No. 454. Escribir, tan solos

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FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez,  Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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ESCRIBIR, TAN SOLOS - DE CARLOS SKLIAR


Bajo el sello Mármara Editores (Madrid, 2017) ha comenzado a circular este nuevo libro del escritor argentino Carlos Skliar, Escribir, tan solos. A continuación publicamos una semblanza en la que el escritor Mario Alberto Medrano González, nos introduce a estas inquietantes páginas. 




¿Qué soledad fue la que acechó los ensayos de Escribir, tan solos? Mi primera respuesta ha sido “la soledad en llamas” de la que escribió Gorostiza. No son pocos los esfuerzos de Carlos para enfrentarse al incendio silencioso de la lectura, su preocupación –si es que alguna hay- parte del oficio de lector, antes que del escritor.
La soledad de Carlos Skliar es inaccesible, y así lo es porque tampoco le pertenece. Lo mismo sucede con cada uno de los autores que componen el corpus de este volumen. Estos ensayos son al mismo tiempo Diarios, confesiones hechas a bocajarro, y si la escritura es intimidad, entonces ya es demasiado tarde para arrepentirse por lo escrito.
“El ritual del hombre es la soledad, ésa es su patria; del territorio de la voz que piensa…”, afirma de forma poética, el autor. Entendemos con estas líneas que los escritores prefieren el monólogo al diálogo, la reclusión, el estado de sitio. Muchas de las soledades que ahí se dibujan son lugares donde extender la palabra.  
Ya sea Montaigne, Pessoa, Coetzee, Duras, Juarroz, o cualquiera de los aquí incluidos, tenían una sospecha: el otro, ése que no es como nosotros, tiene un secreto de nuestros nombres, de nuestra palabra, de nuestro lenguaje. La soledad y la escritura son acción y contemplación.
Pensé iniciar este escrito diciendo que yo sé que es la soledad: la poesía, ese imperio de la memoria y el deseo. Sin embargo, a mis quince años, cuando yo sabía todo, cuando estaba seguro que todo lo conocía, siempre miré la infancia como el único territorio de la soledad: todos los soliloquios se vuelven ficciones. La soledad se erige como un árbol a mitad del mediodía. Muchos de los escritores que analiza Skliar comenzaron su vida literaria desde una distante infancia, en ese lugar de verdades completas. Creo que ambas ideas pueden ser ciertas.
La urdimbre con que están escritos estos ensayos es el irrefrenable tiempo. Un registro detallado del naufragio de la lectura. Pocos pueden decir gran cosa sobre sí mismos, pero sobre otro es muy posible. Skliar ha craneado cada uno de los libros-personajes que aquí lo atormentan, artistas que despertaron en él la curiosidad de mirarlos desnudos, de reinventarlos si se quiere. Aquí, soledad no es hablar en voz baja, es más bien una rebelión, como el mismo autor lo dice. El solitario es la vuelta de tuerca en el drama de la historia.  
Si la soledad es un punto de vista, como el autor intuye, este libro es un pensamiento consumado. Escribir, tan solos un libro escrito contra la frivolidad. Las atmósferas en este libro recrean más una cantina con un solo hombre, una casa de un solo espejo, habitaciones de noche, todos los personajes de Tolstoi, los heterónimos de Pessoa, los aforismos de Cioran, la poesía vertical de Juarroz, los tártaros de Buzzati, el mar calmo de La Iliada, la sífilis de Nietzche, los bárbaros de Coetzee, la antorcha al oído de Canetti, el Kafka de Gregorio Samsa, la voz de Keats que dice “nada sé, y sin embargo la tarde me escucha”… Escribir, tan solos es un puente entre los escritores que Skliar ha decidido escudriñar y los escritores que cada lector quiere traer de sus imaginario.  
Posterior a la lectura de estos ensayos, me revolvió una duda el pensamiento: Si el hombre no es la medida de todas las cosas, como demostró Sócrates a Hermógenes, acaso la soledad sí lo es.  

NUEVOS POEMAS DE HERNANDO SOCARRÁS




La lealtad

La lealtad es un latido
que apresura la transparencia
del corazón.
Es como llevar una estrella encendida 
en algún lugar del pensamiento,
y compartir la certeza de estar vivos 
entre las formas del igual.

Sin los excesos

Puede advertir el espacio
que se prolonga en la soledad.
Puede ser su propio amuleto
sin los excesos de la razón.




EL CINE INTERROGANDO NUESTRA NOCHE



Omar Ardila

“La luz es el primer animal visible de lo invisible”

(Fragmento del filme Nuestra Música de Jean Luc Godard)


Siguiendo el mismo esquema de La comedia de Dante Aligheri, Godard nos presenta en Nuestra Música (2004), un filme dividido en tres partes (I Reino: Infierno, II Reino: Purgatorio y III Reino: Paraíso) las cuales son disímiles en la duración, en el manejo narrativo y en los aspectos técnicos. Sin embargo, las tres mantienen una constante reflexiva centrada en diversos procesos a lo largo de la historia, que dejan a la especie humana muy mal situada respecto de la aspiración a una tranquila convivencia.
La primera parte (el reino del infierno), cuya duración es de siete minutos, está conformada por una serie de fragmentos de filmes clásicos (argumentales y documentales), montados a través de un soporte videográfico. La unidad temática de dichos fragmentos secuencializados la constituye el permanente accionar de guerra que ha acompañado nuestros pasos. Vemos en una especie de collage cómo se alternan imágenes de colonizaciones, cruzadas, campos de concentración, explosiones, seres desmembrados, niños sumergidos en una actividad que no alcanzan a comprender... En fin, ¡El terrible lastre de la guerra! En diferentes escenarios y momentos. El ritmo es vertiginoso y tiene unas variaciones musicales con presencia de fuertes sonidos de piano que le imprimen una sobria profundidad y elegancia. De entrada recibimos un duro impacto con la agobiante crudeza de las imágenes en las que el “mensaje” es contundente: asistimos al horror que nos queda tras desnudar la agresiva condición humana.

El segundo reino (purgatorio) es el de mayor duración y el que concentra un mayor número de reflexiones, posiciones y variaciones referentes a la posibilidad fílmica. El relato se ubica en la semidestruida ciudad de Sarajevo luego del conflicto balcánico. Allí concurren personalidades del mundo intelectual a un encuentro de escritores, y junto a ellos asisten periodistas y estudiantes, quienes los indagan continuamente sobre la lectura de la situación actual desde sus distintos saberes (literatura, poesía, cine, filosofía). Entre las personalidades presentes se encuentran: Jean-Paul Curnier, Juan Goytisolo y Mahmoud Darwish (autor de La palestina como metáfora, la cual se cita expresamente en el filme). Tenemos, entonces, un verdadero encuentro de lenguas, puesto que cada autor habla la suya, haciendo un llamado al entendimiento intercultural y a la convivencia, y adoptando un lenguaje equilibrado que pretende ser inclusivo. Con todos ellos se establece un rico diálogo interdisciplinario que invita a revisar y a repensar nuestros discursos en el marco de un momento histórico cercano al cataclismo.
En Nuestra Música hay una persistencia en las citas – como es acostumbrado en los trabajos de Godard –, sólo que en esta ocasión, los mismos autores presentan de viva voz sus reflexiones, incluso, el mismo Godard manifiesta su visión sobre la práctica cinematográfica.
A lo largo del camino por el purgatorio también se plantean problemas filosóficos de antigua preocupación. Un ejemplo es la pregunta por la muerte, la cual no queda resuelta durante el filme, sino que aumenta las posibilidades para su abordaje. En uno de los textos se nos dice: “la muerte tiene dos posibilidades: ser la posibilidad de lo imposible o ser la imposibilidad de lo posible”. Se abre así, un amplio espectro que nos recuerda lo indefinible de ciertas situaciones y que pone en nuestras manos la posibilidad de escoger los eventos. Es el hombre quien determina, desde su posición ideológica, la ruta por seguir sin tener que sujetarse a parámetros externos. Pero, al mismo tiempo, duda de ese “buen juicio” atribuido al hombre ya que la cita anterior se completa con una segunda parte que dice: “o yo soy un otro”. El yo para completarse necesita de su ausencia – su contracampo es aquello que le hace falta –. Y esa ausencia extraviada es producto de la escisión que nosotros mismos hemos generado en todo. Por tanto, la seguridad pretendida para tomar las decisiones correctas no es más que una ilusión del ser que no se reconoce (del yo que sabe que es otro: un extravío). Y para trascender dicho discurso, Godard lleva la reflexión a una dimensión socio-política cuando agrega que “el sueño de un individuo es ser dos” y por su parte “el Estado busca ser uno”. El individuo que reconoce y añora la realidad de lo ausente, y el Estado que requiere para su existencia, la cohesión del poder y la fuerza en un solo estrado para así pasar por encima del individuo.
Pero decir que el individuo “aspira a ser dos” no supone aceptar una división irreconciliable, ni que el uno se transforme en el otro; por el contrario, Godard apunta hacia la conjunción en medio de las multiplicidades. Dicha conjunción se ubica en la frontera que se establece entre dos elementos. Es allí donde se hace visible lo imperceptible, donde reside la facultad creativa e integradora. El lugar hacia donde debe mirar el artista para realizar su trabajo. Con verticalidad poética, Godard lo describe bellamente: “la luz es el primer animal visible de lo invisible”.
De igual forma, hay reflexiones en torno a ciertas dinámicas políticas que han sido objeto de constantes discusiones. Pese a la desenfrenada actuación del hombre en contra de su propia naturaleza, Godard insiste en que la raza humana puede construir y se merece una mejor vida, pues el hombre está por encima de ideologías y de principios estatales y la vida debe ser respetada ante todo. Por tanto “matar a un hombre para defender una idea no es matar una idea, es matar un hombre”. Así las cosas, el respeto por la vida se vuelve necesariamente un imperativo en la obra de Godard. Para el cineasta francés, la verdadera revolución debe venir a través de la creación. El artista está llamado a desconocer las relaciones de poder nocivas para la convivencia. Toda la fuerza creadora es la que potencializa el cambio. Pero no concibe un artista que toma distancia de lo que realiza – se cita el caso de Homero – sino el artista que cuestiona su mundo interno desde su posición de clase – y pone como ejemplos a los poetas Valente y Lezama-Lima –. Incluso, va más allá con su discurso: pone a la poesía como el gran estandarte generador de unidad entre los congéneres. Es aquí cuando le da paso al poeta palestino Mahmoud Darwish para mostrarlo como un adalid que encarnó las vivencias de su pueblo y lo animó a mantenerse en pie, desconociendo la derrota. ¡Por fortuna, los palestinos aún tienen poesía!... El poeta advierte con vehemencia que “si nos derrotan en poesía, ese será el fin”. Aunque se viva en la zozobra de creer que todos los otros son enemigos, la palabra poética derriba esos muros de temor e invita a la convivencia. En una secuencia llena de carga simbólica, aparece un albacea intentando recomenzar la “civilización” con los libros que algunos tiran a la basura (como queriendo expiar su culpa por haber seguido esas lecturas). La poesía, entonces, será siempre renovación y esperanza.
En Nuestra Música, Godard continúa con su irreverencia cinematográfica, y como ha acostumbrado, teoriza sobre los principios que deben acoger las obras fílmicas. De forma positiva (incluso salvadora) presenta la posibilidad expresiva a través de la imagen-tiempo que condensa el cine: “el principio del cine es ir hacia la luz y dirigirla sobre nuestra noche... Nuestra música”. Lleva el discurso escindido de las categorizaciones formalistas del cine a la integración. El contracampo no es un opuesto definitivo, es un espacio para tener en cuenta y completar el acto creativo. La preocupación por la imagen no es tanto por su forma sino por el diálogo que logra establecer con el espectador – las relaciones perceptuales que genera en su posibilidad de comunicar algo –. “La imagen es felicidad pero a su lado está el vacío, y éste sólo se llena convocándolo”. Es más, pone en duda la separación entre documental y argumental. No existe tal claridad sobre lo real y lo imaginario o sobre la certidumbre y la incertidumbre. Al final de Nuestra Música nos queda la sensación de haber visto una obra documental, pues Godard junta actores (personajes) con personas de la vida real en un ambiente de tranquila convivencia – de esta manera, rompe la estructura composicional de los entes del relato audiovisual para las obras de ficción –; y ubica la historia en una ciudad en ruinas, devastada por la implacable guerra, en medio de un encuentro de pensadores. Será difícil, entonces, encontrar más realidad que la expuesta en toda la dinámica de la película.
Pareciera confirmársenos la pretensión de Dziga Vertov, para quien el cine sólo puede estar preocupado por la realidad. Esa capacidad para captar la luz que ostenta el cine, necesariamente debe ser vertida sobre nuestra larga noche. Godard quiere develar cómo es que se ven los actores de la ocupación de Israel a Palestina; por eso se piensa, para efectos del filme, como israelí y le da vida al personaje de una joven de ese país que continuamente se interroga sobre por qué son odiados en muchas partes.
En el filme, intencionalmente, hay una despreocupación por la parte formal de las imágenes (angulaciones perfectas o equilibrios dentro del cuadro) pues la imagen tiene luminosidad propia al interior de sí misma y lo que requiere es una pantalla oscura que no la deje moverse en todas las direcciones. De ahí que resulta siendo un acto ético, el manejo que se le dé sobre esa pantalla a las imágenes.
La cámara como instrumento que permite ver de otra forma la realidad, nos propone un camino abierto para la experimentación. El problema en la mayoría de las producciones es que desde el inicio ya tienen definido lo que van a proyectar, reduciendo así la vertiente de novedad que siempre nos entrega la cámara. Godard sí le apuesta a esas posibilidades renovadoras del dispositivo cinematográfico, por eso se salta muchas normas de continuidad visual y auditiva en aras de establecer un diálogo propio. Le da cabida a bruscos movimientos de cámara y a encuadres que cortan los personajes; también produce superposiciones de sonidos, algunos de los cuales no concuerdan con el cuadro. Hay narraciones en off, varios diálogos al mismo tiempo (los cuales resultan incomprensibles), y además, largos monólogos con densos discursos. La cámara se convierte en un instrumento trasgresor de la mirada en el que el director francés siempre ha creído, debido a sus posibilidades vanguardistas. Al final, cuando se le interroga por la suplantación del cine con la tecnología digital, su respuesta es más que reveladora: ¡El silencio!

En el tercer reino (paraíso), la joven israelí que apresuró su muerte para lograr la reconciliación, recorre victoriosa un escenario costero en el que todo parece armonioso. Todos los personajes están en estado de contemplación como olvidados del tiempo. La tonalidad de las imágenes es más intensa, todo es más claro, más nítido. Godard retoma la metáfora cristiana de Adán y Eva pero, en esta ocasión, sin referencias al pecado, pues el hombre y la mujer comparten tranquilamente la manzana. Y sarcásticamente, el escenario es resguardado por los marines “americanos”. El paraíso de Nuestra Música es puro divertimento. Después de habernos golpeado intensamente las anteriores dos partes, ésta última nos genera cierta esperanza. Pero su realización, posiblemente tenga lugar, cuando ya sea demasiado tarde.

Antes de finalizar este breve acercamiento a una obra del más grande director de cine aún vivo, es preciso recordar que Godard siempre se ha caracterizado por seguir su “propia línea” (contestataria, irreverente, generadora de rupturas en todo) a lo largo de sus numerosas realizaciones, en las que ha aplicado fervientemente su conocida máxima “no una imagen justa, sino justamente una imagen”: la imagen que no se adecua a los modelos preestablecidos sino aquella que es un devenir constante, que desestructura el ritmo convencional dado a los imaginarios cinematográficos. En palabras de Deleuze, “Godard se ha adelantado a todo el mundo y a todos ha marcado, pero no por la vía del éxito sino más bien siguiendo su propia línea, una línea de fuga activa, una línea quebrada en todo momento, en zigzag, una línea subterránea”.

*Omar Ardila Murcia. Poeta, ensayista y analista cinematográfico. Ha publicado: Alas del viaje en un instante (2005), Palabras de cine (2006), Corazón de Otoño (2010), Espejos de niebla (2012), Antología de poesía anarquista –Tomos I y II (2013), Cartografías cinematográficas (2013), Esquizoanálisis y pensamiento libertario (2015), Devenires menores (2015) Luces sobre las piedras (2016), y Las cinco letras del DeseoAntología latinoamericana de poesía homoafectiva del siglo XX (2016). Es creador de los blogs: Cine Sentido y Pensar, crear, resistir.


METAPHYSICA


Y ya es bastante, para el poeta,
ser la mala conciencia de su tiempo.

Saint-John Perse

(Tomado del Discurso ante la Academia Sueca,
al recibir el Premio Nobel de Literatura - 1960)

***

CARTAS DE LOS LECTORES

AMIGOS CONFABULADOS: Fue muy grato estar en la Feria del Libro y confirmar cómo se siguen consolidando como una de las más importantes editoriales independientes de Colombia. Felicitaciones! Ariel Buendía.

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QUERIDOS CONFABULADOS: Quedé muy complacido de visitar su stand en Corferias. Muy sobrio, muy digno de la poesía y de toda la literatura que publican.  Roberto Arias Jaimes

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QUERIDOS CONFABULADOS: Los felicito, sus publicaciones son una excelente prueba de amor por el arte.  Rafael Arévalo Castro

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QUERIDOS CONFABULADOS: Gracias por su fe en la poesía. El evento de la Feria me encantó. Y sobre todo la lectura de cada uno de los escritores. Ana Cristina Jáuregui



No. 453, Presentación de Los Conjurados

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PRESENTACIÓN DE LOS CONJURADOS





Común Presencia Editores en la Feria Internacional del Libro - Bogotá
Stand 133, Pabellón 3, Primer Piso

La Colección Los Conjurados ha publicado en sus diecisiete años de existencia 135 títulos en los géneros de poesía, cuento, novela, testimonio, ensayo, crónica y lúdicas y desde sus orígenes ha sido su propósito hermanar las artes plásticas con la literatura, y es así como nuestras publicaciones distribuidas en las capitales de cuatro países y en Amazon.com para todo el mundo, sean consideradas como pequeños objetos de arte.
En un tiempo que ha estandarizado la imaginación convirtiéndola en un producto domeñado, donde las ficciones obedecen a una estructura comercial insalvable, el espíritu de Los Conjurados y de nuestro periódico Con-Fabulación (que hoy llega semanalmente a 100 mil suscriptores) se eleva como una opción esencial para que el pensamiento y la diversidad que enriquece a la literatura encuentre su destino, es decir al lector, que a pesar de la narcosis planetaria aún conserva intactos los interrogantes de su existencia, pues recuerda la luminosa sentencia del Cacique Pielroja cuando advirtió en su famosa carta al presidente de los Estados Unidos: “Aquí termina la vida y comienza la supervivencia”.
Para esos lectores que nadan a contracorriente en sus ríos metafísicos, hoy bautizaremos nuestras novedades editoriales.

Presentación de las novedades editoriales.
Gran Salón de Ecopetrol (Múltiple 21, 22, 23 -Salón F)
Lunes 1º de mayo a las 11 am.

No me entierres en la nieve




Boris Julián Pinto. Médico cirujano, bioeticista, especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central, profesor e investigador en el campo de la bioética clínica y profesor invitado al programa de maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Autor de varios trabajos académicos publicados en libros y revistas nacionales e internacionales. Su cuento Fabulista (1991) obtuvo el tercer lugar en el «Concurso de Cuento de la Revista Rapsodia» de la Universidad Nacional de Colombia. El libro Selah, o el masquil de amores fue finalista en el «Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá», convocado por el Ministerio de Cultura (2005). Barcas de Libertad fue finalista en el «Concurso Internacional de Ensayo Caminos de la Libertad» (2011). No me entierres en la nieve fue finalista en el «II Premio Nacional de Cuento» convocado por la Fundación La Cueva (2012). No me entierres en la nieve y otros relatos es su primer libro de cuentos.

“Llegó precedida por el olor de las azucenas. Entró como una reina en su litera tapizada con pieles manchadas de tejones, flotando sobre los hombros de seis eunucos sudorosos. Los ha­bitantes del cementerio blanco fueron los primeros en saludar el séquito real de enanos sonrientes, funámbulos, volatineros, encantadores de flautas, buhoneros de largos sombreros, bebe­dores de serpientes y domadores de cuervos. Detrás, llegaron los vivos a recibir la visita inesperada de tan lejanas tierras que avanzaba en medio del polvo, los azotes de los cueros de las tamboras, la mirada enajenada de los niños descalzos y la corre­ría de sus madres, lavanderas, molineras, pilanderas que sabían descamar el pescado y componerlo en salmuera”…

(Libro ilustrado por Gloria Ávila Pinto)

* * *

Sacrificio



Julio López,  nació en Duitama-Boyacá  en 1985. Es licenciado en Filosofía, Magister en Estudios y Gestión para el Desarrollo y especialista en políticas públicas. Reside actualmente en la. Publicó su primer libro Wittgenstein: la estética y el problema de la expresión en el 2012.

“Una mujer en la iglesia deposita una moneda dentro de la bolsa de las limosnas tratando de descubrir un camino de liberación, obstaculizada por el momento, el tintineo de las monedas dentro de la bolsa de terciopelo contrajo un pensa­miento irreducible al práctico problema de la simple teodicea.
—En el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, amén —Dice el sacerdote al persignarse y dar fin a la misa de noche”...

(Libro ilustrado por Francis Bacon)

* * *
Lúdicas



Argemiro Pulido Rodríguez.  Santa Cruz de Motavita –Boyacá 1953. A través de su trabajo como docente se ha dedicado a la promoción de la lectura y escritura con estudiantes y docentes. Es autor de: Lectura, escritura y autonomía, y del proyecto “Leer y escribir para comprender y transformar”. Premio Mejor PILEO de la SED Bogotá 2007. Su trabajo poético está condensado en los libros Desde Esta esquina, Poemas de Luz y sombra y Contraespejo. Actualmente se desempeña como docente de la SED Bogotá. Además, forma parte de la Academia Boyacense de la Lengua.

“Cada uno de los textos que conforman este libro, más allá de los refe­rentes que puedan contener, buscan ser un modo de acercamiento a la palabra que dejamos de lado, mientras pasamos raudos por las rutas circulares de la cotidianidad. A esa palabra, que de una parte nos constituye, y nos permite transformarnos y transformar nuestro mundo; y de otra, nos alienta y nos da los condimentos que necesitamos para vivir”...

NO DESEO QUE MI DESEO
sea tu deseo,
ni que tu deseo
sea mi deseo;
sólo deseo que tu deseo
y mi deseo
siempre se deseen.

EL HACEDOR
hace lo que hace
porque le nace,
sin condición;
el deshacedor
hace y deshace
lo que le place,
sin corazón.
¿DE QUIÉN ES LA ESTRELLA
que llama y destella?
—La estrella es de ella.
—¿Pero quién es ella?
—Ella es la doncella
que admira la estrella.

AL KÍNDER VA EL KOALA,
al kínder va;
vestido con kimono,
al kínder va.
Va con su tío koalote,
viajan en kart;
lleva kumis de kiwi
y kepis de kraft;
al kínder va el koala,
al kínder va.

(Libro ilustrado por Eduardo Esparza)

* * *
Jardín de piedras




Rocío Cabanzo de Ponce de León. Psicóloga clínica, se formó como Analista de Pareja y Familia. Es miembro activo de la Asociación Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia. Publicaciones suyas sobre Psicoanálisis Vincular han aparecido en el Libro Pensamiento en el campo vincular. AAPPG, Buenos Aires, 2004. Revista Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Buenos Aires 2010. En la Revista Vínculo, San Pablo, Brasil. 2015 y 2016.  Obtuvo Mención Honorífica en el Concurso Nacional Casa Poesía Silva 2010 y es autora de los libros de poesía: Umbral de lo indecible (Apidama 2008), Turbia Sangre: Bogotá, (Común Presencia 2014). Es coautora de Trabajos de Taller 2001 y Poesía Pintada, 2009 (Casa de Poesía Silva).

INVICTO

Se salvó del abismo
prendido a una flor…
Y de su noche,
lamiendo la luz en los rincones.

GIROS

Eres humo
en el aleteo de tus pies.

Como una madeja
te desatas en  giros…

Ellos  son los ojos
de tu danza.

HAIKÚS

La copa toca
la jarra de cristal
y la quiebra.

***
Las olas lamen,
sin borrarlas, a la garza
su reflejo y su sombra.

***

Cómo juegan
sobre las piedras blancas, 
la luz y las sombras.

(Libro ilustrado por Armando Villegas)

* * *

La caída interior




Amparo Osorio Bogotá 1951. Poeta, narradora y ensayista. Ejerce la Presidencia de la Fundación Literaria Común Presencia desde1989. Cofundadora de la Colección Internacional de Literatura Los Conjurados y actual directora del periódico virtual Con-fabulación. Ha publicado los libros: Huracanes de sueños (1983); Gota ebria (1987); Territorio de máscaras (1990); La casa leída (Antología de autores universales, 1996); Migración de la ceniza (1998); Omar Rayo, geometría iluminada (Entrevista, coautora, 2001); Antología esencial (2001); Memoria absuelta (2004); Estación profética (Antología personal, 2010); Oscura música (Antología, 2013) y la novela Itinerarios de la sangre (2014).

TATUAJE

            A mi hija, razón de vivir mi vida

Acudiremos a cada anunciación.
Al dictamen de las brújulas.
Al temblor de la herida
que todavía enseña
desdichas y rostros despojados.
Acudiremos a todas estas muertes equívocas.
Nacer será después
en otras derrotas
en otros desencuentros.
CÁLICE
           
            Yo estoy en donde estuve:
                entre los muros indecisos
                del mismo patio de palabras
                                   Octavio Paz

Mi memoria
Contaminada de espinas y de árboles lejanos.
La casa que nunca fue
La redondez de la fruta más triste
Iluminada por el misterioso
Corazón de la luna.
Mi memoria galopante
Como una anunciación intraducible
Todavía despierta húmeda
En las neblinas de la albahaca.

INVERNAL

            A Chali

Oscurecía en los ojos de los árboles.
Yo aspiré entre su aroma
los llantos ocultos
de la última tempestad.
Y nada pude hacer contra ese invierno
que me azotaba el rostro.
No hay lucidez para el olvido.
Tampoco hay esperanza.

HERMÉTICA

            A veces le cantaba a sus ojos…
                A sus cabellos
                                   Ingmar Bergman

Dos cuerpos que se juntan para el amor
van tejiendo el olvido.
Dos cuerpos que se juntan en el olvido
se consuelan.
Todo es posible, apenas
entre dos que se aman
y el Séptimo Sello.



(Libro ilustrado por Jim Amaral)

* * *

A 80 AÑOS DEL GENOCIDIO DE GUERNICA



Por Rodolfo Alonso *


            A metros de la Casa Rosada, junto a la estatua de Juan de Garay, Buenos Aires ostenta desde 1919 un retoño del más que secular Árbol de Guernica, emblema sagrado de las libertades vascas. Anterior incluso a la existencia de España como estado nación, a partir de Isabel y Fernando los reyes acostumbraban jurar bajo su sombra venerable respetar los fueros de Euzkadi.
            Acentuando su fuerte simbolismo, ese magnífico Roble sobrevivió, en medio de un hito legendario: la guerra civil española (1936-1939), a otro hecho de trágica resonancia. El 26 de abril de 1937 la vieja villa de Guernica fue literalmente reducida a polvo, junto con buena parte de su población, por los flamantes aviones nazis de la Legión Cóndor.
            Porque el 18 de julio de 1936, militares conducidos por Francisco Franco se sublevan contra la legítima República española. Controlados y muchas veces vencidos por el pueblo en armas, los milicianos recuperaron en Madrid su principal reducto, el Cuartel de la Montaña. Así comenzó la última guerra de hombres, y la primera contra el fascismo. Contra los fascismos, que reaccionaron de inmediato.
            Del principio al fin, Hitler y Mussolini cooperaron con la rebelión enviando sus mejores tropas y modernos adelantos bélicos, decisivos para la victoria franquista. Goering probó allí su naciente Luftwafe, y más de 700 pilotos alemanes cuidadosamente elegidos volaron para Franco. Ensayaron bombardeo de ciudades, blitzkrieg o guerra relámpago, terror sobre poblaciones civiles, ataques aéreos en picada y táctica de apoyo directo a las tropas de tierra. Sin olvidar los tristemente célebres tanques Panzer I.
Esas crueles experiencias fueron invalorables, al estallar casi de inmediato la segundo guerra mundial (1939-1945), para los primeros éxitos nazis en toda Europa. La misma Europa que abandonó a los republicanos españoles. Que sólo contaron con la ayuda sobre todo inicial de la URSS y el apoyo permanente del México de Lázaro Cárdenas, sin olvidar las heroicas e indomables Brigadas Internacionales.
            El 23 de abril de 1937, el jefe de la Legión Cóndor, Wolfram von Richthoffen, primo del famoso as de la aviación alemana en la primera guerra, anota en su diario: “¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles.” Y al día siguiente: “¿Conseguiremos destruir Bilbao?”.
            El 26 de abril, a las 14,30 la campana mayor de Guernica repicó alertando sobre un ataque aéreo. Era día de mercado. Se corrió a los sótanos. Un solitario bombardero Heinkel 111 de la Legión Cóndor arrojó su carga letal en el centro y desapareció. La gente dejó sus refugios para socorrer heridos. Quince minutos después, la escuadrilla completa de la élite aérea nazi sobrevuela Guernica. Cierto número de cazas italianos Fiat CR-32 y Fiat-Ansaldo participaron también. Hubo una estampida para huir al campo, pero cazas Heinkel 51 ametrallaron sin piedad hombres, mujeres, niños. Sin embargo, faltaba lo peor.
            A las 17,15 cuarenta bombarderos Junker 52 arrasan minuciosamente la ciudad, en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. Arrojaron desde bombas medianas o pequeñas hasta de 250 kg, antipersonal e incendiarias. Los testigos describen escenas apocalípticas. Familias enterradas por escombros de sus casas o aplastadas en refugios. Vacas y ovejas ardiendo por la termita y el fósforo blanco, enloquecidas hasta morir entre ruinas en llamas. Salvo la Casa de Juntas y el Roble milenario, no alcanzados por hallarse fuera del corredor aéreo que los pilotos alemanes siguieron disciplinadamente, Guernica era una pira de fuego, humo y terror.
            El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1645 muertos y 889 heridos) sufrió en carne propia el bombardeo. Al día siguiente, 27 de abril, la prensa británica anuncia la destrucción de Guernica, y el 28 tanto el “Times” como el “New York Times” publican el célebre artículo de George L. Steer. La indignación mundial es inmensa e inmediata. El 29 de abril el cuartel general de Franco emite un comunicado, donde intenta adjudicar la responsabilidad a “las hordas rojas al servicio del perverso criminal Aguirre”, presidente de Euzkadi.
            La mayoría de los vascos eran católicos y moderados o conservadores. Se unieron al Frente Popular en defensa de sus fueros seculares. A diferencia de la Iglesia española, que apoyó vivamente la “Cruzada”, fueron acompañados por sus sacerdotes. Yo mismo recuerdo una foto en la cárcel franquista, donde cien curas vascos rodean al dirigente socialista Julián Besteiro.
            Sólo tras morir Franco (1975), como exigió su autor, el cuadro más renombrado de Picasso, pintado frenéticamente entre mayo y junio de 1937, pudo exhibirse en España. Quizá no todos quienes acuden al Museo Reina Sofía saben, hoy, a qué alude su sobrio título: “Guenica”. Durante la ocupación de Francia, al preguntarle ante la misma obra un oficial nazi: “¿Usted hizo esto?”, Picasso contestó simplemente: “No, esto lo hicieron ustedes.”
            Como prueba, baste lo declarado por Goering en el juicio de Nuremberg (1945-1946) a criminales de guerra nazis: “Cuando estalló en España la guerra civil, Franco pidió auxilio a Alemania, y en especial apoyo aéreo. El Führer vacilaba, y yo le aconsejé con energía que bajo cualquier circunstancia otorgase ese apoyo: en primer lugar, para impedir la extensión del comunismo en esa zona, pero también para poner a prueba mis nacientes Fuerzas Aéreas en una serie de detalles técnicos. Con autorización del Führer envié gran parte de nuestra flota de transporte y numerosos cazas y bombarderos, así como cañones antiaéreos. Pude comprobar en condiciones de combate si el material era eficiente. Para que el personal adquiriese además experiencia práctica organicé una rotación continua mandando constantemente unidades nuevas y repatriando las anteriores.”
            Esa fría pero precisa enumeración, de por sí escalofriante, se hace estremecedora si la contraponemos con las imágenes concretas y a la vez inimaginables del horroroso genocidio sufrido por Guernica. Nadie lo rozó tan hondamente como un íntimo amigo de Picasso, el gran poeta francés Paul Éluard, en su indeleble poema “La victoria de Guernica”: “Os han hecho pagar el pan / El cielo la tierra el agua el sueño / Y la miseria / De vuestra vida ///  Las mujeres los niños tienen igual tesoro / En los ojos / Todos muestran su sangre // El miedo y el coraje de vivir y de morir / La muerte tan difícil y tan fácil // Parias la muerte la tierra y la fealdad / De nuestros enemigos tienen el color / Monótono de nuestra noche / Daremos cuenta de ellos.”


* Poeta, traductor y ensayista argentino

No. 452- Palabra, raíz hundida

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FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez,  Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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NICOLÁS SUESCUN



Bogotá, Mayo de 1937-  Abril de 2017

Ha partido el poeta editor y traductor colombiano Nicolás Suescún, quien fuera director  de la  revista Eco y Jefe de Redacción de la revista Cromos. Autor de: El retorno a casa, 1971; El último escalón, 1974; El extraño y otros cuentos, 1980;  La vida es..., 1986;  Los Cuadernos de N, 1994;  Oniromanía, 1996;  La Voz de Nadie, 2000 y Bag-Bag, 2007, fue además Traductor de Rimbaud, Flaubert, Ambrose Pierce, W.B. Yeats y Stephen Crane, entre otros. Tradujo al inglés poetas colombianos para la web de Poetry International.

El pasado
¿Qué había entonces en los rincones, en las sombras, qué mágicas
imágenes sacadas de los libros y del cine?
Los desiertos, los jadeantes, sudorosos caballos,
los ejércitos derrotados, las huestes victoriosas,
los tiranos, los héroes y los mártires,
la gloria, la libertad, el amor,
la conquista de tierras extrañas y remotas,
las noches frescas bajo la luna llena
en el Taj Majal con la mujer más bella,
y la vida, inmensa, se desplegaba como un mar
de fondo tranquilo, azul y transparente.
Y yo no era distinto, pero era un niño,
míos eran los largos días para soñar,
y mías las noches para temer el mal,
las alas de una negra mariposa
que abrían una puerta
hacia la oscuridad incomprensible.

Infancia 1
 El mar, inmenso, azul, profunda tumba de piratas y tesoros, estaba allá muy lejos detrás de las montañas. Era una ausencia. Los ríos, también, eran grandes ausentes: sus aguas bajo la tierra corrían espesas y oscuras, arrastrando desperdicios, y la belleza también se escondía, rara vez salía a la calle pero a veces a veces se asomaba con el sol en el patio o en los ojos del gato, y los viajes tenían que ser imaginarios, pobres ensueños tibios en los fríos rincones donde empezaban los caminos, así que todo viaje era un proyecto, todo proyecto un viaje secreto, inconfesable, y los potreros donde jugaba fútbol se iban llenando de casas: había que caminar mucho donde no hubiera extraños. El camino de la escuela a la casa: ese simulacro de la Odisea


POEMAS DEL LIBRO INÉDITO: PALABRA, RAÍZ HUNDIDA


 Gabriel Arturo Castro


EL INFIERNO SON LOS OTROS
Mientras arrastro la roca los otros me echan gotas de limón en la boca, porque  ya no soportan el rastro del vómito a mi paso.  Avanzo  ciego hacia la luz de la cúspide, escalo, pero el peso de  tanta gente adherida a la piedra se hace insoportable: huérfanos, grotescos, míseros, desamparados, carniceros, tuertos, lisiados, locos, solos y viejos con piel de corteza de árbol.  Mi brazo se rompe. Sigo  la marcha, jalo, acometo y la carga aumenta, fastidia, inoportuna. El otro brazo se astilla y las piernas se hacen añicos. La roca rueda con todos  a su mundo extraño, un círculo de fuego que gira y gira.  Yo no bajo, no obedezco, me quedo en la cima.

MUNDO VERTICAL
Tanto tiempo he vivido encima de esta  húmeda torre, siglos recorriéndola palmo a palmo.  Cúpula, interminable alzadura,  un día sirvió de fortaleza, luego de campanario, también de prisión. Incrédulo, un artículo de fe me dio a escoger mi condena. Preferí el destierro al envenenamiento o la muerte a pedradas. Aprendo a morir lentamente, mi espíritu insiste pero se apaga.  Sigue lloviendo, el rocío abunda en este mundo vertical. Me hice un viejo de larga barba, arrugas profundas y repulsivo rostro. Miro el desierto, allá lejos Roma y más acá un Auschwitz y Palestina que se propagan por la Tierra. Aún desafiante quisiera que Dios me levante el castigo de la lluvia eterna, la nube siempre posada sobre mi fealdad,   mi corazón y mi verdad incierta.

ANTÍGONA
La esperanza se refugia en lo imposible,
hija del sueño, de nuestra hambre incompleta,
de un corazón que marcha con los pasos del hombre.
Seguimos al sol de los abandonados,
de los invisibles, de este tiempo sombrío,
de raíz hacia abajo y sueños perdidos.
Ya no es el tiempo del esclavo,
ni de su lentitud y pesadez.
Dormimos arriba en la luz y el corazón se rebela,
se desvela, se reenciende,  se abandona
y se entrega tras la pequeña puerta escondida
en lo más profundo de la casa,
allá donde el poema ilumina los abismos últimos
y tal vez se vuelva llama para consumir nuestros cuerpos.
Escuchamos la voz familiar de la campana,
algún signo de hermandad,
el carbón encendido.
Antígona gime viva tras la oscura conciencia.
La desenterramos, le haremos justicia,
la ilusión, la primavera.

ÍCARO
Trabajo en la niebla y en la oscuridad, le tengo  miedo a la ausencia, a la duda, a su propia perplejidad; vacilo acerca de la precariedad de mi vuelo, tan iluso y cambiante; exhibo mi arte y la deformidad.
De acuerdo, titubeo todo el día,  pero me enteré que el hombre tiene un origen solar, de meteorito, diamante, semilla, la luz de un ojo eterno que se fija sobre una pared de la calle, al frente de solitaria habitación, la invisible, la deforme. Un farol alumbra al hombre que da traspiés con sus alas rotas, mientras que el manso pastor, el labriego y el pescador voltean la cabeza, no se atreven a lo impensado y su angustia revive el fantasma de la libertad aplazada. O quizás la multitud se ria pero besa la mano del predicador.
¿Quién desea partir con su libertad y oficio de águila  hacia otra periferia del mundo?
¿Será Ícaro,  enloquecido y errante?
¿No había muerto ya en un bosque y su cuerpo enterrado para que no hablara de la redención, de sus alas ensambladas?
Aquí estoy, sentado, peregrino inmóvil, mi signo interroga por la muerte y envidio a otros que imaginan muy alto, Proust y su navío; Gide y su pregunta; o René Char, cuando se devuelve al interior del espejo, al ojo exculpado, al enigma que cava, la poesía “siempre en nuestro corazón trizado y la cascada aparecida”.
.
EDAD OSCURA
Hay un hombre, hereje y sin cabeza, perseguido y proscrito, tal vez, que se encerró a leer dentro de una casa en esta larga noche de perejil y azafrán. Las paredes tostadas lo protegen del eterno camino, de las personas y animales que lo siguen. Mientras el sol languidece el hombre forma letras, caracoles, setas, sogas, palabras en forma de campanas, medias lunas y un pequeño mundo, réplica de sí mismo. Escribe pero es grande el esfuerzo para ver el cielo. Ahora  entran despacio las letras de sangre que  arruinan cada sílaba y cosen los cuatro vientos sin mirar atrás. Cruje el horror de la dolorosa historia, la de las imágenes rotas que su imaginación persigue, el tedio de las verdades a medias, sin sombras. La letra ya no tiene espíritu. La palabra se deshace en el aire, en la niebla sobre el abismo, palabra crucificada. Hoy las palabras en el desierto, lenguaje calcinado. ¿Irreversibles y de metal forjado? Mañana quizás no. El alfabeto con el fuego cobrará vida e iluminará la extraña casa.

MUERTE EN VENECIA DE LUCHINO VISCONTI


Omar Ardila*

“Sólo como fenómeno estético están eternamente justificados la existencia y el mundo”

Friedrich Nietzsche

En este elegante y profundo trabajo cinematográfico, Visconti integra situaciones y reflexiones propias del mundo estético desarrollado por la literatura de Thomas Mann con elementos musicales y biográficos del compositor Gustav Mahler. Tomando como base para el guión, la obra Muerte en Venecia de Thomas Mann, también recrea otros intereses del autor alemán presentes también en La Montaña Mágica y en el Doktor Faustus, y que tienen que ver con la pregunta fundamental por la presencia vital del arte, en especial de la música; y el sentimiento de impotencia ante el inevitable paso del tiempo. Por tanto, es preciso decir que no estamos ante una clara adaptación literaria de una obra específica sino ante una composición conceptual que recorre la obra de un creador literario.
El compositor Gustav Von Aschembach, un hombre con la imagen del fracaso, que en la obra literaria aparece como un escritor exitoso – estableciéndose una simbiosis entre el músico Gustav Mahler con el esteta Von Aschembach – llega a la brumosa ciudad de  Venecia con el ánimo de tomar un descanso, tal vez, de huir de su fracaso y del entorno social desprovisto de espiritualidad que se derrumba junto con la época, o quizás, con el propósito de recomponer su espíritu agotado por la imposibilidad de experimentar un encuentro con el ideal estético (el motivo máximo de su búsqueda existencial).
Su estancia en esta enferma ciudad, lo pone frente a varias de sus  reflexiones –  ahora convertidas en sensaciones reales propias –, como la belleza, el arte, el tiempo, la enfermedad y la muerte. El cuidadoso trabajo de Visconti, nos deja ver la reacción de Aschembach ante aquellos eventos, al tiempo que nos deleita con la expresiva visión fotográfica de la caótica ciudad que contrasta con la elegancia que exhiben los huéspedes del Hotel des Bains, donde se hospeda el creador musical.
La primera imagen panorámica, nos muestra el ingreso del barco de vapor “Esmeralda” – el mismo nombre de una prostituta a la que había visitado Aschembach, según nos lo indicará más adelante un flashback – a la laguna veneciana, bajo un cielo gris y denso. Luego, el siguiente plano, descubre a un Gustav cansado abriendo los ojos ante el espectáculo mañanero que lo acerca a la ciudad. Ya en tierra, el primer encuentro del compositor es con un viejo visiblemente afectado por una grave enfermedad, que con gestos y palabras molestas le da la bienvenida al agónico lugar. Seguidamente, en su camino hacia el Lido, su destino final, Aschembach es transportado en una góndola que, como la describe Mann, parece un ataúd capitaneado por Caronte a lo largo del Hades. El sitio donde se instala Gustav es el Hotel des Bains, el mismo que visitara Thomas Mann y que le serviría de referencia para su obra. Allí, concurren destacados personajes de las acomodadas familias europeas, que desfilan con lujosos atuendos y haciendo gala de exquisitos modales – un acertado reflejo de los gustos y la moda de la época, que, seguramente, inspiraron a Visconti desde su estancia en Milán (la capital de la moda) donde tuvo una estrecha amistad con la diseñadora Coco Chanel –. Y es en ese marco un tanto frívolo, en el salón principal del hotel, donde tiene lugar el primer encuentro de Aschembach con Tadzio, un adolescente que pasa vacaciones junto a su familia polaca en la ciudad de Venecia. En adelante, Tadzio será el centro de atención del compositor, quien se ve trastocado por la belleza del efebo (“el ángel de la muerte”) hasta su último instante. Continuos planos-contraplanos surcan las miradas y desatan en Von Aschembach, el centro de la reflexión estética, con Tadzio como portador de la belleza. Las primeras miradas de Gustav son furtivas y escapistas pero buscan la experiencia absoluta, la aprehensión total de la belleza sin que medie el deseo erótico, que sólo se consolidará en la segunda parte cuando retorna al Lido para dejarse envolver por la pasión. Tadzio, encarna el misterio de lo erótico, misterio que quedará sin develarse, a la vez que observa con escepticismo la presencia del músico que le mira, y quien asume el fenómeno estético de forma activa en la observación y de forma pasiva en la contemplación.
Ante la fenomenal presencia, Aschembach se transforma y recuerda las discusiones con su amigo Alfred, sobre el papel del artista como creador y como perseguidor de la belleza – el discurso de fondo de la película –. Aschembach, ha sostenido que el arte debe estar acompañado de cierta moralidad, de cierta forma pura, haciendo abstracción de los sentidos para concentrarse en su fondo espiritual. Por su parte, Alfred le ha instado a dejarse seducir por los sentimientos, pues el arte según él, se alimenta de la experimentación, de la aventura, del error, del misterio; y, en su búsqueda de la belleza hay que vivenciar la pasión, que en el fondo es la pasión por la vida (como nos lo reafirmara Nietzsche).
La invitación demoníaca para que el artista se acoja a la frialdad insensible de la creación (como aparece esbozado en Doktor Faustus de Thomas Mann) y renuncie a la pasión de vivir, es desechada por Aschembach ante la presencia de Tadzio. De la misma forma, se asiste a la expiración de una sociedad que encarna la negación de la subjetividad, la negación del amor y que concibe al arte como una expresión de la forma y no del espíritu.
El replanteamiento de la visión estética que decide vivir Gustav, lo acompaña en su regreso al Lido después de abortar el intento de partida. Ahora, decididamente, a veces, descaradamente, fija la mirada en Tadzio y lo persigue por las calles y por la playa; ante lo cual, el adolescente responde sugestivamente, manifestando una suerte de agrado e interés.
Es claro que Aschembach ha decidido romper con su refrenamiento, y en los sucesivos actos, va deconstruyendo su máscara hasta quedar desnudo ante la muerte. Mirando la imagen de Tadzio que le señala con la mano el horizonte, cae agonizante con la satisfacción de haber roto su rostro y haber visto y asumido la belleza – como lo hiciera Rimbaud, aunque para injuriarla – apenas en el instante de la muerte. En este punto es preciso recordar el primer flashback, en el que Von Aschembach se mostraba preocupado por el paso del tiempo y manifestaba su posición de pensar en el tiempo que se agota solamente en el último momento, cuando ya no quede tiempo para pensar en ello.
Un dato interesante para tener en cuenta en el manejo del guión, lo constituye la presencia constante de flashbacks (siete en total) que no tienen origen en la obra de Mann y que más bien apuntan a mostrar algunos datos de la vida de Mahler. También es notorio el uso continuo del zoom que podría parecer demasiado repetitivo y molesto pero que, responde a la incorporación de esta innovación técnica en el “clásico” estilo de Visconti, y que además, concuerda con el interés conceptual por concentrar la atención en la figura de Tadzio – preferencialmente – y de otros personajes u objetos en menores ocasiones. La fotografía de Pasquale de Santis, utiliza también continuos movimientos de travelling, siguiendo a Aschembach o a Tadzio y mostrando lo espléndido de los trajes que desfilan a lo largo del elegante Hotel des Bains.
La película es recurrente en el uso de la música extradiegética, proveniente de la tercera y quinta sinfonías de Gustav Mahler, además de obras de Beethoven y Mussorgsky. El adagietto de la quinta sinfonía de Mahler acompaña los momentos cumbres del film, desde los créditos iniciales hasta los créditos finales, exaltando los instantes de encuentro entre Aschembach y Tadzio y cubriendo el cuerpo derrumbado del compositor: Eros y Tánatos unidos por la música.
Por último, vale la pena destacar la seria interpretación de Dirk Bogarde, quien  transmite con claridad las formas señoriales y sus refinados amaneramientos, al tiempo que refleja la vivencia interna del fracaso y de la gloria.

*Omar Ardila Murcia. Poeta, ensayista y analista cinematográfico. Ha publicado: Alas del viaje en un instante (2005), Palabras de cine (2006), Corazón de Otoño (2010), Espejos de niebla (2012), Antología de poesía anarquista –Tomos I y II (2013), Cartografías cinematográficas (2013), Esquizoanálisis y pensamiento libertario (2015), Devenires menores (2015) Luces sobre las piedras (2016), y Las cinco letras del DeseoAntología latinoamericana de poesía homoafectiva del siglo XX (2016). Es creador de los blogs: Cine Sentido y Pensar, crear, resistir.


CARÁCTER POLIFÓNICO
EN LA OBRA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


Danny Foliaco Machado*
"Todo hombre lleva su Patmos dentro de sí.
Es libre de subir o no subir a este terrible promontorio del pensamiento,
 desde el cual se perciben las tinieblas.”
Víctor Hugo
Estas breves líneas tienen la intención de invitar a todos los lectores de la obra de Gabriel García Márquez a compartir este ensayo producto de una investigación crítica sobre la primera etapa de su obra, puntualmente sobre la novela “La hojarasca” (1955).
Se trata de una lectura de la obra desde su carácter discursivo, donde encontramos la articulación de una doble sintaxis polifónica: narrativa, compuesta por las voces de tres personajes narradores, y discursiva, compuesta por las voces de la cultura y la sociedad que hacen resonancia en el dominio del autor sobre el proceso su escritura.
En la sintaxis polifónica narrativa encontramos los monólogos en las voces del niño, Isabel y el abuelo-coronel articuladas en ese mismo orden dentro de un horizonte de comprensión que se va construyendo y se va develando (en parte) en torno al enigmático personaje del médico, quien se suicidó en la madrugada y a quien ahora el abuelo asiste en cumplimiento de su palabra para enterrarlo, aun en contra de la voluntad del pueblo que ha decidido dejarlo insepulto como sentencia por su falta de solidaridad en una noche que el ejército masacró en la plaza de Macondo a los trabajadores de la compañía bananera.
Desde el espacio de la calurosa, macabra, en un comienzo oscura sala, entre las 2:00 y 2:30 pm del 12 de septiembre de 1928, focalizada la narración en torno al trágico personaje que es el cadáver del médico, mientras la voz del niño nos ubica en el presente narrativo, las voces de Isabel y el coronel reconstruyen el pasado de Macondo cubriendo un período de aproximadamente 43 años.
Mediante estas tres voces narrativas García Márquez da cuenta del nacimiento de Macondo, el repentino auge con la compañía bananera y la llegada de la hojarasca, hasta el presente decadente donde la violencia, el rencor y la degradación nos dejan reconocer un pueblo sin futuro:
 “Hace diez años, cuando sobrevino la ruina, el esfuerzo colectivo de quienes aspiraban a recuperarse habría sido suficiente para la reconstrucción. Habría bastado con salir a los campos estragados por la compañía bananera; limpiarlos de maleza y comenzar otra vez por el principio. Pero a la hojarasca la habían enseñado a ser impaciente; a no creer en el pasado ni en el futuro.” (García 145)
En el plano de la sintaxis polifónica discursiva identificamos las voces de la tragedia griega, el realismo macondiano, la novela policíaca, el periodismo, la tradición oral del Caribe colombiano y la voz de la tradición literaria de vanguardia del momento: William Faulkner y Virginia Woolf.
En cuanto a la tragedia, cabe señalar que se evidencia no solamente en la similitud con la obra griega Antígona, en el plano anecdótico, sobre el cumplimiento de un deber sagrado como es el entierro, sino además en dos aspectos que son constitutivos del género griego, como lo son la palabra formadora del destino de los hombres, y segundo la carencia de relatividad en tal palabra y destino.
Esta situación se evidencia en la actitud del médico quién una vez promete no volver a practicar la medicina lleva tal decisión al extremo de negar la atención a los heridos en la noche que el ejército disparó contra los trabajadores de la compañía bananera:
“Fui yo quien le habló de la conveniencia de cumplir con ese requisito. Pero él tranquilo, indiferente se limitó a responder: “Yo no coronel. No volveré a meterme en nada de eso”. (García 84).
 También de forma parcial en la palabra del abuelo, quien cumple con su promesa al doctor de enterrarlo:
“No lo hago por mí. Tal vez no sea tampoco por la tranquilidad del muerto. Apenas por cumplir con un compromiso sagrado” (García 33).
En cuanto a la voz del realismo macondiano, lo definiremos como el estilo particular de Gabriel García Márquez en el cual, dentro del relato de características realistas, aparece de forma espontánea y repentina un elemento maravilloso que, sin embargo, dentro de la lógica macondiana, es percibido como algo cotidiano. Por la ausencia de mayores explicaciones o demostraciones frente al evento maravilloso, el narrador supone un interlocutor que ha aceptado este sutil paso de lo real a lo irreal sin mayores resistencias. Desde el punto de vista de la visión de mundo del autor es importante decir que ésta se proyecta hacia la trasposición poética de la realidad decadente de su pueblo natal, Aracataca, mediante su metaforización en el espacio mítico de Macondo.
A propósito de las voces discursivas restantes, cada una cumple una función en el desarrollo de la estructura narrativa y discursiva de la obra. La novela policíaca se deja ver en el juego de construcción y develación de un enigma, el periodismo es como lo aseguró el mismo García Márquez, los ejercicios para calentar el brazo, la posibilidad de desarrollar sus habilidades narrativas, la tradición oral del Caribe colombiano es el humus esencial y vital de donde García Márquez toma sus relatos, él mismo y muchos de sus críticos coinciden en afirmar que en realidad en sus novelas sólo contaba aquellas anécdotas de la cultura popular de esta región, por último, la influencia de Virginia Woolf se produce desde la la visión de mundo de una clase social en decadencia, desde Faulkner la influencia es más compleja, en “Mientras agonizo” implica en el plano narrativo, la construcción del relato desde diversos fragmentos de monólogos de los personajes, pero además de manera más global la intención de construir una representación completa de una realidad a partir de la construcción de un mundo completo y autosuficiente en el lenguaje. (Vargas Llosa 1971).
Para terminar, a manera de conclusión el ensayo considera una lectura de la primera novela de García Márquez desde un acercamiento a la tragedia griega Antígona mediante el concepto de la palabra, que en la obra nos muestra una modificación social, representada en la desintegración de un orden social interno patricio hacia el orden social externo hojarasco, donde podemos observar a su vez la posición política de García Márquez, que visibiliza la destrucción de su pueblo natal Aracataca. La voz dominante del abuelo no sólo se ve amenazada por factores externos, como la llegada de la compañía bananera y el régimen militar, sino además por factores internos, representados en la figura del nieto que desafía los valores tradicionales de su clase.
Esta novela, que sin duda debe ser leída, resulta un ejercicio de lectura de lo más interesante para acercarnos a una construcción de sentido de la obra de García Márquez.  Se puede leer el texto completo en la biblioteca virtual Casa del libro Total: http://www.ellibrototal.com/ltotal/

BIBLIOGRAFÍA
·         García Márquez, Gabriel. “La hojarasca”. Bogotá: Editorial Orbis.1983. Impreso
·         Lukács, Georg. “El alma y las formas: teoría de la novela”. México: Grijalbo.1985. Impreso.
·         Ramírez, Luís Alfonso. “Comunicación y discurso. La perspectiva polifónica en los discursos literarios, cotidianos y científicos”. Bogotá: Palabra. Magisterio. 2007. Impreso.
·         Vargas Llosa, Mario. “Historia de un deicidio”. Barcelona: Barral. 1971. Impreso.
*Barraquilla 16 de marzo de 1975. Maestro egresado de la Universidad Pedagógica como Licenciado en Español y Lenguas, Especialista de la misma Universidad en Docencia del Español como Lengua Propia, y Magister en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo. Ha dedicado su trabajo al estudio de la pedagogía de la literatura y su investigación critica. Se desempeña como profesor del Distrito de Bogotá y es miembro activo de la Fundación Renascentro.

RECTIFICACIÓN

Por un error involuntario de nuestra parte, uno de los poemas de Stéphane Chaumet, publicado en el No. Anterior, salió incompleto. Lo transcribimos a continuación tanto en su original en francés como en la versión española.
Aclaramos de igual manera que los poemas publicados corresponden a sus libros: Los cementerios engullidos, traducidos al español por Myriam Montoya y Stéphane Chaumet  y El azar y la pérdida, traducciones del propio autor.


soy el cuchillo que se esconde
en la sonrisa del niño humillado
el hueco que la noche excava en el insomnio
la respiración de los asmáticos
el espejo de la leprosa
la última sombra del perro en medio de la calle
buscando su muerte de metal
la rodilla rota al horizonte de la frontera
la gota de ácido que cae y carcome la lengua
soy el balbuceo de la lengua carcomida




je suis le couteau qui se cache
dans le sourire de l’enfant humilié
le trou que la nuit creuse dans l’insomnie
la respiration des asthmatiques
le miroir de la lépreuse
la dernière ombre du chien au milieu de la rue
cherchant sa mort de métal
le genou cassé à l’horizon de la frontière
la goutte d’acide qui tombe et ronge la langue
je suis le balbutiement de la langue rongée

METAPHYSICA


Mirar es contarse una fábula.
O contársela al mundo.

Roberto Juarroz

(De: Poesía vertical)
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