Comité Editorial

DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIALFabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo, Maldoror. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Marcos Fabián Herrera, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L.Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).

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E D I T O R I A L

La divergencia, el pensamiento plural, la imaginación crítica, el encuentro lúcido que instaura el entendimiento, y todos los recursos inventados por la cultura para enfrentarse a los múltiples rostros de la pobreza y a los disfraces infinitos de la muerte, hoy se encuentran exiliados, arrojados a las inmediaciones. ¿Cómo participar de un festín donde el nombre de la realidad es sacrilegio, descarnado anatema y malévola irrisión?
Ante el mutismo cómplice y la tácita aceptación de una realidad inaceptable, y en la hora en la que todo debate empieza a extinguirse, apabullado por la tiranía del desprecio, que es casi peor que la de la violencia, resulta urgente fundar zonas propicias para el derroche de la libertad.
Soñamos con la alianza fecunda de la imaginación y la crítica, con la nupcias del periodismo y el pensamiento, de la verdad y la belleza: con una Con-fabulación… Porque solamente el uso ilimitado de la creatividad servirá de brújula para fundar el camino y desplazar la oscuridad reinante.
Desde este sitio convocamos al ingenio creador de los periodistas, escritores, académicos e intelectuales para que mediante el ejercicio de la escritura, despojados de cualquier oscura intención destructora, polemicemos y opinemos, y, con un alto sentido de la ética, hagamos aportes a la construcción del horizonte extraviado.

Las muertes inconclusas de Gonzalo Márquez Cristo


Aquí el prólogo de Antonio Gamoneda (consagrado con los premios Cervantes y Reina Sofía), perteneciente a Las muertes inconclusas de Gonzalo Márquez Cristo, que obtuviera el Premio Internacional de Ensayo Maurice Blanchot.
El libro, publicado por Común Presencia, contiene ocho pinturas realizadas exclusivamente para esta aguda y poética obra, por el artista Germán Londoño.

Me extravío en el pensamiento vertiginoso
de este libro
Por Antonio Gamoneda


He leído Las muertes inconclusas de Gonzalo Márquez Cristo en su original. Un abismo y su vértigo. El abismo y su vértigo disuelven en mí, si es que la tengo, la trama neuronal del pensamiento. Pensar el libro y decir de él. Pensar, decir, explicar, definir... Definir es conciencia de límites, decía Cicerón, si bien recuerdo. Y ¿cuáles son los límites del abismo, suponiendo que el abismo tenga límites? No lo sé y no me importa no saberlo. No hay conciencia de límites en el interior del vértigo. Esto pienso, si es que pienso. Sería además una conciencia inútil. Pero bien, ahora mismo (¿qué será, “ahora mismo”?; sí, ya lo sé; que me lo dice Gonzalo: es el instante; el instante que aparece y desaparece simultáneamente; que es y no es simultáneamente; y, por tanto, en él vivimos y no vivimos, amenazados por la eternidad; por la eternidad del instante; por uno y otro que no son tiempo en sí mismos). Decía que “ahora mismo” no sé por qué, vertiginosamente, presiento que lo inconcluso es lo que no puede concluir precisamente porque no tiene límites. Bien; así es lo que no es. Pero qué es, insisto, qué son y no son, pongamos, en su envés, lo inconcluso y los límites? Me dice Gonzalo que la muerte. No lo entiendo, pero sí, probablemente. ¿Qué era yo hace, más o menos, mil años y qué voy a ser dentro de, más o menos, mil años, contados desde este inapresable “ahora mismo”? Nada. Nada, sea cual sea y no sea el milenio, y nada, sea lo que sea no siendo, el instante, el “ahora mismo”. Le dicen vida, al parecer, y por tanto, al parecer, ha de ser sólo apariencia, y, por tanto, la vida, ciertamente, no es la vida. Por causa no sabida, que habrá de ser, lógicamente, apariencia, yo dispongo, dicen, de la palabra. ¿De qué? ¿Por qué? ¿Para qué? Para salvarme, dicen, Para salvarme entonces, digo yo, será de la vida, de esa otra primera apariencia. No; para salvarte, siguen diciendo, de la muerte ¿De qué muerte? ¿De la última apariencia? No nos entendemos. Obviamente, la palabra, la palabra poética, quiero decir, es también y tan sólo un estado liminal del silencio; del único atributo pertinente del ser y no ser; de la realidad que se libra constantemente de si misma confundiéndose en el ser y no ser. ¿Y el amor, la tragedia, la alucinación? Sí, naturalmente, grandes convulsiones, accidentes deseados o temidos que se producen sin que por ello adquieran realidad; como todo, como sus continentes, son y no son, y, siendo y no siendo nos convulsionan y abrasan. Así, como digo, me extravío yo en el pensamiento vertiginoso de este libro; por ahí, por esa selva invisible, andan con pasos lúcidamente orientados hacia su propio misterio Las muertes inconclusas. Pregunten por ellas a Gonzalo de parte de su cisatlántico hermano Antonio Gamoneda

Oralidad y escritura en la obra de Juan Rulfo

Fabio Jurado Valencia

A continuación las palabras liminares de Fabio Jurado Valencia a Oralidad y escritura en la obra de Juan Rulfo, que será presentado el 2 de mayo en la Gran Tarde de Los Conjurados, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Corferias), Salón Manuel Zapata, 5 pm.

Oralidad y escritura se enhebran en el proyecto narrativo de Juan Rulfo. Su obra se inscribe en la literatura y el arte de la transculturación. El valor estético se apuntala en la fuerza verosímil que produce la escritura al hacernos sentir la oralidad en un aquí-ahora del narrador de historias modulado por la intencionalidad literaria. Este valor deviene de la habilidad discursiva con la cual a la vez que se redescubre la idiosincrasia de las comunidades rurales nos acerca a los universos de las culturas periféricas del mundo. La orfandad, surgida en esta relación, no es solo material (la pobreza y la realidad agreste de hombres y mujeres del campo) sino también y, sobre todo, espiritual-cultural (la desesperanza, el aislamiento y el sentimiento de derrota).
Los silencios, los ensimismamientos y los mutismos son los signos de la frustración en los personajes de Rulfo y todo silencio es habla interior a-sintáctica; el habla nos llega a través de una escritura que moviliza los efectos semánticos de la oralidad; entonces se trata de una escritura oralizada o de una oralidad escriturada con unos matices estéticos que el autor controla (lo hizo hasta que murió en el año 1986: corregir lo que ya se había publicado), porque fue obsesivo en los modos de decir y de acentuar, en la escucha y los tonos del habla coloquial representada en la escritura.
Los cuentos (El llano en llamas, 1953) y las dos novelas (Pedro Páramo, 1955; El gallo de oro, registrado como argumento para cine en 1959, publicado como relato en 1980 y como novela por el editor en 2010) constituyen signos reveladores de la cosmovisión de las comunidades rurales y, sobre todo, posibilitan comprender el remodelamiento de la oralidad a través de la escritura literaria. La caracterización de los procesos de enunciación de los narradores de las obras del escritor mexicano son todavía objeto de investigación, si bien en el año 2012 el trabajo de Françoise Perus (Juan Rulfo, el arte de narrar) abona de manera significativa el terreno de las indagaciones sobre la oralidad ficcionalizada.
En este segundo libro sobre la obra del mexicano Juan Rulfo (1917-1986) nos proponemos mostrar de qué modo la oralidad hace parte de los tonos en los discursos de narradores y personajes, como una estrategia estética diferente a la mera transcripción grafo-fonética de las locuciones de los hablantes de las regiones de la periferia, como puede observarse en los escritores del realismo, el indigenismo y de la revolución que antecedieron a Rulfo; diferente a aquellas obras la escritura de Rulfo acentúa el acto de escuchar y no el acto de leer.
Más allá de este propósito por exaltar la fuerza lingüística con acentos orales se trata de resaltar también los efectos estéticos y éticos de las representaciones literarias, muy propicias para comprender la complejidad del mundo desde imágenes visuales que interpelan la marginalidad; en el caso de Rulfo dichas representaciones devienen de representaciones asociadas con las fotografías, muchas de las cuales constituyen palimpsestos en las obras narrativas.
Carlos Pacheco ya había señalado en La comarca oral (1992), acogiendo los planteamientos de Rama, el carácter transculturador de ese “equipo intelectual” de narradores latinoamericanos que renueva la literatura en América Latina. Pacheco destaca la tendencia a transformar los narradores canónicos en el arte de la novela, y exalta la autonomía de las voces de los personajes rurales y sus visiones ideológicas y culturales en las obras que despuntan en la década de 1950. Es el “neo-regionalismo”, dice Pacheco, que pone al descubierto la marginalidad y la manipulación de los gobiernos pero también la sabiduría de los campesinos y los contrastes con las ideologías del poder, entreveradas en la escritura literaria.
La “impresión de oralidad”, su representación a través de la escritura transcultural, alcanza su punto más alto en Rulfo, y se reconfirma en Guimarães Rosa, con Gran Sertón: Veredas; Roa Bastos, con Hijo de hombre; García Márquez, con Cien años de soledad; quienes junto con Arguedas –Los ríos profundos– escriben la “ficcionalización de las comarcas orales latinoamericanas” en la perspectiva de representar las dinámicas de la “comunicación intercultural”. Tal proyecto estético apuntó hacia la “ficcionalización de una cultura oral”, tan propia de los países con ancestros indígenas y afros, para develar los conocimientos y las singularidades políticas de sus regiones. La perspectiva etno-antropológica vincula a estos escritores incluso en los ámbitos de la investigación como profesión.
La escritura literaria de la transculturación le demanda al lector una actitud para neutralizar los imaginarios que sobre la literatura ha promovido la educación formal (la literatura como forma de adquirir “cultura” o forma de distinción social); en la escritura literaria de la transculturación el lector trabaja rastreando los implícitos de la narración ficticia oralizada; el lector oye y ve los lugares, las cosas y los sujetos (es la verosimilitud), no como artificios, sino como el efecto de una transcreación del mundo (lo que ocurre en Comala o en Macondo) sin abandonar los referentes culturales de dicho mundo. Se trata de la reconfiguración cultural que la dinámica de la interpretación, en este lector modelizado por las trayectorias hermenéuticas de las obras mismas, hacen posible.


Fabio Jurado Valencia. (Buga-Florida, Valle, 1954). Licenciado en Literatura (Universidad Santiago de Cali); Maestría en Letras Iberoamericanas (UNAM, México); Doctor en Literatura (UNAM, México). Profesor del Departamento de Literatura y del Instituto de Investigación en Educación, de la Universidad Nacional de Colombia. Autor de los libros: Investigación, escritura y educación: El lenguaje y la literatura en la transformación de la escuela; Posadas, México en la poesía colombiana (compilación); La escuela en el cuento (compilación); Rosario Castellanos, esa búsqueda ansiosa de la muerte; Ray Bradbury, literatura fantástica; «El hombre» de Rulfo, polifonía y sociolecto narrativo; Evaluación, conceptualización, experiencias, prospecciones (memoria y compilación); Pedro Páramo de Juan Rulfo: murmullos, susurros y silencios. Coordinador y coautor de los libros: Juguemos a interpretar, Interacción y competencia comunicativa; La escuela en la tradición oral; Culturas y escolaridad; La formación docente en América latina; Competencias y proyecto pedagógico; Trazas y miradas. Participante por Colombia en el Segundo Estudio Regional Comparativo de la Evaluación de la Calidad de la Educación, convocado por el LLECE-UNESCO. 

Bogotá, gris metal de Sara Fernández Rey


Reproducimos el Capítulo 4 de la novela Bogotá Gris Metal, de la escritora española Sara Fernández Rey, perteneciente a la Colección Los Conjurados, que será bautizado en el Salón Manuel Zapata el 2 de mayo a las 5 p.m., en la Feria del Libro de Bogotá.
La imagen de la portada es un óleo del artista Eduardo Esparza.

¡Colombia! Su familia se asustó, ni se te ocurra, es un país peligrosísimo, le dijo su madre.
El hijo de Dominique, mi amiga francesa, desapareció allí, fue un año de profesor a la Universidad Javeriana y en vacaciones marchó a Leticia. Quería conocer la selva, las tribus indígenas, el gran río, la Amazonía, y nunca volvió. Dominique estuvo dos años allá buscándolo. Que si guerrilla, que si paramilitares, que si delincuentes comunes, que si se lo tragó la selva, como al personaje de La Vorágine… Nunca lo encontraron. 
A Dominique la tratan ahora en París de una profunda depresión.
No quiero que me suceda algo parecido, recapacita, perder a un hijo, lo más terrible. Ya no te tengo aunque estés vivo. Cada día te percibo más como un personaje de ficción, un personaje de Patricia Higsmith, frío como un témpano, calculador. Tu tardía adolescencia fue un tormento que nunca tuvo fin, me detestabas, respiraba tu animadversión. Me golpeaste.
“Sí madre, sí. Un puñetazo en la espalda en el piso de arriba, al borde de la escalera, que ruede hasta el rellano, golpe perfecto”, describe Germán al psicólogo delante de su madre, y cuenta cómo lo concibió: “No fue espontáneo, que  le duela bien fuerte, pensé, que lastime pero que no la mate, que lo sienta, que reflexione, que sea consciente del odio que me inspira. Pero… que no vaya a perder la conciencia. Que lo sufra”.
Eso fue hace años, ahora, que ya sabes lo que puedes hacer, calcularás mejor, sigue cavilando Inés. Un golpe bien dado. Qué se mate, que se abra la cabeza con el borde de la bañera y se desangre sin dejar huella del empujón que le propiné. Por detrás, a traición. Arreglarás así tu propia vida. Desaparecerá la mujer que te la dio, te la jodió, y desde su muerte te la solucionará. Alquilarás las casas heredadas, venderás los coches y te irás a un país mucho más ecónomico que el tuyo. Vivirás como siempre quisiste, sin obligaciones, rodeado de libros, revistas, buena comida y mejor vino.
Tendrás hijos de los que nunca sabré y que sentirán la falta de la abuela, esa mujer de la que les hablarán quienes la conocieron. Nunca su padre. Gozarán de madre latina, de las que a ti te hubiera gustado tener, no la sabihonda, la pesada, la coñazo, la que te empuja por las calles, la que te quita espacio, la que felizmente murió, o mejor, se mató. Quizás alguna vez escribas:
“El día que maté a mi madre fui feliz. Fue el mejor de mi vida. No podía independizarme, no sabía salir de ella. También ella quiso, deseó e intentó matar a otros seres de los que no podía escapar. No lo hizo. Yo lo hice por ella. Se sentirá orgullosa de mí”.
“¡Qué loca estoy! Jamás tú harías algo semejante, me estoy convirtiendo de verdad en una histérica obsesa”.

“¡No! No te me desaparezcas ahora tú, no te vayas a un país tan violento, cuida tu vida, es lo único que tenemos y, o la disfrutamos, o la perdemos viviendo sin vivir. Quiero ayudarte, que te calmes, que no me odies, que estés cerca de mí. Sentir que me quieres como ya lo sé, aunque no lo sienta”.

Cartas de los Lectores No. 371 - Abril 24 de 2015

POSTALES DESDE CIUDADES INSOMNES. Celebro el libro de Fernando Vargas Valencia. Gracias Con-Fabulación por presentarnos nuevas, o mejor, interesantes voces de la poesía colombiana. Bernardo Ospina, Barranquilla.

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TATIANA GUARDIOLA SARMIENTO. Cruel e ingenioso el relato “Piano de cola” publicado en Con-Fabulación. Hay tanto cinismo como erotismo en ese texto que nos acerca a una interesante autora colombiana. María Fernanda Colmenares

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LA ESCULTURA DE TURBAY AYALA. Un comentario a la carta de Amelia García (Edición # 369) sobre la escultura del monstruo Turbay. Aunque es muy grande la tentación de destruir esos engendros públicos, creo que sería más útil, quizá, mantener la estatua, pero con el único propósito de añadirle mensajes permanentes y continuos (y muy claros) sobre su atroz intervención en la historia del país. Cordialmente José F. González, Manizales

Postales desde ciudades insomnes


Colección Los Conjurados, 2015


Por Fernando Cely Herrán

Al Poeta Fernando Vargas Valencia lo conocí cuando tenía 12 años de edad y comenzó a asistir a un Taller de Creación Literaria que me encomendó dictar el Ministerio de Cultura, en el Teatro El Parque, en pleno corazón de Bogotá. Pasó el tiempo, y como buen pájaro, recién peinadas sus alas, cuando había completado sus primeros estudios de Derecho en la Universidad Externado de Colombia, decide viajar a España a complementar sus saberes.
Aprovechando esta circunstancia, hace un periplo por varias ciudades europeas y las impregna de poesía: Barcelona, Madrid, Bruselas, Ginebra, Amsterdam, París y Gent. Solía comunicarse con frecuencia y compartirme sus vivencias personales y poéticas, por medio de “Postales” que posteriormente dieron origen a la obra Postales desde ciudades insomnes que se publica en esta prestigiosa editorial. Se trata de un libro profundo que funde vivencias y pasos recorridos con la óptica de una poética impecable.
Yo respondí a sus poemas con otros poemas que me inspiraban sus pasos por el viejo continente y por eso, pronto verá la luz el libro Contrapostales para ciudades insomnes.  Con su nuevo y conmovedor libro, cumple el Poeta Fernando Vargas Valencia la sentencia: “Un viajero es un verso esparcido en el tiempo, un ángel puro y roto absorbido en el aire”.


INVOCACIONES ANTE EL GUERNICA

Por Fernando Vargas Valencia

Corazas agrietadas
por tantos muertos sin memoria.
Levanto los brazos y grito:
el eco de la mazmorra
no me ofrece más que signos de discrepancia,
apenas la nombradía de esta rabia
que algún día transformará
los cantos de sirena
en el incendio feroz
del nuevo mediodía.
(Habré de desatar la soga
que me ata al mástil del navío
pues ya no me conmoverán
los movimientos del hechizo).
Rabia con lágrimas en los huesos,
metáfora de la cólera punzante,
quejido de todas las marejadas enrojecidas,
tierra baldía del porvenir,
del espermático y memorioso,
del radical y heroico:

el de todos los muertos inocentes.

Antiguos placeres de Tatiana Guardiola Sarmiento


Colección Los Conjurados, 2015

Común Presencia Editores publica esta obra de Tatiana Guardiola Sarmiento, donde una escritura colmada de evocaciones y siempre provista de ardor, nos conduce por las vertientes de la nostalgia y el erotismo.
Antiguos placeres es un inquietante recorrido que abre mundos privados para el deleite de los lectores, a veces bajo la luz del cinismo y en ocasiones describiendo los avatares de sus personajes al asumir su educación sentimental, su paso excitante y cruel por el peligroso puente vital de la adolescencia, como ocurre en “Mosaico”.
Las eternas y evasivas puertas del cuerpo femenino, y las cadencias de una imaginación que no deja de horadar, producen relatos memorables como “Espejo”, donde su delirante protagonista termina danzando con sombras.
Los diez relatos que componen el libro están poblados de pasión y nostalgia, bajo la presencia tutelar de algunos objetos antiguos que determinan las tramas de sus protagonistas: “Piano de cola”, “Reloj”, “Armario”, “Jofaina”, “Maleta...”
La autora nos transporta aquí al territorio de los placeres consagrados por una memoria que no cesa de reinventarse.


PIANO DE COLA

Por Tatiana Guardiola Sarmiento

El día que cumplí la edad de retiro suspiré con ingenua felicidad. Deduje que ya podía dedicarme a perfeccionar el trinar de mis canarios, regar las margaritas, tocar el piano, cantar boleros; y a todo cuanto me habían privado el rigor y los afanes del trabajo.
Solo me ataba la incómoda tarea de visitar al notario cada trimestre, en medio de colas, para dar revés a la yema del índice derecho en tinta azul y de ese modo, con mi huella afirmar ante los hombres y ante la ley que la barba que a diario afeitaba, la calva, mi hernia y mis neuralgias me pertenecían.
De mi mesada pendían como racimos de uva: mi mujer Ester, su madre, sus dos hermanas y el hijo que tuvo antes de nuestro matrimonio.
Aprendí a amar ese dedo más que a cualquier otra parte del cuerpo. Lo colocaba sobre mis labios en solicitud de silencio, se volvía amenazador y crítico en las audiencias, era la mejor pinza con la que estiraba y paladeaba espaguetis: el que brindaba sazón a las carnes que preparaba. El único dedo que articulaba al transcribir en mi máquina eléctrica, era RE en mi piano de cola C. Bechstein, rechiflaba con su ayuda en los partidos de béisbol, era anestesia cuando tenía dolor, miedo o ira, porque lo mordía tan duro que se amorataba y mientras recobraba su color, se desvanecía la tensión. También, en el baño, con un poco de agua y ese mismo dedo, me aseguraba que no quedaran partículas en mi ano estreñido.  

En la íntima penumbra, pegado al cuerpo de Esther, primero con el tentáculo índice hormigueaba sus pezones y descendía acrobático a sus territorios. Éramos mi dedo y yo. Ester se daba cuenta. Por eso, cuando ya estaba apuñalado, ella me cortó el dedo y lo conservó húmedo bajo las tablas de pino del piano. Me mató dos veces. Le hubiera bastado cercenar el dedo para saberme muerto. Mi huella insepulta, ahora asiste cada tres meses al notario, a financiar la traición.   

Regale cultura, regale libros


Con el propósito de  hacer énfasis en la importancia de la lectura, los hábitos lectores, fomentar la creatividad, el pensamiento crítico, nuestra Fundación Literaria Común Presencia, entidad sin ánimo de lucro, ha decidido adelantar este año el programa Regale cultura, regale libros, dirigido a Coordinadores de Redes Departamentales de Bibliotecas Públicas, Profesores de las áreas de Literatura, filosofía y humanidades, Coordinadores de los Planes Lectores y estudiantes.
Dicho programa consiste en ofertar una tula que contiene 3 títulos de poesía y 2 de narrativa, 5 libros en total a mitad de su costo editorial. Este es un significativo aporte de Común Presencia para los amantes de la literatura
Para ampliar información sobre nuestra oferta puede comunicarse al teléfono fijo: 2495782, al celular 310 554 8558, o visitándonos en el Pabellón 3 piso 1, stand 133 de Corferias (Feria Internacional del Libro de Bogotá).
Nuestros libros pueden verse en el siguiente link: Colección Los Conjurados

Una ciudad fantasma en la poética de Guerra Tovar


Hernando Guerra Tovar

Por María Helena Giraldo González*

En la periferia arrastrando penas, lastres, bultos de sal, lonas de azufre”

Los ojos no logran ir más allá de la miseria eternizada en los escombros. El aire gris, el suelo gris, el cielo gris, polvareda y contaminación, mutilación y hambre. Solo chamizos, solo lodo como arcilla moldeando una ciudad fantasma. Nada verde, nada azul, tanto dolor desgarrando la piel, la magia, la vida.
La poesía de Hernando Guerra Tovar es errancia, soledad, extravío. Dónde hundir las raíces que ya no están. Solo queda el delirio. Solo el asombro cuando “la ciudad cambia de nombre, se pierde con nosotros calle abajo”. Y el silencio incapaz de poner de nuevo un nombre a las cosas, a los hombres, se torna abismo, destierro; y el reloj deja de medir el tiempo, no hay horas para partir, campanas para conglomerar las risas de los hombres nutriendo las calles de voces blancas u oscuras, de pájaros soñantes.
Una niebla profunda se apodera del aire. ¿Dónde el cielo abierto, lleno de azul? ¿Dónde el anaranjado de las tardes de verano? Nada en pie, nada vuelve de los escombros. Solo la memoria de un día sin patria. La memoria de un día antes y un día después, de nuevo el asombro camina por las calles que no existen. Extraviado como la memoria, muda de calles, las  que fueron y no están.
Un gris domina el horizonte. Ni columpios ni niños, desolación es lo que deja la muerte a su paso “un ángel de alas calcinadas señala un precipicio”. Queda el corazón petrificado como las lágrimas que se secan antes de caer sobre la lava compacta.
La poesía de Hernando Guerra Tovar no puede evadir la historia personal, ella se escapa a través de los laberintos del ser como una impronta en la que se juega ese insondable océano de la subjetividad frente a experiencias extremas como la de Armero.
Su obra se mueve entre la brevedad y la sugerencia, entre la sensibilidad del ejercicio poético y una visión fugaz que luego se oculta, y es cuando se debe seguir sus huellas para comprender su intención, su profundidad. En pocas palabras nos traslada a ese río inagotable de la experiencia, en la que el miedo, el sueño y el secreto tienen aristas insoportables que se silencian.

 Entonces“, no hay lugar ni deseo, ni sueño (…)” “alguien que indique en el mapa la palabra: acaso puerto, puente, tabla: tabula rasa. Tabla de salvación o condena”. Solo neblina. Y los muertos que marcharon con un secreto que los vivos compartían, callaron. ¿Por torpeza, costumbre, indiferencia? “¿El que acciona el gatillo del silencio qué oculto designio obedece?” pero todo regresa desde la fuga como un destino, como “Un escombro sembrado en el patio de la infancia. Sus ramas olvidaron el origen, y la sombra es flor azul, en la desmemoria de los pájaros. Un escombro blanco como el silencio. Todos los días lo regamos con agua herida de tanto cielo”.
Todo se oscurece en un segundo, las calles de colores quedan en el recuerdo. El lodo toma la forma de los muertos. El fango se traga la ciudad, los nombres, las casas, los árboles, los niños. “Calles de todos los colores rumbo al abismo. Sin mirarnos avanzamos por la noche enfundados en gruesos abrigos de miedo” Nadie se parece a nadie, solo el miedo se parece a todos, lúgubre escena del adiós.
Uno a uno fueron bajando al infierno sin distingo de estatura ni credo, resurgiendo también del infierno con ojos de ausencia, con lágrimas grises, con bocas grises, después de morder la miseria. Zombis con paso indeciso. En círculo, por un desierto tapizado de lava. Y así murieron las horas, luego la noche insondable, mortífera.

Y “después del viento vino el abismo y el subsuelo sin raíces (…)”  “una cortina de bruma la sepulta, una mirada de infancia la reclama”. ¿Pero dónde encontrarla? La ciudad, incapaz de voces o ecos, no responde. Una oculta voz calla y nadie se rebela. El viento guarda un secreto, pero “nada dice el viento que lo sabe todo, porque nadie pregunta y todo calla (…)”  Nadie ha preguntado al secreto su condición de ser, su voluntad de encierro, su triste realidad de exilio”.  
A dónde ir, en dónde quedarse, ninguna estrella que alumbre la partida. Como si el día también fuera noche. “La noche nos presta sus alas en la fuga por los espacios azules del sueño,  pero la luz de la vigilia nos hace de nuevo prisioneros, nos amputa el vuelo, nos llena la boca de silencio (…)”  “El secreto no está solo. Conviven con él otras criaturas, comparten la sombra, las rejas del silencio”.
Todo grito lacerado, toda plegaria, todo oráculo desoído. El hombre se alimenta de sus huesos. ¿Quién nos acompaña en la hora aciaga? Taciturna latitud del hombre en las grietas del alma. Y es aquí cuando en medio del horror una voz casi apagada, que se conduele de sí y de los otros, grita al destino, a los dioses, al viento, a nadie. Nadie escuchará su grito errante.
“Errante de todas las edades, de todos los insomnios, observa desde el fondo destellos de sombras, el rostro azul de la condena (…)”  “Si, condenados a morir ¿importa el verdugo?” Condenado a “caminar sin rumbo en lo profundo de uno mismo, escindido del milagro fragmentado, intentando regresar a la fuente de la dicha intacta”
En esos momentos, en que el horror lacera los ojos, ese paraíso precario era lo más cercano a la dicha; viene la pérdida, el duelo, y queda todo como detenido, y el asombro se vuelve a anidar en cualquier resquicio de la existencia, suspendido en el tiempo. “Todo en el olvido / el abril de sueños y locuras.  / Todo,  / menos la palabra”. La palabra como un intento de bordear lo insoportable, lo ominoso que nos desborda.
Hernando  Guerra Tovar ha escogido esta vía, la de la palabra, la del poema, en un intento  de redimirse, de dejar sentada una protesta frente a la desidia de los gobernantes que saben lo que va a suceder, y sin embargo permanecen indiferentes ante la tragedia que se avecina, ante la miseria que subyace en lo humano.
La sensibilidad de Hernando Guerra Tovar poetiza la hecatombe con imágenes que lo siguen acompañando, porque las ciudades que alguna vez fueron, se niegan al olvido, toman fuerza; aunque invisibles, tienen tentáculos que se arraigan en los sobrevivientes, nada queda igual después de la pérdida, solo el albedrío como transito obligado. Y esta opción queda expresa en su poema Albedrío, deja entrever cómo cada quien enfrenta sus fantasmas:
De los escombros elige el que te guste. Solo tú sabes el color de tu miseria”.



*María Helena Giraldo González. Filadelfia, Caldas, Colombia. Poeta y Psicóloga. Ha publicado Los octámbulos, libro colectivo, 2006; Lobos incendiarios, poesía, 2007; La ciudad de tus ojos, poesía, 2011. Tiene varios poemarios y una novela inéditos. Obtuvo la primera mención en los premios nacionales de poesía Porfirio Barba Jacob, 2009 y Asmedas, 2011.

Cartas de los lectores No. 370 - Abril 13 de 2015

SOCARRÁS. Hermosas las ideas de Socarrás sobre la poesía donde es manifiesta su honesta actitud creativa. Armando Fonseca, Cartagena

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HERNANDO SOCARRÁS. Gracias por la entrevista con el maestro Socarrás. Es notable su gran poder reflexivo y su capacidad poética, que nos acompaña desde hace tres o más décadas con su vestidura blanca. Bien por el poeta de blanco, interior y exteriormente. Amelia García

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REVISTAS INDEPENDIENTES. Gráfico y profundo el texto de Gabriel Arturo Castro sobre la importancia de las revistas independientes, pues son ellas las dueñas de la libertad imaginativa. Salud confabulados. Fernando Jiménez

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CARLOS GRANADA. Es lamentable que sólo Con-Fabulación se haya ocupado de la partida del maestro Granada, una de las figuras más destacadas de la plástica colombiana, fundamental por su trabajo sobre nuestra infatigable violencia. Jimena Franco


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Entrevista a Hernando Socarrás


Por Lilia Gutiérrez Riveros

(Artículo cedido por Libros y Letras)

No sé si por fortuna o por destino, un asunto de salud, me ha permitido un abrazo con Hernando Socarrás, y por supuesto, hablar de su poesía, que sin lugar a dudas es poesía de vanguardia.

Un leve parpadeo para regresar a 1980, cuando publicó Un solo aquello. Desde ese momento, no ha parado de escribir y de perfeccionar cada palabra y cada silencio. Ese volumen blanco, de poemas de gran síntesis, es el inicio de una fructífera vida literaria.

P. ¿Por qué los espacios blancos en donde resalta la síntesis de su poesía?

R- Me apoyo en tres conceptos que acompañan las colecciones de poesía que he escrito y que se ajustan, con cincel, al suceso cotidiano que experimento en mi trabajo.

Ha escrito el poeta Gonzalo Márquez Cristo: “El blanco es el color que usamos para morir, el color de la luz. Y tu poesía me acompaña como un candil, es precisa, desoladora, desarraigada y perversa. Poeta, agradezco tu palabra marina”.

De Saulo Socarrás: “El blanco es el color de la creación porque todo lo recibe. El negro es el color del principio porque a partir de ahí todo es nuevo. El papel recoge todo el espectro de tu inspiración y tu inspiración mueve nuestros corazones y espíritus”.

Del poeta Gustavo Tatis Guerra: “… una poesía que insinúa universos interiores, casi como un lienzo templado al infinito. No abarcable en su primera lectura. El aparente vacío de las márgenes en blanco son parte del intimismo dramático del poema. Cada palabra tiene un impacto visual, a veces como una pintura abstracta, a veces como una pincelada expresionista resuelta como los grandes artistas orientales”.

He asumido “lo blanco” como prolongación. Como lugar. Lo blanco dice lo no dicho en el poema y en esa pausa, solo pide lo reservado para la observación. Cuando esta actitud hace su trabajo, creo que se logra la identidad que asiste al lector. 

P- Su trabajo literario es muy cuidadoso. ¿Tiene algunas pautas para perfeccionar el poema?

R- Escribir en amplios formatos. Antes de la década del 80, recuerdo que conseguía retal de papel periódico que ofrecía El Heraldo de Barranquilla. Eran piezas sobrantes de las rotativas del periódico. Yo las extendía sobre la pared y escribía con marcador, intentando grandes trazos –casi pinceladas- que me permitían “medir”, “pesar”, “valorar” los atributos o los excesos de cada palabra. Cuando escribía la palabra cuerpo, casi que podía sentir su “respiración”.

Ahora continúo apoyándome en los formatos de impresión que nos permite la tecnología y es así como regularmente imprimo y enmarco los poemas en un tamaño que inspira “EXPOSICIONES” de poesía.

Otra costumbre: la observación en compañía. Esto es, permanecer por horas frente al texto recién escrito estableciendo una profunda complicidad para ir logrando los “ajustes”. Dejarlo. Abandonarlo. Volver después de un tiempo y hacer el mismo ejercicio. O sea, corregir. Corregir. Una y otra vez.

P- Después de Un solo aquello, publicó Piel imagina, 1987, Sin manos de atar, 1989; Que la tierra te sea leve; Cántico hechizo, 1992; Acaso doy voz, 1996, cuando su trabajo literario estaba en un momento de gran comunicación con el público decide retirarse de la ciudad. ¿Cuál fue la razón de esa decisión?

R- Pasar la página. Participar de los asuntos del campo. El lenguaje de los árboles, el aire de los pájaros. Recuperar la inmediatez del silencio en una forma de vivir conmigo mismo. Un lugar donde poder hallarme con más certeza. 

P- Durante el tiempo que ha permanecido cerca de Cartagena su producción literaria es muy prolífera. ¿Puede enunciar esos libros?

R- He dejado de llamarlos “libros” para usar el término “colecciones”. Acaso doy voz, 1996, Fuego de los nacimientos, 2002, El duelo de la lechuza, 2005, Boca de espinas, 2006, La luna de los objetos, 2007, Certeza del ermitaño, 2007, Íntimo Pontezuela, 2007-8, Nervaduras, 2008, Abismo Corpus, 2008, Recogido por mí, 2008, El lápiz de la memoria, 2008-9, El ocio y el cero, 2010, Plasma, 2010, Viento de agua, 2010-11, La forma del igual, 2012, Pastor de Lobo, 2012, La jaula de lo mío, 2013, Voz de la palabra, 2013, Boah, 2014, Ola soledad, 2014, Acción de Caza, 2014, Alter ego, 2014, Ser de paso, 2015 y Umbra, 2015, colección en la que actualmente trabajo.

P- Ha tenido la fortuna de apartarse de la “contaminación” social que le permite ser esa voz especial de la poesía colombiana. Sin embargo, la poesía se debe a entregar al público. ¿Qué opinión tiene al respecto?

R- Cesar Pavese escribió: “La poesía no es un sentido sino un estado, no un comprender sino un ser”. 

Pienso en el ser social y me intereso por hallarlo en el nacimiento de las palabras. Intento “ser” en mis poemas y espero compartirlos. Pienso que hay el poeta que escribe y el poeta que lee. Hay una actitud de “hallarnos”, de “encontrarnos”; de “identificarnos” en el poema. 

P- ¿La creación de su expresión poética, podría decirse que está entre en el sonido y la figuración de los elementos que toca: viento, tempestad, tiempo?

R- Además, las altas fibras de la cotidianeidad, el uso de una sensibilidad que a veces parece colapsar… la vida figurada en sus minuciosos combates. 

P- ¿Se ha liberado de nostalgias para crear la forma de nombrar el ver, el escuchar sin ataduras?

R- Acudo a este poema de la colección La Forma del Igual:

Sólo un temor: que el silencio deje de ser necesario.

P- Releo los Textos de la Hoja Universal, en esa dimensión en la que se ha logrado, sin tiempo, sólo tocar el espíritu del quien lee. Cuéntenos cómo es la dedicación diaria a la poesía.

R- Todo empieza en una actitud voluntaria. Escribir. Ya sea que hay un par de palabras que se mueven en el momento, o un texto que requiere atención. Observación. Compañía. Ajuste. Corrección. En realidad es una disciplina entre lo cotidiano. Escribir cada día, en un horario o que se da por sí mismo.

Me complace que cites los Textos de la hoja universal porque es un trabajo en el cual me propongo hacer poesía con anécdota. No son poemas. No son cuentos o narraciones. Es poesía con menos extensión en su propuesta de alcanzar un punto final y una experiencia.

P- ¿Cómo ha sido su periplo para llegar a 22 libros?

R- Imaginable. Sensitivo. Muy enriquecedor en el largo tiempo que me ha marcado. Ha sido una experiencia exigente porque es el minucioso poder de las palabras el que se encarga de impulsar la voluntad hacia el misterio elusivo de la creación.

P- ¿Qué autores lo impresionan en este momento?

R- Siempre Mallarmé, René Char. Bonnefoy. Últimamente he leído con gran asombro a Enzia Verduchi, a Maricela Guerrero, ambas Mexicanas. Hay más.

P- Su poesía establece lazos estrechos con la pintura y con otras formas del arte. ¿Por qué el manejo de lo visual en su trabajo poético?

R- He intentado algunos experimentos al “tejer” o al “hacer coincidir” obras pictóricas con poemas. Encontré una fotografía de una obra del pintor colombiano Pablo Manrique y pude “ajustar” un poema escrito años atrás a esa pintura. Logro un proceso de “compañía” en dos expresiones de la sensibilidad. También lo he experimentado con pinturas de Grau, con fotografías de esculturas de Jim Amaral y espero encontrar otras obras y autores.

P- ¿Tiene algún proyecto cercano que pueda anunciar a sus lectores?


R- Una exposición de poesía en Bogotá. ¿Y por qué una exposición y no una lectura de poemas? Porque los poemas impresos en caracteres legibles y colgados a una distancia razonable, permiten crear una cómoda relación poema-lector, relación de armonía y de repetición, que acerca y lee… se aleja unos pasos y vuelve a leer… una y otra vez o…cuantas veces sea necesario, hasta dar con el hilo conductor donde la identidad y el relámpago se establecen. Poeta que escribe. Poeta que lee.

Revistas independientes, desde la otra orilla


Por Gabriel Arturo Castro


La alarmante soledad de las muchedumbres solitarias conduce a la violencia, a la angustia y a la evasión por medio de otras drogas que las de diseño: las adicciones a sucedáneos de una vida humana en la que necesitamos sabernos queridos y compartir nuestra búsqueda. Quizá, como intuyó Albert Camus, todo consista en cambiar solitario por solidario. No es más que una letra, pero a algunos parece que les cuesta. José Carlos García Fajardo

                                                                    
Las grandes y trascendentes revistas literarias en nuestro país están perdiendo peso y tienden a la extinción, indefensas ante la proliferación de los blogs hedonistas e individualistas, de desordenada promiscuidad, y frente al desamparo oficial de los gobiernos de turno o cediendo su espacio vital a las tramas del espectáculo, la feria de las vanidades y la pornografía. Sólo unas pocas sobreviven, intentando capotear la íntima y dramática desconfianza en las posibilidades de publicación. Las que poseen un respaldo económico considerable, han creado su patrimonio mediante el disfrute snob del consumo de autores inventados artificialmente por una maquinaria publicitaria, de marketing efectivo a través de editoriales, embajadas y Ministerios. Revistas inofensivas e inocuas que ayudan a la confusión y desazón cultural, llenas de burócratas y de gentes de “buena sociedad” que nos privan de contenidos humanísticos, carentes de reflexiones críticas, estelar cementerio de textos muertos donde únicamente importa el lucimiento personal de las vedettes o luminarias de dudosa reputación literaria. Revistas que al leerlas se siente el hastío de una inútil mercancía. Su origen comercial les impide ser vanguardia, un actor del rompimiento de la tradición caduca, un trabajo de búsqueda y experimentación hacia nuevas formas artísticas y reflexivas.
Por fortuna y en contracorriente a lo anterior, existen algunas revistas independientes, solitarios y lúcidos esfuerzos de editores por crear espacios de expresión propios, una alternativa ideal para la difusión de autores jóvenes que se mantienen al margen de las políticas editoriales institucionales y comerciales. Un rasgo común en sus contenidos es la difusión de la literatura y lo no lucrativo como el motor que los une pesar de las diferencias ideológicas, estéticas y filosóficas que les confiere particularidad a cada propuesta editorial.
Es esa pluralidad en la proveniencia de los participantes lo que permite que las revistas muestren los diferentes registros de una lengua tan viva como el español, lenguajes artísticos de distintos raigambres y un diálogo intelectual al margen de élites, cofradías, feudos o grupos cerrados.
Frente a un difícil panorama cultural colombiano y las políticas que van cerrando el cerco a esfuerzos editoriales como las revistas independientes, algunas, muy pocas, se mantienen en pie, comunicando los aconteceres creativos de distintas generaciones, siendo solidarios con quienes buscan un espacio donde expresar su lenguaje, experiencia y obra, y que hallan en unas revistas sólidas, constantes, activas, las páginas dispuestas a apostar por el porvenir de los creadores dotados de talento y oficio. Implica, la anterior afirmación, reconocer que dichas revistas culturales independientes resultan una opción como portadoras de una parte de la cultura realizada al margen de publicaciones comerciales y oficiales y que ellas surgen como opción ante la poca difusión de las expresiones culturales por los periódicos nacionales y los medios del Establecimiento. Son  espacios para la expresión libre y original de las nuevas tendencias del arte y el pensamiento colombiano.

Se trata de revistas culturales independientes porque su trama está en una dirección: la autogestión. “No hay pauta oficial ni publicidad que financie la libertad de expresión, ni la existencia de una publicación destinada a la pasión y no a la moda. De eso se trata una revista cultural”.