No. 538, Dos ausencias que duelen


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FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Jairo Alberto López, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);

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METAPHYSICA

 

 

Cuando un amigo se va

queda un espacio vacío...

 

Alberto Cortéz

 

HERNANDO SOCARRÁS

 

Confabulación registra con profundo pesar el fallecimiento del poeta y amigo Hernando Socarrás, ocurrido en Bogotá, el 12 de julio pasado. A Conchita, a sus hijos Erika, Saulo, Sinuhé, Francisco Eduardo y Alberto Rafael, a sus familiares y amigos, nuestra voz de solidaridad y cariño. 

   

Descripción: SOCA PORTADA El fuego de los nacimientos - Hernando Socarrás Descripción: Hernando Socarras  (1)

  

BAJO EL SIGNO DEL SILENCIO

Por Gonzalo Márquez Cristo

Una cenicienta tarde bogotana de 1989, el hombre eternamente vestido de blanco que había hecho de sí mismo una obra capital, acudió a una cita concertada por Amparo Osorio con una botella de ron y varios de sus libros invadidos de silencio, luego sacó del enorme bolsillo de su gabán un disco de Joe Cocker y sus Perros Rabiosos e hizo un homenaje a Woodstock que todavía retumba en mi memoria.

“Para ser poeta Socarrás no necesita escribir”, pensé a los pocos minutos de conocerlo, mientras él afirmaba con sus marcados ademanes que “la amistad no podía ser una pregunta sino una respuesta”, sentencia que se tornó para ambos inobjetable con el paso de los años.

Las urgencias del afecto fueron tejiendo nuestra presencia en diversas latitudes y desde entonces coincidimos siempre mágicamente en las citas acordadas por la vida pero también en aquellos sigilosos emplazamientos de la muerte.

Recuerdo que hace veinticinco años, iniciamos un viaje, que todavía no termina, de Bogotá a Caracas por vía terrestre, en un itinerario colmado de sorpresas bajo el abrigo de poetas venezolanos que aún cruzan como cometas nuestro corazón, y fue así como en una de aquellas noches mágicas de Mérida, encontrándonos atrapados en un apartamento debido a las disposiciones inherentes a un proceso electoral, ante la imposibilidad de conseguir alimentos, vi como “Soca”, quien cultivaba la gastronomía italiana –a tal punto que había fundado varios restaurantes–, se enfrentó a la aventura surrealista de preparar unos espaguetis con los rudimentarios condimentos hallados en esa cocina desierta, y lo que es más increíble, a servirlos en profundos vasos de cristal ante la ausencia de platos y cubiertos.

Hacia 1990 acudí a un evento organizado por él, en San Diego (Cesar), donde se le rendiría homenaje al poeta venezolano Alfredo Silva Estrada, y observé cómo entre la horda de escritores que llegaban del vecino país, Soca se desplazaba como una nube –o así me parecía por el color de su ropa y la luminosa euforia–, hasta que una inmóvil tarde, cuando iniciaba el sacrificio del sol, lo vi subir raudo al campanario de una iglesia, permaneciendo allí oculto durante algunas horas, urdiendo un misterio que todavía no ha sido resuelto; y sólo mucho más tarde lo pude volver a ver, avanzada la interminable fiesta de clausura del insólito festival que terminó con un concierto privado del compositor vallenato Leandro Díaz.   

Un año después viajamos en autobús por carreteras sinuosas hasta llegar Quito, previa escala en Pasto, donde nos iniciaríamos en el culto del yagé después de una visita a la prodigiosa laguna de La Cocha, al lado de nuestro amigo Arturo Bolaños, quien aún protege nuestro respiración. Y posteriormente realizamos un viaje a Cartagena, periplo temerario donde Soca, quien había extraviado su licencia de conducción, se empeñó en que yo debía manejar sin saber hacerlo –pues mi experiencia en este oficio era de tan solo ocho días– hasta la fría Tunja, ciudad donde este poeta de barba luenga recibió el volante de mis manos temblorosas, no sin antes brindarme un merecido whisky, en una hostería desde la cual contemplábamos el misterioso Pozo Donato, que los conquistadores españoles intentaron vaciar sin éxito, en busca de un tesoro jamás descubierto.

En 1992 me encontré sitiado por los hermosos textos de su libro Que la tierra te sea leve, para el cual escribí un comentario bautismal, y una tarde de 2005, mientras me hospedaba en su casa campestre de Cartagena –recuerdo el hecho con absoluta nitidez–, escuché unos extraños campaneos en el jardín al despuntar el alba, por lo que me levanté con sigilo a espiar desde la ventana de la habitación de huéspedes, y por minutos vi a Soca armado de una antigua jardinera de metal, con un aire similar al Whitman que describe García Lorca –con su larga barba llena de mariposas–, regando las flores y saludando a los árboles, antes de que el sol del trópico extendiera sus dominios.

Años después supe que el atemporal escritor había renunciado a realizar lecturas y en cambio efectuaba exposiciones de poemas, motivo por el que decidí sorprenderlo en uno de esos acontecimientos misteriosos organizado en las murallas de Cartagena, donde los asombrados asistentes se acercaban a los cuadros que contenían sus textos, y los leían con gran recogimiento, oficiando –como él lo había previsto– un tributo al silencio.

No hace falta rememorar más encuentros, o quizá solamente sean ya necesarios aquellos que propone la poesía, la cual se ampara en el linaje de la palabra imprescindible, razón que me lleva a evocar algunos de sus conmovedores versos que dibujan esa cicatriz llamada memoria.

En consecuencia espero ser ahora apenas un brillo de luciérnaga que pueda guiar al lector dejando escuchar ese silencio que Socarrás pulsa desde sus orígenes creativos, y que mis señales conduzcan al visitante a esos hallazgos tan esenciales para mí, mientras me sitúo afuera de las palabras, ¿pues qué ha hecho él, en su veintena de poemarios, la mayoría de ellos inéditos, casi perpetrados para sí mismo, si no es consagrar su escritura al poderoso silencio?

Seguiré entonces la estrategia del cazador de perlas, que podría definir a todo lector apasionado, quien en su aventura en los límites renuncia a todo con el propósito de privilegiar los deslumbramientos.

Comienzo aquí con una pieza notable de la poesía colombiana, sueño circular, homenaje preciso e irónico a nuestra fuente genética:

 

Mi padre se ha ido pareciendo

a mí.

 

Libre de cualquier memoria

su rostro atraviesa

 

cada uno de mis gestos,

cada página

 

cada miedo a repetir.

 

Tal vez sus poemas se borran a medida que pasamos las páginas, es decir que se reducen al blanco de su obsesión. En ocasiones siento que sus versos inscriben signos en la arena que deben ser disueltos.

Cultor del erotismo, Socarrás dibuja –no se podría decir escribe– este breve texto donde el movimiento, la suave ondulación, deletrea la carne:

Girar,

se demora

en tu cuerpo.

 

Y en el hallazgo siguiente, que mi memoria honra, amar se propone como un acto distante de toda singularidad, pues ¿acaso es posible ser original en los senderos que abre el deseo? ¿No había dicho Cioran que existir es un plagio?

La que ama

se repite

 

como alguien que vigila.

 

 

Convoco una pequeña obra maestra del erotismo que debería ser leída a la luz de Georges Bataille:

VITAM

(Vida)

 

El perro de presa levanta el hocico

 

y teme

haber hallado el amor.

 

Y si la casa, es un espacio interior como lo imaginó Bachelard, si la materia de su construcción está compuesta por piedra y cemento como por ensoñaciones y recuerdos, entonces el poeta fija su nostalgia:

 

La casa,

Otro paso interior

Que no he sido

 

Aquí un breve poema fraguado para enfrentar las fauces del abismo:

 

Todo lo que va a sanar

Espanta.

 

Como un culto a su creación artística, es necesaria esta interrogación magistral:

Me veo nacer como morir.

¿Hiere la poesía

el hilo que me sostiene?

 

Y algunas veces la escritura también sabe ser la venganza de las víctimas:

Luego de morir

las aves retornan a las manos

que rompieron sus cuellos.

 

Y como acopio de fuerza, un consejo profundo, una serena decisión que hará posible cosechar en tierra estéril:

Levanta un ojo

y ten fe

en el desierto.

 

En el siguiente epigrama el airado reconocimiento de la entropía, la alegre aceptación de los arrasamientos:

Nos reímos de la mordedura que es el tiempo...

 

Y como punto culminante de esta pequeña antología que he ido cultivando en mi interior durante tantos años, bajo el estigma de una complicidad esencial, uno de los textos fascinantes de su último poemario:

En términos de luz

la soledad completa

su nacimiento.

 

La soledad puede ser traducida como luz, según postula el poeta, y de ella surge su reino creativo, pero más allá, es posible –es urgente–, que la soledad ofrende nuestro origen, que sea umbral y sueño. Que sea alquimia del resplandor, fuego de los nacimientos...

 

Bogotá, 4 de diciembre de 2015

 

Descripción: 1-soquita  Descripción: poemas soquita  Descripción: 3-poemas soquita  Descripción: 4

 

Ùltimos poemas inéditos, escritos el 26 de mayo de 2020

 

REQUIEM POR HERNANDO SOCARRÀS 

Acaba de hacer su tránsito a la eternidad Hernando Socarrás, poeta del Caribe y hermano entrañable en el diario y noble aprendizaje de ser, amar, soñar y escribir. Próximo a cumplir los 75 años, “Soca” vivió a plenitud su aventura existencial siempre fiel a sí mismo y regando racimos de versos como estrellas fulgurantes por los territorios infinitos de la ficción terrenal. Irradiaba felicidad de manera permanente a través de sus ojos intensos, su sonrisa infantil, su barba de profeta bíblico, su palabra afectuosa, sus ademanes generosos y su pureza espiritual y humana. En su libro estelar El fuego de los nacimientos (Común Presencia, 2016), la voz poética de Hernando brota de su alma radiante, y su semilla, al caer directamente sobre la hoja de papel, “reemplaza su mudez por una herida / que se prolonga / en tierra firme”… En este hora de dolor, por el recuerdo de ese ser desbordante de júbilos ilesos, acompañamos de corazón a Conchi, su bella y maravillosa compañera de alegrías, viandanzas y quebrantos, a sus hijos “reunidos, así”, a su familia y a todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo, quererlo y admirarlo.

 

JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS

Bogotá, 12 de julio de 2020.

 

ARMANDO ROJAS GUARDA

 

Como un homenaje al querido poeta y amigo, cuyo fallecimiento se produjo en Caracas (Venezuela) el 9 de julio pasado, transcribo las palabras que generosamente me pidiera para la contracarátula de su libro Mapa del desalojo en nuestra colección Internacional de Literatura los Conjurados, y cuya publicación fue posible gracias a la gestión y apoyo del también poeta venezolano Adalber Salas Hernández.

 

Descripción: ARMANDO Descripción: Mapa del desalojo - Armando Rojas Guardia

 

 

“Hablar de Armando Rojas Guardia es hablar de una cima poética en la que lo místico, lo subversivo y lo cotidiano se entrecruzan para ofrecer una voz única, cuyas vertientes y decantadas tribulaciones recuerdan el más profundo linaje de la palabra, ese que permite a los sedientos beber de la fuente inagotable que devela todos los rostros del espejo.

Regresaré por fin a la precaria/ claridad,/ al azar/ matemático del mundo:/ conciencia de ases fijos,/ lucidez.

Nos dice el poeta en una de las tantas inmersiones fulgurantes de su voz, y desde estos metafísicos y en apariencia serenos versos, traducimos la búsqueda de ese yo escindido que reclama para sí mismo el retorno de los dioses.

Esta ausencia o vacío prevalece en muchas de sus imágenes interiores, lo que a la manera interpretativa de Gaston Bachelard (“el inconsciente murmura sin cesar y escuchándolo oímos su verdad”), nos permitiría traducir que aún en sus poemas de factura cotidiana, continúa su navegación por una desnuda memoria (la nostalgia).

La fuerza subterránea de esta antología preparada por Adalber Salas Hernández, invita en su recorrido a los parajes íntimos de su prolífica obra, conduciéndonos a altísimos momentos de desgarradura e interrogación, de consagración y ruptura, pero sobre todo, creyentes o no, de acercamiento a una fe que va más allá de los cánones convencionales de las religiones, para instalarnos en la única religión posible del hombre, aquella que sólo puede ser habitable en la secretas ciudades del amor…

…Dios proscrito/ a quien unos cuantos, negra tribu/ llamamos con ronquísima dulzura/ compañero.

Y tal vez, en el abisal clamor de un misterioso y profundo estremecimiento que surge en las diversas instancias de su palabra, podemos afirmar evocando “La noche oscura del alma”, que Rojas Guardia es por excelencia, y en su luminosa hondura, uno de los poetas místicos más célebres de la contemporaneidad latinoamericana”

Amparo Osorio

Bogotà, Noviembre 2014

 

 

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CARTAS DE LOS LECTORES

 

CONFABULADOS: No me aguanto las ganas de celebrar los poemas de Yirama Castaño… Hondamente personales, distintos, en el sentido en que no repiten el tono y la falsa oscuridad de casi todo lo que se escribe ahora en verso… Gracias. Eduardo Escobar

 

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CONFABULADOS: Muy interesante el artículo de Jessica Cárdenas. Felicitaciones  Carlos Rivadeneira.

 

 

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QUERIDOS CONFABULADOS: No conocía a Hernando Socarrás pero me pareció excelente esta publicación. Anabel Martìnez Bernal

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QUERIDOS CONFABULADOS: Buen relato el de Amílcar Acosta. Gracias. Abel Cáceres López.

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No. 539 Diario de un virus

¡100.000 lectores semanales! Descripción: ConfabulaCabezoteActual FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Jairo Alberto López, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. 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La peste nos regala lecturas fantasmales de la Edad Media de lo que es sin haber sido. Su verdad está en otra parte: -El espanto- deja a Dios pensativo. CHINA Érase un Li Po ebrio con la luna apestada. Érase un Tu Fú pintando con sangre el Río Amarillo. Eran tiempos de gripa. Un crisantemo estornudaba polen. El lenguaje del oráculo tosía. Escribe: Érase una muralla rota. Mis palabras pictográficas fueron confinadas en papel de arroz. ELEGÍA Solo un virus despierta lo dulce de las células y nos deja temblando como sombras. Solo él vuela en la bolsa de plástico hinchada por el viento, en la calle vacía. Solo él tiene mi edad, mi peso, mi estatura. Solo un virus prueba la pureza de nuestra sal la inmortalidad del insomnio. Solo él nos deja vulnerables nos imprime un moretón azul en el pecho como un antiguo epitafio. TEXTURAS No hay dos días iguales ni dos nubes fugaces sucesivas. La peste hace mella en la estirpe. La bacteria danza gloriosa en una gota de rocío. Devora la inocencia y la experiencia. Los virus bordados del revés de la túnica traspasan el tejido y el envés de lo Eterno se convierte en derecho. El patógeno inventa lo que toca. Enfría el Ecuador y derrite la Antártica. EPIDEMIOLOGÍA La poesía hebrea es prosa. Científicos y poetas son judíos. Todo es una cifra en la memoria. La plaga de Atenas que describió Tucídides se dice que coaguló la luz. La peste del Vesubio diluyó en cenizas a Pompeya. La epidemia de Antonio mermó al Imperio Romano hasta los árboles encanecieron. La Peste Negra aparce coronada de laurel y su virulencia no pasa por alto. El lenguaje es un virus que no pregunta. Solo lo escucho bajo el cordón de estrellas. Motas de polen arremolinan las letras. Los ojos hacia el Este. La nariz hacia el Oeste. Los virus se dispersan en copos en la página como en la nieve. RETROVIRAL Un virus es un pintor de sociedades. Su pincel eterniza la belleza de la Danza Macabra. Entre el persa antiguo y el babilonio su función es repartir la eternidad administrar el destino. Su mensaje dice que hasta el final de los días. Fue enviado a este mundo para inquietar. Le gusta que consultemos los oráculos que perdamos la linterna en la noche que nos sintamos vulnerables hacer tormentas por instantes en un vaso con agua. BLAS PEROZO NAVEDA (1943-2020) Descripción: blas EL Poeta venezolano, ganador del premio nacional de poesía (1989), acaba de morir en Maracaibo. Gran dolor y pesar para todos los que fuimos, cercanos o distantes, sus amigos. Yo lo recuerdo con gran cariño en aquellos mis días por Venezuela, ya fuera en Maracaibo o en Mérida, donde yo residía a principios de la década del 70. Tengo memoria de uno de sus libros de poemas que acababa de publicar, 1973, y que se titulaba “Date por muerto que sos un hombre perdido”. Título que a mí me parecía muy propio para nuestra época andariega e irresponsable. Uno de esos días, tarde en la noche y mientras caía un “palo” de agua que retumbaba desde el Catatumbo hasta el Pico Bolívar de la Sierra Nevada de Mérida, apareció Blas en mi casa de La Pedregosa, y con él una botella de ron. Muchos años después, al escribir mi novela “La piel por la piel”, centrada en Mérida, recordé lo que sucedió esa noche borrascosa, y le presté mis recuerdos al personaje Elipsio de la novela, mientras que Blas se convirtió en la ficción en Mauricio Fernández. Valga este momento para compartir esos recuerdos con los amigos de Con-Fabulación como homenaje y memoria del amigo poeta Blas Perozo Naveda. Homenaje de: Armando Romero Fragmento de la novela La piel por la piel Caracas, Monte Ávila Editores, 1999; Cali, Universidad del Valle Editores, 2017 Descripción: arman ¿Qué símbolo, que signo traía esa serpiente de cola a cabeza? ¿Una metáfora de vida a muerte? ¿La imagen de vidas enroscadas en entradas sin salidas? Fue en una de esas noches de lluvia torrencial y aparatosa cuando Mauricio Fernández, el maracucho poeta, se descolgó por lo de Elipsio a pedirle auxilio a éste y a Krishnamurti, a quien por si las moscas llevaba en el bolsillo, para que lo sacara de las desavenencias y las dudas en su integrarse o desintegrarse a esa "República del Este”, como se lo señaló Jacobo, utilizando su vena histórica, circunstancial y directa mientras se refería a la relación de Mauricio con Karol Mrozeck, la bella polaca. Elipsio lo oyó por el largo rato de su plática que enredaba todos los análisis posibles y las respuestas imposibles y luego declaró que no tenía nada qué decir. -Poco nos queda del amor para desperdiciarlo en palabras -agregó. Mauricio se quedó cavilando estas palabras de Elipsio pero no encontró cómo responder o continuar hablando. Ya su monólogo había sido devorado por el golpear continuo de la lluvia sobre el techo de zinc y las vueltas humeantes de un "blues” haciéndose realidad en una Chicago de tiempo en el sueño, el cual, como ya todos sus amigos sabían, era costumbre de Elipsio repetir como fondo de enigmas y otras épocas. Sin embargo, Mauricio no se detenía y con el vaso en la mano caminaba de un extremo a otro de la sala, pensando, rumiando. -Es verdad, coño, no hay nada más que decir. Pero, ¿por qué? ¿Por qué todo esto, coño de la madre? ¿Dónde me estoy metiendo? -insistía en su soliloquio. Era un agujero negro la noche. Cuando llegó Mauricio empapado por la lluvia ya Elipsio estaba durmiendo hacía rato. Tal vez por eso ahora sentía que el ron no le iba bien por el cuerpo. Un temor extraño, de algo incierto, lo consumía. Era como si todavía estuviera en otra parte, confundido entre el sueño y la nada aparente de estar dormido. -Hay un momento en que las cosas adquieren su propio orden, de eso se trata -dijo Elipsio. -¿A qué te referís vos? -preguntó Mauricio en medio de la sala. -Vamos a hacer té -propuso Elipsio, convencido que lo último lo había dicho sabiendo, con el viejo Macedonio, que no toda es vigilia la de los ojos abiertos. Fue cuando regresaron de la cocina con el té preparado y humeante que lo vieron. Era un insecto grande, como un cucarrón enorme, el que movía su cuerpo pesado por las baldosas de cemento de la antesala frente al patio, al lado de la hamaca, por entre las sillas. Seguro que venía de la lluvia atraído por la luz y allí estaba como pidiendo auxilio, preñado hasta el infinito. Pero Mauricio no lo vio así y sintiéndose amenazado por la que tal vez podía ser imagen de los interiores de su pensamiento, lo aplastó horriblemente con el zapato derecho de suela doble. Elipsio, horrorizado por esa violencia en la noche, no dijo nada, sólo oyó el chasquido de tripas afuera y siguió hacia la sala sin mirar hacia atrás. Mauricio lo siguió y tomaron el té en un silencio que el maracucho quebró luego retomando los desperdicios de su monólogo amoroso. Al rato dijo que se iba, que volvía a su casa. Elipsio lo invitó a quedarse: -No te vas a ir con estas lluvias. -A lo mejor la lluvia me ayuda en algo -dijo el otro, y se fue de un sólo salto hasta la antesala. Elipsio siguió pensando cómo iba a hacer para convencerlo de no irse por entre esos ruidos amenazantes y ensordecedores del chubasco. De pronto Mauricio miró al suelo y quedó allí petrificado. Al llegar a su lado Elipsio buscó lo que aquel miraba con estupefacción. Del insecto aplastado salían, brincando, miles de pequeñas culebras, lombrices, virutas negras, que se enroscaban en sí mismas y entre las otras para dar sus espeluznantes saltos. Elipsio fue rápidamente hasta la cocina y trajo un inmenso desatornillador con el que trató de partirlas en dos. Fue en vano, ni siquiera porque puso toda la fuerza de su cuerpo detrás de la herramienta. Mauricio le quitó el desatornillador y encontró el mismo resultado. -Son como de acero, las malditas -fue lo que dijo. Ya las culebritas eran un montón considerable por toda la antesala. -Van a invadir la casa -dijo Mauricio. Elipsio corrió de nuevo a la cocina y trajo un balde de gasolina y una escoba. Con cuidado las reunieron en el centro de la antesala, quitaron las sillas y la hamaca. Los pequeños demonios retozaban al resplandor de sus brincos en una danza de aquelarre. Elipsio los roció con el combustible y Mauricio sin tardanza les lanzó un fósforo. Las llamaradas subieron casi hasta sus rostros mientras un chisporroteo aunado a pequeños estallidos consumaba una fiesta que le debía su acento a las pesadillas. Sentados a prudente distancia los dos esperaron a que se consumiera el fuego. Los restos fueron cenizas que el viento de la lluvia esparció por todos lados. Por mucho rato no se movieron. La vista fija. Nadie habló nada. En el centro de la antesala una mancha de color marrón, resinosa. -Le voy a pedir a Karol que se venga a vivir conmigo -dijo Mauricio. Elipsio lo miró y no pudo contener una estruendosa carcajada. Mauricio pareció sorprenderse al primer momento, pero pronto lo siguió. Sólo pararon de reír cuando se terminó todo el ron de la casa y ya no podían bailar del puro cansancio el ritmo de los "blues” y la lluvia al amanecer. Elipsio, borracho sobre un rincón, acogotado de frío, tiritando, le contó entonces a Mauricio que la verdad de su verdad era que tenía que encontrar la forma y el tiempo para escribir ese vacío de tinta que se había abierto en la avenida Lincoln, en los metederos de Armitage, en Chicago, y que por eso estaba allí, nada más le importaba un carajo, que se vayan todos para la mierda pero que me dejen hacerlo, volver a ese sitio con las palabras y recuperar los días aullantes hasta que salga el sol. Le repitió esto a Mauricio y más porque habló de ella, del caminar tras sus pasos, y presentirla perdida por los vericuetos del "Loop”, en la calle, en los vicios del día. Pero hacía mucho rato que Mauricio dormía arrodetado en el colchón de la sala y nada oyó ni tuvo sentido. ENCUENTRO EN EL CAFÈ DE DOS EXCOMPAÑEROS DE FACULTAD Descripción: MAC Marco Antonio Campos Se dieron un gran abrazo. Se sentaron a la mesa. -Tantos años… -Sí, hombre, uno debería cuidar a los amigos; luego uno se da cuenta de su negligencia. Por media hora hicieron recuerdos de maestros y ex compañeros, en la que no faltaron decesos, fracasos, ignorancia del paradero, -Disculpa, querido Raúl, quisiera preguntarte algo que ha sido un misterio para mí. ¿Por qué, si te apasionaba tanto la política, no te dedicaste a ella después de la universidad? Todos lo auguraban. Veme a mí, que he pasado por tantos puestos, sirviendo siempre con talento y pasión a México, próspero, con varias casas, dos hijos estudiando en el extranjero y dos hijas casadas con empresarios importantes –dijo Santiago. Raúl se quedó callado unos momentos. -Pienso que tal vez intuí que no quería autoengañarme y justificar como buenas y necesarias las acciones y decisiones, con las cuales muchas veces se llena uno las manos de sangre o lodo, acciones y decisiones en que se traiciona a sí mismo, pero que el político, más con mala que con buena retórica, las retuerce y las falsea hasta convencerse de que fueron las adecuadas y ante los demás arguye que con ellas sólo ha buscado la defensa del país y el beneficio del pueblo. Se hizo un largo silencio. Pidieron la cuenta. Se despidieron de mano. POEMAS DE WINSTON MORALES CHAVARRO* Descripción: wins Del libro La Dulce Aniquirona VII Extranjera Danza de fuego Sé que la muerte es escuchar otras voces Y por eso Poso mi oído En la cascada de tu río. Busco la muerte Y camino desnudo entre las piedras Busco esa voz ¿Acaso distante? ¿Acaso cercana? Tal vez en mí Disfrazada en mí. Sé que allí En el silencio obscuro del espejo Está el sonido orquestal de otra mañana, Mi cabeza se agita con el viento Y llueve Llueve y he sabido con la lluvia El diccionario abierto del camino. Del libro De regreso a Schuaima XII LA LLUVIA Siempre llueve en Schuaima Siempre ese precipitarse de los cielos a la Tierra. Me abrazo a los chorros monocordes de los ríos Y los cansancios de mi cuerpo se mitigan Por el beso polimorfo de estas lluvias. Siempre llueve en Schuaima Y los follajes de los fresnos -igual que los patos en parvada- Bajan cantando por el ayuntamiento y sus orillas Y los sinsontes se pegan a mi boca Como los hilos luminosos de una estrella. Siempre llueve en Schuaima Y uno aprende a querer esta lluvia estrepitosa Uno se acostumbra a su desnudez de ropas A su delirio de doncella A sus pezones grises, De donde mana una agua inescrutable Que moja y contagia de pureza Hasta los precipicios de la muerte. Siempre llueve Y uno sumerge la cabeza contra el viento Y la lluvia llega como un tumulto de palomas A anidar en nuestras ramas los próximos veranos. Siempre llueve en Schuaima Siempre los espejos y cristales Descendiendo de las noches desarmadas Y un resplandor inamovible Se deposita en nuestros hombros Y una queja luminosa Llamea por los bosques Y unos pájaros de agua Proclaman la grandeza de esta Terra. Del libro Memorias de Alexander de Brucco II CANCIÓN DE EVA A ADÁN (Para mitigar el viaje) Cuán hermoso es el barro que se levantó de otras orillas Y se formó como un pájaro en el bosque Hasta cantar la diadema de los ríos. Cuán bello su orgullo de hoja seca Que se doblega como un faro Al contacto inmisericorde de la espada. Cuán bello es el hombre que bautizó a los animales de la selva, Puso nombre a los ríos de la muerte Y le canta al Chatak de los lejanos pinos Para que descienda el agua de la acequia Sobre las viñas y los olivares de las sombras. Cuán hermoso es Adán Innumerables son los hijos que le ha arrojado al mundo, Innumerables las manzanas que lleva bajo el brazo, Innumerables los ríos que ha sobre-nadado E innumerables las colinas y las arenas recorridas En su último destierro. Cuán hermoso es el pájaro del Génesis: Su boca tiene la medida exacta de los frutos del Apocalipsis Y sus ojos las visiones premonitorias De todos los calvarios: Las hojas afiladas y serradas De sus próximos destierros. Cuán hermoso es Adán Cuán magna su sabiduría de la muerte Su tortuoso caminar por los recovecos de esta Terra. Cuán hermoso el paradigma del sepulcro, Sus costillas, sus cabellos, sus ojos, sus pestañas, Sus manos de extranjero En los confines de otro continente. Cuán hermoso es Adán Esta noche me entregaré de nuevo a sus mieses, a sus frutas, A su siega. Como quien va de los precipicios de las sombras Al vórtice inigualable de otro paraíso, Me entregaré de nuevo a él Como la última manzana, Como la última mujer que puebla sobre el mundo. Del libro Temps era temps I TEMPS …La fiesta en la casa. La algarabía de un río profundo Que agrieta murallones y techos. Un río universal Viene por debajo de los pisos Y nos recuerda que estamos hechos Sino de las mismas cosas Sí del mismo elemento. ¿Hacia dónde corres tiempo? ¿Hacia qué escudos tus manillas de hambre? ¿Cómo trepas con tu escoria de esperma las llagas del cristo? Tu péndulo aséptico encanece relojes, Espejos, Bobinas Y demás anticuarios Que ahora son como una herida en el hombro, Una herida multiforme Que quema la carne de Dios Y que flagela el reloj de un arcano sublime; La torre que me pertenece Y que ahora está derruida Como mi muerte en la piedra del aro… Del libro Camino a Rogitama FAETÓN Igual a Helios, El de los rayos ligeros, Igual a Aquiles, El de los pies veloces Penetraré en ti, Me hundiré en ti, Naufragaré en ti, Como un piloto obnubilado por el calor del sol. Y transitaré, En el carro alado del crepúsculo La carretera ardorosa de tu fisonomía, Las curvas peligrosas de tus disensiones, El beso apasionado de tus coyunturas. Y sucumbiré, En el fervor que emana De los miembros que cantan Hasta despuntar el alba de los que mueren pletóricos de tanto orgasmo. Igual a Cástor, El domador de caballos, Igual a Héctor El del casco tremolante, Me rebelaré en la orilla prefijada de tu sexo Y transitaré por su calor de sol Hasta quemar mi boca con su candor y su Vellocino virgen. Y urdiré, Con el poderío de Ayax Telamonio, La fortaleza de tus brazos, La candidez de tus tobillos, El tálamo de tus pechos y tus muslos. Y caeré pesadamente sobre tu vientre, Como el hombre moribundo que logra el paraíso, Como el adolescente que duerme tiernamente Sobre el regazo caliente de sus concupiscencias. Del libro La ciudad de las piedras que cantan Canto VI El camino subterráneo, El que conduce a Ich-Caan-Sihó, No acaba, No tiene fin, No posee principio. Es tan aéreo, tan terrestre, tan oceánico, Como el viento, como la roca, como las estepas de Uaxactún. El camino -El del ascenso o el descenso- No tiene forma, Está lleno de resquebrajaduras; Su aire enrarecido, Cargado de cerbatanas y de hondas, Dificulta un poco nuestra respiración física Porque antes de emprender la respiración del espíritu, De la conciencia, Un hálito de luz empieza por llegarnos, Por encender los pulmones de nuestro misticismo. El camino, El que viene cargado de aromas, De Jaguares de piedra Nos espera, Es apto para todos, Está abierto en la hora en que a cada uno le corresponde; En la hora en que el himno del Peyote Iza su música en el oído de nuestra propia muerte. El camino -Los códices ya han hablado de él- El que conduce a la puerta de los otros mundos, El de la etapa postrera que nos redime No finaliza, No tiene ángulos, No posee redondez Tiene la exactitud de todos los pasos, La similitud lejana y distante De todos los espejos. Del libro ¿A dónde van los días transcurridos? V Mi joven amada Habla de lustros y de décadas Como si se tratara de una flor abierta A la lengua de una mariposa. Es como si de su boca todo rejuveneciera, Todo adquiriera el brillo del celofán Para la navidad que aún no hemos tenido. Mi joven amada me habla del invierno Como si la hora del otoño estuviera aún distante. Para ella no existen las partidas; Nuestros hijos retozan sobre el árbol de la noche Y los vientres desnudos aguardan el calor de una luna nueva. Mi joven amada no sabe que cien años Duran lo que un pábilo en la superficie de una lámpara. Todo ha pasado para los dos. Todo ha terminado para los dos. Mi joven amada me abraza; No sabe que se envejece Mientras una hoja cae sobre el césped del solar. VI Las quince candelas que se van apagando Asemejan la vida. Cada candelabro es una historia, Un ascender por el primer borrador de tu página de espejos. El ir descendiendo por estos cristales Supone cierta alegría inocente: Uno va destejiendo retazos Pequeños ardores de infancia y de juventud. La madurez se torna sombría conforme avanzan las horas. La llama del pábilo oscurece; No por los años que desfilan entre montículos Sino por el tapiz “racional” que le añadimos a lo que resta de camino. Hay una vela que no se apaga nunca, Que insiste en un eterno resplandor Pese al frío que traen consigo las primeras lámparas del día. Quizás sea la muerte La flama del vacío más puro Que fulgura junto a la llama que obstinada golpea a la puerta. *Poeta, novelista y periodista colombiano nacido en Neiva, en 1969. Magister en Literatura hispanoamericana de la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito. Profesor de tiempo completo en la Universidad de Cartagena.Sus textos han sido traducidos al francés, inglés, polaco, alemán, rumano, chino e italiano e incluidos en diferentes antologías nacionales y del exterior. Entre sus libros publicados destacan: Aniquirona: poemas, Bogotá, 1998; De regreso a Schuaima, Ediciones Dauro, Granada (España), 2001; Antología, Bogotá, Colección Viernes de poesía, Universidad Nacional, 2009; Camino a Rogitama, Neiva, 2010; ¿A dónde van los días transcurridos? Bogotá, Universidad de La Sabana, 2016; Summa poética: antología personal, Bogotá, 2005; La dulce Aniquirona, Cartagena, Comunicadores Udec, 2015 METAPHYSICA cruzo tu sombra y soy yo quien me extingo Carlos Ciro *** **Por la compra de cuatro ejemplares recibirá uno adicional completamente gratis. Ver catálogo: Descripción: Conjucatàlogo 2020-1Descripción: Conjucatàlogo 2020-2

No. 536, Malabar en el abismo

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Descripción: ConfabulaCabezoteActual

 

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YIRAMA CASTAÑO GÜIZA

 

Descripción: malabar Descripción: yira Descripción: Memoria de aprendiz

 

 

 

MEMORIA DE APRENDIZ

PRIMERA EDICION, 2011

COMUN PRESENCIA EDITORES. COLECCIÓN LOS CONJURADOS, 47

 

 

 

SAN SILVESTRE

 

            A Clara Inés Güiza

 

Intento vestir tu delgada figura

            para caminar las hirvientes calles,

que tatuaron el mapa de tus pies.

Y alcanza la vista para divisar el río,

las pequeñas casas de esta orilla

y el vaho de la muerte en los espejos.

Ya no es,

            de este lado,

como lo conociste.

Miles de lenguas

se han lamido el puerto.

De las alianzas entre hombre y madera,

sólo quedan crucifijos en el pecho.

Mañana visitaré la ciénaga.

Puede ser que allí te encuentre,

sembrando tu humedad,

            en tierra color bermejo.

Con los mismos ojos tristes de la niña

que dejó puesta su mesa

para escaparse con el tiempo.

 

 

 

NUBE DE SEPTIEMBRE

 

“Tu me quisiste cuando niño y eso quiere decir para siempre”.

(Raúl Gómez Jattin)

 

Mi fuerte e inamovible dama blanca,

¿Cómo puede tu cuerpo soportar

            el peso de tu carga?

Imposible evitar la expansión de la rabia.

Ese líquido viscoso que llueve el espacio

entre uno y otro hueso.

Mi grande y alta dama blanca,

¿Cómo puede tu espíritu

            encontrar el alma de una noche clara?

Imposible tender una limpia sábana

            sobre la cama y su fantasma.

Mi hermosa y distante dama blanca,

¿Cómo sacar de tus entrañas la memoria?

 

Mi dulce y triste dama blanca,

he rehusado pertenecer a la

fría luz de una mañana sacrificada.

¿Cómo puedes pedirme que  agote en un día

la miel con la que siempre

pinto mis labios?

 

 

 

 

El CÍRCULO DE SALOMÉ

 

El viento silba su nombre.

Y no es de noche.

Sólo es un día que sigue al otro.

Y está de vuelta.

No es esta la calle.

No es esta la casa.

La puerta no abre con la misma llave.

Sin embargo, es el mismo paisaje que se mueve,

el otro país,

        la otra ciudad,

                          los de siempre.

Y  un cuerpo extraño al lecho,

y  una cabeza en medio del bautizo

y ese silencio que se lleva el río.

 

 

 

MALABAR EN EL ABISMO

ANTOLOGIA POETICA

COMUN PRESENCIA EDITORES, 2012. (COLECCIÓN LOS CONJURADOS), 58

 

 

PRÓLOGO

 

No tengo la intención del desafío,

ni la premura por un juego de palabras.

 

No poseo el concreto de la línea en el poema,

ni la lucidez de cifras en la aurora.

 

No merezco un nombre que autorice

la búsqueda universal en primavera,

ni la mentirosa voz en la puerta de mi fuego.

 

No entiendo el coro de ángeles testigos

en una caída de noches anunciadas,

ni los demenciales silencios

dando el sí en mi costado.

 

No puedo construir la imagen

a partir del vacío con cerrojo,

ni aplaudir al inventor de la acrobacia

que finge ser bandera.

 

Para escribir y amar sólo mis manos.

 

 

RUMOR DE CIEGOS

 

Luego del lamento,

         luego de la estrechez en muchos cuartos.

 

Aun después del ahogo en una cama,

           aun después de los silencios.

 

Más allá de la agonía y las deudas del amor,

          más allá de la frontera entre los labios.

 

Tarde y noche.

El feliz jinete se despide.

 

Ahora, en el futuro,

         desprendido de la tierra,

                            retoma la inocencia.

 

Ese niño recorre los parques,

          en busca del trébol de cuatro hojas.

 

 

MALABAR EN EL ABISMO

 

Di mi nombre una vez

llévame, breve,

entre la seda

o la espiral hirviente.

 

Recorre conmigo el laberinto

para no llegar

o para fugarnos en la ceguera.

 

Aunque el año que nos sigue

                   esté tan lejos.

 

Deja resbalar la tristeza

                          mientras duermo

                                               dócil.

Despojo anciano,

sepulcro de la culpa.

 

Deslízate en la cavidad de los lamentos.

 

Allí me encuentro.

Detenida. Pálida.

                            En invierno.

 

Toma el corcel

          y busca mi disfraz.

 

Es preciso que te espere.

Suave, en harapos.

 

Al margen del poniente.

 

Agrega un redoble o esta noche:

 

La cumbre de mi sueño está nevada.

Ligera, feliz.

 

Yirama Castaño Güiza. Nació en Socorro, Santander. Periodista y editora. Participó en la creación de la Revista y de la Fundación Común Presencia. Hace parte del Comité Asesor del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba. Sus poemas han sido traducidos y publicados en medios de Colombia y el exterior. Ha participado en los más importantes Festivales de Poesía en Colombia y  en Encuentros de escritores a nivel internacional. Ha publicado los libros de poesía: El Sueño de la Otra, Ediciones El Humo, México, 2019. Segunda Edición. -Corps avant l´ oubli, Cuerpos antes del olvido (Yirama Castaño, Stéphane Chaumet y Aleyda Quevedo), Ediciones de la Línea Imaginaria, Ecuador, 2016; Poemas de amor (Yirama Castaño, Josefa Parra), Ediciones Corazón de Mango, 2016; -Malabar en el abismo, Antología, Común Presencia Editores, Colección los Conjurados, 2012; Memoria de aprendiz, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, 2011; El sueño de la  otra, Colección Prometeo Serie Hipnos, 1997, Primera Edición. Jardín de sombras, 1994 y Naufragio de luna, 1990.

Aparición en las más recientes antologías:

Pájaros de sombra, 17 poetas colombianas, Vaso Roto ediciones. 2019. Queda la Palabra Yo, Antología de Poetas Colombianas Actuales. Ediciones La Palma, Colección eMe, España, 2018. -Antología Poética Ventre de Lumiére, Vientres de luz, 14 poetas colombianas + Jattín, Uniediciones, Colección Ladrones del Tiempo, 2017.

 

AUTORITARISMOS Y PANDEMIA

 

Descripción: CFAJARD

CARLOS FAJARDO FAJARDO*

 

Bajo la imposición de normas y decretos que se producen en este tiempo de pandemias con el pretexto de “aplanar la curva” ¿No se estará escondiendo un cierto experimento de autoritarismo y de poder que dialoga con las estrategias neofascistas? ¿No se estará produciendo una gran falacia a nivel global para aplicar tecno-controles, vigilancias y castigos en el presente y en un futuro cercano? A medida que pasamos por el “confinamiento obligatorio preventivo” se van despejando los campos, generando varias dudas sobre los actuales acontecimientos.

Podríamos suponer que las prohibiciones y cohibiciones, los toques de queda, la vídeo y digito vigilancia extrema de nuestros datos personales, las restricciones severas, no serán aplicadas solamente en la época de la emergencia, sino que, y de allí nuestra alarma, se irán adoptando en las épocas de una supuesta normalidad cotidiana. Esto es lo preocupante. De por sí, surgen varios interrogantes: ¿Qué hay detrás de este mecanismo autoritario y autocrático, que regula nuestra vida pública e íntima? ¿Qué desean comprobar? ¿Acaso estudiar nuestro comportamiento y el cómo respondemos al panóptico y al sinóptico social impuestos?1

Los métodos de represión son de indudable factura fascista: propaganda y publicidad extrema al servicio de una obsesiva idea: el Covi-19, Leviatán que se ha tragado todo y se ha vuelto un virus pantallizado y digital más peligroso en el interior de nuestros hogares que en el afuera. Miedo, pánico y muerte. La carga de responsabilidad puesta sobre los sujetos es terrible y, sobre todo, mortal; tiene olor a sepulcro a cremación segura.2

Con esta estrategia de seducción constante, los medios, los políticos y todas las instituciones de reglamentación autoritaria, están implantando técnicas de terror y de obediencia, castigo y sanción, produciendo conformismo en ciudadanos resguardados en sus nichos. Dichos nichos, recordando a Max Weber, se han transformado en especies de “jaulas de hierro”, pero paulatinamente endulzadas, ablandadas, a través de la banalización de los gustos, con la trivialización de Netflix y la idiocia viral de una farándula nacional e internacional.

Por su parte, el llamado “síndrome de la cabaña” o del bunker, con su horror al ágora, al semejante, nos está construyendo no un sentido de solidaridad, sino un modelo de individualización competitiva. Esto no es otra cosa que la colonización lenta, sistemática y planeada de nuestros deseos. Casi todas las acciones del afuera han quedado confinadas, han llegado a un punto nulo, y es allí cuando las estrategias antidemocráticas contra los derechos humanos, destructores del Estado de Derecho, se ponen en funcionamiento. Los gobiernos neoliberales le llaman “medidas de contingencia”; sin embargo, dichas medidas se ejercen con una carga de castigo y negación violenta, de exclusión, marginación de unos muchos –el pueblo raso- pero de ayuda para unos pocos -clases privilegiadas-. Jerarquización visible en una sociedad violenta y clasista.

Con la masificación de todos los dispositivos tecnológicos se incrementa la neo-esclavitud, tanto física por el confinamiento, como mediática. Ello agudiza mucho más el espíritu de obediencia, propicio a los intereses del autoritarismo. Se trata de convertir al ciudadano en un conciliador y colaborador de las reglamentaciones arbitrarias, las que, incluso, van en contra de su dignidad. De modo que los ciudadanos pueden perfectamente asumir la defensa de dichas leyes con fervor, fanatismo, violencia, dogmatismo, brutalidad y emotividad descontrolada a favor de sus propios verdugos, asumiéndolos como entidades todopoderosas.

Las condiciones, entonces, están servidas para instalar con mayor fuerza los objetivos y principios de un fascismo vivo y galopante, como son el impulsar, de forma más decidida, un ultranacionalismo en contra de los migrantes del tercer y cuarto mundo; mantener la xenofobia y la diferencia clasista y étnica; sostener las fronteras entre un “nosotros” y unos “ellos”, legitimadas y aceptadas por el pánico al extraño, al diferente;  incrementar los fake news, los cuales, a través de una estrategia de repetición propagandística, se imponen como verdades indiscutibles; concebir un sistema de limpieza demográfica darwinista donde mueran algunos excluidos de las “subclases” y sobrevivan los “elegidos” de las élites hiperclasistas. A la vez, gracias a la crisis, legitimar la autoridad contra aquellos que se oponen a las  disposiciones, considerados antisociales y promotores de la desobediencia civil. Las maquinaciones fascistas se ven más claras a medida que avanza la pandemia, aprovechan el momento para promover la fractura social y el distanciamiento, el “sálvese quien pueda”, la atomización entre los “buenos” y “malos” ciudadanos, el  ignorar los derechos humanos, constituirse en únicos salvadores de la crisis, detener todas las protestas sociales que contra el neoliberalismo se vienen gestando exponencialmente a nivel global.

Claro, tales medidas antipopulares cuentan con el apoyo de banqueros, industriales, políticos de la ultraderecha y del imperio, lo cual sugiere que el Covid-19 no sólo es real –eso no se discute- sino que se le aprovecha para exagerar y montar desde él un espectáculo donde la demagogia de una quiebra económica de los oligopolios financieros y la bancarrota de los grandes empresarios se vuelve caldo de todos los días para exigir regalías a favor de los acaudalados. Al mismo tiempo, los gobiernos neoliberales aprovechan la desesperación y desprotección que va dejando la pandemia para edificarse una imagen de benefactores caritativos, creando un sofisma humanitario sin importarles las consecuencias sociales y políticas que contiene tal cinismo.

Como se observa, el que saldrá más beneficiado, con inmensas ganancias después de la pandemia, será el sistema bancario, quien hará préstamos con altas tasas de interés a microempresarios quebrados y a ciudadanos desesperados. Otros beneficiados serán esos mercaderes de las enfermedades llamadas industrias farmacéuticas, como también los gobiernos y los sectores privados que aprovecharán la crisis para realizar despidos masivos, imponer el trabajo por horas y el tele trabajo, realizar reformas laborales y tributarias, liquidar sindicatos, suprimir los fondos de pensiones estatales, primas, cesantías, el pago del trabajo nocturno, reprimir las protestas sociales, implantar la educación virtual de baja calidad, la masificación de dispositivos de audio y video vigilancia, los panópticos caseros y la híper-implantación del miedo y del odio en la vida cotidiana.

“Si no nos despertamos, nos advierte Thierry Meyssan, el grupo actual impondrá de ‎forma duradera una aplicación de rastreo en los teléfonos móviles para vigilar los contactos ‎individuales de todos, arruinará las economías de ciertos países para transferir la fuerza de trabajo ‎hacia la industria del armamento y acabará convenciéndonos de que China es responsable de la ‎epidemia de Covid-19, con lo cual se justificaría aplicar a China la llamada «doctrina de ‎contención» (…) Si no nos despertamos, la OTAN –que supuestamente estaba en «estado de muerte cerebral»– ‎va a reorganizarse. Se extenderá por el Pacífico, comenzando con la incorporación de Australia (‎…) Si no nos despertamos, la enseñanza será reemplazada por un sistema de adquisición de saber a ‎domicilio, nuestros niños se convertirán en cotorras desprovistas de espíritu crítico, sabiendo ‎de todo pero sin conocer nada”. ‎3

A contracorriente de aquellos que aseguran con una extraña esperanza la caída del sistema capitalista neoliberal, creemos que éste saldrá favorecido, pues aprovechará todo aquello que se constituyó en emergencia temporal para volverlo necesidad perpetua. Un virus no derriba sistemas económicos de la noche a la mañana, pero sí muestra las grietas, los vacíos, las injusticias, las tremendas brechas entre pobres y ricos, las condiciones de precariedad en que las reformas del capitalismo neoliberal han dejado a los sistemas de salud y de educación; visibiliza la miseria de los trabajadores informales, los gritos de hambre y la represalia terrible a sus exigencias.

Recordemos estas visionarias palabras de Ernesto Sábato escritas en 1945 al finalizar la Segunda Guerra Mundial: “se piensa que el fascismo es un producto específicamente alemán o italiano; si se cree que es resultado de una mentalidad que solo puede darse en esos pueblos, entonces es claro que su capitulación, el desmantelamiento de su industria pesada, el fusilamiento de los líderes y la reeducación de sus hombres señalarían el fin del fascismo y de la guerra, que es su producto inevitable (….) Peligrosa ingenuidad: las causas del fascismo están latentes en todas partes y puede resurgir en muchos otros países, si las condiciones son propicias. No se defiende aquí la ingenuidad de que el fascismo alemán pueda resurgir en otros lugares con idénticos atributos; la historia nunca se repite. Se defiende la hipótesis de que pueda resurgir con sus atributos de barbarie espiritual, esclavitud de las almas y de los cuerpos, odio nacional, demagogia y guerra”.4

El confinamiento, más que impulsar el abrazo puede estar generando el espíritu del aislado antisocial individualista, muy diferente al del creativo solitario-solidario,  espíritu que debe ser nuestra respuesta al miedo, a las normas represivas de índole fascista, a los medios oficiales que ignoran las múltiples realidades; es una forma de apuesta y protesta, de resistencia y de re-existencia poética, pensante, la cual mantiene viva una memoria crítica, creativa.

 

* Poeta y ensayista colombiano.

1 Para Thomas Mathiesen se ha instaurado un “sinóptico” gracias a los medios de comunicación donde muchas personas vigilan a unas pocas, contrario al panóptico tradicional, donde unos pocos vigilan a muchos.  “Con el sinóptico, dice Bauman, en lugar del panóptico, ya no es necesario construir espesas paredes y elevar torres de observación para mantener dentro a los reclusos…A partir de entonces se espera que los operarios se auto disciplinen y carguen con los costes materiales y psicológicos de organizar su producción. Se espera que los empleados se construyan ellos mismos las paredes que los rodean y se mantenga dentro de ellas por voluntad propia” (Bauman Z. y Lyon, David. 2013. Vigilancia líquida, Buenos Aires: Paidós).

2 Según Thierry Meyssan, Director de la Red Voltaire, “esas transformaciones de orden social carecen de justificación médica. Ningún tratado de ‎epidemiología en el mundo había planteado, y menos aún aconsejado, un «confinamiento ‎general obligatorio» para luchar contra una epidemia”.Thierry Meyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

3 Thierry Meyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

4 Sábato, Ernesto (2001) Uno y el infinito. Bogotá: Editorial Planeta. págs.62-63.

EL ARBOL

EL ÁRBOL- CUATRO POEMAS DE GABRIEL ARTURO CASTRO

 

Descripción: gabriel

 

 

Siempre ha existido una dicotomía entre la naturaleza y el hombre, gracias a una visión antropocéntrica del mundo, aspecto que ha permitido el total dominio del hombre sobre su entorno, una doble condición de creación y destrucción. Esta visión judeo-cristiana, reforzada por la revolución mecánica, tecnológica e industrial, desconoce la existencia sagrada en los otros seres vivos que nos rodean, por ejemplo, animales y plantas, quienes para ellos no poseen principios espirituales propios.

Los no humanos, en este caso, están desligados de nuestro origen, separados del mundo humano y por lo tanto pueden ser destruidos sin atenuantes morales. La contaminación es un  ejemplo, junto a la deforestación y pérdida de la biodiversidad, actividades realizadas por el hombre quien su razón práctica erradica lo que considera extraño a su naturaleza: la lógica del depredador, “cuya razón produce monstruos”. Dicho comportamiento pragmático ha llevado a la pérdida de contenidos vitales en la naturaleza, sobre todo el plano simbólico e imaginario de naturaleza humanizada. Hoy en día asistimos a todo lo contrario: la deshumanización del entorno propiciado por el racionalismo capitalista, profano, secular, de acuerdo al mito del “progreso”.

La cultura dominante ha impuesto una visión pobre y limitada de la naturaleza, según los modelos de consumo. Los seres que rodean al hombre entran sólo a tener valor de cambio y no valor de uso. Entre ellos están los bosques y el árbol, cuya existencia es de un valor esencial para el hombre. Es la encarnación de la vida, el punto de unión del cielo, la tierra y el agua, el eje sobre el cual se organiza todo el universo. Los antiguos pueblos creían que el árbol estaba imbuido de gran cantidad de energía divina creativa. Los bosques llegaron a simbolizar el misterio y la transformación, la longevidad, la inmortalidad, la regeneración y el renacimiento, además de sus propiedades curativas. Desde el inconsciente colectivo el árbol es el centro del Paraíso, el origen de la vida, lugar de paz y refugio, un lugar donde se hallan afectos, secretos y recuerdos, una memoria activa del cada hombre acerca de la armonía, el crecimiento espiritual, el saber, la manifestación del sol, la madre tierra, la fuerza vital invisible que duerme, la iluminación, la fertilidad. El árbol es casi para todos los pueblos y culturas del mundo el símbolo del universo, el soporte, el origen y el conocimiento. Con él se simboliza toda una cosmovisión que expresa un carácter sagrado del mundo, de la vida y la naturaleza. Su figura contiene los tres niveles cósmicos: inframundo (raíz-Madre- Tierra); tierra (tronco-fertilidad) y cielo (copa-los cuatro rumbos). Ha significado eje del mundo, ceiba sagrada, sostenimiento del cielo, columna de la tierra, cordón umbilical, centro del mundo y  libro de los destinos. Para James Frazer, algunos árboles están dotados de alma, lo que les permite ser “poesía viva”, gracias a su extensión vertical, mirada aérea, textura de sus nudosidades, sus ramas virtuosas,  su perfecto orden interior y su idioma, que según Eduardo Cote Lamus, anudan letras en sus troncos. Alguna vez José Eustasio Rivera escribió en “La Vorágine” acerca de la extracción del caucho: El árbol y yo, cada cual con su tormento, derramamos lágrimas ante la muerte y luchamos cuerpo a cuerpo hasta sucumbir.

                                               

EMBRIAGUEZ

 

El hombre del bosque cortó la sombra del viejo árbol, aquel epeso ramaje que sostenía la embriaguez de los pájaros de diablos y lunas, y al mono aullador fijando su voz ebria sobre la copa o la corteza. De la tala surgió un misterioso árbol, segunda reunión de espigas, madura sombra, extensa y cierta. Ahora la flor seca huele a vino rancio

 

ENTRE LA SELVA Y EL HOGAR

 

No midieron su viaje entre la selva y el hogar. El algún lugar del mapa tocarán con las manos el suelo de su origen y lo reinventarán todo, la raíz oscura, lenta y verdadera, el mapa de todas las grutas, el musgo ceñido a la garganta, la idea de otra edad en expansión, la afilada indecisión de un límite.Su sitio en el paraíso será feriado, junto a su sed por el zumo de sandía, el bosque de cuerpos luminosos.

 

BOSQUE

 

Quizás el brujo viaje a buscar al árbol calmante de la sarna, a rezar frente al abuelo revivido dentro de un roble infestado de abejas, a descubrir el lugar donde los follajes ocultan los cuernos del ciervo o a seguir dialogando cerca al hombre árbol, el árbol que habla de la mujer durmiente bajo su espectro. O quizás el brujo extraviado por siglos entre el bosque siga juntando ramas para formar una montaña.

 

JUANA DE ARCO

 

Al pie de la casa de mi padre se ve un bosque, cima de monte, madriguera del sol descendiendo. Allí los enfermos preguntan por el árbol de la fuente que los sana. Ellos son fuertes cuando caminan sobre la colina, decididos al cruzar el campo. Pasean alrededor del árbol, sujetan las guirnaldas de sus ramas y hablan de la vigilia, del paraíso al extremo del cielo, del sueño vuelto llama y ceniza. No son adeptos a la inmortalidad, llevan la palidez, el final en su propio vientre. No sé si transitan por la edad de la razón, pero les oí murmurar que de ese tronco saldrá una joven, una heroína creadora de milagros. Desde entonces elegí mi destino junto al árbol.

 

LOS LIBROS DE MANUEL

 

Descripción: amilcar

Amilcar Bernal Calderón

 

La mayoría de las novelas -lo cual es algo que acabo de pensar, luego no se lo crean mucho- se justifican por un capítulo, un párrafo o a veces, incluso, por una sola frase.

En la novela Ella, tan amada, de doña Melania G. Mazzucco (Roma, 1966), que me prestó Manuel y ahora leo, Annemarie Schwarzenbach, escritora, arqueóloga, fotógrafa, periodista y viajera (sic), se busca a sí misma por todo el mundo, sin hallarse. Esta infructuosa búsqueda culmina, para mí, unas ciento veinte páginas antes del final de la novela, durante su estancia en El Congo belga, con el párrafo que a continuación copiaré.  

Aclaro que cientos de veces lloré cuando algo de lo que leía me parecía maravilloso, y que con algunas novelas de Gabo anegué varios pañuelos. Pero esta vez lo que sentí fue una erección, y todo a mi alrededor se puso a sonreír. Transcribo:

 

«Una nocheel miedo hacia esa casa extraña -hostil- se hizo tan insoportable que cogió el coche y se presentó en casa de Laura.

Los buitres hacían ruido sobre el tejado, cigarras nocturnas, libélulas y mariposas aleteaban en torno a la luz; Annemarie la abrazó, Laura tiró al suelo los álbumes de historietas que llenaban las sábanas, Annemarie cogió entre sus labios la horquilla que aprisionaba el moño, y el pelo de Laura le cayó sobre su cara; lentamente, con meticuloso recogimiento, como en una ceremonia, una prenda tras otra, fuera la casaca, la corbata, el chaleco, el vestido de flores, los tirantes, la combinación, hasta que quedaron libres ambas entre las paredes verticales de la noche, y se callaron, y de pronto hubo tiempo. Annemarie soltó la red, y Laura dio la espalda a las palabras ya dichas y a los signos ya descifrados, dijo que sí, y la siguió hasta la cima del mundo, hasta el barranco del tiempo. La mosquitera grisácea, los feos muebles proporcionados por el gobierno, su vida de siempre tenían la irrealidad de un país conocido tan sólo en sueños. Vacilando, le peguntó si para ella también era la primera vez. Annemarie le dijo la verdad, con una sonrisa: no. Claro que no. Ah, dijo Laura. La respuesta de Annemarie había resquebrajado el embrujo arcano que las encadenaba. Habría preferido oír que le decía que todo ocurría por primera vez -y por ella-. Si tuviera quince años menos, dijo Annemarie, si fuera más inocente, Laura, sabría encontrar las palabras para ti -las palabras nuevas-. Pero todo esto ya me ha ocurrido, muchas veces. Tengo treinta y tres años y no puedo remediarlo. Ya sé que me pegaré a ti como si tú pudieras salvarme -tú, sin embargo, no me salvarás-. Que el interés que siento por tu persona y tu vida se apagará, que un día me pedirás algo que no podré darte y no me dejarás elección, tendré que marcharme. Ya sé que nunca nos conoceremos de verdad y que también este amor será una ilusión. Cada vez se tiene la esperanza de que sea distinto, y en cambio todo acaba por repetirse. Sólo las personas de mi alrededor cambian, yo no. Tal vez la felicidad la encontraré cuando deje de querer -cuando sepa renunciar-. Pero siempre he preferido el pecado, el dolor, el sufrimiento y la culpa antes que la felicidad. Y el deseo antes que la paz. Laura apagó la lámpara y echó las cortinas. Los buitres hacían ruido sobre el tejado y a lo lejos ladraba un perro. Mientras la sangre de su corazón brotaba, Annemarie halló los gestos que remontaban el silencio, y se hundió en ella, y en ella».

 Creo recordar que en El mito de Sísifo, don Albert Camus dice algo así como que es bueno ser feliz, pero es mejor saber por qué se es feliz. Y ya sabiéndolo, agrega, si uno tiene valor debería suicidarse allí mismo y acabar de una vez. En consecuencia, feliz como ahora soy leyendo la novela de doña Melania, puedo apagar el sol que oculta la oscuridad en que consisto, dejar que mi nombre sea sólo pronunciado por la memoria de quienes me amaron, ser la isla que nadie ha pisado porque la ignoran las cartografías más andariegas, el ombligo de un desierto alérgico a las brújulas, ser nada y todo, pero me niego a hacerlo: quedan muchos libros que aún no leo, y esto me ayuda a persistir. 

Falsa pandemia 2020

San Francisco, Cundinamarca, Colombia.

 

AULA DE HUMANIDADES

 

La editorial Aula de humanidades se complace en contarles que en el canal de YouTube (link) y en las redes sociales (link) se encuentra disponible la conversión que tuvieron los profesores Fabio Jurado y Guillermo Bustamante acerca de la novedad de la editorial Minificciones sobre don Quijote. Esta antología, coordinada por los profesores mencionados, recoge minificciones de apróximadamente 60 autores. Los invitamos a ver la charla y a seguirnos en las redes sociales.

 

https://www.facebook.com/editorialaula/videos/741185513375318/ 

 https://youtu.be/J6t5059Okm4

 

METAPHYSICA

 

 

A qué, pues, el enigma?

Si soy viento y polvo,

Como tú.

 

Adonis

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**Por la compra de cuatro ejemplares recibirá uno adicional completamente gratis. Ver catálogo: Descripción: Conjucatàlogo 2020-1Descripción: Conjucatàlogo 2020-2

 

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CARTAS DE LOS LECTORES

 

AMIGOS CONFABULADOS: Quedé encantado con el capítulo de Martha Cecilia Rivera. Pronto les escribiré cuando analice bien su catálogo. Abrazo. Javier Roa

 

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CONFABULADOS: Definitivamente los poemas de Luis Eduardo Gutiérrez son de una factura envidiable. Qué buen poeta. Helena Garcés Montenegro.

 

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* Poeta y ensayista colombiano.

1 Para Thomas Mathiesen se ha instaurado un “sinóptico” gracias a los medios de comunicación donde muchas personas vigilan a unas pocas, contrario al panóptico tradicional, donde unos pocos vigilan a muchos.  “Con el sinóptico, dice Bauman, en lugar del panóptico, ya no es necesario construir espesas paredes y elevar torres de observación para mantener dentro a los reclusos…A partir de entonces se espera que los operarios se auto disciplinen y carguen con los costes materiales y psicológicos de organizar su producción. Se espera que los empleados se construyan ellos mismos las paredes que los rodean y se mantenga dentro de ellas por voluntad propia” (Bauman Z. y Lyon, David. 2013. Vigilancia líquida, Buenos Aires: Paidós).

2 Según Thierry Meyssan, Director de la Red Voltaire, “esas transformaciones de orden social carecen de justificación médica. Ningún tratado de ‎epidemiología en el mundo había planteado, y menos aún aconsejado, un «confinamiento ‎general obligatorio» para luchar contra una epidemia”.Thierry Meyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

3 Thierry Meyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

4 Sábato, Ernesto (2001) Uno y el infinito. Bogotá: Editorial Planeta. págs.62-63.