Comité Editorial

DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITOR: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIALIván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo, Maldoror. CONFABULADORES: Óscar Collazos, Marcos Fabián Herrera, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).

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E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?
Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.
Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.
Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.

“El fuego de los nacimientos” de Herrnando Socarrás


Bajo el signo del silencio (prólogo)

Por Gonzalo Márquez Cristo

Una cenicienta tarde bogotana de 1989, el hombre eternamente vestido de blanco que había hecho de sí mismo una obra capital, acudió a una cita concertada por Amparo Osorio con una botella de ron y varios de sus libros invadidos de silencio, luego sacó del enorme bolsillo de su gabán un disco de Joe Cocker y sus Perros Rabiosos e hizo un homenaje a Woodstock que todavía retumba en mi memoria.
“Para ser poeta Socarrás no necesita escribir”, pensé a los pocos minutos de conocerlo, mientras él afirmaba con sus marcados ademanes que “la amistad no podía ser una pregunta sino una respuesta”, sentencia que se tornó para ambos inobjetable con el paso de los años.
Las urgencias del afecto fueron tejiendo nuestra presencia en diversas latitudes y desde entonces coincidimos siempre mágicamente en las citas acordadas por la vida pero también en aquellos sigilosos emplazamientos de la muerte.
Recuerdo que hace veinticinco años, iniciamos un viaje, que todavía no termina, de Bogotá a Caracas por vía terrestre, en un itinerario colmado de sorpresas bajo el abrigo de poetas venezolanos que aún cruzan como cometas nuestro corazón, y fue así como en una de aquellas noches mágicas de Mérida, encontrándonos atrapados en un apartamento debido a las disposiciones inherentes a un proceso electoral, ante la imposibilidad de conseguir alimentos, vi como “Soca”, quien cultivaba la gastronomía italiana –a tal punto que había fundado varios restaurantes–, se enfrentó a la aventura surrealista de preparar unos espaguetis con los rudimentarios condimentos hallados en esa cocina desierta, y lo que es más increíble, a servirlos en profundos vasos de cristal ante la ausencia de platos y cubiertos.
Hacia 1990 acudí a un evento organizado por él, en San Diego (Cesar), donde se le rendiría homenaje al poeta venezolano Alfredo Silva Estrada, y observé cómo entre la horda de escritores que llegaban del vecino país, Soca se desplazaba como una nube –o así me parecía por el color de su ropa y la luminosa euforia–, hasta que una inmóvil tarde, cuando iniciaba el sacrificio del sol, lo vi subir raudo al campanario de una iglesia, permaneciendo allí oculto durante algunas horas, urdiendo un misterio que todavía no ha sido resuelto; y sólo mucho más tarde lo pude volver a ver, avanzada la interminable fiesta de clausura del insólito festival que terminó con un concierto privado del compositor vallenato Leandro Díaz.   
Un año después viajamos en autobús por carreteras sinuosas hasta llegar a Quito, previa escala en Pasto, donde nos iniciamos en el culto del yagé después de una visita a la prodigiosa laguna de La Cocha, al lado de nuestro amigo Arturo Bolaños, quien aún protege nuestra respiración. Y posteriormente realizamos un viaje a Cartagena, periplo temerario donde Soca, quien había extraviado su licencia de conducción, se empeñó en que yo debía manejar sin saber hacerlo –pues mi experiencia en este oficio era de tan solo ocho días– hasta la fría Tunja, ciudad donde este poeta de barba luenga recibió el volante de mis manos temblorosas, no sin antes brindarme un merecido whisky, en una hostería desde la cual contemplábamos el misterioso Pozo Donato, que los conquistadores españoles intentaron vaciar sin éxito, en busca de un tesoro jamás descubierto.
En 1992 me encontré sitiado por los hermosos textos de su libro Que la tierra te sea leve, para el cual escribí un comentario bautismal, y una tarde de 2005, mientras me hospedaba en su casa campestre de Cartagena –recuerdo el hecho con absoluta nitidez–, escuché unos extraños campaneos en el jardín al despuntar el alba, por lo que me levanté con sigilo a espiar desde la ventana de la habitación de huéspedes, y por minutos vi a Soca armado de una antigua jardinera de metal, con un aire similar al Whitman que describe García Lorca –con su larga barba llena de mariposas–, regando las flores y saludando a los árboles, antes de que el sol del trópico extendiera sus dominios.
Años después supe que el atemporal escritor había renunciado a realizar lecturas y en cambio efectuaba exposiciones de poemas, motivo por el que decidí sorprenderlo en uno de esos acontecimientos misteriosos organizado en las murallas de Cartagena, donde los asombrados asistentes se acercaban a los cuadros que contenían sus textos, y los leían con gran recogimiento, oficiando –como él lo había previsto– un tributo al silencio.
No hace falta rememorar más encuentros, o quizá solamente sean ya necesarios aquellos que propone la poesía, la cual se ampara en el linaje de la palabra imprescindible, razón que me lleva a evocar algunos de sus conmovedores versos que dibujan esa cicatriz llamada memoria.
En consecuencia espero ser ahora apenas un brillo de luciérnaga que pueda guiar al lector dejando escuchar ese silencio que Socarrás pulsa desde sus orígenes creativos, y que mis señales conduzcan al visitante a esos hallazgos tan esenciales para mí, mientras me sitúo afuera de las palabras, ¿pues qué ha hecho él, en su veintena de poemarios, la mayoría de ellos inéditos, casi perpetrados para sí mismo, si no es consagrar su escritura al poderoso silencio?
Seguiré entonces la estrategia del cazador de perlas, que podría definir a todo lector apasionado, quien en su aventura en los límites renuncia a todo con el propósito de privilegiar los deslumbramientos.
Comienzo aquí con una pieza notable de la poesía colombiana, sueño circular, homenaje preciso e irónico a nuestra fuente genética:

Mi padre se ha ido pareciendo
a mí.
Libre de cualquier memoria
su rostro atraviesa
cada uno de mis gestos,
cada página
cada miedo a repetir.

Tal vez sus poemas se borran a medida que pasamos las páginas, es decir que se reducen al blanco de su obsesión. En ocasiones siento que sus versos inscriben signos en la arena que deben ser disueltos.
Cultor del erotismo, Socarrás dibuja –no se podría decir escribe– este breve texto donde el movimiento, la suave ondulación, deletrea la carne:

Girar,
se demora
en tu cuerpo.

Y en el hallazgo siguiente, que mi memoria honra, amar se propone como un acto distante de toda singularidad, pues ¿acaso es posible ser original en los senderos que abre el deseo? ¿No había dicho Cioran que existir es un plagio?

 La que ama
se repite
como alguien que vigila.

Convoco una pequeña obra maestra del erotismo que debería ser leída a la luz de Georges Bataille:
VITAM (Vida)
El perro de presa levanta el hocico
y teme
haber hallado el amor.

Y si la casa, es un espacio interior como lo imaginó Bachelard, si la materia de su construcción está compuesta por piedra y cemento como por ensoñaciones y recuerdos, entonces el poeta fija su nostalgia:
La casa,
Otro paso interior
Que no he sido.

Aquí un breve poema fraguado para enfrentar las fauces del abismo:

Todo lo que va a sanar
Espanta.

Como un culto a su creación artística, es necesaria esta interrogación magistral:

Me veo nacer como morir.
¿Hiere la poesía
el hilo que me sostiene?

Y algunas veces la escritura también sabe ser la venganza de las víctimas:

Luego de morir
las aves retornan a las manos
que rompieron sus cuellos.

Y como acopio de fuerza, un consejo profundo, una serena decisión que hará posible cosechar en tierra estéril:
Levanta un ojo
y ten fe
en el desierto.

En el siguiente epigrama el airado reconocimiento de la entropía, la alegre aceptación de los arrasamientos:

Nos reímos de la mordedura que es el tiempo...

Y como punto culminante de esta pequeña antología que he ido cultivando en mi interior durante tantos años, bajo el estigma de una complicidad esencial, uno de los textos fascinantes de su último poemario:

En términos de luz
la soledad completa
su nacimiento.


La soledad puede ser traducida como luz, según postula el poeta, y de ella surge su reino creativo, pero más allá, es posible –es urgente– que la soledad ofrende nuestro origen, que sea umbral y sueño. Que sea alquimia del resplandor, fuego de los nacimientos...

Carlos Granada en la Galería Lamazone




Un merecido homenaje a la obra del artista tolimense Carlos Granada (1933–2015) realiza Lamazone Arts en Bogotá. La muestra, producto de una curaduría brillante, presenta al espectador diversos cuadros de la temática política de este agudo crítico de nuestra realidad violenta, así como del otro universo que siempre lo obsesionó: el erotismo.



Carlos Granada estudió en la Academia San Fernando de Madrid donde coincidió con Fernando Botero, y fue director del Departamento de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Sus obras provistas de un gran contraste colorístico, donde el rojo dialoga con un negro irreal, capaz de inusitadas transparencias, manifiestan la visión penetrante y el poderío estético del artista fallecido hace unos meses en Bogotá, a quien, como siempre ocurre en nuestro amnésico país, todavía se le debe un extenso reconocimiento por su aporte a la plástica nacional.
Es fundamental señalar que Granada fue cofundador del centro de investigaciones “Taller 4 Rojo”, que tuvo gran presencia en el desarrollo del grabado en Colombia y en la deliberación del papel del artista como vigía de la sociedad. Su pintura “Fusilamiento”, monotipo realizado en 1969, hace parte de la importante colección del Museo de Arte Moderno de New York. 

Galería Lamazone. Cra. 3a # 63 - 58, Chapinero, Bogotá   

Poemas de Octavio Mendoza

(Barbosa, Santander). Con estudios en pintura, grabado, ciencia, arquitectura y urbanismo en universidades de Bogotá (Colombia) y Seúl (Corea  del sur), el artista Octavio Mendoza ha expuesto en ciudades de Europa y América. Es autor del libro: Días que también fueron la vida. La editorial Caza de Libros publicará su primer poemario.

 

PRESAGIO


No se nos ha dado la dicha,
ni la saciedad, ni el odio.

No se nos ha dado el camino,
ni un destino ya encarnado.
No se nos ha dado el hastío,
que es carne de indolencia.

No se nos ha dado el vacío,
ni  venganza, ni represalia.
porque sería como caminar con la sustancia del odio.

Se nos ha dado el color,
la respiración de las hojas,
y  la simetría del agua para entender lo que es secreto.
Se nos ha dado la lluvia para apaciguar la tierra,
y la tierra para extraer las señales del ser.

Se nos ha dado el sueño,
la consolación de los cuerpos,
la flor que navega en el lago de una orilla a otra
mostrando el viaje circular del tiempo.

Y se nos ha dado el presagio
 cuando alguien ha pasado la calle, diciendo a otro:
“no basta, no basta la alegría, volvamos adentro a contemplar la llama”.



ME EXTIENDO SOBRE LA HIERBA


Vagando, vagando, sin sonido en mis palabras,
llego de nuevo al montículo de mi descanso.

Me extiendo sobre la hierba fragante;
otros se quedan de pie y no los envidio.

Miro el horizonte  desde otra altura
con la sensación de los días lejanos.

Me siento alrededor de un árbol
cuyo tronco crece en círculos concéntricos,
como un lagarto de pie que reclama al cielo.

Enciendo una fogata y caigo en un sueño
que me regala el día, hasta la extensión de la noche.

Aunque viva para ver el alba,
¿cómo desear que alguien me despierte,
si sueño un viaje
sobre la hoja movida por el viento alrededor de mi cabeza?



LO VIVIDO


Hay un momento en que lo vivido
pide una explicación final;
en que la vida pasada
finge ser brisa que busca entre los cuartos,

            en que el recuerdo de alguien
            es esa flor en el vaso que cambiamos de sitio.
            Queremos partir a otros días
            y escoger lo que vamos a dejar:

Viejos papeles rotos, hojas secas con un nombre,
una foto en que tenemos las piernas al aire
y el mundo es una pista de baile.


            No sabemos si llevar o dejar
            el brillo de unos ojos en una fotografía diminuta
            con una frase que dice:
           “Te estoy amando pronto, más pronto de lo posible”


Sinfonía del orbe, presentación


El Jardín Botánico de Bogotá y Poesía Sin Fronteras
Invitan a la presentación del libro
Sinfonía del orbe, poesía completa
De Lila Gutiérrez Riveros

La presentación estará a cargo de José Víctor Guerra
Viernes 5 de febrero. Hora: 11:00 a.m.
Auditorio Principal del Jardín Botánico
Av. Calle 63 No. 68-95
Bogotá, D.C.

Cartas de los Lectores No. 407 - Febrero 2 de 2016

CONTRA ABAD FACIOLINCE. Leyendo una revista Credencial del año pasado me encontré con un artículo de Abad donde le atribuye a Juan Villoro la frase: “Muerte, ¿dónde está tu victoria?” Me sorprende que una de las glorias de la literatura colombiana piense que esa conocidísima frase bíblica (Corintios) es del aburrido narrador mexicano, ¡es asombroso! Por otro lado vi el documental (Carta a una sombra) sobre la vida del humanista Abad Gómez, el padre de Abad Faciolince, y también quedé sorprendido cuando al final, mientras la familia cena, se preguntan sobre quién ordenó la muerte del padre, a lo que responden que seguramente nadie, que lo hicieron los paramilitares para quedar bien con los militares, o los militares para quedar bien con los políticos, y cuando los televidentes esperamos una revelación histórica, se levanta Héctor Abad Faciolince y dice: “Alguien quiere más postre?” No sé por qué todo tiene que ser así en Colombia, hasta lo más serio se convierte en algo superficial, en farándula. Álvaro García Prieto.
* * *
MARISOL BOHÓRQUEZ. Gracias a Con-fabulación, nuevamente nos sorprenden con temas por explorar como el largometraje La Luciérnaga y poesía por leer, esta vez la de Marisol Bohórquez Godoy quien desnuda el alma femenina en cada uno de sus versos, que sugieren valiosas imágenes plásticas que invitan a ser pintadas. Fabiola Flórez Roncancio, pintora colombiana     
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LA LUCIÉRNAGA, LA PELÍCULA. Es increíble que apenas a través de medios como el que ustedes con tanto desvelo mantienen, se pueda uno enterar de los logros de tantos colombianos en el exterior. El palmarés de Ana María Hermida es una grata prueba de ello. Gracias por su apoyo permanente a nuestro talento en la diáspora. Luiciano Montellini
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MARISOL BOHÓRQUEZ. Bonita la reseña que hace Amparo Osorio sobre el libro de esta autora huilense. Sus poemas me gustaron mucho. Soledad Gutiérrez Gómez.
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MUSEO RAYO.  Definitivamente es necesario aplaudir y apoyar las actividades del Museo Rayo, en las que su fundador, el desaparecido pintor Omar Rayo forjó todos sus sueños. Un verdadero legado no solo para el Valle del Cauca, sino para Colombia entera. Andrés Alberto Buitrago

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La soledad de los espejos de Marisol Bohórquez Godoy


Por Amparo Osorio

Desde una línea invisible que simboliza la fuga, pero de igual manera la aprehensión de la palabra herida, Marisol Bohórquez traza en el magma de La soledad de los espejos, el instante hecho grito en el que se asoman las fibras más temblorosas de sus interrogaciones metafísicas.

Pero, ¿cuánto de mí se ha escapado contigo
que ya no reconozco mis pasos?

Nos dice en uno de sus versos, y en esta pérdida, de sí, del otro, a través de sus atmósferas íntimas que se convierten en eje central de este libro, vemos cómo la autora va ondeando las banderas de los intrincados e inexplicables caminos del amor, logrando un exquisito equilibrio de alteridades, que nos recuerdan desde su voz que cada imagen, cada pregunta, o cada desgarradura, significan también una alegórica puerta hacia el reencuentro de nosotros mismos.

Cuando el silencio parece consumirlo todo...
algo dentro de mí sigue fluyendo.


Poemas Marisol Bohórquez Godoy

DESVARÍOS

Sueños de espuma devorados por el tiempo,
recuerdos que destiñen palabras nunca pronunciadas
y que traen tu voz
como la pesadilla del amor que me busca.

¿Es la muerte que me llama
al otro lado de esta angustia?
¿O la vida
tratando de encontrarme entre las piedras?


AMANECER

La noche no está lista para morir…
El sol viene a secar sus lágrimas,
lágrimas que aún palpitan sobre el césped.


EL VIENTRE VACÍO

Desde las entrañas, un grito mudo rasga el universo
llanto de vida que se arroja al mundo en mil pedazos

La semilla que sembramos deja de aferrarse
sangrante se desprende de mi cuerpo y muere.


LA CONDENA DE LOS AMANTES

Para no huir de tus brazos al caer el sol
para no resignarme al escape inevitable de tu cuerpo
continúo acariciando el cadáver de la noche.


Marisol Bohórquez Godoy. Nació en Santa María, Huila-Colombia, en 1982. Estudió Administración de Empresas en la Universidad Surcolombiana, Ingeniería Industrial en la UNAD y Especialización en Gerencia de la Salud Ocupacional en la Fundación Universitaria del Área Andina. Ha participado en concursos literarios convocados desde España y sus microrrelatos han sido publicados por la Editorial Letras con Arte en las antologías: Fuego, aire, agua y tierra y  La mar y sus gentes.

La colección Los Conjurados publica su primer libro La soledad de los espejos. Actualmente escribe poemas y ejerce su profesión como Ingeniera Industrial. 

La Luciérnaga, Largometraje dirigido por la colombiana Ana María Hermida



Tras la repentina muerte de su distanciado hermano Andrés, Lucía encuentra consuelo en su prometida Mariana. Aunque sean totalmente desconocidas estas dos mujeres crean un fuerte lazo al compartir recuerdos e historias del hombre que las dos amaban profundamente. Durante su proceso de duelo nace entre ellas un amor que nunca imaginaron y llega el momento en donde Lucía debe elegir si volver a su antigua vida con su esposo de cuatro años o continuar en este expectante viaje con su nuevo amor. 


SINOPSIS TÉCNICA
La Luciérnaga cuenta la historia de Lucía interpretada por la actriz Colombiana Carolina Guerra (La Lectora, The Damned, Da Vinci´s Demonds) quién después de la súbita muerte de su distanciado hermano Andrés encarnado por Manuel José Cháves (El Capo, Kdabra) conoce a su prometida Mariana interpretada por la Mexicana Olga Segura (Cellmates, Border Run, González: Falsos Profetas). Usando un Realismo Mágico Gótico se muestra cómo estas dos mujeres viven un proceso de duelo juntas dando como resultado a una relación que ninguna de las dos jamás se imaginó.
Escrita, dirigida y producida por la realizadora Colombiana Ana María Hermida (Cortometraje El Elefante Rojo - Ganador de Mejor Dirección y Mejor Película en el Dusty Film Festival, 2009).
Producida por Luisa Casas (To.get.her. - Sundance, NEXT 2011). Con los productores ejecutivos Dimitry Elyashkevich (Jackass Movies, Wildboyz) y Jake Ryan (Hamlet 2), entre otros. Con el mexicano Alonso Homs (The Great Gastby), director de Fotografía. También hacen parte del elenco los reconocidos actores colombianos María Helena Doering, Luis Fernando Orozco, Andrés Aramburo, Juan Falla y Álvaro Rodríguez. La película contó con la colaboración durante el proceso de edición del reconocido productor Michael Fitzgerald (Wise Blood, Under the Volcano, The Homesman) quién trajo como sonsultor de edición al editor Roberto Silvi (The Three Burials of Melquiades Estrada, The Sunset Limited y The Homesman). 


FESTIVALES Y PRENSA
-Festival Internacional de Madrid 2015 - Nominada a Mejor Película extranjera, Mejor Actriz Principal y Mejor Actriz de Reparto. 
-Atlanta Film Festival 2015 
-Sarasota Film Festival 2015 
-Habana Film Festival 2015 y
-Sydney Film Festival 2016 

"La película de Ana María Hermida indaga las relaciones humanas y el duelo. Es un film maravilloso". Chris Newman (Ganador del Oscar por The English Patience, Amadeus y The Exorcist.) 

"Es una hermosa película. Las actuaciones son a la vez íntimas y poéticas". Bryan Buckley (Nominado al Oscar por Asad y considerado por el New York Times como "El Rey del Super Bowl") 


NOTA DE LA DIRECTORA DEL FILM



Ana María Hermida

Fui una niña feliz, siempre veía lo lindo de la vida incluso hasta en los momentos más tristes. La muerte por ejemplo me parecía hermosa y en su morbilidad encontraba la poesía hasta que un día, todo eso cambió. 
El 30 de diciembre del 2007 recibí la peor llamada que alguien pueda recibir. Mi mamá me llamó para decirme que mi hermano menor había fallecido en un accidente de tránsito. El duelo de su muerte fue algo tan monumental que sobrepasó los límites de mi imaginación. Todo lo que solía ver lindo se volvió oscuro. El vacío era tan grande y el dolor tan profundo que el único lugar donde (medio) podía estar era debajo de las cobijas. Ahí pasé mucho tiempo y aunque seguía en la universidad, no encontraba una razón suficiente para levantarme de la cama.
 Un día la eterna novia de mi hermano me llamó para decirme que quería venir a visitarme a Nueva York. Me levanté ahí mismo y empecé a alistar todo para su llegada. Pasamos más de un mes juntas en mi apartamento (del tamaño de una caja de fósforos). Yo le conté historias de mi niñez, ella me contó historias de su relación con mi hermano. Esas oscuras noches de largas charlas trajeron consigo un poco de luz e inspiración. Tuve un deseo enorme de inmortalizar una historia de amor que ese proceso de duelo había inspirado. Fue ahí cuando empecé a escribir La luciérnaga.

 Alejandro Jodorowski resume muy bien este proceso creativo cuando dice: "Aunque rocen el barro, las luciérnagas siguen brillando¨.