Comité Editorial

DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo, Maldoror. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Marcos Fabián Herrera, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).

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E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?
Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.
Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.
Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.

Los dos Gabos

(1927-2014)


Gabriel García Márquez, retrato de la autoría de Fernando Maldonado


Por Gustavo Adolfo Quesada Vanegas*

Ahora es la hora de recostar un taburete a la puerta de la calle y empezar a contar desde el principio los pormenores de esta conmoción nacional, antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores.  Gabriel García Márquez. Los funerales de la mama grande.

La generación de colombianos que en los años sesenta y los setenta del siglo XX abrió los ojos políticos, estéticos y científicos en este país flagelado por toda clase de despropósitos, se encontró con un pacto político, el Frente Nacional, que a través de componendas de los partidos tradicionales aplazaba todas las reformas y autorizaba la expresión política solo a los liberales y a los conservadores. El perdón y el olvido fueron las consignas para ocultar y acallar la culpa de 300.000 campesinos asesinados en menos de 15 años. Mientras tanto en el horizonte despuntaban la Revolución Cubana y la Revolución China, la Guerra Fría, el conflicto ruso-chino, la insurgencia por toda América del Sur y el Caribe, los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos, el hipismo, el rock y la contracultura, la Guerra de Vietnam y Mayo del 68 en Francia. La modernización imperialista de nuestro país campeaba a sus anchas y el FMI imponía, sin resistencias, sus dictados. Era obvia la inconformidad y diaria la protesta. La música, la pintura, la poesía, el teatro buscaban nuevos caminos de expresión. En el fondo, dando tonos y visos al lenguaje y sentido a la sensibilidad, con Cortázar, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Lezama Lima, José Donoso, Augusto Roa Bastos, Fernando del Paso, Gabriel García Márquez y otros, emergía una generación de escritores que desarticulando las formas tradicionales del lenguaje y experimentado con los tiempos y los espacios, el sueño y la vigilia y la lucidez y el delirio,  afirmaba con la narrativa su profundo compromiso social. Por supuesto no eran unánimes ni uniformes y algunos no persistieron en su compromiso, pero con independencia de los ciclos personales, bautizaron otra vez nuestro continente, poniendo nombre a las cosas y redescubriendo la historia, lo que quiere decir contándola de nuevo. Nosotros devorábamos,  La hojarasca, Los funerales de la mamá grande, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba, Cien años de soledad y El otoño del patriarca para no mencionar sino algunas de las obras de García Márquez que más circularon en su momento, y las convertíamos en artillería pesada de nuestra visión de América Latina y Colombia, de nuestro humor y nuestra ironía.
Ahora mientras todos los medios y las personalidades de la farándula política publican su foto al lado de nuestro Nobel y todos juran haber sido sus confidentes y amigos, ocultando que auparon la persecución o la suscitaron, sobre un escritor comprometido con las causas sociales, es bueno recordar que García Márquez mantuvo una irreconciliable posición antiimperialista y radicalmente crítica frente a las oligarquías colombianas y latinoamericanas que no han vacilado ni siquiera en pagar la deuda externa con el mar como en El otoño del patriarca:

Salga a la calle y mírele la cara a la verdad, excelencia, estamos en la curva final, o vienen los infantes o nos llevamos el mar, no hay otra, excelencia, no había otra, madre, de modo que se llevaron el Caribe en abril, se lo llevaron en piezas numeradas los ingenieros náuticos del embajador Ewing para sembrarlo lejos de los huracanes en las auroras rojas de sangre de Arizona, se lo llevaron con todo lo que tenía dentro, mi general, con el reflejo de nuestras ciudades, nuestros ahogados tímidos, nuestros dragones dementes (…) sólo dejaron la llanura desierta de áspero polvo lunar que él veía pasar por las ventanas con el corazón oprimido.

Más allá de la validez de los innumerables estudios producidos y por producir sobre la obra de García Márquez, todos válidos por la profundidad de su obra, resaltamos en este momento su poética de la historia. Esta poética permitió el paso a la literatura de nuestras guerras civiles, épicas del fracaso, le dio verdad a la Matanza de las Bananeras, hizo de todos los dictadores un solo dictador y a los “amores contrariados” una disculpa para penetrar en nuestra cultura y nuestra sensibilidad, en las que la imaginería popular construye realidades más reales que la propia realidad y por lo tanto más actuantes y definitivas. ¿Cuál mejor Bolívar que el general navegando aguas arriba por el Magdalena llevando sobre los hombros todo el fracaso de una guerra de quince años? Esta poética denuncia, además, página tras página y en medio de los exabruptos de la naturaleza y las locuras de los hombres, la tragedia de un país asolado por señores de la tierra, embajadores, curas que levitan y marcan con ceniza a quienes se debe ajusticiar, abogados y militares que no vacilan en ordenar la muerte de cientos de trabajadores para defender los intereses de las multinacionales. Bastaría con releer la enumeración de los “bienes morales” de la Mamá Grande para encontrar de cuerpo entero a nuestras elites, así ahora se disfracen de modernas e informáticas y asistan a sus homenajes, callando que hasta hace poco movían los servicios de inteligencia para “demostrar” su complicidad con los insurgentes, al igual que lo hicieron con Feliza Bursztyn y Luis Vidales. Este es el García Márquez que pertenece a los colombianos y a las aguas profundas de nuestra historia. La desmesura del asesinato de los hijos de Aureliano Buendía es la desmesura de los paramilitares coludidos con curas, políticos y dueños de la tierra que siguen devastando nuestra patria. En García Márquez los desafueros de la imaginación son metáforas de las atrocidades de la realidad.


*Escritor y catedrático colombiano

Mapa del desalojo, Poemas escogidos


Armando Rojas Guardia en Los Conjurados
(Caracas, 1949). Poeta, ensayista, pensador venezolano de amplia trayectoria. Cursó estudios de filosofía en Caracas, Bogotá y Friburgo (Suiza). Se ha desempeñado como editor, investigador y profesor, dictando cursos sobre los aspectos teóricos de la literatura, la filosofía de la religión y la mitología, así como talleres prácticos sobre poesía y ensayo. Su labor docente ha influido de modo determinante en la más reciente generación de escritores venezolanos. Su poesía ha tenido una amplia difusión internacional, desde los años setenta. Ha publicado los poemarios: Del mismo amor ardiendo (1979), Yo que supe de la vieja herida (1985), Poemas de Quebrada de la Virgen (1985), Hacia la noche viva (1989), La nada vigilante (1996), El esplendor y la espera (2000) y Patria y otros poemas (2008). De igual modo, ha publicado los libros de ensayo: El Dios de la intemperie (1985), El calidoscopio de Hermes (1989), Diario merideño (1991), El principio de incertidumbre (1994) y Crónica de la memoria (1999). Su obra poética fue reunida en un solo volumen en 2004 y la ensayística en 2006. Así mismo, Rojas Guardia se ha hecho acreedor del Premio de Poesía del Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela en dos oportunidades (1986 y 1996), como también del Premio de Ensayo de la Bienal Mariano Picón Salas en 1997.
Los poemas aquí publicados pertenecen a la extraordinaria antología Mapa del desalojo, recientemente publicado por la Colección Los Conjurados que se presentará el sábado 10 de mayo, a las 6:30 p.m. en el Salón Soledad Acosta de Samper, Feria Internacional del Libro de Bogotá.



La pasión de la luz
La pasión de la luz sufre las cosas,
agoniza mostrándolas desnudas
cuando ellas no quieren delatarse
(por eso la aflige el peso que le opone
la gravedad oscura del volumen).
Le duele a la luz el tiempo y de puntillas
ilumina una pared de la memoria
cuya cal entonces nos deslumbra
con un sudor vetusto, con las lágrimas.
La historia es el padecimiento de la luz,
el mito que nos cuenta su infortunio.
Y hoy le observo la prisa de esconderse
–detrás de la cortina, junto al zócalo,
oculta por las patas de la mesa
o cóncava en mi mano, que ahora escribe–
crucificada por la noche y convencida
de la dulzura atroz de su batalla.


Salir
Salí, sin ser notada.
San Juan de la Cruz

Salir, siempre salir. El éxodo es mi patria.
Encontrarse saliendo una y otra vez
del hogar esclavizante. Afrontar
la libertad de partir continuamente
al retomar la llave que impedía
el paso decisivo: despedirse.
Que la casa se transforme en campamento
a desmantelar cada mañana. Que la marcha
se inicie, puntual, en la precisa hora,
la que obliga a encarar el adelante
y no mirar hacia atrás, no prolongar
el adiós junto a la inminencia del trayecto.
Jugar la apuesta cifrada por el ir
permanente, en perseverante riesgo. Abdicar
del poder que acumulan lo individual
encerrado en un glóbulo monádico y lo social
establecido. Renunciar a lo interior ya confortable
y a lo exterior vuelto adherencia. Destapar
significados no fijables al sentido de todo.
Desconfiar ante la situación que parece detener
el tiempo y el espacio de este fluido universo
cuyo objeto es expandirse. Escapar de la parálisis
marmórea fabricada por el éxito. Preferir, más bien,
la elástica materia del fracaso
con la que se puede moldear una figura
fugitiva de la gloria: ella aligera el equipaje.
Alejarse del dogma intransitivo. No atender
a la fórmula mapificada como límite
de la constante expedición que amplía la verdad.
Arriesgarse al nomadismo de la mente,
el que descubre las infinitas aperturas
de un cuerpo, de un texto, de un momento,
de un paréntesis monótono,
de un clausurado círculo.
No proyectar lo imprevisible. Imitar
la sobreabundancia trascendente
que penetra, hasta el tuétano, este mundo
pero no sedentariza en él su plenitud
invitando a la perpetua búsqueda.

Mas el deseo central que explica la salida,
su auténtico móvil, su horizonte,
es, a semejanza del autoolvido de Dios,
quien creó fuera de él otra realidad
diferente a la absoluta tan sólo para dársele,

el abandono de sí mismo en el amor.

Exodus de Pablo Alfonso


Pablo Alfonso nació en Tenjo en 1968. Filólogo de la Universidad Libre de Bogotá, se graduó como Magister de Literatura en la Universidad Javeriana de Colombia, con una monografía titulada: La intertextualidad como generadora de ironía en la poética de León de Greiff.
Aunque dice que su mundo se mueve alrededor de la lectura, ha escrito cuatro novelas y un libro de cuentos además de un sinnúmero de poemas (oficio que cultiva desde la adolescencia). Su vida ha sido un divagar entre los salones de clases como alumno y profesor universitario, pero siempre considerando la escritura como un talismán secreto.
Aquí el primer capítulo de la novela Exodus de Pablo Alfonso, publicada por la Colección Los Conjurados. La imagen de la portada es un óleo de Jaime Pinto.


1952, Olimpo
Por Pablo Alfonso

En el camino no me decían nada, solo era el silencio
el que se apoderaba de la situación

Cuando estaba en el labrantío llegaron dos hombres en unos caballos finos, rucios y zancones. Tenían apariencia de cuatreros, desde luego que nosotros nos asustamos. Tan difícil que están ahora las cosas, con el asesinato del negro Gaitán, y toda la violencia que se desató, y con los chulavitas abusando de todos los que no piensan como ellos. A mí no me suena esta guerra entre los dos partidos políticos, pero aunque uno no quiera lo meten en estas lides.
Todos estábamos sembrando el colino: tomábamos las matas verdes y arropándolas con las manos las enterrábamos en el surco. La tierra que estaba en el cauce de este era arrastrada por los pies para que la nueva matica se sostuviera, quedaba erguida como una caña. Yo no era tan veloz en esa labor pero los obreros jóvenes sí, los pies eran más ligeros y las manos también, y el pensamiento se sacudía en competencias tácitas: “¡Tengo que ganarle a este miserable!” pensaban los unos y los otros. Yo sé que era así porque se les veía la cara de desagrado cuando el compañero los pasaba y quedaban rezagados inevitablemente, entonces esa competencia favorecía al patrón porque todo se hacía más rápido, la labor rendía el doble y ellos ganaban lo mismo; desde luego, porque a ellos se les pagaba por jornal, es decir por día trabajado hicieran lo que hicieran. En un promedio superior de tiempos y movimientos, yo trataba de que los obreros compitieran, ¡a que no son capaces de apostar al que primero termine diez surcos! —les decía con júbilo desbordado e hipócrita—, yo patrocino a Demetrio —les aseguraba—, y así salían competencias que me hacían ganador siempre a mí como patrón. Por un jornal llegaba a ganar la utilidad de dos jornales; estábamos en esas y escuchando la voz del Zorzal Criollo que se enaltecía bellamente entre los potreros sembrados del labrantío, música que salía de un radio Sanyo que Demetrio tenía terciado a la espalda y que le descolgaba en la cintura. Él le ponía unas pilas grandísimas por fuera, amarradas con cauchos de las flechas que se usaban para matar los pájaros migrantes en la región. Tal vez creía que duplicando las baterías el radio funcionaría con mayor potencia y precisión; entonces, llegaron los de los caballos bonitos y preguntaron por mí:
—Buenas —dijeron con tono respetuoso.
—Buenas —dijimos con tono extrañado.
—¿Quién de ustedes es el señor Olimpo Carvajal?
—Soy yo —les dije—. ¿En qué le puedo servir a sus mercedes?
—Si nos permite un momento para que nos acompañe, le traemos una razón importante.
Y se levantaron la ruana y dejaron ver unas armas grandes como escopetas. Nosotros no sabíamos de armas solamente manejábamos el fuste y la rula, no conocíamos las armas de fuego.
—No se preocupen les dije a los obreros, sigan trabajando, ya vengo, voy a acompañar a los señores.

En el camino no me decían nada, solo era el silencio el que se apoderaba de la situación, el silencio de las bocas porque los pasos se oían nítidos y hasta el riachuelo que quedaba a unos metros se escuchaba en su tenue corriente como un susurro. Cuando llegamos a un descampado me hicieron pasar el alambrado de púas y luego sin mediar palabra, uno de ellos me dio un golpe en el estómago que me hizo doblar, y el otro me remató con una patada en la cabeza (aprovechando que estaba inclinado), y caí, y me cayeron con palos. Yo no alcancé a defenderme. Además habían sacado las armas y me apuntaban y mientras me golpeaban me decían que eran conservadores y que habían llegado para quedarse y que esto era un aviso. La próxima vez no serían golpes, “la próxima vez le asestaremos un balazo en la cabeza, así es que no lo queremos ver más ¡oyó!, no lo queremos ver más por acá. Los Cachiporros son unos hijos de puta, y los vamos a matar a todos. Es mejor que se vaya viejo hijueputa y me golpeaban sin cesar”. Perdí el conocimiento y cuando desperté con los labios húmedos y un hilillo de sangre que venía de mi frente y que pasaba por mis labios y me dejaba un olor agridulce en la boca, intenté levantarme, puse primero el codo y luego me puse de lado, doblé la rodilla y me levanté con gran esfuerzo. Caminé lentamente hasta mi caballo. No quería que los obreros se dieran cuenta de mi estado y se alarmaran. Caminé tambaleante y luego vi el animal y el animal sintió, se dio cuenta de que yo estaba maltrecho y se quedó quietico mientras yo me montaba. El animalito empezó a avanzar, con paso continuo y perezoso, como si estuviera desfilando. Los golpes de los cascos al pisar me hacían ir para los lados levemente. Luego salió el sol y me golpeó la cabeza aunque tenía el sombrero, sentía que se me iba la voluntad, iba agachado, mirando la crin gris del caballo, sin ánimos para dirigirlo. De cuando en cuando levantaba la vista y el sol molestaba mis ojos. Los minutos eran eternos, entonces, allá en la lejanía vi a mis hijas y a mi esposa; el caballito también las vio, me llevó hasta ellas, se detuvo al frente de mi esposa y resopló, yo ya no tenía consciencia.

Cartas de los Lectores No. 324, Abril 21 de 2014

LA CIUDAD DEL POETA. Hermosa la crónica del profesor Fajardo sobre Lima publicada en el número anterior. Buscaré el libro. Luisa García

* * *
POETAS VENEZOLANOS CONTEMPORÁNEOS. Una gratificante noticia, entre tanto desbarajuste... Gracias a Adalber Salas y Alejandro Sebastiani por el convite a esta reunión de voces, en Tramas cruzadas, destinos comunes y a la bella colección Los Conjurados por esa importante antología publicada en Colombia.  Luis Alejandro Contreras, poeta venezolano

* * *
TURBIA SANGRE. Linda la portada del libro de la psicóloga Rocío Cabanzo, hecha por la artista Rosenell Baud. Me gustaron también sus poemas, el primero de gran fuerza: “escenario del tiempo”. Los poemas breves son muy particulares y logran fijar en el lector una sensación como la de los haikus orientales. Luz María Fernández

Turbia Sangre de Rocío Cabanzo


A continuación una breve muestra del libro Turbia sangre de Rocío Cabanzo de Ponce de León, que presentará la Colección Los Conjurados el sábado 10 de mayo, a las 6:30 p.m. en el Salón Soledad Acosta de Samper, Feria Internacional del Libro de Bogotá.

PROTAGONISTA
Dicen que sorda y ciega
                                    busca
entre la pimienta y la miel,
glaciares y bocados de sol,
más allá de la música
de las tumbas donde habitan los vivos
entre festines y templos
entre sus huesos
y molinos de viento,
busca
debajo de las palabras
y encima de los suspiros
en el vientre de las horas
hurgando la noche
entre danzarines sufís
en cuevas de gitanos
y en los tejidos de la risa,
                                    busca
una migaja de luz
un arpegio,
busca su lugar,
en el escenario del tiempo.


MAGIA
Veo desde el avión
cómo la isla entera
cabe en mi mano

OTRO RODIN
Y surgió la mujer
¿De la mano de Dios? No.
De tus manos en mi piel.


Rocío Cabanzo de Ponce de León. Nacida en Bogotá, Colombia. Psicóloga Clínica y Licenciada con honores en Terapia Ocupacional. Se formó como Analista de Pareja y Familia. Ha publicado numerosos ensayos sobre Psicoanálisis Vincular, tema en el cual es especialista, en los Anales de congresos internacionales en Brasil, México, Argentina, Uruguay. En el Libro-Revista Edición especial de la AAPPG, 50º Aniversario del Pensamiento en el campo vincular. Buenos Aires, 2004. En la revista Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares (Buenos Aires, 2010).

Recibió Mención Honorífica en el Concurso Nacional, Casa Poesía Silva, Bogotá, 2009. Autora de: Umbral de lo indecible (Apidama Ediciones, Bogotá, 2008) presentado en Lima, Buenos Aires y Bogotá, y Turbia sangre (Común Presencia Editores, Bogotá  2014). Coautora de los libros, Trabajos de Taller (Casa de Poesía Silva, Bogotá, 2001) y Poesía pintada (Taller Casa de Poesía Silva, Bogotá, 2009). Sus poemas aparecen en el Tomo 2 de Poesía colombiana del siglo XX escrita por mujeres (Apidama, 2014).

La ciudad del poeta de Carlos Fajardo


La ciudad del poeta será presentado durante la tradicional Noche de Los Conjurados (sábado 10 de mayo a las 6:30 p.m., en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, CORFERIAS.
Como un homenaje al país invitado (Perú), reproducimos aquí una de las poéticas crónicas del escritor colombiano.

Lima: “como quien pela una fruta”

Por Carlos Fajardo Fajardo

Lima gris, bárbara, seductora; Lima de bruma y mar, costera y bien andina. Allí su Plaza Mayor, allá su híbrido barrio de Barranco; he aquí el centro de la ciudad desordenado y bullicioso, la extensa alameda y sus canciones. Los días de Chabuca Granda ya pasaron, ahora queda el mito, el sueño, sólo el sueño.
En Lima, Carlos Oquendo de Amat me esperaba con sus 5 metros de poemas. Tuve la fortuna de toparme con él en la Librería Ibero, en una calle del Barrio Miraflores. Me habló de sus 5 metros de poemas:
—Fue el único libro de poemas que escribí. Tenía 19 años y una mujer parecida a un canto. Lo publiqué en el 27. Luego me dediqué a liberar a mi pueblo, a luchar por el socialismo, su destino. En vida fui torturado, encerrado en oscuros calabozos, desterrado de mi patria pobre. Adquirí la tuberculosis en la prisión de El Frontón. Viajé deportado hacia Costa Rica, México, Francia, hasta que no resistí más y en el hospital de Navacerrada de Madrid cesaron mis horrores un 6 de marzo del año 36. Vaya ironía. Mi libro ahora se lee, se estudia, se nombra.
—Si quiere conocer a Lima, me insinuó, recórrala como leyendo un libro, es decir como quien pela una fruta. Así deseo también que lea mis 5 metros de poemas, donde mi palabra es primitiva como la lluvia o como los himnos.
Caminamos y conversamos un buen rato, tanto que me acompañó hasta mi casa del amor y se ha quedado el sinvergüenza a vivir en ella.
Luego vi el mar, el extraño mar de este sur andino. Se diría que Lima no es nada marina, más bien respira un espíritu andino. De manera que su mar es ornamental; se está físicamente frente a él, pero espiritualmente en la montaña. Qué extraña es Lima: ciudad costera andina.
Por la Avenida Abancay mi mujer y yo tomamos un microbús hacia el centro de la ciudad. Fuimos testigos de los ritos que se ejercitan debido a la pobreza en nuestras ciudades latinoamericanas: el grito de un hombre en la puerta del micro anunciando las rutas, y de tanto en tanto vendedores ofreciendo sus confites. Afuera las calles rodaban como piedras de loco. Contrastes de contrastes. Entre el caos vehicular y la gritería, descubrimos el silencio en el barroquismo de la Iglesia de la Merced, y en la sobrecogedora Plaza Mayor, abarrotada de turistas, vimos pasearse el hambre, la miseria de una gran parte de este pueblo milenario. En la noche, la casa de Chabuca y las calles de Barranco convertidas en barrio-museo para despistados viajeros.
He aquí a Lima con su garúa; la que rodeada de mar canta a la montaña. Bajo la llama del sol esperamos a que nos acogiera su delirante recuerdo. Escuchamos la ciudad. Hojas caían de los árboles. Detenidos en las calles, buscamos palabras para nombrar esta tierra de cultura profunda donde aún se siente un fuerte poderío. Sur del Sur. Ciudad Inca donde se quedó mucho de nosotros. Recordamos al grande de Oquendo, sus amorosos versos: Tu nombre viene lento como las músicas humildes y de tus manos vuelan palomas blancas. Mi recuerdo te viste de blanco.

Ah, Lima, déjanos al menos encontrarte en tu incaica memoria; déjanos tus ojos para ver mejor los duros y antiguos caminos; regálanos tus ancestrales y múltiples rostros; danos tus pupilas para llegar a contar lo que hemos visto a través de ti.

Concurso Cardenal Mendoza de Microrrelato

El brandy de Jerez como fuente de inspiración. Este vuelve a ser el punto de partida del III Certamen de Microrrelatos que Sánchez Romate convoca de nuevo, después de la buena acogida de las dos anteriores ediciones. El objetivo del Certamen es fomentar la creatividad en relación a este producto tan apreciado en todo el mundo. Así, el tema será libre, siempre que en el microrrelato se mencione de algún modo el brandy de Jerez.
Los participantes deberán agudizar el ingenio puesto que la extensión de las obras será de ciento cincuenta palabras como máximo, incluido el título. Asimismo, el plazo de presentación comienza desde la publicación de las bases hasta el 30 de septiembre. El fallo del jurado, compuesto por personas de reconocido prestigio literario y un profesional del mundo del brandy de Jerez, se hará público el 31 de Octubre de 2014.
Se premiarán los tres mejores trabajos. El Primer Premio consistirá en 500 euros, una botella de
brandy de Jerez Cardenal Mendoza Non Plus Ultra y una caja de vinos de Jerez de Sánchez Romate. El segundo galardonado recibirá un premio de 300 euros, una botella de brandy de Jerez Cardenal Mendoza Carta Real y una caja de vinos de Jerez de Sánchez Romate.
El Tercer Premio consistirá en 200 euros, una botella de Cardenal Mendoza Clásico y una caja de vinos de Jerez Sánchez Romate.
Los interesados enviarán sus trabajos a través del email microrrelatos@romate.com.
Desde Sánchez Romate se convoca la III edición del Certamen con gran satisfacción y la ilusión de conseguir una difusión tan internacional como la que tiene el Brandy Cardenal Mendoza.

Eduardo Esparza y Los Visibles


Por Alberto Blandón
  
En el centro de memoria, paz y reconciliación se inauguró la exposición Visbles del maestro Eduardo Esparza. Una exposición para recuperar las imágenes de nuestra historia, para sentir las vibraciones de los cuerpos mutilados, de los negados, para tejer memoria.
Se trata de la obra de un artista que ha sabido expresar con imágenes a través de xilografías, grabados, óleos la epopeya de Colombia y sus dolores. Cada cuadro  es una visión de horror y al tiempo un tejido de la memoria. Se anudan, se engarzan las imágenes, vibran los cuadros, dialogan las xilografías, reclaman un espacio en nuestro presente los múltiples ojos, los brazos que agitan el aire abanicando el dolor…
Esparza es hoy uno de los pintores más importantes de Colombia, es quien ha puesto en evidencia los recuerdos olvidados de nuestra historia reciente; mediante su fuerza expresiva y su vitalismo dio forma, color y volumen a un poema visual que se graba en el corazón y la retina del espectador.
Recorrer la exposición del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación es anudar las imágenes olvidadas de nuestro presente y a la vez nos convierte en testigos de un hecho estético que sin duda rompe los moldes, se sale de los marcos de las estéticas convencionales y nos sumerge en una experiencia estética donde el corazón, las emociones, los sentidos nos guían por nuevas experiencias y nuevas miradas sobre el arte.
Es una exposición para recorrerla con calma, con mentalidad abierta y dispuesta al diálogo con cada cuadro, hurgando en las imágenes, descubriendo formas, volúmenes, personajes, ventanas, colores que configuran un paisaje vívido, lleno de texturas, de fugas y encuentros. De allí salimos con imágenes tatuadas en nuestros sentidos para llenar de vida los espacios olvidados de nuestra memoria.
La exposición está abierta desde el 8 de abril hasta el 30 de junio en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, Carrera 22 No. 24 – 52, Bogotá.

Entrada Libre

Cartas de los Lectores No. 323 - Abril 14 de 2014

JOEL STREICKER. Muy sentidos los poemas del norteamericano Streicker publicados la semana pasada en Con-Fabulación. Sus imágenes urbanas y su sentimiento por esta Bogotá que tanto odiamos y amamos es muy intenso. Alvaro Montañez

* * *
LA POESÍA COMO PLEGARIA. Siempre que leo a Enrique Rodríguez Pérez me queda un halo de tristeza, de desolación. El artículo del profesor de la Univesidad Nacional Gabriel Restrepo sobre su libro Entre materia y premura, me llevó por parajes naturales que tanto visita en sus versos el poeta boyacense. Diego Atuesta

* * *
EL CIRCO DEL TEATRO. Me parece que el Festival Internacional de Teatro de Bogotá cada vez es más costoso (cada boleta vale una tercera parte del salario mínimo) y privilegia sólo el espectáculo. La mayoría de las obras son muy ligeras, quieren convertir al teatro en circo. Mariana Peña

* * *

NEREO LÓPEZ. Muy divertido el artículo sobre ese grande de la fotografía colombiana, el maestro Nereo. Yo me pregunto dónde se pueden conseguir sus libros. Fabio Solano


* * *

Colección Los Conjurados


Poesía, Cuento, Ensayo, Crónica, Novela y Testimonio



Discursos Premios Nobel (Tres tomos), Grandes entrevistas de Común Presencia, Antología de Poesía Colombiana (1931- 2011), Poetas venezolanos contemporáneos,
Cuentos perversos, Ensayistas bogotanos, Cronistas bogotanos, Cuentistas bogotanos y muchas obras más.

Los Visibles de Eduardo Esparza

Centro de Memoria, Paz y Reconciliación
Exposición Martes 8 de abril, 4 p.m.
Carrera 22 No. 24 – 52,
Bogotá. Entrada Libre


Homenaje a las víctimas del conflicto colombiano

Por Amparo Osorio*

Si alguna vez Octavio Paz, basándose en una cita de Demócrito, tituló uno de sus libros capitales como Sombras de obras, quizá esta luminosa reflexión sea la paráfrasis perfecta que el observador necesita para convertir en palabras esa perspectiva íntima que le suscita la contemplación de toda obra de arte.
Su interpretación se convierte entonces en un franquear la puerta a fin de que a través del trazo y la forma intentemos habitar ese tejido de eslabones secretos que habrán de conducirnos desde lo finito a lo infinito, para asir en la mirada los lenguajes ocultos del artista que permitan develarnos la mistificación de su interior absoluto.
Con esta premisa y desde la extraña impronta de Los visibles, una connotación que más adelante vendrá a suscitar nuestro estupor por lo contradictorio del significado, entramos entonces a este universo de obras con las que Eduardo Esparza ha bautizado su último trabajo-homenaje, volcándose en una serie de palpitantes imágenes para inducirnos por un camino de interrogaciones y asombro, que nos conducen desde el aquí y ahora de este país convulso, hasta el ayer y el antes de una geografía inhóspita sembrada desde siempre por las desoladoras fauces de una injusticia interminable.
Su recorrido se convierte en una experiencia simbólica que desde lo inexpresable nos lleva a lo imaginario, en una alegoría de múltiples caminos en los que perviven inquietantes capítulos de horror y pesadilla, puesto que estos “Visibles”, en realidad “invisibles y anónimos”, no son nada distinto a la representación de seres reales cuyas trágicas historias de desaparición y tortura suscitan una multiplicidad de sensaciones que de una u otra forma nos obligan a recrear el infierno de Dante, no para interrogar a los condenados que gravitan bajo los nueve círculos, sino para conversar con las sombras de estos centenares de habitantes que desde el territorio de los muertos y en el epicentro de sus oscuros destinos, nos hablan de sus flagelos y angustias y de esa profusión de tinieblas que constituye su propia historia como una de las más escalofriantes metáforas del desamparo.
El artista lo sabe y conocedor a fondo de nuestro doloroso inventario de víctimas del conflicto, del despojo de tierras, del desplazamiento, del oprobio y de la desaparición como una de las más terribles cargas de pesadumbre que suscitan nuestra indignación permanente, nos propone a su manera no renunciar a la contemplación y confrontar su denuncia mientras hacemos la ruta de abandono de estos anónimos visibles.
Comprometido entonces con su tiempo –y así nos lo confirma de una manera sencilla, conmovida y conmovedora–, apuesta toda su sensibilidad a fin de suscitar una remoción de nuestras conciencias adormiladas, un permitirnos volver sobre las sucesivas gamas de la infamia de que han sido capaces algunos seres humanos y sacudiendo de nuevo nuestras más íntimas fibras, nos obliga a profundas reflexiones para que el leitmotiv del tenebroso facilismo de leyes de perdón y olvido que vienen permeándose en grandes esferas de nuestra sociedad, no se constituya en el memoricidio que impere en las nefastas graderías de la posmodernidad. 
Así, bajo la estrella tutelar del Guernica y evocando un poco a Picasso de quien se declara confeso admirador, penetramos de nuevo a los misteriosos cuadros con los que Eduardo Esparza ha querido perpetuar esta historia, la suya, la nuestra, la de un país que se debate en el desasosiego de sus interminables espirales de violencia.


*Poeta, narradora y ensayista colombiana

El testimonio poético de Joel Streicker


Por Luis Fayad

El amor en los tiempos de Belisario es el testimonio poético de un habitante de paso por Bogotá. Hace treinta años Joel Streicker dejó su vivienda en las afueras de Chicago y recién instalado en su nueva residencia cedió a una nostalgia anticipada que lo llevó de viaje a su niñez, a un sitio que ya no lo conoce y le llega como una brisa endeble que no lo desalienta y lo recrea. Sus recuerdos madurados por la distancia en el tiempo y en el espacio dejan una señal en su poesía y no se diluyen, pero permiten que las palabras también expresen las impresiones en el nuevo lugar. La ciudad y su visión desde una ventana y desde las sensaciones. Las calles y los episodios de las esquinas no le inspiran tonos descriptivos sino el diálogo con él mismo para revelar su intimidad. El verso es medio de expresión y es compañía, es la casa en la que habitan unos momentos selectos transcurridos en la niñez y otros, muchos más, en un lugar lejano que conoce de joven y que si fueron inconscientes en su rutina, se hacen conscientes en la palabra. Aparece el hombre en la comunidad con sus desconsuelos sin lamentos y sus goces sin exaltación, con su amor a una persona o su búsqueda ansiosa cuando el amor no existe y se vuelve anhelo, como se busca la soledad y la amistad. “Busco el eco de mi silencio en el amor”.


POR esta noche
de pobre patrimonio
de calles y vidas
astilladas
no hay cantares
ni lágrimas
ni escapes
cuando la ciudad
lleva sin galardón
ni vergüenza
su alma rota
todos nos morimos juntos

(14 enero 83)



YA que no se asoma
la divinidad desde
cada ser,
ni se vislumbran
sus huellas en
los actos y las cosas,
ya que no hay causa
que llene con su llama pura
este hueco adentro que
en vano aguarda mi reflejo
en su oscuridad
de espejo ciego,
busco el eco de mi silencio
en el amor,
como queriendo
recrear una piedra
de las olitas
que mandó a perderse
sobre la superficie
de un pozo


(25 febrero 83)