No. 528, Aunque barran las hojas



¡100.000 lectores semanales!

Descripción: ConfabulaCabezoteActual

FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Jairo Alberto López, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
Si desea cancelar esta suscripción gratuita por favor responda este mensaje a Con–Fabulación
con el asunto “Retiro”

GONZALO MÁRQUEZ CRISTO


Descripción: Chali 
Febrero 1º. 1963 – Mayo 24 2016

EN NOMBRE DEL GRITO

Crees tanto en la sed: en la vida... En lo invisible. Duermes de cara al oriente. Te purificas en el peligro. En los libros delatas al tiempo como a un pájaro disecado.

En el bosque una encina te sigue. La luz te nombra. Cuando eliges el rumbo del dolor alguien te da un sorbo de agua.

Deseas: esperas siempre equivocarte. Asumes la tiranía del ojo llamada viaje y a veces con un rostro logras curar tu frío,

Sabes de un paraíso que nunca será memoria.

Asistes a la mascarada de la sobrevivencia aunque un ecuador lejano y voraz atraiga tu vuelo. Así logras persistir.

Tus palabras caen como puñados de tierra sobre un cuerpo desnudo.

Aquí comienza el instante. ¿Quién clama? ¿Quién responde entre la sangre? ¿Quién descubre su sombra incandescente?


¡Que el grito siempre pueda detener la herida..!

¡Que el lenguaje alcance para no morir!

LIBERACIÓN DEL ORIGEN

Invierte el curso de su sangre para ser Adán.

Preparado por el agua retiene sueños; aprende a reducir la distancia que hay en la luz y a dibujar la herida que conduce a su sombra.

Sabe que huye la presencia si todos los temblores pertenecen a la dueña de lo inmóvil o si el ejercicio del deseo instaura un tiempo mayor.

Conoce el retorno de sus ojos y descubre al fin la transparencia, el enigma que nunca se devela...

Y contemplando los rastros de la fuga solar vivirá en el géiser del Instante...

Hasta que inicie el tiempo del espejo liberado.


LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO, 
DE CARL T. DREYER

Descripción: omar ardila
Omar Ardila

Retomar los filmes del director danés Carl Theodor Dreyer (Copenhague, 1889 -1968) siempre será oportuno para entender el proceso cinematográfico, puesto que el desarrollo formal y estético que este director alcanzó con su particular tratamiento de la imagen-movimiento es, sin duda, uno de los mayores aportes a la historia del cine. La primera película que lo llevó al reconocimiento mundial fue La pasión de Juana de Arco (1928), la que ha tenido una serie de dificultades para llegar hasta nuestros días. Sobre ese tortuoso itinerario me referiré en primer momento y más adelante realizaré una aproximación analítica.

Una lucha contra el azar, la censura y el olvido

La pasión de Juana de Arco se estrenó en Copenhague en abril de 1928. Luego pasó a Francia donde se presentó en octubre del mismo año pero con grandes mutilaciones y cambios, que le confirieron un sentido totalmente opuesto al que quiso darle Dreyer. Para los nacionalistas franceses era inconcebible que un extranjero protestante se apropiara de su figura nacional para representarla artísticamente y por esa razón la sometieron a dicha censura. Desafortunadamente, el negativo original que reposaba en los laboratorios de la UFA en Berlín, fue consumido por un incendio en diciembre de 1928. Así las cosas, las que quedaron en circulación fueron unas pocas copias gastadas y deformadas. Por fortuna, con la paciencia característica de Dreyer y la colaboración de su montajista Marguerite Beaugé, lograron posteriormente elaborar un segundo negativo a partir de tomas alternativas de cada plano que se encontraban almacenadas en otro sitio. Pero la mala suerte continuaba en contra del filme y ese laborioso trabajo de reconstrucción también se vio frustrado con la combustión de la nueva copia en 1929, la cual estaba guardada en los laboratorios de Boulogne-Billencourt.

En los años siguientes, Lo Duca encontró en Gaumont una copia intacta que se había salvado de las llamas y que parecía pertenecer al segundo negativo. Lamentablemente, Lo Duca hizo cambios notables para la explotación de la película: la musicalizó, cambió los intertítulos originales y les introdujo otras decoraciones. Esta versión circuló durante varios años a pesar de la manifiesta oposición de Dreyer.

Posteriormente, en 1981, se encontró en una institución mental de Oslo una copia de 1928 acompañada de una solicitud de censura, lo cual indica que esta versión correspondía a una copia intacta del primer negativo. Teniendo como base esta copia, la Cinemateca Francesa realizó la reconstrucción que finalizó hace ya más de diez años. Esta es la copia que ahora podemos disfrutar gracias a la distribución que se ha hecho en formato DVD. El menú de la misma, ofrece una versión sonorizada, sobre la cual no considero pertinente referirme, pues el cine silente lo prefiero tal como fue concebido.

El rostro como potencia afectiva

Nada es comparable al rostro humano. Es una tierra que uno nunca se cansa de explorar

Carl Theodor Dreyer
Aunque a lo largo del filme podemos identificar un “estado de las cosas” histórico, considero que esto no es lo más importante para una lectura que pretenda hacer un análisis a partir de la variación que suscita el dispositivo cinematográfico en la concepción de la imagen y, por supuesto, del pensamiento; por tal motivo, dejo a un lado el argumento que elaboró Dreyer para actualizar la pasión de Juana de Arco, la cual comenzó el 23 de mayo de 1430 cuando cayó en manos del Duque de Borgoña y fue vendida a los ingleses y arrastrada hasta Rouen (capital de las posesiones inglesas en Francia) para comparecer ante un tribunal eclesiástico. Lord Warwick, el gobernador de la ciudad, escogió a los jurados entre los aliados del Rey de Inglaterra, con el fin de obtener por todos los medios la condena a muerte de Juana y hacerla quemar en la plaza pública, lo que alcanzó a pesar de la protesta de las multitudes.
En esta lectura crítica apelo a una serie de conceptos desarrollados por Gilles Deleuze en sus dos magníficos libros sobre cine: La imagen movimiento y La imagen tiempo. Para llegar al concepto de imagen-afección – el cual está plenamente desarrollado en La pasión de Juana de Arco – es preciso hacer algunas precisiones acerca de otros conceptos (imagen-percepción e imagen-acción) que también tienen una ubicación especial en la forma como el sujeto realiza su aproximación al mecanismo cinematográfico (1).
En la imagen-percepción podemos identificar una dinámica sólida que nos remite a una percepción subjetiva unicentrada. Respecto del centro de indeterminación de la imagen, el universo circunscribe una curva que lo rodea pero que no alcanza a tocarlo.
En la imagen-acción hay una acción retardada del centro de indeterminación. Éste sólo actúa por una cara (la utilizable, la que responde a una lógica-causal). Aquí se conjugan la acción virtual de las cosas sobre nosotros y nuestra acción (posible) sobre las mismas cosas.
Por su parte, la imagen-afección, se ubica en el intervalo entre la percepción y la acción. Surge en el centro de indeterminación (que es el sujeto). El sujeto, ahora se percibe a sí mismo, se siente por dentro. De esta forma, se absorbe – más no se refleja – un movimiento determinado por parte de la cara no especializada (la que aún no ha sido utilizada). La respuesta que se da es como una tendencia, como una cualidad, tal como definía Bergson la afección: “una especie de tendencia motriz sobre un nervio sensible”. Dicho nervio sensible actúa como una placa receptiva inmovilizada. En suma, lo que la imagen-afección logra es confirmar el paso de un movimiento de traslación a un movimiento de expresión, a través del rostro que trasluce los mundos interiores.
En una película coexisten los tres tipos de imagen pero siempre hay predominio de alguna de ellas. Tanto la imagen-percepción como la imagen-acción son inseparables. No sucede lo mismo con la imagen-afección, que es más bien escasa. En el caso de La pasión de Juana de Arco el predominio sí es de la imagen-afección. La complejidad de lo expresado, del afecto, adquiere su unidad por medio de la conjunción virtual del rostro. El rostro como potencia expresiva es una posibilidad que sólo se remite a sí misma. Con su expresividad se abre una puerta hacia lo interno, que no tiene un tiempo determinado y que no indica un “estado de las cosas” – como en la imagen-acción –. Es como un presente que se actualiza constantemente en busca de nuevas expresiones. El afecto es, entonces, lo expresado del “estado de las cosas” a través de los rostros, los cuales están compuestos de una materia móvil que sobrepasa la dimensión espacio-temporal y se adentra en las cualidades del espíritu.
Tal como lo hace notar Dean Luís Reyes (2), para la puesta en escena de la película Dreyer prohibió maquillar a los actores, utilizó variadas angulaciones para darle una carga simbólica exaltada a los planos (contrapicados agudos para los inquisidores y ángulos frontales para Juana) y recargó la iluminación con el fin de saturar de luz los rostros y exaltar las arrugas y rasgos menos visibles. Bela Balasz decía que “La cámara penetra en todas las capas de la fisonomía: además del rostro que nos hacemos, descubre el rostro que tenemos… Visto tan de cerca, el rostro humano se convierte en un documento” (3).
La tradición pragmática respecto de la construcción de planos nos enseña que el cuadro está relacionado con un ángulo de encuadre, es decir, el sistema óptico de aquel conjunto cerrado nos remite a un punto de vista sobre el conjunto de las partes. De esta forma, podemos aseverar que un ángulo de encuadre está o no justificado de acuerdo al punto de vista que el director quiere proponer. Sin embargo, hay ocasiones en que este presupuesto no es del todo válido. Cuando Pascal Bonitzer desarrolla el concepto de “espacios fuera de cuadro” (4), nos sugiere que hay puntos de vista anormales (ni oblicuos, ni con ángulos paradójicos) que nos llevan a otra dimensión de la imagen para constatar que ésta no solo tiene una función visible sino, además, legible. Este caso está muy bien ejemplificado en los encuadres fragmentados que realiza Dreyer en La pasión de Juana de Arco, cuando nos presenta rostros cortados por el borde de la pantalla. Los “espacios fuera de cuadro” son algo así como espacios muertos que le agregan más espacio al espacio – actuando como una presencia inquietante – y que introducen en el sistema (nunca del todo cerrado) la dimensión transespacial, espiritual. En La pasión de Juana de Arco Dreyer no utilizó el plano-contraplano sino que aisló cada rostro en un primer plano para alcanzar a expresar la profundidad espiritual que buscaba. Incluso, los planos medios y los planos generales son vistos todos como primeros planos, debido a la ausencia de profundidad o supresión de la perspectiva, que ya no dependía tanto del espacio sino más bien de una perspectiva temporal y espiritual. A éstos planos, vistos de una forma novedosa conceptualmente, Dreyer los llamaba “primeros planos fluyentes”. Refiriéndose a la insistente presencia de los planos cerrados, Deleuze decía que “Dreyer había logrado con ello un método ascético: cuando más cerrada espacialmente está la imagen, reducida inclusive a dos dimensiones, más apta es para abrirse a una cuarta dimensión que es el tiempo, y a una quinta que es el Espíritu, la decisión espiritual de Juana” (5).
Para cerrar esta aproximación a La pasión de Juana de Arco quiero destacar la presencia de Renée Maria Falconetti (en el papel de Juana) en su única aparición en el cine, con la cual logró inmortalizarse por ser una de las mejores actuaciones femeninas en todos los tiempos. Asimismo, es muy grato para quienes sentimos un afecto especial por el gran Antonin Artaud, verlo actuando por tercera y última vez en las pantallas.

Notas

(1)  Los conceptos imagen-acciónimagen-percepción e imagen-afección, son retomados de la catalogación realizada por Gilles Deleuze en sus dos estudios sobre cine: Imagen movimiento e Imagen tiempo.
(2)  Reyes Dean Luis, La pasión de Juana de Arco: el rostro como documento, publicado en la versión electrónica de la revista Miradas de la EICTV
(3)  Balazs, Bela, citado por Dean Luís Reyes, Ibid.
(4)  Bonitzer, Pascal, Desencuadres, recuperado de: http://cablemodem.fibertel.com.ar/stang/content/text/Pascal_Bonitzer-Desencuadres.pdf
(5)  Deleuze, Gilles, La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 2, Paidós, 1986.

NICARAGUA EN EL TIEMPO DE LOS CHACALES
(Daniel Ortega-Rosario Murillo-Anastasio Somoza)

Descripción: MAC
Poeta Marco Antonio Campos

…la matta bestialitade…
Dante, Inferno, XI, 82

Por años sufrió cárcel. Sueños tuvo
de que el país pequeño fuera un gran país.
Él, uno de varios comandantes que
mandaron al déspota al círculo de los iracundos,
por azar o cálculo o la mano fraterna
se volvió presidente del pequeño país.
Sin embargo, cercado a la larga por los buitres
-forasteros y propios-, perdió el cetro,
pero antes de irse, se llevó a manos llenas,
dinero, propiedades, el libro deshojado de la Revolución

¿Quién no sabe que en el bosque de la historia
cambian los árboles pero es siempre bosque?
El vencido esperó para vencer y vendió
el alma al diablo del enemigo para cambiar de bosque

Ya a la vuelta, con menos hojas en el libro,
siguió deshojándolas, y pronto convirtióse
en el doble puntual del déspota al que combatió.
Con la cónyuge poeta, desenjauló a los halcones,
sacó a los perros enloquecidos y no hubo rincón
en el pequeño país que no vieran sus ojos
A todo disidente le tenía dibujado un ataúd
o le disponía la cárcel con un expediente negro.
Del libro de la Revolución no quedó ni una hoja.
Cuando los padres volvieron a casa, encontraron
que los hijos, habían marchado a las manifestaciones
y alzado barricadas.
                                Se les sacrificó.
El señor presidente y su señora esposa
-quien imita a diario a Lady McBeth-
no han cesado de beber de la sangre 
de los jóvenes caídos.
Cuando el déspota y la poeta, en la televisión
o la radio, se dirigen al país, por la boca,
en vez de palabras, gotea la sangre de esos jóvenes
que la policía samaritana recoge para ellos
de colegios y calles -esa sangre, que después
de su muerte, tomarán del mismo vaso,
en un trago triple, con Somoza en los infiernos-.

AUNQUE BARRAN LAS HOJAS


Descripción: JAVIER
Javier Osuna Sarmiento*



Descripción: jULIO DANIEL “dentro de mil años
bajo este mismo sol que quema
sólo con sus músculos regados por la lluvia
estará tendido así un joven como yo,
recostado en miel de hierba contra el árbol…”,

Julio Daniel Chaparro, de Boceto para un legado.

Esta antología reúne, por primera vez, la obra poética y periodística de Julio Daniel Chaparro, quien fue asesinado, junto con el fotorreportero Jorge Torres, el 24 de abril de 1991 en Segovia (Antioquia) realizando, para el periódico El Espectador, una investigación llamada ‘Lo que la violencia se llevó’, con la que obtuvo (póstumamente) el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.
Este libro es un homenaje al escritor y caminante incansable, que retrató, quizás como ningún otro periodista en la historia de Colombia, la convulsa realidad de la violencia a través de la poesía y la metáfora. Con Julio Daniel Chaparro, al igual que sucedió con el asesinato de Jaime Garzón y el humor, el país enterró una manera de contar (con pocos sobrevivientes), de la que hizo parte y que él mismo bautizó como La generación emboscada.
Para adquirir el libro y que llegue directamente a tu dirección, haz click aquí (sólo válido en Colombia): https://biz.payulatam.com/L0b81617FD5309C

La obra de Julio Daniel es un coro de acentos, un manantial de jerga popular, un vuelo de pájaros en despedida. La naturaleza errante de sus prosas y versos naufraga a la deriva de sus propios lectores que, tantos años después del crimen, no han tenido la oportunidad de disfrutar aún de la faceta poética del periodista ni la faceta periodística del poeta; en fin, del hombre sensible que vivía en “un país de corazones de ceniza” y que, en 1986 advertía en poemas, premonitoriamente, sobre su muerte.
Las 345 páginas que componen esta antología bautizada a modo de guiño con uno de sus versos como Inquieta Certidumbre (pues a su trabajo no se le permitió concluir, o más bien, consiguió inmortalizarse inconcluso como ocurre a los genios), son un intento más por retomar el sol que quedó latiendo en su pecho, así los violentos se hayan ensañado en teñir, demasiado pronto, sus uñas de azul.
Este libro contiene un compendio de voces amigas, a quienes agradezco de antemano haberse dado la oportunidad de recordar, con enorme sensibilidad, la memoria de su amigo y compañero (Arturo Guerrero, Ignacio Gómez G., Eugenia Sánchez, Rodolfo Prada y Claudia Julieta Duque); de igual forma, hemos incluido información de archivo que ha sido entregada generosamente a nosotros por Daniel Chaparro, hijo mayor de Julio Daniel, quien ha batallado incansablemente por mantener viva la memoria de su padre. Gracias a su colaboración este libro es posible.
Inquieta Certidumbre inicia con el último libro de poesía escrito por Julio Daniel, llamado Árbol ávido, este se presenta guardando la forma y el orden que él mismo refiriera días antes del crimen a través de un telegrama. La selección posterior explora sus trabajos principales (sin olvidar algunos de sus primeros versos); también compendia material de aquellos libros que han sido editados en años recientes a manera de homenaje.
En la galería de fotos el lector encontrará, además de algunas imágenes valiosísimas de archivo familiar, una selección de fotografías tomadas por Constantino Castelblanco, sin lugar a duda, el gran cómplice desde la imagen de Julio Daniel, que acompañó la portada de sus libros en varias ocasiones (incluida esta que palpita en sus manos).
Esta antología también contiene, hasta la fecha, el compendio más completo de textos periodísticos escritos por Julio Daniel. Gracias a la generosidad de El Espectador, que ha permitido la divulgación de su archivo, y al esfuerzo lúcido y generoso de Sergio Gama y Mauricio Díaz en la compilación junto con Augusto Díaz en la digitalización de archivo, este libro reúne 39 crónicas clasificadas en cinco categorías: Rostro humano, La otra Colombia, Poetariado y muchedumbre, Voz camaleónica y Lo que la violencia se llevó.
El capítulo final reconstruye la ausencia de Julio Daniel desde la voz de su familia y amigos, dando campo, incluso, a la voz de nuevas generaciones de periodistas como Nicolás Sánchez y Fernando Hernández, quienes toman su legado como referente.
Los retazos que acompañan esta antología no pretenden conmemorar el vacío que dejó el crimen (hasta ahora impune) de Julio Daniel; como proféticamente lo anuncia la ilustración de Vladdo que también acompaña estas páginas (realizada apenas días después del asesinato); hoy, celebramos a un hombre vivo que brota, literalmente, de las páginas del periódico que amó, uno que resiste desde las letras, que emerge del paisaje de lo perdido, en nuestra búsqueda.
El fondo del Ministerio de Cultura que permite la publicación de este volumen se destina a la difusión de autores nacionales. No es un fondo conmemorativo, Julio Daniel lo ganó, por la calidad de su trabajo, sobre la pretensión de cientos de autores vivos que se postularon o fueron postulados por sus editores en 2019.
Alfredo Molano ya lo sentenciaba de forma magistral en 1991: “Julio Daniel andaba metiendo su mirada limpia y su pluma blanca en donde yo quería meterlas. Siempre fue más ágil que todos nosotros y siempre, naturalmente, más valiente y más franco”.
Incluso después de partir, Julio Daniel seguía y sigue superando a los que se quedaron.
El gran fotoperiodista Jesús Abad Colorado afirma que todos somos la suma de muchas miradas. A título personal, debo admitir, que trabajo todos los días con la ilusión de que la mía proyecte, así sea un poco, la de Julio Daniel. Sin él, no haría periodismo, sin él, probablemente, lo habría abandonado.
Que esta antología devuelva la certeza siempre viva de la esperanza y restituya la semblanza del llanero, nacido en Sogamoso, que alcanzó el sol de los venados y que siempre volverá en agosto.
Te va este libro alado, Hombre Pájaro.
Donde estés, siente que ya muchos soñamos contigo.
Volverás, según tu deseo.
“Aunque barran las hojas”.

*Javier Osuna Sarmiento. Periodista, gestor cultural, docente universitario y director de la Fundación Fahrenheit 451. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 2009 y 2017; también del Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá en 2009. Autor del libro “Me hablarás del fuego”. @javierosu451

METAPHYSICA

…Pero la noche existe

Y la palabra lo sabe


António Ramos Rosa

***

CARTAS DE LOS LECTORES

AMIGOS CONFABULADOS: Han sido muy largas estas vacaciones y se los ha extrañado mucho con su periódico lleno de cultura y actualidad. Abrazos Saúl Villanueva
***

CONFABULADOS: Me encantaron los poemas de Gustavo Adolfo Garcés, un maestro de la brevedad. Felipe Torrado M.

***

CONFABULADOS: Me gustó mucho el texto el de Juan Sebastián Gaviria de su novela Profeta. Un tema bastante candente pero muy bien llevado. Tengo una inquietud: es el mismo autor de un poemario titulado Inti Manic? Tulio Alberto Benavides
R/. Si es el mismo autor.
***

QUERIDOS CONFABULADOS: He extrañado mucho que no han vuelto a publicar la sección de Minificción. Sería grato que la reanudaran. Andrea Uribe
R/. Pronto tendremos una de minicuentos.
***

No. 527. Profeta


¡100.000 lectores semanales!

Descripción: ConfabulaCabezoteActual

FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Jairo Alberto López, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
Si desea cancelar esta suscripción gratuita por favor responda este mensaje a Con–Fabulación
con el asunto “Retiro”

PROFETA – JUAN SEBASTIÁN GAVIRIA

Descripción: jseb Descripción: Profeta 
Están fuera de su jurisdicción, a dos días del área de operaciones. Han avanzado durante cuarenta y ocho horas por las espesas faldas de la serranía de La Macarena, huyendo de la muerte o acercándose a ella, siempre sin saberlo. No pudieron solicitar apoyo aéreo porque temieron que sus superiores les ordenaran dar cese a la persecución; para el capitán de la compañía, por un quinteto de guerrilleros no vale la pena arriesgarse a que cinco miembros de la brigada móvil pisen mierda. Tras un combate a orillas del río Güejar donde dos soldados y un suboficial perdieron la vida, comenzaron a seguir a los guerrilleros que se desbandaron cuando vieron que habían mordido más de lo que podían tragar, y ahora siguen un eje de avance retorcido con los radios apagados y los cañones fríos, más de cincuenta horas sin dormir y una parada en medio de la noche para alimentarse de salchichón y agua. Son una escuadra de cinco hombres y van detrás de otros cinco. No se trata de cumplir con el deber sino de devolver un golpe. Esto, como toda guerra, se ha convertido en una larga sucesión de ajustes de cuentas.
            Al mediodía de la segunda jornada de persecución salen de la espesura hacia una enorme planicie donde las termitas han trazado incontables caminos en medio del pasto salvaje. Quizás esta pradera pertenezca a una de las muchas haciendas ganaderas abandonadas de la zona, aunque no hay rastro alguno de cercas o postes. Los senderos dejados por las termitas a lo largo de años de obediente peregrinación zigzaguean como relámpagos, derramándose en todas direcciones. Del lado opuesto de la planicie se alza la silueta pálida de otra franja de selva. La escuadra se detiene unos instantes. Rodolfo Donoso se acuclilla y mira hacia el descampado y luego observa detenidamente el suelo arenoso en busca de huellas. Los demás aguardan detrás y una cantimplora es pasada de mano en mano. No bien retoman la marcha, Rodolfo vuelve a detenerse y se agacha y recoge una bala del suelo. La mira con ojos bizcos y la sopla.
            No es de ellos dice mirando los terrones de lodo seco que siguen adheridos a la vainilla dorada y palidecida por el tiempo y la intemperie. Se le cayó a alguien hace mucho.
            Emiliano recibe la bala y la mira. A su lado camina el teniente Daniel Cuevas, quien lo ve frotar la bala contra la camisa, dejando al descubierto algunas manchas de óxido.
            Seiscientos pesos masculla.
            —¿Cómo? pregunta Cuevas.
            Nada Emiliano se gira hacia Cuevas y ve que el sudor le empapa la cara. Estaba pensando en cuánto vale esta bala. Seiscientos pesos.
            Ajá. Así que no sume. ¿Sabe por qué la gente dice que las vidas humanas no tienen precio?
            No... No sé.
            Porque suena bien. Porque se sienten bien al decirlo. Tal vez...
            Después puede que seiscientos pesos sea mucho. Entonces va a haber que usar gas o garrotes y machetes. O hambre, que siempre ha sido la forma más barata de matar...

            Hambre... Emiliano piensa en lo que Cuevas acaba de decir. Siente que sus piernas le fallan. Siente que está usando sus últimas reservas de energía para cruzar aquel descampado. No cuadra. Se ha sometido a marchas mucho más exigentes en el pasado sin alcanzar semejante grado de fatiga. Se pregunta si está enfermo. La palabra disentería cruza su mente. Hambre. La forma más barata de matar.
            En la guerra las balas valen más que las vidas. Es la gran devaluación.
            La gran devaluaciórepite Emiliano, autómata, deslizando la vieja bala en su bolsillo.
            No se le olvide mijo que la economía dicta lo que la moral garabatea...
            Rodolfo se detiene y se acuclilla de golpe. Los demás hacen lo mismo y encaran sus armas y comienzan a escrutar el perímetro. No ven nada salvo los nidos de termitas, conos de barro seco y duro que se alzan un metro sobre la tierra. Mauricio le pregunta a Rodolfo si vio algo y éste niega con la cabeza y se incorpora poco a poco. Siguen avanzando. Ya nadie conversa. El sol arde en sus espaldas. La franja de selva frente a ellos se dilata y deja escapar algunas brisas frescas. Comienzan a escucharse los grillos. Rodolfo desenfunda su machete para empezar a abrirse camino selva adentro.
            Al atardecer encuentran a uno de los guerrilleros en un claro de bosque. Está de rodillas a unos cuarenta metros de ellos y tiene las manos en alto. Jadea y traga saliva con dificultad, como si el cansancio extremo lo hubiera obligado a detenerse.
            Contacto dice Rodolfo acuclillándose lentamente y apuntándole. Quietico ahí, hijueputa.
            Los demás miembros de la escuadra se despliegan de inmediato por el claro de bosque escrutando el interior de la selva y dándole la espalda al guerrillero que Rodolfo encañona. De todas direcciones vienen los sonidos ensordecedores de chicharras y grillos y los crujidos perennes de la selva.
            —¿Dónde están los demás? pregunta Rodolfo.
            Siguieron sin mí —dice el guerrillero con voz quebrada. Yo no me quiero hacer matar...
            Cuevas escruta el suelo alrededor del guerrillero y ve algo bajo las hojas. No sabe si es el extremo de la culata de un viejo fusil o un palo de madera o la gruesa raíz de un árbol.
            La madre dice. Esto es una puta emboscada...
            Emiliano gira la cabeza, aún con la culata del Galil encajada en el hombro, y mira al teniente Cuevas, que camina a pasos lentos con las piernas levemente dobladas y atisba hacia el interior de la jungla sosteniendo el lanzagranadas contra su pecho.
            —¿Le meto un tiro? pregunta Rodolfo.
            Antes de que el teniente alcance a responder Emiliano oye un zumbido y siente que una línea de calor se dibuja frente a su rostro. Cuando la corteza de uno de los árboles a su izquierda salta en pedazos y la detonación del disparo se escucha en la oscuridad vegetal, comprende que ese trazo incandescente fue dejado por una bala calibre 7.62 dirigida a su cabeza.
            Se tira de cara al suelo y apoya los codos en la tierra húmeda y empotra la culata en su hombro con fuerza a la vez que jala el gatillo. Comienza a liberar ráfagas cortas mientras desencara el arma y busca el lugar de donde pro- vino el disparo.
            —¡¿Dónde están, Andrade?! pregunta Mauricio tirándose junto a Emiliano, empuñando la pesada M60.
            —¡A las dos, a las dos! grita Héctor corriendo detrás de Mauricio, cargando dos cananas de munición¡Están tirados en el suelo, marica! ¡A las dos y a las once! ¡gale, hágale..., cásquelos...!
            La ametralladora suelta una larga ráfaga que sólo se detiene cuando la correa se acaba. Héctor se arrastra junto a Mauricio y comienza a recargar y le dice que tenga cuidado de no recalentar el cañón de la eme. Sobre sus cabezas zumban los tiros y llueve aserrín y algunas de las vainillas vacías y calientes que la ametralladora escupe rebotan contra el casco de Emiliano, quien se arrastra hacia su derecha para alejarse de la M60 y cubrirse detrás del tronco de un árbol de acacia. Mientras cambia de proveedor echa una mirada detrás suyo y ve a Rodolfo, quien suelta un madrazo con cada tiro. Emiliano busca al guerrillero que Rodolfo estuvo encañonando y lo ve en medio del claro de bosque, la espalda pegada al suelo tapizado de hojas podridas, la mitad inferior de las piernas aplasta- da bajo los muslos, los dorsos de sus manos apoyados sobre la hojarasca y las palmas blancas y cubiertas de lodo apuntando hacia arriba. Tiene un agujero de bala en el centro de la frente. Detrás de Rodolfo se halla el teniente Cuevas con una rodilla apoyada en el suelo, empuñando el lanzagranadas que sacude su cuerpo entero con cada granada que escupe. La tierra tiembla; boca abajo en el suelo, midiéndole el pulso al mundo, Emiliano puede sentir el eco de las explosiones con todo su cuerpo. Vuelve a encarar el fusil pero se abstiene de disparar. Necesita verlos. La tercera granada del teniente Cuevas estalla a unos ochenta metros, las ramas de las imponentes ceibas se sacuden y descuelgan telones de hojas; la cuarta granada cae mucho más cerca y levanta una cortina de tierra y piedras y a Emiliano le parece ver que un brazo vuela en me- dio del súbito tornado de desperdicios. Luego viene un silencio repentino que es interrumpido por la lenta caída de un pesado árbol, y cuando sus gruesas ramas azotan el suelo, uno de los guerrilleros rompe a correr; no huye, pretende trazar un semicírculo alrededor de ellos, es una sombra que agita arbustos y quiebra ramas; Rodolfo lo detecta y pasa sobre Emiliano con dos grandes zancadas y se recuesta en el árbol y sigue al hombre con el cañón y jala el gatillo una sola vez. Se escucha el cuerpo desplomándose y luego un grito de dolor. Héctor le dice a Mauricio que pare de dispararle a ese bulto que ya está muerto, que regrese a las once, y Emiliano se corre el casco hacia atrás, se pasa el dorso de la mano sobre los ojos para quitarse las gotas de sudor picante, y aguza la mirada. Entonces ve a uno de los guerrilleros detrás de las gruesas raíces de un árbol. Está de pecho al suelo, como él, y también parece haber suspendido sus ráfagas para buscar al enemigo. Emiliano ignora si lo ha detectado pero la situación tiene un inconfundible aire de duelo. Pone la mira en la coronilla de la cabeza del guerrillero y cambia el Galil de ráfaga a tiros individuales con el pulgar y contiene el aliento por un instante y luego exhala suavemente y aprieta el gatillo. El guerrillero descuelga la cabeza y su cara se hunde en el suelo.
            Su disparo es el último que se escucha. El guerrillero clava el pico y un silencio punzante se cierne sobre ese pedazo de selva. Hasta los insectos han enmudecido. Luego sólo se escuchan los jadeos de los soldados y a Rodolfo, que aún rezonga contra el enemigo. El teniente Cuevas se incorpora y afloja los brazos; sabe que todo ha terminado. El lanzagranadas MGL, que parece un revólver de proporciones monstruosas, se balancea en su mano derecha.
            —Revísense —ordena Cuevas.
            Emiliano se pone de pie y recoge el proveedor vacío del suelo y se palpa el torso en busca de algún agujero, aunque sólo siente las granadas en su arnés. Sabe que ningún proyectil lo alcanzó. Los demás hacen lo mismo y todos se adentran en la espesura, dispersándose mientras recargan.
            Buena le dice Héctor a Mauricio cuando se ven ante el cadáver de un guerrillero.
            Emiliano camina hacia ellos y observa el cuerpo del hombre. Está tendido boca arriba, aún empuñando su fusil AK47, y tiene el cráneo abierto. La bala de M60 le separó el hueso parietal de los huesos frontales. El parietal, aún adherido a su cuero cabelludo, está abierto como una tapa. Su cerebro yace en el suelo a unos quince centímetros. Revisan los cadáveres. Rodolfo camina hasta el sitio donde se desplomó el tipo que corría. Se oye un grito y un disparo y después Rodolfo va y recorre el área que las granadas de Cuevas deforestaron. Al regresar dice que sólo encontró una pierna. Cuando Emiliano llega junto al árbol y voltea con el pie el cuerpo del guerrillero que se parapetaba detrás de la raíz, advierte que su disparo le entró junto a la aleta izquierda de la nariz, levantándole la piel de la mejilla y quebrándole el hueso maxilar. Toman las armas de los guerrilleros y las amontonan a unos veinte metros de la zona de combate. Entonces, ante un gesto afirmativo de Cuevas, Mauricio abre una pequeña pala plegable y comienza a cavar un hoyo.
            —¿No vamos a reportar estas bajas? pregunta Emiliano.
            No. Entierren esos fierros y nos abrimos de aquí. —¿Y los cuerpos?
            Déjenlos. Que se los coma la puta selva.
           
Llenan la pequeña fosa con las armas de los guerrilleros, dentro de las que se cuentan cuatro fusiles AK47, seis granadas de mano, dos machetes y tres pistolas nueve milímetros oxidadas y desajustadas. Tapan el hueco con tierra y arrastran un tronco para que no se note que algo fue enterrado ahí. Luego encienden cigarrillos y toman agua de las cantimploras, sumidos en el silencio y en sus cavilaciones, siempre tan distintas a las palabras chabacanas y los gritos de guerra que exhiben ante sus compañeros. Cada cual digiere a su manera lo que acaba de suceder, cada cual elige en qué lugar de su corazón guardar las imágenes de los cuerpos prensados a plomo de sus enemigos, cada cual busca una manera de contarse a sí mismo la historia en la que lucha por seguir siendo protagonista y no otro extra enterrado en una tumba sin nombre en el me- dio de la selva. Este es su ritual, un pequeño descanso de introspección tras el fragor del combate.
            Rojas, ¿dónde está Héctor? pregunta el teniente.
            Sólo entonces Emiliano se percata de que Héctor no está ahí fumando y bebiendo agua con los demás.
            No sé.
            Pues búsquelo dice Cuevas.
           
Emiliano se gira y camina hacia el lugar donde lo vio por última vez. A medida que se acerca al claro de bosque oye unos golpes húmedos, como de madera mojada siendo cortada a hachazos. Resuellos, chasquidos, un crujido opaco como el del hueso que restalla dentro del hocico de la hiena. Luego comienza a escuchar su voz, que farfulla, ininteligible, y es como si la indiferente selva estuviera hablando a través de los labios del soldado profesional Héctor Andrade.


EL MURO BLANCO- GUSTAVO ADOLFO GARCÉS

Descripción: GUSTAVO A                Descripción: Elmuroblanco_portada  

ALDEANO

El poeta
de estos
pagos
cría vacas

muchos
tienen voz
en sus
historias

mientras
despluma
una gallina
cuenta cómo
su pueblo
se fue
a pique

sonríe
al saber
que es
el personaje
de estos
versos


WALLACE STEVENS

Le gusta
husmear

dice
su biógrafo

glosa
matices

los ojos
siempre
en las
palabras

las que
zumban
y las que
retumban

camina
por
el sendero
de las moras
hasta
la charca
de los ciervos

acude
a lo que
murmura

en pantuflas
VISITA

Un pajarillo
en mi ventana

rojo
como brasa

va a la hierba
y regresa

le presto toda
la atención

no contesto
el teléfono
EL LOCO

Simula
ser un
príncipe

nos hace
venias

dice algo
de la guerra

no conozco
persona
más sombría
PUEBLO

El perro
y el buey
no tienen
dueño

el mirlo
escarba
en la basura

aquí fue
la matanza
INFANCIA

Era el velorio
de tu padre
muchacha

y yo sólo
veía tus trenzas

VISIÓN

El asno
carga
un arpa

apunto
en la libreta

qué
suerte
tengo
BELCHITE


El herrero
tiene buen
corazón

a ratos
maldice

son
muchos años
en la forja

disfruta
el bullicio
de la vida

una mujer
le sonríe

y entonces
los ojos
le brillan
de regocijo

pura
embriaguez
REJA DE FORJA

Qué alto
el saber
de su
artesano

pasó
de una
libreta
a un
tiempo
para
el que
no hay
medida

otra vez
la miro
CÓNDOR

El patio
del burdel
linda
con el
cementerio

el huerto
comunal

y un muro
de piedra

hasta aquí
baja
a ratos
el cóndor

Gustavo Adolfo Garcés (Medellín, Colombia, 1957), abogado de la Universidad de Antioquia y Magister en Estudios Políticos de la  Universidad Javeriana. Ha publicado: Libro de poemas (1987), Breves días (Premio Nacional de Poesía Colcultura, 1992), Pequeño reino (1998), Espacios en blanco (2000), Libreta de apuntes (2006), Hasta el fin de los números (2012),  Una palabra cada día (2015) y El muro blanco (2018).

METAPHYSICA


Sombra es una hermosa palabra
que persigue al poeta
con sus formas borrosas
Sombra es un pensamiento tembloroso

Jorge Cadavid

***
CARTAS DE LOS LECTORES

AMIGOS CONFABULADOS: Mi más sentido pésame a los deudos del maestro Ángel Loochkartt y mi gratitud al pintor que ilustró mi Poesía reunida, en la Colección Los Conjurados. Abrazo fraterno. Osvaldo Sauma
***

QUERIDOS CONFABULADOS: Qué hermoso homenaje el que le han rendido al maestro Loochkartt. Confabulación ha sido uno de los más generosos e importantes medios que siempre con respeto y amor ha difundido entre otros muchos temas, la obra de los más importantes pintores y artistas colombianos.  Abrazos fraterno. Omar Sánchez Otero

***


CONFABULADOS: Acabo de recibir la noticia del fallecimiento del Maestro Loochkartt.. qué triste día para todos. Ángel siempre estará en nuestras memorias y para muchos de nosotros nos seguirá alegrando nuestras vidas con sus expresivas pinturas. Mis condolencias a todos uds y a sus familiares. Un abrazo fraternal. Guillermo Díaz


***


CONFABULADOS: Tatik Carrión es el segundo milagro poético en dos números (Bustos el primero) ¿Cómo los consigo? Alvaro Hernández V.


***

CONFABULADOS: Gracias por esos textos. Impresionantes. Un abrazo. Yolanda Ortíz

***

CONFABULADOS: Eterno, empinado, gozoso el camino de la poesía. Gracias por esta publicación dedicada a ella. Abrazos.  Beatríz Basile
***