan de la Cruz

380

Antes de la sílaba
hay una voz antigua
escondida
en mi corazón



CARTAS DE LOS LECTORES

CONFABULADOS:
Es vergonzoso que el gobierno central apruebe un alza desmesurada para senadores y congresitas que ahora ganarán la nada despreciable suma de veintisiete millones novecientos veintinueve mil pesos mensuales (27.929.064).  Un acto humillante para el resto del país trabajador, que en muchas ocasiones, casi un 78%, apenas si tiene que sobrevivir con un salario mínimo de $689.454.oo. ¿Quién se pronuncia? ¿Quién dice o hace algo? Esta carta la envié a diversos medios y fue a parar al cesto de la basura. ¿Será que llegó a ese 22% restante que permanece callado por pertenecer al otro país de salarios medios que fluctúa entre los 3.5 y los 10.5 millones de pesos al mes? Javier Monsalve Arenas, Economista
***

CONFABULADOS: Me emociona profundamente la sucesión de homenajes que se han hecho a Gonzalo por su fallecimiento. Un acto noble de justo merecimiento para un hombre que dejó una vasta obra dentro de la literatura colombiana. Sin embargo manifiesto mi enorme extrañeza en el sentido de no haber escuchado ni visto pronunciamiento alguno por parte de las instituciones que manejan la cultura tales como el Ministerio del ramo, Idartes, etc., lo que demuestra a todas luces que a dichas entidades solo las conmueve la oficialidad. Efren López Díaz, Asiduo lector


No. 419 Alegorías del último hombre


Alegorías del último hombre


Continuando con nuestro propósito de irradiar la obra de Gonzalo Márquez Cristo, publicamos la nota escrita por el poeta francés Roger Munier, sobre sus impresiones de este libro, y en esta segunda entrega cinco breves textos del mismo.


Alegorías del último hombre
Por Roger Munier

Las fábulas que componen este libro encuentran su locura vertiginosa y tranquila. Su escritura transparente se ajusta a la magia del universo que devela.
Debería preguntarle al autor: ¿Me perdona si reconozco las marcas de una desesperanza magistral y serena? El Tempestario podría portar el subtítulo: alegorías del último hombre.

(Le Lyaumont, Francia, julio 31 de 1998).


 

Simetrías

Ha anochecido. Yo Hazra Kidu, salí de pesca y no tuve ayuda de la suerte. Todas las veces que tendí la red surgió vacía porque la quinta de mis mujeres peinaba en casa su larga cabellera, a pesar de mi interdicto. Mientras cantaba buscando los matices de su voz, el viento aquí encarnó su furor alrededor de mi navío. La tempestad es intensa, mis manos sangran de tanto combatir contra el temporal.
La imagino entrando en la alcoba; ahora ella se desnuda: las velas se rompen y quedo a la deriva. Presiento la fatalidad de su propósito. Si riega su copa de vino —es sabido— me será difícil sobrevivir.
Si decide apagar la lámpara, se nublará el cielo, me extraviaré y nunca hallaré el camino de retorno.
Ignoro si podré vengarme: es tan larga la noche...

El Tempestario

Ahora preparo mi fin. Los capitanes de las embarcaciones vinieron con oro a comprarme el viento, y yo, Lemitor, el chamán, el dueño de la lluvia, el que puede extender una red entre dos montañas para detener el sol, he fracasado.
Hace siete días desaté el primer nudo de la soga hechizada para provocar la brisa. Ayer, el segundo, que usualmente libera una atenuada tempestad: pero el sortilegio ha sido infructuoso. Ignoro por qué razón esta vez no he podido conjurar al viento.
Aún la quietud exaspera a los comerciantes y viajeros que aguardan ansiosos en el malecón. Ya la convicción en mi nombre se ha desvanecido. Debo acudir a un artilugio extremo antes que ofrecerme como víctima. Tengo que sobrevivir...
Pronto la multitud rodea mi casa injuriándome, disponiéndose para mi linchamiento; entonces procedo a desatar el tercer nudo. Es tarde para ser prudente. Rebaso los límites, lo arriesgo todo. Desconozco las fatales consecuencias. Sé —y me hace feliz— que mis gritos y el estrépito de los agresores impiden oír el nacimiento del rugido devastador del huracán.

Los dioses agónicos

Después de la meseta del roble, se asciende a la montaña del Ruk-abir que significa: casa de los solitarios, es decir de los dioses, de los pocos y desolados supervivientes hacedores de la tempestad.
A pesar de su tamaño y de mi proximidad a su oculta morada afirmo que nunca los he visto aunque su presencia es innegable, y sus gemidos quiebran y patetizan nuestras noches sobresaltadas... Pero condenados a su cercanía sabemos desde niños que nadie puede huir de la comarca porque nuestro designio es liberar a los hombres de su terrible existencia, cuando se haga evidente el signo del Sol.
Hemos aguardado ese acontecimiento durante innumerables generaciones y tenemos la certidumbre de que es a nosotros a quienes corresponderá el privilegio de acudir al temerario combate, aprovechando la prolongada agonía lastimera de ellos. Por eso durante los últimos meses los preparativos se han acentuado. Siguiendo una convincente profecía dejamos de trabajar la tierra dedicándonos a la hechura de lanzas, arcos, saetas, y ajustando a los escasos caballos sus férreas armaduras.
Yo ignoro el por qué de nuestra cruel misión y de la legendaria costumbre de estar siempre atentos para aprovechar la infrecuente señal. Desconozco si en épocas pretéritas nuestro pueblo —o una horda vecina— emprendió algún asalto contra ellos, o si sus lamentos son prueba de que se han reducido sus fuerzas y ha llegado el tiempo de vencerlos en dicha contienda.
Preparado en silencio, usando como todos el disfraz de nuestra emblemática águila, advierto que la angustiosa espera milenaria ha culminado.
Durante toda la mañana centenares de guerreros escalamos la rocosa montaña seguros de que sólo a mediodía el Sol en su esplendor puede abolirle a los frágiles gigantes su sombra (oscura extensión donde radica su supremacía) para que logremos ejecutar nuestro designio.
Al llegar a la cima, el astro en el cenit nos impulsa a cumplir nuestra estratagema sangrienta. Sin embargo frente a ellos, asombrados al notar que no ejercen resistencia, los conducimos atados con lianas, vendados, hostigados por lanzas y gritos, heridos, a la fría laguna, donde hemos construido y reforzado durante siglos las siete enormes jaulas. Luego —y por su poderosa condición deben saberlo desde siempre— los iremos sacrificando para satisfacer nuestros rituales... Y nuestra hambre.

Nadie

Desapareció. No dejó rastros: Aún esperamos su retorno.
Eso corroboraba que no había sido reconocido. La transformación interior había fructificado en su rostro.
Entonces al reducirse su estupor iría a un sitio oculto para destruir sus últimas señas de identidad. Se esforzaría en seguir la estratagema soñada: abandonaría su nombre, su lengua, su cultura, su país, e incluso el amor, pero no renunciaría a su Yo más vertiginoso, no dejaría de ser el intenso, el extraviado, el gemelo de la muerte... Sería nadie para ser todos los hombres. Y observándose con detenimiento en el último espejo, enfáticamente juraría nunca regresar a Ítaca.

 El rito

Hoy es el gran día de Adonis. En todo Pafos las mujeres se ungen con aceites para entregarse a los extranjeros que las poseerán en el templo. Tal es el ritual.
Yo, elegida en esta ocasión para cumplir con la más alta ceremonia impuesta desde tiempos del rey Ciniras, me desnudo ahora sobre la tumba de Adonis situada en el mismo exuberante lugar donde amó por primera vez, y corto mi lacia cabellera azul —antes de la imposición de la luna— para ofrecerla estremecida al delicado amante de Afrodita.
Después como todos los años, podré llorar su nueva muerte.

I Premio Internacional de Literatura David Mejía Velilla

Ha comenzado a circular el libro ¿A dónde van los días transcurridos? con el cual el poeta huilense Winston Morales Chavarro obtuvo este premio otorgado por la Universidad de La Sabana Publicamos a continuación dos de sus textos, a cuya lectura nos induce el poeta y traductor peruano Luis Rafael Gálvez  con el siguiente inquietante epígrafe: ¿De qué está hecho un poema?/ De música, de abismos.



II

La música es lo único que queda después de la muerte.
Un viejo murmullo de lo que fuimos
Quedará suspendido sobre las teas del tiempo.
Acaso alguien camine nuestros pasos
Recorra esas huellas borradas por los borbotones de un océano acústico.
Al menos seremos eso:
Viejas sandalias calzadas por una muchacha que secunda
Lo que creíamos era el camino.

XV

En todas partes
Hay réplicas de uno mismo.
Es como si se repitiera la imagen
Sobre el espejo del río.
Entonces uno se reconoce en el agua
Se ve prolongado,
(O a lo mejor reducido)
En la humanidad de quienes caminan con nuestros pies.
En todas partes
Hay sueños,
Vahos de un antiguo velero
Que desciende sin prisa
Por el recodo que conduce a la muerte.
Huellas hay.
Pasos,
Arenas movedizas,
Caminos ajados de una niñez que aún llora
Lo que nos sobra por morir.

Homenaje

Elegía a un Poeta


                      Para Gonzalo Márquez Cristo

Del azul al blanco fluyen gotas
de grises elementos
                que nadie comprende.

La caída
convoca la acción
al monumento
merecedor del rostro que vuela.

Nos han dado
la certidumbre del punto final
pero la idea
es seguir profanando
los insultos
que el silencio a veces
posterga.

Del azul al blanco
fluyen
ninfas de luz
que tus ojos solos, contemplan.

Herbert Protzkar Andrade

De Colombia para el mundo
Concluyó el XXVI Festival Internacional de Poesía de Medellín, una fiesta de la palabra liderada por sus directores los poetas Fernando Rendón y Gabriel Jaime Franco, quienes apoyados por un místico grupo de colaboradores hicieron una vez más posible este imprescindible evento, que podríamos decir muestra el generoso rostro de Colombia para el Mundo.
Más de 80 poetas de todas las latitudes se dieron cita en los diversos escenarios de la ciudad que los acogió con su presencia y sus aplausos y que multitudinariamente los despidió en el emotivo acto de clausura celebrado el 18 de junio pasado en el emblemático Cerro Nutibara. 



Por Fernando Rendón
Director del 26° Festival Internacional de Poesía de Medellín


Europa es, en la médula, un vástago de la cultura griega, cuna civilizatoria del arte, la literatura, la filosofía, la arquitectura, la medicina, la astronomía y la democracia, de este lado del mundo. Y Grecia procede de la ebullición espiritual que se vivió en los ritos ceremoniales de Eleusis durante 2.400 años, transformando el bárbaro linaje de los pelasgos, antiguos habitantes egeos, en el refinado pueblo griego, y una sumatoria de belicosas ciudades-estados en el país de Homero, Esquilo, Aristóteles, Herodoto, Asclepio y Fidias.  El nombre de Eleusis, hoy Elefsina, no está incluido en el vocabulario de Windows. Tomar parte en las ceremonias eleusinas era la culminación de la prolongada búsqueda espiritual de los griegos antiguos a través de sus vidas (reyes, ciudadanos -hombres y mujeres-, sabios, artistas o esclavos), desde la edad de piedra o periodo neolítico.
Los Misterios de Eleusis,  cuyo secreto nadie podía revelar bajo pena de muerte, evocaban el dolor de Deméter (su hija Perséfone había sido raptada por Hades, dios del inframundo); pero también su alegría liberadora con el retorno de Perséfone en la Primavera anual. Profundas visiones y estremecedoras percepciones de la muerte y del renacimiento espiritual sacudieron a miles de adeptos, durante más de dos milenios, transformando sus convicciones y esperanzas y otorgándoles un vigoroso sentido del vivir. Homero, cuyo Himno a Deméter presidía ancestralmente las iniciaciones, escribió sobre los ritos de Eleusis: “Dichoso entre los habitantes de la tierra el que ha visto estas cosas”. Y Sófocles agregó: “Ya no temerá más a la muerte”.
El 26° Festival Internacional de Poesía de Medellín (junio 18 al 25, 2016), que recibió el Premio Nobel Alternativo en 2006, celebrará la radiante Memoria de Eleusis con cursos, conferencias, paneles, conversatorios con el público, obras de teatro, conciertos y ceremonias, a través de la participación del investigador estadounidense Carl Ruck, coautor del libro Camino a Eleusis (con Albert Hoffman y Gordon Wasson); la cantante tradicional griega Savina Yannatou, acompañada del pianista Spyros Manesis; los académicos Mark Hoffman y Evie Marie Holmberg (Hellenic College); el poeta y filósofo alemán Hatto Fisher; el investigador griego Ilias Monacholias y el académico colombiano Tarcisio Valencia. Se presentará por primera vez en Latinoamérica el documental The Mourning Rock (La roca triste), del director griego Filippos Koutsaftis, subtitulado en castellano. Bajo la dirección del dramaturgo y actor Jorge Iván Grisales, un grupo de estudiantes de dramaturgia de la Universidad de Antioquia escenificará el Himno a Deméter, de Homero. Un grupo de chamanes, encabezados por Berito Kuwaruwa (Nación U'wa), desarrollará paralelamente rituales de armonización, ceremonias espirituales destinadas a diseminar el espíritu dialogante de reconciliación en los agitados corazones de cientos de miles de colombianos, que han padecido más de medio siglo de cruenta guerra.
En el contexto de esta nueva edición del Festival, el investigador Carl Ruck hará una presentación pública del Proyecto Gaia, que busca convertir a Eleusis en el núcleo y centro para el restablecimiento del diálogo de la humanidad con la Tierra. Para este fin considera vital obtener el reconocimiento mundial para las huellas arqueológicas de Eleusis, que el santuario sea declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO y acopiar fondos de donantes internacionales para construir un nuevo complejo de museos en torno al lugar. “El simbolismo es simple. No nos proponemos restaurar una religión desaparecida o invertir el curso del tiempo”, afirma, “aunque sí un nuevo Pacto con la Tierra. Al igual que en la antigüedad, dependemos de la generosidad de Gaia para la prosperidad”.

Giuseppe Ungaretti:  Alejandría, Egipto 1888 - Milán, Italia 1970
(Traducción del poeta mexicano Marco Antonio Campos)

San Martino del Carso

            Valloncello dell´Albero Isolato il 27 agosto 1916

Di queste case
non è rimasto
che qualche
brandello di muro

Di tanti
che mi corrispondevano
non è rimasto
neppure tanto

Ma nel cuore
nessuna croce manca

È il mio cuore
il paese più straziato


San Martino del Carso

            Valloncello dell´Albero Isolato il 27 agosto 1916

De estas casas
no ha quedado
sino algún
harapo de muro

De tantos
que me correspondían
no me quedó
ni siquiera tanto

Pero en el corazón
ninguna cruz me falta

Mi corazón
es el país más desgarrado

***


CARTAS DE LOS LECTORES

CONFABULADOS: Si intentáramos sintetizar un rasgo fundamental de la poesía de Gonzalo Márquez, cabría decir que se trata de una poesía afincada en la búsqueda del significado, del sentido, tarea excepcional en esta época en que se reivindica la metáfora por la metáfora y lo coloquial y doméstico como temática primordial. Gonzalo renunció a tales espejismos y se arriesgó a la reflexión que impuso tratamientos estilísticos ajenos al ya inveterado facilismo del verso espectacular y determinó la densidad de sus propuestas. Francisco Sánchez Jiménez    

***

CONFABULADOS: Gracias por estos envíos. En ellos he sentido la voz de Gonzalo, su dinamismo de cuerpo presente, su manera de abordar las palpitaciones del arte, de la poesía, diciéndonos lo que siempre: mientras haya quien amplifique nuestras acciones no habrá distancias ante la muerte. Un abrazo. Álvaro Suescún T.

***

CONFABULADOS: He mirado el delicado gesto de Amparo Osorio de modificar la bandera del periódico dejando el nombre de Gonzalo a pesar de su ya definitiva ausencia. Esos gestos son los que en verdad revelan el alma de una poeta. No te dejaremos sola. Gonzalo Soto Prada  
            R/ Gracias Gonzalo. El gesto de reconocimiento es tuyo.