No. 418 - El Tempestario y otros relatos


De: El tempestario y otros relatos


Como lo había ofrecido Con-fabulación en su número anterior, publicaremos por entregas algunos textos del libro de Cuentos de Gonzalo Márquez Cristo cuya primera edición data de 1998





El mago

Yo, sin duda su mayor admirador, hace dos años renuncié al pequeño circo donde triunfaba para seguirlo. Al aceptarme, con desmedida serenidad, me impuso la típica condición de jamás indagar sobre sus prestidigitaciones, y he cumplido.

Ha pasado el tiempo, he develado pocos de sus trucos —los más elementales— al observar con rigor los instrumentos de que se sirve para ejecutarlos, debido a mi largo aprendizaje en éste difícil arte; sin embargo jamás le he escuchado una explicación, un festejo o una revelación sobre sus actos maravillosos. Hay algunos que me sobrecogen sin poder explicar su artilugio y otros que me hacen creer —como lo piensan todos— en la participación de fuerzas divinas o demoníacas inexplicables. Mi relación con él fue motivada al comienzo por el asombro, ahora por la devoción. Sé que muchos compartirán durante esta inolvidable noche mi actitud religiosa.

Mientras escucho el apabullante ruido de la multitud congregada en esta plaza reclamando su presencia, imagino que este escenario improvisado y abierto me dejará escrutar detalles que en los teatros me eran vedados. Hoy debo convencerme de su divinidad o comprender la verdadera estructura de su taumaturgia, de sus increíbles hazañas.

Las luces se apagan y cien mil personas quedamos en una oscuridad menguada por una luna llena que surge detrás del cerro de Guadalupe. Se oye en crescendo la rechifla por el prolongado incumplimiento, criticada por la voz enérgica del mago que silencia a la multitud. Él, declarándose enojado por lo que denomina una injusticia de los espectadores, una insoportable agresión, les exige que observen sus relojes; se escucha entonces una gigantesca exclamación al verificar en ellos la hora exacta de citación al acto. Asombrados aplauden con euforia al ilusionista.

Incluso yo, que desde la adolescencia hago aparecer palomas en mis manos y transformo mujeres enjauladas en leonas en un tiempo menor a un segundo, festejo ese inicio deslumbrante, mientras vigilo mi reloj.

En la mitad del escenario está el magistral mago cubierto por un arco iris. La multitud aplaude cuando empieza a despojarse de los colores que lo envuelven, uno a uno, arrojándolos con violencia hacia el cielo despejado donde quedan suspendidos. Al desprenderse del último, el mago desaparece. En ese instante cruza una manada de golondrinas y empieza a llover, cae una lluvia fina que toma todos los siete matices de la luz descompuesta. Numerosas personas corroborando que no hay nubes, extienden con incredulidad las manos para verificar que son gotas de agua.

Cesa la lluvia. Poco después olvidando los prodigios recién realizados, la multitud de nuevo grita exasperada clamando por la presencia del mago. Irritado por la nueva acción del público aparece en la mitad del escenario entre una contorsionista rubia y otra negra que bailan como serpientes entre ligeros vestidos dorados. Todos lo contemplan con fascinación. Su capa gigantesca libera reflejos. Ellas inclinan dos enormes cestos y el público verifica que están vacíos. El mago se quita el sombrero y en su cabeza aparece un pan y un pez rojo sacudiéndose, provocando la risa de los niños. El acto se sigue en enormes pantallas gigantes de televisión. Se oyen cada vez más fuertes sus extrañas palabras mágicas. Lanza la capa sobre los cestos y al retirarla surgen centenares de peces rojos vivos y de panes pardos que son lanzados a la gente enardecida. Los practicantes religiosos no aplauden al creer profanado su milagro bíblico.

El mago señala insistentemente a la luna atravesada por una pequeña nube que le da una apariencia de movimiento. Al fin todos obedeciendo se vuelven a mirarla y esperan el próximo asombro. Él grita palabras incomprensibles y estirando los brazos hace unos pases extraños, lentos, precisos, y todos vemos —incluso yo, que tras bambalinas sé que no utiliza hologramas ni sofisticados instrumentos ópticos—, vemos, repito, moverse a la luna, subir del horizonte al cenit, quedar exactamente sobre nosotros, y absortos ni siquiera nos atrevemos a respirar temiendo que esto ocasione su desprendimiento sobre nuestras cabezas.

La visión dura un minuto y aparece de nuevo el plateado satélite en su posición original coronando a Guadalupe. El mago se acerca a los cestos que se llenan sucesivamente y tres veces más vuelve a vaciar esos panes y peces rojos aleteantes sobre la multitud.
Con voz grave ordena a las bellas contorsionistas que se acuesten sobre dos camillas con ruedas y realiza la tradicional escena de la descuartización del cuerpo en cuatro partes, pero esta vez con una terrible modificación. Cierra las cajas y usando una gran sierra las fragmenta, separa los pedazos mientras la gente grita. Por último decide unir sus partes, y acudiendo a una desconocida crueldad intercambia sus cabezas. Luego al abrir las cajas pide a las dos mujeres que se levanten. Ellas surgen con el rostro trocado y reconociendo su transformación empiezan a gritar y a llorar, el público espera sin entender si esto corresponde a un montaje o a un truco perverso. Entonces compruebo, al nunca haber visto esta variación realizada muy cerca de mis ojos lo ocurrido, y comparto la sensación de sus dos asistentes enloquecidas por el terror.

El pánico se generaliza. Muchas personas quieren desertar pero la vasta congregación hace imposible la huida. Los aplausos y los gritos de horror se van alternando.
El mago pide niños voluntarios y de inmediato se presentan casi cien. Con rapidez elije dos de siete años y camina llevándolos de las manos. Una jaula cubierta con un lienzo negro se desliza sobre el escenario, entonces sus madres asustadas imaginando el peligro que se avecina intentan detener el acto. Es demasiado tarde. El sublime taumaturgo descubriéndola muestra un agitado tigre de bengala en su interior y pide silencio, ordena a los niños que entren al cubil del felino; obedecen como sonámbulos mientras la fiera sucumbe a un poder inexplicable, los rodea febrilmente y juguetea con ellos lamiéndoles la cara. El mago los saca entonces de la jaula y con un signo les pide que corran hacia donde aguardan sus angustiadas progenitoras. Recibe los aplausos y omite cerrar la puerta. La gente se inquieta imaginando la fuga del tigre. Se suceden tres fuertes relámpagos en el horizonte que no coinciden con el cielo completamente estrellado. La multitud atemorizada empieza a correr por las calles contiguas a la plaza, tropezándose, cayendo...

De lo que sigue es posible pensar que se trata de un cuento fantástico, pero es fácil verificar mis palabras viendo las imágenes de los camarógrafos que tienen el coraje de permanecer. Veo, es decir, miles de personas vemos el extraordinario final. El mago provisto de una capa gigantesca y una máscara de cóndor, sin parecer advertir lo que ocurre a su alrededor, camina lentamente hasta el borde del escenario y abre los brazos, permanece inmóvil unos instantes imitando voces de aves, y unos segundos después haciendo unos gritos inexplicables empieza a volar. Revolotea sobre la plaza seguido por los proyectores y alaridos de la multitud. Después de tres vueltas se dirige hacia el oriente y observamos que su silueta disminuye sobre la luna llena. El tigre lo contempla desde su jaula abierta, alelado.

Entonces, soportando el estrépito de la multitud en fuga y el de las bellas contorsionistas de cabeza cambiada, tengo la fuerza para entrar al sitio que siempre me fue negado. Abro el cubículo donde él se esconde a oficiar sus más increíbles prodigios y veo lo inimaginable. Aterrorizado empiezo a gritar, a clamar auxilio... Ahí encuentro a mi maestro, el más extraordinario de todos los magos, inmóvil, tendido sobre el piso metálico. Un hilo de sangre fluye de cada uno de sus ojos.

Confundido, espero que se reduzca mi angustia antes de arrodillarme a verificar su pulso, su respiración... Deshecho compruebo su muerte. Aún con esperanza supongo que es uno de sus impecables trucos con el propósito de castigarme por haber incumplido su prohibición de espiar sus enigmas; o que es el precio pagado porque nadie puede sobrevivir a aquellos desmesurados sortilegios.

Sin embargo quiero creer que al salir lo encontraré sobre la tarima ejecutando otro de sus actos increíbles en los cuales seré su más humilde ayudante. Pero sospecho también —y deben entender mi desolación— que lo asesiné al abrir esa puerta que me había enfáticamente prohibido mientras su imagen volaba hacia la luna, y siento venir mi llanto.

A Amparo Osorio

A Gonzalo Márquez Cristo

POEMA DE HERNANDO SOCARRÁS

Treinta días de tu impulso.
Te levantas de la tierra
Profunda
Donde no hay error.

Poesía de un solo impacto
Se rompen las palabras
Señaladas,
Más breves cuando digo:
“Compañero, eres otro libro
Que no teme a la oscuridad”

Homenaje póstumo al Poeta




Este viernes 24 de junio de 2016 se cumple un mes de la muerte del poeta colombiano Gonzalo Márquez Cristo. El poeta murió en Bogotá, su ciudad natal, después de un doloroso proceso de intervenciones médicas. Chali nos dijo adiós sumiendo en luto a nuestras almas. Gonzalo (Gonzalito) nos dejó el ejemplo de toda una vida dedicada a la creación poética y al liderazgo cultural. Su carismática personalidad se ganó el afecto de muchos escritores e intelectuales cartageneros, a raíz de la calidad de su trabajo y del cariño que él le profesaba a Cartagena de Indias y a la Universidad de Cartagena. Por todo ello, muchos poetas de Cartagena vamos a rendirle un sentido homenaje a la memoria de Gonzalo, y especial a la trascendencia de su obra.

En este homenaje póstumo y leyendo fragmentos de las obras de Gonzalo estarán presentes los siguientes poetas y escritores que convocan a este acto de la amistad y el reconocimiento:

Herbert Protskar Andrade, Argemiro Menco Mendoza, Limberto Tarriba, Gustavo Tatis Guerra, Mariana Pereira de Castro, Jaime Arturo Martínez, Bebela Vargas, René Arrieta Pérez, Miguel Torres Pereira, Wiston Morales Chavarro, Lázaro Valdelamar, Alicia Haydar, Lidia Corcione, Joce Daniels, Gonzalo Alvarino y “Generación Fallida”. 
Ese día recibiremos un saludo a este homenaje, desde E.E.U.U., de parte la poeta Hortensia Naizara. Desde Medelín, de parte del poeta Fernando Rendón. Desde Argentina, de parte del poeta Héctor de León Born. y desde Bogotá, de parte de los poetas Claudia de la Espriella y Edilberto Sierra.

El acto se realizará en la Biblioteca Fernández de Madrid de la Universidad de Cartagena, (Sede San Agustín), el 24 de junio de 2016 a las 9:30 a.m. 

Contamos con el apoyo institucional de la Universidad de Cartagena representado por  Edgar Parra Chacón (Rector), Raquel Miranda (Dir. Biblioteca), Sonia Burgos Cantor (Vicedecana, Fac. Ciencias Humanas), Ivette Yidios (Decana Fac. Ciencias Humanas), Jorge Llamas (Fac. Educación-Ciencias Sociales), Edilbert Torregrosa (Prof. Representante Consejo Académico).


Sol de Hielo, un abrazo para Gonzalo Márquez Cristo



Por: Luis Alejandro Contreras



Así bautizó Gonzalo aquella tarde, tarde caraqueña, en la que el sol no lograba atravesar las nubes por completo. Me dijo, ¿sabes cómo llamamos en Bogotá a estas insinuaciones solares? Sol de hielo. Y fue una de las más gratas conversas de la que guste hacer evocación mi ya trajinada memoria. Habíamos subido al Ávila. Quería mostrarle esa maravilla, que en veces se da, la de ver al sur la ciudad caraqueña y al norte el mar caribe. Pero esa tarde las nubes al norte estaban ariscas. Y ni siquiera el sol pudo convencerlas. Dejaba traslucir su esplendor tras la niebla, pero hasta allí. Un disco de luz tras el rocío celeste. Entonces se tendió en el aire la pregunta de Gonzalo. Recuerdo haberle dicho, la poesía está en todas partes pues, pues ése es adagio colectivo. Hoy Gonzalo se ha ido a perseguir soles de hielo, cantos de otredad, vuelos de polvo cósmico entre los aires de la nada, porque la nada lo es todo. Salve Gonzalo. Gracias por tu amistad y ese acallado entusiasmo tuyo, tan henchido de templada fruición. Lamento no haber podido volver a Bogotá. Algún día nos sentaremos a contemplar soles de hielo y beberemos del vino más excelso, el vino que se bebe en los confines que brotan de las cabeceras del tiempo. SALUD!


Arturo Bolaños


De reciente aparición en el marco de la pasada Feria Internacional del libro, publicamos algunas notas que sobre Ufano aliento escribieran diversos escritores españoles y colombianos.





Arturo Bolaños Martínez juramenta, más allá de toda ufanía, por  todo  lo  que  sobrevive,  por  la  niñez  eternal  que  no  se desarraiga del hombre, sus límpidos poemas son palabras que piden resurrección, sea bajo este cielo o más acá de la llave solar, tal como advierte Compañera que me olvidas en la noche / te espero / como al sol. Leamos, con intención profunda, lo que por dos lustros estuvo acopiando –y decantando– el poeta de San Juan de Pasto. Alfredo Pérez Alencart, Universidad de Salamanca.

Ufano aliento trabaja con el deseo del lenguaje como andadura entre lo decible y lo invisible, cosecha alientos que no explotan sino que se contienen porque El silencio/ anuncia el verso/ y lo fecunda. Julio César Goyes, Universidad Nacional.

La  lectura  de  estos  hermosos  poemas  nos  enseña  que  las palabras  cotidianas, sangre verbal de los hombres, son todopoderosas porque pueden, incluso, convertirse en silencio. Arturo  Bolaños  Martínez  es,  sin  duda,  un  admirable  poeta. Carlos Vidales, Estocolmo.

No a menudo, una voz venida de América sacude un panorama literario español que a veces parece cansado y sobre todo viciado, y desearía que fuéramos muchos los que nos sintiéramos vivificados. Pienso en lo que ha sido recientemente para nosotros Gonzalo Rojas, cuya voz tardó en ser escuchada de verdad. Ahora hay que pedir atención para Bolaños Martínez y celebrar y agradecer que esté aquí. Y no solo hoy, entre nosotros.
Barcelona.

A UN SOPLO
De la infancia
de los viajes
de los amores.

Con la huella de la sonrisa
el polvo
y la ceniza.

Solo extraño
aquellos silencios
a un soplo de convertirse en palabras.


A UNA ALENADA
De la infantesa
dels viatges
dels amors.

Amb lemprenta del somriure
la pols
i la cendra.

Només enyoro
aquells silencis
a una alenada d´esdevenir paraules.

Traducción al Catalán: Leonora Gambino


Rene Char… Su destellante palabra

Conmemorando el natalicio de este imprescindible poeta francés (L´isle-sur-Sorgue, Vaucluse, 14 de junio de 1907) ofrecemos a nuestros lectores uno de sus más significativos poemas traducidos por el poeta venezolano Luis Alberto Crespo para el libro Aromas Cazadores, publicado en Caracas-Venezuela por Monte Avila Editores en 1982.



VIAJEROS
Cefeida en Orión
Después que el tren desaparece
La estación sale riendo
En busca del viajero.

Todo lo que se oculta bajo la mano es, esta noche, esencial.
Lo no cumplido ensordece de esencial.

Inventamos fuerzas de las cuales tocamos las extremidades,
casi nunca el corazón.

Conviene acercar los utensilios de la mesa de comer con insignes precauciones.
Este intervalo singular no tiene parentesco ni puede medirse.

Nuestro presente llegó a tal punto a inflamarse que invocarlo sería destinarlo al viento.

Camarada, he aquí tu salvoconducto para dirigirte a donde quieres y sufrir en todas   partes. Desde la línea de flotación hasta los abismos. El coraje se sacia con infinitas   variantes. Lugar de delicias que dura un día.

Construyeron una barca con la espuma del mar a fin de llegar a la orilla más distante.           Ellos son esta cadera de arrecifes.

El calumniador desciende irresistiblemente hacia este mar. En cambio los dioses son             complejos y lentos en sus aprobaciones.

Estamos estando, como mancha amarilla, frente a la chimenea de la bestialidad.         ¿Quién lo duda? Ni siquiera ese farsante que es el gran frío.

La sombra de la vida interviene a tiempo para preservar el lugar que le debemos en    nosotros. Cuanto más altas sean las montañas, mayor será el derecho de los         clarividentes a llevar el relámpago de las cumbres en su bastón.

--Vida, ¿dónde está tu victoria?
--En ésta. Sobre aquél.
--Yo sé, Amiga, que el porvenir es escaso.

***


CARTAS DE LOS LECTORES

CONFABULACION reitera a sus amigos y seguidores su gratitud por los cientos de miles de mensajes recibidos, que por obvios motivos han sido imposibles de contestar.


* * *

No. 415

Gonzalo Márquez Cristo: un anacoreta citadino


Por Ricardo Rondón Ch.

La parca, en este desbarajustado país, debe estar narcotizada, y con razón, que viene enredando en su guadaña a los equivocados. 

La semana anterior cargó con el profesor Jorge Consuegra, periodista, escritor y activista cultural. Y esta: en la noche del 25 de mayo, en Bogotá, con el poeta, cronista, ensayista, crítico y editor Gonzalo Márquez Cristo.

Nada que ver con el Márquez del Nobel, ni menos con el Cristo de Julio Sánchez de la W, que con su ego entronizado es la antítesis de la poesía aunque trate de escarbar en su incipiente cultura literaria para recitar a dos voces con Calvás poemas de Jaime Sabines y Antonio Machado.

Gonzalo Márquez Cristo era y será un escritor en su verdad, un poeta en su luminosidad inagotable. De eso dan cuenta sus libros, sus novelas, sus ensayos, sus compendios de relatos, sus antologías, sus poemarios: Oscuro nacimiento, La morada fugitiva, La palabra liberada, Las muertes inconclusas, Ritual de títeresApocalipsis de la rosaCuentos perversos entre otros, o sus entrevistas de colección a cuatro manos con Amparo Osorio, publicadas en Común presencia.

Salvo la nota necrológica que escribió para El Universal de Cartagena su amigo, el también bardo, periodista y artista plástico Gustavo Tatis Guerra, ningún medio masivo ni corrosivo (que son mayoría) hizo mención de su deceso.

Me enteré de su muerte por el comunicado que envió mi amiga Doris Amaya, de la Casa de Poesía Silva, acompañado de un panegírico de más de 3.000 caracteres, escrito con dolor y vehemencia por la poeta Amparo Osorio, compañera de batallas de Gonzalo, amiga suya de años, en el almíbar y en el sufrimiento, y fundadora, junto con Iván Beltrán Castillo, enorme perfilista y retratista, del periódico virtual Confabulación.


Un país que no reconoce a sus poetas estará siempre condenado a la oscuridad, diría el apóstol argentinoJuan Gelman. Y luto por los poetas en vida viene aconteciendo en Colombia desde que se extravió la educación sentimental, la urbanidad y la decencia, y la poesía fue reemplazada -hasta en los suplementos literarios de los rotativos de amplia circulación- por novedades gastronómicas, consejos para catar vinos, recomendados de libros de autoayuda, atractivos inmobiliarios y pasarelas.

Escasos jóvenes saben de Ezra Pound, Cesar Vallejo, Walt Whitman, Profirio Barba Jacob, José Asunción Silva, Mario Rivero, Álvaro Mutis, Raúl Gómez Jattin, Rogelio Echavarría (90 años), Piedad Bonnett, Meira del Mar, Maruja Vieira María Mercedes Carranza…

Las multinacionales del libro dejaron de publicar poesía con el argumento de que la poesía no vende. Lo hacen editoriales independientes con sumos esfuerzos, Ícono, por ejemplo, y a cuenta gotas revistas literarias como la insuperable de la Universidad de Antioquia, Aleph, Golpe de dados, y en la mar cibernética Arquitrave, con ese Neptuno a timonel que es Harold Alvarado Tenorio y su indestructible arca, viento en popa, y por supuesto Confabulación, con su recién capitán fallecido: Gonzalo Márquez Cristo.

Un poeta en Colombia es visto como un rara avis, un varado, un desocupado, un ciudadano en contravía, un loquito calle arriba y calle abajo, con una proclividad irreversible al fracaso. No podía ser de otra manera. Lo dijo Sartre“Quien busca la poesía, encuentra el fracaso”.

Y esa es la razón de ser de algo que no está hecho para los banqueros, ni para los corredores de bolsa, ni para las secretarias, ni para las amas de casa (si aún quedan…), que jamás cambiarían. La ley del ganado o Esmeralda por un recital de William Ospina. Podrían sufrir un irremediable colapso en su materia gris.

Qué va a necesitar Colombia de poesía, un país ensordecido por el ruido de las metrallas en el campo, y los gritos letales de los atracados y violentados en riñas de tugurios, en medio del golpeteo brutal de los picós y los equipos de sonido que vomitan chorros incendiarios de champeta, reguetón, vallenato y despecho, en celebraciones demenciales empapadas de alcohol y anfetaminas, fútbol y guachafitas sexuales sin restricción.

Los Homeros, Dantes y Virgilios de la posmodernidad gobiernan a sus anchas con nombres como Maluma, J. Balvin, Mr. Black, Pipe Bueno y Martín Elías.

Gonzalo vivió, exaltó y sufrió la poesía hasta sus últimos días (54 años tenía), no obstante la tormentosa enfermedad que lo aquejaba, y la cruz que soportó con ella, como lo narra en su magistral relato de quirófano y agonías:*Crónica de un viaje al país de la muerte.

Era una suerte de santo Gonzalo -aunque algo tenía de Santiago en su camino aCompostela-, no por los votos de castidad, caridad y pobreza de los de aureola, sino por la limpieza de sus actos, la humildad de su mirada, el verbo justo y purificador, y una perturbadora timidez, no obstante su genio de letrado, que seducía a Dulcineas de ayer y de hoy, y que daban el oro y la linfa por una diadema de auroras rosicler, duermevelas en su constreñido pecho.

Nunca le sobó la solapa a un director o editor para que les permitieran publicar un manojo de versos en las páginas dominicales de periódicos o revistas, o para que le reseñaran sus novedades de cuento, novela y poesía que solía publicar con su sello independiente Los Conjurados, o con la revista Común presencia, en la que él, Iván Beltrán y Amparo Osorio, empeñaban quijotescos esfuerzos.

No fue poeta mimado del Hay Festival o del Festival Internacional de Poesía de Medellín, no hizo parte del círculo privilegiado y victorioso de Santiago Gamboa ni de Juan Gabriel Vásquez, ni de los reconocimientos del Ministerio de Cultura, ni de los concursos y pomposos premios que otorgan galardones y estatuillas a granel para deleite y gula en los apartados de sociales de las revistas del corazón. Al contrario, transcurrió lo más alejado posible de las alfombras y gobelinos de la cultura oficial, con sus sonrisas impostadas y sus proclamas de éxito.

Gonzalo, o Chali, como lo llamaban sus queridos y allegados, sus vecinos de escritorio en Confabulación, era una suerte de Fernando Pessoa del Park Way de La Soledad, en Bogotá, por donde a veces me lo encontraba correteando detrás de un dálmata o de un schnauzer, o desolado y sudoroso en busca de un medicamento agotado para José Chalarca “¡que se está muriendo…!”, el filósofo, escritor, pintor y ensayista manizalita que feneció en el brumoso septiembre de 2015.

Así miraba la vida y el mundo Márquez Cristo, a través del cristal de resignado trashumante, de su soledad de anacoreta citadino, de sus repentinas fugas por los extramuros del planeta de donde traía valijas a reventar de ropa húmeda, exóticas esencias de Arabia y de la India, cositerías de remate de los tumultuosos bazares de Turquía, ron ajeño y largos Cohiba de La Habana, polvo dorado de las habitaciones donde pernoctaron Federico García Lorca y Miguel Hernández, oporto de Lisboa, y en su último viaje, que merece un Premio Nacional de Periodismoposmorten, la mejor memoria, estoy seguro, que un poeta de nuestras latitudes haya narrado de una travesía por Rusia. Ver para creer: *Viaje al país sin fin.



Un Gonzalo Márquez Cristo melancólico y circunspecto, como un Fernando Pessoa del Park Way de La Soledad. Foto: Confabulación 

A Gonzalo me parece verlo ahora mismo en el estudio del pintor barranquillero Ángel Loochkartt, entre el cenit y el nadir, arrobado con el precioso escándalo de los sátiros, las lésbicas, los hampones, los travestis, los momos, las marimondas y los monocucos, y todos esos esperpentos siderales que nutren la lujuriosa mitología caribe de su caro amigo, el artista.

Con LoochkarttGonzalo pasaba horas eternas hablando de poesía y de arte, con vasos pletóricos de vino tinto, de botella o de tetrapack, y músicas al vuelo de Schubert, Vivaldi oMahler, cuando no porros y merecumbes de Lucho Bermúdez, o de cualquier banda de San Pelayo. Pero infaltable Totó la Momposina.

O bajo la cúpula bizantina que era el taller del pincel peruano-colombiano Armando Villegas, embebido con sus guerreros ocultos entre la manigua amazónica, en los sábados de tertulia que programaba el anfitrión, donde se hablaba de lo divino y humano, de las entelequias empecinadas del poder, de la corrupción nacional, del desamparo del Estado con el arte, de los conciertos celestiales de Yo-Yo Ma, y más peliagudo, de la influencia del constructivismo alemán en el arte religioso latinoamericano.

Ahora que el poeta ha partido siento más prístino, como el pregón inmarcesible de una trompeta justiciera, el eco de sus versos, de mis preferidos en vigilias solitarias de Jack Daniels  y todo elblues del Mississippi, su Descenso a la luz:

La noche es mi regreso/. Transito el museo de la ausencia/. Todo sufrimiento es inútil para quien no persigue la poesía/, para quien no alimenta con sus ojos a las águilas/.

Ejercito la sed/. Amo tan sólo a quienes no pude salvar/. Ya no existe una oscuridad que guíe nuestros sueños/ ni los fantasmas del deseo inconcluso/; sólo el abyecto intercambio que ha remplazado al rito/.

Ya no busco, pierdo.../

Y ni siquiera encuentro lugar en el asombro/.

No puedo olvidar más/. Ni pretendo saber las tres respuestas ocultas por la muerte/.

Aquí nadie carece del odio necesario para recobrar el paraíso/, ni confiesa su ruda caída en el día/.

Debo ser sombra o grito/. Retorno o nacimiento.

Cada origen decretará la abolición del yo/.

Es entonces cuando la respiración será verde/.

Y aunque todo se lo deba al dolor.../ Avanzo: caigo/. Elijo los caminos que no tienen final/.

Las voces que incendian las tinieblas/. El poema.

Tú lo sabes/, cuerpo estremecido/:

No es en el tiempo donde he puesto mis palabras.


Gonzalo querido, donde estés, gracias por tu Común presencia entre nosotros quienes aún transitamos como ciegos por los surcos de la poesía, como fantasmas silentes, temerosos ante la feroz arremetida de los vivos-muertos, como la llama deBarba Jacob, débil y trémula entre la oquedad y el viento.

Ahora, Gonzalo, que estás en manos de la paz y del sosiego, permítenos saber del más allá: ¿Qué tan blanco, deshabitado y aburrido puede ser el cielo? ¿Es cierto que entre llamas están al tope de proscritos las discotecas del infierno?

Desde este limbo te clamamos, como las ánimas suplicantes de los cuadros de los sagrados corazones antioqueños.

Vuelo de campanas a tu memoriosa existencia. Sólo nos queda tu verbo rumoroso. Y el polvo dorado de tus huellas.

*Viaje al país sin fin; http://bit.ly/1XAXvlJ

*Crónica de un viaje al país de la muerte: http://bit.ly/22qZES6 

Página web de Confabulación: 
http://con-fabulacion.blogspot.com.co/ 


Una vida íntegra


Recordando a Gonzalo Márquez Cristo


Sé que la semilla renunciará a germinar.
Que los pájaros oscurecerán el cielo.
Que hay una desdicha que se canta.

Gonzalo Márquez Cristo

Si una semilla renuncia a germinar, si un pájaro oscurece el cielo, si encontramos a la desdicha cantando, debe ser porque un poeta acaba de partir. ¿Cómo se puede ser al mismo tiempo, poeta y mortal? Es tal el contrasentido que acabamos armándonos de versos para combatir el dolor, esta sensación amarga en la boca, este desajuste en los huesos, la certeza de la finitud que oímos palpitar en nuestra caja de resonancia, la vulnerabilidad de la carne, sabernos vivos por un instante, sujetos a la aparición intempestiva de una mancha, de un extraño corpúsculo que al crecer nos desplaza, nos acorrala, nos obliga a abandonar este cuerpo que hemos nombrado refugio, identidad. ¿Acaso no lo presentimos cada noche al cerrar los ojos? ¿No vemos la amenaza apoderarse del espejo?

Cuando leí el bello y doloroso homenaje de Amparo Osorio a su compañero confabulador, sentí el escalofrío que produce la noticia que quisiéramos no conocer, el hielo abrasador, la impotencia que nos hace pegar un puñetazo al aire. Pero también tuve la certeza del gozo de una vida íntegra, la delicia de conocer el mundo vivido y la fuerza de un ser pleno que se alimenta de las más hermosas utopías y no ceja en su convicción sobre el poder de las palabras y de la poesía para transformar su mundo y el mundo.

Tuve con Gonzalo una conversación hace unos diez años cuando me llamó para hablarme de uno de sus proyectos. Nos citamos en una cafetería de la calle 41, metros abajo del túnel de la Javeriana. Sabía quién era, nunca lo había visto pero no fue difícil reconocerlo sentado ante una mesa en la que vi revistas de Común Presencia. En medio de su barba poblada sus labios y sus ojos me sonrieron y tuve la sensación de estar sentándome a la mesa con un amigo. Con tono pausado me contó sobre su proyecto de publicar una antología de poesía colombiana y portuguesa en la que quería incluir mi nombre, pero además me habló de la necesidad de dar a conocer voces de la poesía colombiana que consideraba silenciadas por los nombres oficiales, el canon y el mercado editorial. Con emoción me habló de su Común Presencia y puso un énfasis especial en la entrevista a Antonio Gamoneda. Sentí que quería ganarme como cómplice para proyectos futuros y además tuve la certeza de su pasión, de su generosidad e incondicionalidad en el campo literario, en contraste con personajes que destilan un egocéntrico interés seudopoético que enmascara apetitos libidinosos.

Aquel encuentro fue seguido por comunicaciones electrónicas y telefónicas espaciadas en el tiempo, fueron muchos años de afinidad y sintonía, de silenciosa complicidad al leer sus ensayos, sus bellas crónicas de viajes (entre todas destaco su viaje a Rusia, texto que me conmovió al punto de querer imitar ese viaje, siempre quise conversar con él sobre eso, pero por desgracia o desidia todo lo posponemos y ahora me queda ese remordimiento y el tesoro de ese texto al que pienso volver una y otra vez), las entrevistas hechas con Amparo Osorio, sus inteligentes editoriales de Confabulación, su lucidez política y por supuesto su poesía. Nos cruzamos en recitales, presentaciones de libros, eventos literarios. Admirando su trabajo editorial y el arte visual de Los Conjurados, seguí aplazando el deseo de publicar con su sello y su criterio estético. Y cuando quise compartir con él alguno de mis textos, siempre lo hallé como interlocutor sensible y dispuesto a incluirme en el espacio virtual de su Confabulación.

Por Luz Helena Cordero Villamizar

Gonzalo Márquez Cristo sigue siendo una presencia común, una certeza, un ejemplo de trabajo serio por la literatura. Sus ganas de trascender en este universo han tenido su fruto. He sentido la necesidad de escribir esta nota para dejar la memoria de su trascendencia en mi universo, para que este día no pase desapercibido, para corresponder a sus palabras, a sus versos y a su vida poética con estas líneas que quieren gritar mi conmoción. Quiero decirle que no ha traicionado a la esperanza, que su semilla ha germinado y aunque hoy tengamos un cielo oscuro, la visión de los pájaros, como la poesía, trae noticias de la utopía y la ucronía de las que él ya forma parte.

A Amparo Osorio y a su compañera Pilar mi abrazo solidario, a los confabulados y conjurados mi confabulación y mi conjuro para que perdure su nombre, su memoria, su poesía y sus proyectos.

26 de junio de 2016


Un pacto por la amistad


No había cita: la búsqueda nos encontraba

Un homenaje al amigo, al poeta Gonzalo Márquez Cristo

Por Enrique Ferrer-Corredor


 Éramos tres muchachos arrojados por el bachillerato a un mar de dudas en la UNAL (1982): Ómar, Gonzalo y Enrique. Los tiempos rebeldes de los 80s nos matricularon a estudiar economía, pero las preguntas de la piel nos ocuparon entre el cine, la poesía y la filosofíaHacíamos la tarea de economía, pero nos tragábamos las hojas de novelas enteras cada tarde para calmar el hambre. No teníamos google, pero tampoco teníamos miedo: jugábamos a la ruleta para robar libros esenciales. Las novelas rotaban antes de la ronda de cerveza obligada, entonces decidimos fundar una patria: la revista Común Presencia.

La economía nos congregaba con los horarios pactados, pero la poesía nos extraviaba, ya en las cafeterías de la universidad o ya rasgando el dinero en algún rincón con cerveza. El intercambio de heridas no cesaba, eran como una apuesta sobre la mesa: Kafka, Pessoa Nietzsche, Durrell, Kavafis, Juarroz, Kundera, el infaltable Borges, el siempre cómplice Cortázar, circulaban como cartas de baraja en cada ronda. Y luego el cine, Buñuel, Fellini, Bergman. Claro, a veces la economía nos obligaba al encuentro, la historia económica, los neoclásicos, el obligado Marx, el cálculo diferencial. Retuvimos a Gonzalo mucho tiempo ayudándolo a aprobar materias, luego se enojaba, decía: “no los autorizo, ahora debo volver otro semestre“. Y estallaba en risa. Hasta que vino el pacto, nos retiramos de todo y nos encerramos a leer y a escribir.

Recuerdo el día exacto del pacto de amistad, ya nos conocíamos en la facultad, pero solo nos reconocimos en una fila a cine en La Casita para ver a Fassbinder. Gonzalo dijo: “hermano, menos mal ya viene la noche, porque a las 12 del día uno no puede ver a Fassbinder porque acaba con el día” (muchos cineclubes rodaban a las 11am cine alternativo arrimados en los teatros como antesala de la funciones comerciales). Un día un amigo no me encontraba por mucho tiempo, y le preguntó a Gonzalo cómo localizarme. Y Gonzalo le dijo: “espera que pasen a Fassbinder, vas y lo encuentras.”

Muy pronto en la madrugada de la vida Sandra nos dejó. Otros cómplices se sumaron a la aventura, Yirama, Amparo, Iván… con los años otros cómplices nutrieron la cofradía. Amparo fue una capitana crucial para el timón del barco. Con los años otros nombres comunes a las dos orillas labraron las horas Alex, Germán, Sandra, Marisol, Gabriel, Alix, Maribel.

Fueron muchos años de hermandad en familia, como buenos hermanos algunas veces el juego nos separó. Pero el amor surgía cada retorno, eras muchas las horas labradas con sangre. Esa apuesta de tirarlo todo y escribir nunca tuvo lamentos. Gonzalo, logramos hacernos lenguaje, hicimos nuestra afirmación de vida. Hermano, no sabe nadie el peso de la carga lanzada al mar para aligerar la carga. No sabe nadie que nunca encontramos tierra, porque no estábamos extraviados como Colón, no buscábamos las rutas del comercio. Pronto confirmamos nuestra isla desconocida, entonces quedamos a la deriva en un cielo azul sin fronteras, con la única certeza de que si remábamos hasta agotarnos, nuestros ojos de agua aprenderían a leer las estrellas.

Hoy he caminado entre los árboles de la Nacho, he visto un cigarrillo sosteniendo el rostro de Ómar, he escuchado el estruendo de la risa eterna de Gonzalo. Hoy  la huida no ha venido a encerrarnos en la celda, hoy aprecio el sonido del verde, el cuerpo del viento, la tranquilidad del pan hecho con mis manos; a veces un rostro de mujer me recuerda el mío. He comprendido que en esa confusión general de nuestra juventud no había cita, que la búsqueda nos encontraba. He comprendido que el horizonte está en la pregunta y que Gonzalo, un compañero de viaje, nutre con sus dudas mis preguntas. He reflexionado mucho este primer día sin nuestro capitán. Hay un libro en un estante cuyas hojas no volverán a ser leídas por nuestro hermano, habrá muchas manos abriendo los libros de Gonzalo cada día. Esa presencia  común ha forjado nuestra mirada, es imposible no escuchar ahora el estruendo de su risa. Tu cuerpo ya no evita las horas gastadas de nuestro lenguaje.

Hoy soy profesor en la Facultad de nuestro nacimiento, he vuelto a caminar por los mismos pasillos donde la complicidad de la fuga nos congregaba. Fueron muchos años para descubrir el verdadero lado de los barrotes en la cárcel, fueron muchos años para saber que nadie aprende en libertad. Entro al aula, miro los rostros de mis estudiantes, veo desde donde yo miraba a mis profesores, puedo sentir las dos orillas, el tiempo es simultáneo, escucho mi voz, escucho mis maestros, como siempre, converso con Gonzalo y con Ómar. Como siempre, la complicidad nos es cara, ya me aprestaba a preparar la huida, pero hoy la puerta está abierta, he perdido la ruta de la cofradía de los mercenarios. Mis manos se mueven obedientes a la memoria, la teoría es experiencia acumulada, palabra usada. Hago mi trabajo, comparto mi destreza para lidiar con el río, cada cuerpo hará su trabajo para alcanzar la orilla. Es bello saberme casi fundido con el agua, es bello saber que he aprendido a escucharme. Hoy en esta ceremonia para Gonzalo, viene a mi memoria las palabras de un amigo, Armodio: “tal vez no era más”.

Un abrazo hermano Gonzalo, Enrique.

In memoria


Por Iván Beltrán Castillo

Todavía recuerdo al muchacho pálido, con aspecto de asceta pintado por el Greco, que teniendo apenas quince años, me raptó de la somnolencia escolar y la herida de la monotonía,, una tarde de 1978, diciendo bellamente unos poemas de Verlaine.
Para mí, que todo aquello del orden y la escuadra escolástica constituía una suerte de prisión, escuchar a ese joven hechizado fue como un volcán, la irrupción del asombro en el centro opaco de la costumbre, la súbita intervención de u...na presencia lúcida en un carnaval de espectros.
Aquel muchacho inolvidable era nada menos que Gonzalo Márquez Cristo, y desde entonces y hasta el día de hoy, en el que ya no está presente, vivimos la vida tratando de que pareciese una de las bellas artes.Con poesía, con amores, con viajes y, sobre todo, con imaginación.
En los sueño vuelvo con frecuencia a ese salón de clase, a ese año, a ese joven talentoso.
De allí ya nadie podrá expulsarme.
Hoy lloramos la pérdida de Gonzalo, autor de los poemarios “Apocalipsis de la rosa”, “La palabra liberada” y “Oscuro Nacimiento”, del libro de cuentos “El Tempestario”, de la novela “Ritual de títeres” y de incontables ensayos, crónicas y entrevistas.

“¡Que el grito siempre pueda detener la herida!”, dijo Gonzalo en uno de sus poemas, reseñando las heridas espirituales de un país, en el que declararle la devoción al arte y a la poesía es un acto suicida, pero Gonzalo logró vivir de lo que amaba y hacer vibrar a otros con sus creaciones.

CARTAS DE LOS LECTORES



Diversos amigos cercanos a Chali, motivados por Javier Osuna, escribieron sendos mensajes de fortaleza que lamentablemente él no alcanzó a leer. Se transcriben con nuestra gratitud y testimonio del afecto que siempre los unió.

“La poesía debe retroceder a su origen, ser reflexión, provocar las nupcias con la filosofía para que sea lo que todos estamos esperando: brújula interior, nuevo estremecimiento”. Este fue uno de los pensamientos que guio su obra, que fue comentada por poetas y filósofos como E.M. Cioran, Roberto Juarroz, Olga Orozco, Antonio Gamoneda, António Ramos Rosa, Claude Michel Cluny, Eugenio Montejo, Claude Fell, Bernard Noël, Roger Munier, Franco Volpi y José Angel Valente, entre otros.

Desde hace varios días, la Fundación Fahrenheit 451 estaba reuniendo mensajes de aliento para su padrino, Gonzalo. Estos mensajes buscaban brindarle apoyo y compañía en esos días tan duros por los que pasaba. Hoy, publicando estos textos, queremos rendirle un homenaje al legado más grande de su obra, la amistad incondicional con la que construyó un mundo mejor, donde solo el amor pudiera arrebatarle territorios a la muerte.

Aquí queda consignada esta correspondencia inconclusa Gonzalo, como los amores eternos, aquellos que no pueden olvidarse porque no terminaron, los que no se pudieron despedir.

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Hermano, te estoy leyendo por estos días (más que siempre). Tu maravilloso libro de ensayos… Quiero decirte que no estoy de acuerdo con eso de que “en el principio fue el miedo”. Al menos, no hoy.
Lo primero Gonzalo, poeta biónico, fue el canto para disimular el miedo. ¡Cómo hemos cantado juntos mi hermano!, al final no sé si es tu voz o la mía, pero debo confesarte algo, es un canto que es coro. Coro de hombres con miedo, coro de hombres con miedo, pero hermanos.
El miedo en compañía se llama problema, y los problemas tienen solución mientras haya canto. Hace muchos años llegó a mis manos un libro llamado “Apocalipsis de la rosa”, me aferro a él con la amistad que me has entregado en la vida y en tus páginas. ¡Cantemos hermano, que el miedo se disuelve cantando!
Javier Osuna


Gonzalo, la paternidad no es una cuestión de sangre, sino de acoger, alimentar y ayudar a crecer. En ese sentido, la Fundación y los tres que hacemos parte de ella, así como nuestros proyectos, somos hijos tuyos. Gracias. Pero no olvides que, en este momento y cualquier otro, ahí estaremos para devolver el favor: acogerte, alimentarte y ayudarte, para regresar la atención como atentos hijos que, a veces, se pierden un poco.
¡Un gran abrazo!
Sergio Gama


Gonzalo,
Este ejercicio de escribir para ti, para hallarte, para volver a sentirte, demuestra que la palabra lo puede todo. Leo los mensajes que tus más cercanos amigos te han escrito y es inevitable sentir ese merecido afecto que generas.
En este instante, escribiéndote, caigo en la cuenta de que tuve la oportunidad de conocerte hace diez años exactos. Apenas era un joven que, con un grupo de amigos tenía una idea loca de montar una revista. Tú fuiste el principal cómplice de ese proyecto llamado Fahrenheit 451 que quizás no hubiera resultado igual si el azar no nos hubiera permitido conocerte.
Eres un confabulador innato. Al ritmo de muchos tragos de ron, cerveza y aguardiente nos hiciste creer en la palabra, y hoy seguimos en esa lucha. Van diez años y serán mucho más. Necesitamos de ti para volver a esos rones y guaros que aún nos quedan por tomar. Va un abrazo inmenso.
Mauricio Díaz


Gonzalo, mi hermano del alma, te mando un cálido saludo de aprecio y amistad.
Que los vientos del cosmos pronto estén a tu favor para confabularnos con tu
presencia en tardes entrañables de primavera y noches lúcidas de continuas
palabras. Mil abrazos".
Sergio Trujillo Béjar


Para Gonza
Un hombre, un destino realizado. Viajero de sí mismo, recorriendo los seres y dioses para recuperar el corazón de lo desconocido. No ha descubierto su verdadero rostro pero ha redimensionado nuestras raíces. No desconoce ningún arte pero inventa la magia del deseo. Ningún lenguaje lo evade aunque reconoce la incertidumbre de los fonemas ancestrales del amor. Un ser que se ha impuesto la misión de reconocernos a través de nuestros sueños. Insaciable constructor de mundos humanos. Sus libros, leídos, vividos, escritos con Borges y Durrell, nos nutren como su sonrisa. Muchos evocan su figura, sus andanzas más cerca de las Maga y Justine que descubre a su alrededor todos los días. Aún diseña un sueño para regalarnos a tantos que comparten su historia.
Omar Martínez


A Gonzalo
La palabra en el fuego
surte la imagen de hondura,
el cuerpo transformado
en metáfora es una plegaria
y la ternura del viento
semeja el nacimiento.
Entre ilusión y materia
has escrito las sombras de la memoria.
El tiempo ata los huesos
y los ojos a lo imperceptible
en las tramas destinales de la vigilia.
Enrique Rodríguez Pérez


Gonza,
Estamos todos contigo soñando, desordenando, y poniéndole color, rima ¡y tiza! a este planeta.Siente el abrazo lleno de cariño, y conversemos en cuanto estés de ánimo.
Te abrazo,
Olga Rojas


Querido Gonzalo, un gran abrazo primero. Ya sabes lo contenta que estoy de haberte conocido y lo agradecida que me siento por todo el apoyo que me has dado. Espero que en estos momentos, en los que tu salud reclama tu mejor voluntad y el cariño de todos los que te queremos, conserves tu sentido del humor, tu tono de voz bajo pero lleno de vida, la agilidad y el entusiasmo que le imprimes a todo lo que haces; esas cosas me han alegrado muchas veces y he visto en tus actos la potencia de la vida y el amor por lo que se hace.
Te mando otro abrazo y te tengo presente siempre,
Con todo el cariño,
Camila Charry Noriega


“Para quienes saben que la ilusión de una morada en el tiempo
es el deseo de todos" Octavio Paz.

Poeta y hermano Gonzalo, agradezco a los dioses esta oportunidad de hacerte llegar mí saludocon una voz de esperanza solidaria ante tanta fragilidad. Festejo que, desde la distancia, estos amigos tuyos y míos hicieron posible que, dentro de las coordenadas secretas en las que nos mueve el cosmos, hallamos coincidido para hablarnos de tanta sed de vida...Amigo, eres un vencedor, adelante.Van mis afectos en un abrazo cargado de este calor abrasador de Arjona, donde un día bajo el inclemente sol recorrimos sus calles con el amigo Argemiro. Un día de estos te visito.
Miguel Antonio Torres


Mi estimado Gonzalo hago extensivo el saludo cariñoso de a tus amigos que siempre preguntan por tu estado de salud Olga Rojas, Jaime Ruiz, Eduardo Esparza, Giorgia, Angie Roa, Patricia Tavera, Patricia Ortega, Rochi Gomez, Fabiola Flores, Fernando Guinard, Sergio Trujillo, Rosenell Baud, Alvaro Suescun, Adriana Patiño, Angelo, Martha Rivera y Saskia.  Todos muy pendiente de tu recuperación abrazos afectuosos de todos tus amigos
Tu carnal Ángel


Mi Gonza
Me uno a la confabulación de los amigos que te mantenemos presente, que volvemos a ti en cada uno de los brindis compartidos, en los muchos encuentros que generalmente orquestaste alrededor de la palabra que inmortaliza momentos, de la canción que llena el espíritu y de la risa que queda grabada en el alma. Espero sepas y sientas mi presencia, te extraño, te pienso y sobretodo te envío la mejor energía, sé que es más fácil decirlo que sentirlo o hacerlo, pero después de todo lo que has pasado, tu fuerza no merece menos que todo mi respeto.
Te quiero,
Sandra P.


GONZALO:
La cicatriz del horizonte invade mis ojos
Vivía yo en Tunja, ciudad de niebla que conoces bien y que te ama. Por esos días mis hijas veían que la noche se consumía sobre mi espalda mientras intentaba escribir una novela. Iba yo del computador a los oficios domésticos y no más.
Entonces me hablaron de ti: un poeta importante visitaba la ciudad, me invitaban a conocerte, a compartir contigo un momento. Pero yo estaba agotado y hacía tiempo que no salía a la calle. Dije que no. Embistieron entonces con otro argumento: tu poesía. En un folleto del Festival Internacional de la Cultura de ese año, 2002, creo, habían publicado algunos de tus poemas. Después de leer, me bañé, me arreglé lo mejor que pude, y cuando las niñas se durmieron, pasadas ya las diez de la noche, fui a tu encuentro. Eres bradburyano, dijiste, con tu risa de judío, señalando nuestra identificación, pero no era necesario: el flechazo había sido inmediato.
Ahí mismo, en el primer minuto, conocí tu generosidad. Sentí la necesidad de grabar lo que hablabas, o por lo menos de tomar apuntes. Tu corpulencia intelectual me encandiló, tu sensibilidad, esa habilidad para pasar de un tema a otro, como un niño que atraviesa un río turbulento saltando de piedra en piedra sin caerse, en medio de la gentileza y la música. Nunca antes había conocido a alguien que hubiera compartido con gentes que para mí apenas eran nombres impresos en los libros. Habitantes de una dimensión superior, como tú.
Conocí también tu capacidad de trabajo: me diste ejemplares de la Revista Común Presencia, y ejemplares de tus libros, obras de arte que atesoro. Ahí mismo iniciamos con proyectos comunes, en el microrrelato, en los talleres literarios, en las conferencias, en la poesía. Siempre he contado contigo. Siempre, desde entonces, he recibido tu luz.
En este momento quiero leerte el capítulo XXI de El Principito.
Dice:
Entonces apareció el zorro:
—¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.
—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!
—Soy un zorro —dijo el zorro.
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Así, como el zorrito ese, andaba yo por entonces en Tunja: sin domesticar. Te conté que ni siquiera iba a Bogotá, que no iba a ningún lado. Soltaste la risa: Eso dices, pero seguro mañana mismo nos encontramos allá. Tú, que acababas de llegar de algún viaje por el mundo, no creías que ese encierro mío fuera posible.

Continúo con la lectura:

Pero después de una breve reflexión, añadió:
—¿Qué significa "domesticar"?
—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?
—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa "domesticar"?
—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? —volvió a preguntar el principito.
—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos..."
—¿Crear vínculos?
—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

Ni siquiera es necesario añadir que tú, Gonzalo, eres para mí único en el mundo. Eres mi amigo y te amo. Me haces mucha falta.
Dices en el último libro de poemas que has publicado: Sólo agua y viento: amigos transparentes / Me acompañan.
Sólo agua y viento, Gonzalo, mientras nos encontramos. Mientras tanto va el pedazo de mi corazón que te pertenece, el mismo que torpe y asustado palpita en estas letras.

Termino con esta lectura:

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
—Ciertamente —dijo el zorro.
— ¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Antoine de Saint-Exupéry sigue con su principito y el relato de sus viajes. Yo sólo quiero recordarte, Gonzalo, que: Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.
¿Cómo, después de tu amistad, volver a ser salvaje? ¿Cómo regresar a la caverna?
Carlos Castillo Quintero, Bogotá, mayo 6 de 2016


Querido Gonzalo:
Bien sabes que la amistad es, más que la poesía, la prueba concreta de la existencia del hombre y por este motivo hoy convoco más al afecto y la fraternidad para recordar la risa, el abrazo, la complicidad y los instantes compartidos contigo durante tantos años.
Te he echado de menos. Los eventos culturales, la Feria del Libro, acusan un vacío sin tu presencia, pero sabemos que estás, en tu gabinete de buen brujo, entregándonos una lección de fortaleza y valentía para que pronto podamos renovar esos instantes de dicha y festejo.
Tienes de tu lado a la poesía que te blinda contra todo dolor y desespero y a los amigos que te rodeamos para que más pronto que tarde pase está página arrugada del libro de la vida.
Estoy seguro que de esta fragilidad, de estos momentos de dudas y temores, quedarán hermosos poemas, anécdotas de las que después nos reiremos juntos, crónicas para el recuerdo y sobre todo, la energía necesaria para seguir celebrando el compartir esta aventura de vivir entre hermanos en la palabra y el brindis, en la generosidad y la certeza.
A pesar de que somos unos artesanos del lenguaje, estas se nos quedan cortas a la hora de recordar o decirle algo a los seres más entrañables. Ya pronto releeremos a Cioran, a Char, a Yurkievich, a Paz, a De Andrade y tantos otros. Mientras tanto que la poesía te sea leve, amable, dadivosa porque bien me lo has enseñado durante tantos años de amistad, que de estas “Temporadas en el infierno” quedarán palabras memorables que escribirás para ratificarnos a todos los que te queremos, que has construido una obra verdadera, honda y original.
Va para ti mi abrazo de oso, como esos que siempre nos hemos dado y no olvides que nos reinventamos gracias a que tus amigos tenemos el privilegio de tener cerca a un verdadero poeta como tú.
Federico Díaz-Granados

Gonzalo:
Tuve que revolver mi biblioteca, para encontrar una frase con la cual poder empezar, con algo de dignidad, este saludo especial, querido Gonzalo. Recurrí, en el revuelo de mis días, con esta frase de Antonio Porchia, el infaltable filósofo y poeta, de su libro Voces Reunidas: "En el sueño, todas las cosas son más". Quizás ahora la enfermedad es un paro obligado de la vida, pero sé que en tus sueños, la realidad se transforma y rejuvenece. Que tus sueños sean los de tus amigos, colegas y cercanos. Que la fuerza del sueño acompañe tu proceso de sanación. Con ansias te esperamos. Yo no dudo de capacidad de fortaleza y estoy seguro que este paso alimentará tus proyectos. Un abrazo cordial
Luis Felipe González